Profecías

0 Shares 0 Shares ×

…………Si, a finales de 2012, yo les hubiese vaticinado que este año moriría Hugo Chávez, seguramente me habrían contestado que vaya una birria de profecía, ¿verdad? Al fin y al cabo, el hombre ya estaba en las últimas, y su fallecimiento (con la correspondiente conversión en mito, como cuenta Antonio Celis aquí al lado) era cuestión de semanas o incluso de días. Y, sin embargo, los muchos adivinos que el diciembre pasado vaticinaron que este año moriría un importante mandatario latinoamericano (o dos, porque algunos, llevados de la costumbre, incluyen a Fidel Castro en las quinielas) ya están colgándose la medallita de su supuesto acierto, sin que por lo visto nadie ponga en entredicho sus poderes proféticos.
…………Desde que existe el ser humano existen también los sinvergüenzas dispuestos a aprovecharse de nuestras debilidades, nuestros anhelos, nuestros miedos y nuestras inseguridades. Vendedores de pasaportes mágicos hacia “el Más Allá” con los que superar la muerte, curanderos traficantes de remedios imaginarios, adivinos de pacotilla… Todos ellos han estado presentes a lo largo de toda nuestra historia como seres sociales, y siguen aquí, con la única diferencia de que son más, con más éxito y con más medios: hay más religiones que nunca, “las terapias alternativas” se las han apañado incluso para entrar en algunas universidades (y no siempre por la puerta falsa), y los adivinos y profetas (con la honorable excepción de nuestro Serafín) hasta cuentan con canales propios de televisión. Y, sin embargo, sus trucos siguen siendo tan pueriles, tan fáciles de detectar con un poquito de esfuerzo por nuestra parte, como siempre.
…………Volvamos al caso de Hugo Chávez. Realmente, profetizar que un importante mandatario latinoamericano iba a morir este año era un acierto seguro. Incluso hablar de dos: si Fidel Castro sigue empeñado en no morirse, siempre nos quedará la posibilidad de que algún otro fallezca, aunque sea de viejo; al fin y al cabo, nadie ha dado nombres concretos, ¿no? De hecho, si nos fijamos un poco, casi todas las profecías son de ese tipo: no se dice que el 14 de marzo a las 18.34 horas va a producirse un terremoto de magnitud 6,7 en la escala de Richter con epicentro en Villaconejos de Abajo; simplemente se habla de una terrible catástrofe natural en, pongamos, Asia, de modo que podemos apuntarnos como un tanto cualquiera de los episodios de tifones, incendios forestales, crecidas de ríos, corrimientos de tierras o cualquiera de las muchísimas cosas que pueden —y suelen— pasar a lo largo de todo un año y en un continente tan vasto como el asiático. De hecho, fíjense que llevamos poco más de dos meses de año y ya ha explotado por allí un meteorito…
…………Una boda en una familia real, un escándalo financiero, un divorcio sonado de un famoso… Todo eso no son predicciones: son apuestas casi seguras. Y si alguna de ellas falla, no hay problema: resulta que el cableado de nuestros cerebros se encarga de introducir una serie de sesgos de confirmación que aseguran el éxito de esos videntes. En cuanto se produzca algún acontecimiento remotamente parecido a sus predicciones, nuestra memoria (ayudada por la verborrea del charlatán de turno, claro) se encargará de considerarlo como “un acierto”. Y a la vista de esos “aciertos” tendemos a olvidar rápidamente sus fallos, por muy clamorosos que sean.
…………A pesar de lo cual no es imposible ejercer de adivino. Por ejemplo, cada vez que aparezca en la tele, en la radio o en el periódico uno de esos profetas contándoles milongas sobre lo que sus poderes le revelan para el año en curso, pueden ustedes suponer que están ante un auténtico charlatán: seguro que aciertan.

1 comentario

¡Anímate a decirnos que opinas!