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El supuesto pedófilo Epstein, rodeado de luminarias científicas, esperaba sembrar la raza humana con su ADN.

Jeffrey Epstein, el rico financiero y acusado traficante sexual, tenía un sueño inusual: esperaba sembrar la raza humana con su ADN impregnando mujeres en su vasto rancho de Nuevo México.

Epstein a lo largo de los años confió a los científicos y a otros acerca de su plan, según cuatro personas familiarizadas con su pensamiento, aunque no hay evidencia de que alguna vez se haya llevado a cabo.

Su visión reflejaba su antigua fascinación por lo que se conoce como transhumanismo: la ciencia de mejorar la población humana a través de tecnologías como la ingeniería genética y la inteligencia artificial.

Los críticos han comparado el transhumanismo con una versión moderna de la eugenesia.

Epstein, que fue acusado en julio de tráfico sexual de niñas de tan sólo 14 años, logró utilizar sus conexiones y carisma para cultivar relaciones valiosas con líderes empresariales y políticos.

Utilizó las mismas tácticas para insinuar su camino hacia una comunidad científica de élite, lo que le permitió seguir sus intereses en la eugenesia y otros campos marginales como la criogenia.

El atractivo para algunos de los científicos era el dinero de Epstein. Colgó la financiación de sus proyectos favoritos.

Epstein estaba dispuesto a financiar una investigación que otros consideraban extraña. Le dijo a un científico que estaba financiando esfuerzos para identificar una partícula misteriosa que podría desencadenar la sensación de que alguien lo está observando.

Luego estaba el interés de Epstein en la eugenesia.

En múltiples ocasiones desde principios de los años 2000, Epstein dijo a científicos y empresarios sobre sus ambiciones de usar su rancho de Nuevo México como base donde las mujeres serían inseminadas con su esperma y darían a luz a sus bebés, de acuerdo con dos científicos galardonados y un asesor de grandes empresas e individuos ricos, todos los cuales Epstein contó sobre ello.

No era un secreto. El asesor, por ejemplo, dijo que no sólo Epstein, en una reunión en su casa de Manhattan, sino también un miembro prominente de la comunidad empresarial, le informó sobre los planes.

La idea golpeó a los tres como algo descabellado y perturbador. No hay indicios de que fuera contra la ley.

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