Hablar con los muertos

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…………Una de las “tonterías” que más gracia le hacen a mi hija es, como dice ella, lo de “hablar con los muertos”. Generalmente le gusta analizar las cosas, pensar si pueden ser ciertas o no, y preguntarme si no lo tiene claro, pero con esto siempre ha sido tajante: “¡Los muertos no hablan!”, dice mientras se troncha de risa.
…………Supongo que parte de esa incredulidad se debe a su edad. Alicia solo tiene seis años, y aunque no desconoce lo que es la muerte, tampoco puede ser consciente de su condición de final irreversible, de la nada que nos espera detrás y que puede llegar a aterrarnos. Que es precisamente la razón por la que, a estas alturas, muchos adultos siguen creyendo en esa tontería de hablar con los muertos: si pueden hablarnos será porque no han muerto, no morimos del todo, y al otro lado de la muerte nos espera otra vida.
…………La idea es tan consoladora que también sucumbió a ella un personaje de la talla de Harry Houdini, uno de los mejores magos de la historia. A pesar de ganarse la vida con una profesión que consiste, básicamente, en engañar a los demás, tras la muerte de su madre, en 1913, Houdini estaba ansioso por creer en la existencia de esa otra vida, y más concretamente por contactar con ella. Y naturalmente lo logró: muy pronto una médium (se dice que la esposa de su amigo Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes y, a pesar de ello, fervoroso creyente en toda clase de majaderías) le entregó una carta que, decía, le había sido dictada por su difunta madre. Una carta encabezada por una cruz, dirigida a su hijo Harry y escrita en inglés. Pero, ¡ay!, la madre de Houdini era judía, llamaba a su hijo por su verdadero nombre, Ehrich, y solo hablaba húngaro.
…………A partir de ese momento Houdini se dedicó la noble tarea de desenmascarar charlatanes. Entre actuación y actuación recorrió Estados Unidos visitando a toda clase de médiums y espiritistas, descubriendo sus trucos y denunciándolos públicamente. Junto con la revista Scientific American llegó a ofrecer un premio de nada menos que cien mil dólares de la época a quien consiguiese demostrar algún tipo de habilidad sobrenatural. Una tarea que, por cierto, ha continuado otro mago, James Randi, quien sigue ofreciendo un premio de un millón de dólares a quien demuestre cualquier tipo de habilidad o fenómeno paranormal en condiciones que impidan el fraude; a día de hoy Randi, como en su época Houdini, no ha tenido que desembolsar ni un céntimo.
…………Houdini llegó incluso a dedicar algo más que su vida a la denuncia de los charlatanes: también su muerte. Dejó a su esposa Beth un mensaje en clave, asegurando que en caso de haber vida en el “más allá” intentaría transmitir el código a cualquier médium que pudiera ponerse en contacto con él. Por supuesto muchos lo intentaron, pero el único que lo consiguió fue Arthur Ford… después de que la viuda, harta de esperar, se lo contara.
…………Pero ya ven, ni Houdini en su día, ni Randi en la actualidad, consiguieron que dejase de haber gente dispuesta a creer en esta tontería. Houdini se indignó cuando le mostraron un mensaje de su madre escrito en una lengua que ella desconocía por completo, pero hoy en día podemos ver un espectáculo televisivo en el que una médium transmite en inglés mensajes de un señor de Soria o una señora de Madrigal de las Altas Torres que jamás supieron una palabra en aquel lenguaje. Mensajes que, por otra parte, en la mayoría de los casos consisten en simples lugares comunes (como si además de morirse se hubiesen vuelto un poco tontos) o en un “estoy muy bien” francamente increíble (“¿Cómo van a estar bien?”, dice mi hija; “¡Si están muertos!”). Los pocos familiares que reciben mensajes más concretos los escuchan boquiabiertos y al borde de las lágrimas, sin recordar que la médium está diciendo ni más ni menos que lo mismo que ellos han contado en su entrevista con las chicas de producción del programa. Y todos, asistentes en el plató, espectadores que lo ven desde sus casas y público que paga una pequeña fortuna para asistir a las galas que la médium está prodigando este verano por toda España, se tragan sin pestañear un espectáculo que una niña de seis años puede identificar perfectamente como una tontería.
…………Y es que los médiums, videntes, curanderos, tarotistas y demás fauna paranormal nos engañan, sí. Pero los primeros que nos engañamos, anteponiendo nuestras ilusiones y esperanzas a la razón, somos nosotros mismos.

