Una serpiente de verano

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…………Si hay una “serpiente de verano” por excelencia, esa es el elusivo monstruo que supuestamente habita en el Lago Ness, en Escocia, y que viene protagonizando las noticias más extravagantes de casi cada verano desde 1930. De hecho, es muy probable que ese término, “serpiente de verano”, haga alusión precisamente a Nessie. Y este año no ha sido una excepción: un tal George Edwards ha hecho pública una foto del monstruo en plena zambullida, provocando la admiración de los aficionados a la criptozoología (el estudio supuestamente científico de los no menos supuestos animales legendarios)… y la rechifla del resto del mundo. Y es que el señor Edwards lleva la friolera de veintiséis años navegando por el Lago Ness, llevando turistas tan ansiosos como él mismo de ver al monstruo; entre él y sus pasajeros acumulan cientos de miles de horas de observación y varios millones de kilómetros de recorrido, y a pesar de ello, lo único que han podido presentar al mundo es una foto que lo mismo podría representar al famoso monstruo que a un pez muerto flotando panza arriba, la pala de un remo roto o un trozo de madera arrastrado por el agua. O sea, nada.
…………Resulta un poco irónico que lo que esté matando a este tipo de misterios sea la tecnología. En un mundo en el que cualquier acontecimiento, por extraño y remoto que sea, tarda minutos en aparecer ante nuestros ojos por obra y gracia de un vídeo subido a YouTube por cualquiera de los miles de millones de usuarios de teléfonos móviles, resulta que Nessie sigue sin aparecer en ninguna foto medianamente decente y el Yeti o el Big Foot parecen haberse vuelto más tímidos y esquivos que nunca.
…………Por no hablar de las fotos de ovnis. Hace dos o tres décadas los ufólogos nos soprendían con fotografías de platillos volantes en plena acción, algunas asombrosamente nítidas. Bueno, y también asombrosamente fraudulentas, como aquellas en las que George Adamski retrataba la tapa de una aspiradora, o esas otras con las que Billy Meier conmocionó al mundillo de la ufología incluso después de que su esposa maltratada se largase de su casa llevándose consigo alguna de las maquetas que fotografiaba. Pero siempre había un pequeño número de fotos inexplicadas, unos pocos cientos de imágenes en las que no se había detectado fraude o manipulación.
…………Si esto ocurría en una época en la que tener una cámara de fotos que tuviese puesto un carrete y que el testigo de un avistamiento ovni tuviese la inmensa fortuna de llevarla encima, cualquiera podría imaginar que hoy en día, cuando más de medio mundo (literalmente) lleva siempre en su bolsillo un móvil con cámara incorporada, las fotografías de platillos volantes se contarían por millares, si no millones. Y sin embargo, lo que ha ocurrido ha sido todo lo contrario: cada vez aparecen menos fotos de ovnis. Y, lo que es peor, las que aparecen tardan horas o incluso minutos en quedar desacreditadas, gracias al avance en las técnicas de análisis digital. De hecho, es algo que ocurre en todos los aspectos de la ufología: aunque aún se siguen celebrando “alertas ovni”, en las que cientos de animosos aficionados salen al campo a observar el cielo en busca de visitantes extraterrestres, basta con contar con algún programa de simulación astronómica o visitar alguna web de efemérides para comprobar que la lista de platillos volantes avistados se reduce en la práctica a Júpiter, la tercera etapa de un cohete ruso que aún anda dando vueltas por el espacio, la Estación Espacial Internacional o los espectaculares destellos de los satélites abandonados del consorcio Iridium. Pero nada de marcianos.
…………A pesar de lo cual todas estas creencias siguen perviviendo. Y aunque haya algunos casos de creyentes desengañados (como el propio Steven Spielberg, que dejó de creer en la ufología precisamente por estas mismas razones), lo cierto es que los aficionados siguen con sus “alertas ovni”, aún hay gente dedicada a la patética búsqueda de pruebas de la existencia del Yeti o el Big Foot, y muchos medios han publicado la foto de Nessie obtenida por el señor Edwards sin que se les note demasiado la risa. Y, desde luego, el propio señor Edwards y su barquito (como las empresas que organizan expediciones criptozoológicas a los bosques de Norteamérica, como los programas de radio y televisión sobre supuestos misterios que siguen organizando “alertas ovni”) siguen teniendo una clientela numerosa y fiel, dispuesta a creer en estas cosas a toda costa. Y es que Nessie no es un patito de goma (aunque a la vista de esa foto tampoco podría descartarse), pero desde luego las creencias son insumergibles.

2 comentarios

  • Responder agosto 13, 2012

    Luis

    Tal vez estas cosas sean las que alimentan desde pequeño el espíritu científico, las que despiertan la curiosidad por lo desconicido.

    Estos mitos tienen algo inquietante que atraen ya que conllevan la necesidad de demostrarlo, lo que a su vez nos lleva a seguir el método científico. Así, vemos como una retroalimentación del mito con la ciencia. Porque la ciencia tiene que demostrar el mito, y el mito existir para que emerja la ciencia.

    Lo negativo es que hay gente que tienen la necesidad de creer y esto nubla el estudio, posiblemente la ciencia no ha avanzado tanto porque creemos, y al creer basamos el estudio en esa creencia, cuando la respuesta puede estar delante de nuestros ojos y no la queremos ver. Paradigmas, esa es la palabra. A lo largo de la historia muchos científicos se han tenido que enfrentar a ellos, como por ejemplo Kepler, que tuvo que luchar consigo mismo, con sus creencias, para él supuso una dura batalla, pero pudo derrocar los muros mentales y ver con más claridad.

    Peor aún es la gente que se basa en la ciencia para hacer negocio. Este es el caso, aquí no hay ciencia, hay lucro y cuando esto entra en juego no se puede creer en la ciencia.
    ¿Paradójico?

  • […] las vacaciones, sino a la auténtica y genuina serpiente de verano: la típica historieta sobre el monstruo del lago Ness, el Yeti, el Big Foot y demás representantes de la fauna mitológica. […]

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