8 comentarios

  • Responder agosto 20, 2012

    Fernando Avilés

    ¡¡¡Me parto de risa¡¡¡. Buenísima reflexión sobre este tema. Había escuchado algo sobre la recompensa de Houdini, pero no conocía la historia al detalle. Bueno, supongo que el premio al mejor “engañabobos” del mundo quedará desierto ad eternum.

  • Responder agosto 20, 2012

    Ramón

    Hablar con los muertos, hablamos todos, lo que pasa es que contestar, no contestan

    • Responder agosto 20, 2012

      Fernando Frías

      Jeje, Penn & Teller dicen casi lo mismo en el primer episodio de su programa “Bullshit” (algo así como que “hablar con los muertos es fácil, lo difícil es que ellos contesten”). Lo que pasa es que hay gente demasiado ilusionada con oír algo.

  • Responder agosto 24, 2012

    jlperuyero

    Loable empeño, mas vano. Los que creen, es porque han elegido creer, más allá de todo razonamiento. Y los que no, no necesitan ser convencidos. Los que viven de los que creen, son como los que curan con píldoras de azúcar: alivian sin causar mucho daño. Y en cuanto a los “investigadores de lo inexplicable”, bueno, el contrasentido es evidente para cualquiera. Creo yo.

  • Responder octubre 23, 2012

    Anónima

    Buenas. Tengo 20 años y sinceramente odio la iglesia porque todo lo que haya sido escrito y creado por la mano del hombre no tiene perdón. Ahora bien, en mi casa se habla con difuntos, no los llamamos, ni los invocamos, nada, vienen porque quieren y se apoderan del cuerpo de una persona de mi familia. Nos limpian, nos hablan, simplemente vienen a dar estabilidad y a hablar, fumar y beber como dicen ellos. No vienen a demostrar nada ni a decir futuro, eso sí, si algo dice, pasa. No me gusta mucho esto porque estoy siempre pendiente del porvenir, y no vivo. Pero se que es cierto, se que mi esta persona no miente, se que se puede quemar la lengua con un puro y cuando “se despierta” no tener ni una llaga. Estos difuntos saben todo. Nuestas almas son encomendadas a un cargo cuando llegamos al este mundo energético, como me gusta llamarlo. Estoy investigando y viendo si puedo sacarle por qués que tenemos todos los humanos, pero no suelta prenda porque dice que “no se lo dejan decir”. Yo soy creyente de las energías, y el me asegura que existe un todo poderoso y que todas las religiones son la misma en una pero retocadas por la palabra de las personas manipulantes. Muchas personas intentan aprovecharse de los problemas de los demás con ánimo de lucro, pero esto no tiene explicación y yo sinceramente ya si que creo y estoy intrigadísima por preguntarle si la iglesia prohíbe la “invocación a los muertos”, ¿cómo ellos pueden venir?
    No me toméis por loca. Me gustaría que respondierais. Saludos

  • […] difuntos que, como dice mi hija cuando oye lo que cuentan los médium, al morirse, por lo visto, se vuelven tontos; desde la enésima profecía fallida de “un contactado” hasta la trivialidad de los mensajes […]

  • […] leído sobre la telepatía, el PES, la astrología, el triángulo de las Bermudas, los espíritus, los zahoríes y las profecías de Nostradamus. He estudiado los manuscritos del ‘pope’ de la […]

  • […] es uno de los países menos crédulos, tanto en Dios como en telepatía, astrología, ovnis, espiritismo, fantasmas, el diablo, los sanadores y […]

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