El chupacabras

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…………No sé ustedes, pero yo confieso que este verano estaba echando algo en falta: la tradicional serpiente. Y no me refiero a esos culebrones políticos que no nos han dado tregua ni siquiera durante las vacaciones, sino a la auténtica y genuina serpiente de verano: la típica historieta sobre el monstruo del lago Ness, el Yeti, el Big Foot y demás representantes de la fauna mitológica.
…………Que no son ninguna broma, no crean: el estudio de estos y otros bichos imaginarios ha dado lugar a toda una rama pseudocientífica, la llamada criptozoología. Como ocurre con otras disciplinas similares, como la ufología o la cerealogía (que, lo crean o no, es el estudio del origen paranormal de los círculos y dibujos que cada primavera aparecen en los campos de cultivo de los países en los que ha arraigado esta práctica, entre artística y gamberra), la criptozoología no se ha detenido por algo tan trivial como que su objeto de estudio no exista, y todos los años nos obsequia con hermosas historias del descubrimiento de huellas de sus  “críptidos” favoritos, el hallazgo de muestras biológicas (pelo, heces…) y hasta alguna que otra fotografía. Y aunque a la hora de la verdad las huellas y las muestras sean de animales bastante más corrientes, y las fotografías solo llamen la atención por su malísima calidad y su escasez en estos tiempos en que el número de cámaras circulando por el mundo se ha multiplicado exponencialmente, los criptozoólogos no pierden los ánimos, animados por su fe, por la benevolencia con la que se les mira desde el mundillo científico (la suya es quizá la chifladura pseudocientífica más inofensiva), y también, ¿por qué no?, por las enormes tragaderas de algunos medios de comunicación.
…………Que sí, con algo de retraso sobre el calendario habitual, nos han obsequiado con la correspondiente historieta sobre un críptido. Y no uno cualquiera, sino el más reciente de los bichos incorporados al bestiario imaginario de la criptizoología: nada menos que el chupacabras.
…………A pesar de ser un monstruo ignorado por la ciencia, lo cierto es que sabemos bastante sobre el chupacabras. Conocemos incluso su fecha de nacimiento oficial: en 1995, cuando Madelyne Tolentino lo vio por primera vez a través de la ventana de su casa, en Puerto Rico. El problema, como comprobó después el investigador escéptico Benjamin Radford, es que Tolentino vio al monstruo pocos días después de haber visto Species, y su descripción es idéntica a la del alienígena de la película.
…………Desde entonces, las descripciones de los testigos han ido evolucionando desde un ser con aspecto reptiliano hasta algo parecido a un coyote o un perro sin pelo, confirmando dramáticamente los datos obtenidos en las investigaciones sobre los ataques al ganado que tradicionalmente se han ido atribuyendo al chupacabras: las huellas, las muestras obtenidas y hasta algún que otro ejemplar capturado confirman que se trata generalmente de perros asilvestrados y, en Norteamérica, coyotes, afectados por una variedad de la sarna que les deja sin pelo y les debilita tanto como para tener que buscar su alimento entre el ganado, más fácil de cazar que sus presas naturales.
…………Datos todos estos bastante conocidos, pero que no han impedido que la Agencia EFE haya distribuido la historia, con fotos incluidas, de una familia de Argentina que es la poseedora de un cadáver de chupacabras. La feliz poseedora, habrá que decir en vista de la sonrisa con la que la señora de la casa sostiene en sus manos el cadáver del infeliz animalito.
…………Animalito que, ¡ay!, es un perro momificado que, por lo visto, alguien abandonó junto a una cuneta. Lo cual habría podido dar para varias historias, pero de las de verdad: para hablar del abandono animal, del problema de los perros asilvestrados, o incluso de una de las desventajas de nuestra cultura urbanita, que ya no nos permite reconocer a simple vista ni siquiera el cadáver de un animal tan conocido (y tan querido por casi todos) como es el perro. Y también, ¿cómo no?, de la credulidad de la gente, empezando por esa familia rosarina y terminando por las agencias de noticias que han picado el anzuelo de la manera más tonta.
…………Así que ya tenemos nuestra serpiente de verano, para satisfacción de los más crédulos, para pasmo de los menos espabilados, y para…, bueno, para indiferencia de los verdaderos zoólogos, que como mucho soltarán alguna carcajada y luego seguirán a lo suyo. Que consiste, entre otras cosas, en encontrar a nuevos animales como el olinguito, tan fascinante como la larga historia que ha habido tras ese descubrimiento.
…………Que es uno de muchos: los zoólogos descubren constantemente nuevas especies, mientras que los criptozoólogos aún no han conseguido dar con una sola. Pero ya lo verán: el verano que viene volveremos a tener chupacabras, o a Nessie, o cualquier otra de esas serpientes.
…………Así nos va.

2 comentarios

  • Responder septiembre 6, 2013

    Byron

    Hay muchos estudios coherentes que pretenden explicar porque como humanos insistimos en encontrar seres “distintos”. No es una costumbre nueva por supuesto, vasta con darle una mirada a los libros de historia, a los Blemmyes y Sciápodes, para comprender que consecutivamente dejamos volar nuestra imaginación como especie con respecto a otra.

    Antiguamente era mucho más fácil, ya que el mundo era un lugar inexplorado, y las únicas lenguas que podían contar algo interesante a lo sumo se hacían un lugar en los estudios de reputadísimos tratadistas e historiadores. Algunos mintiendo, otros directamente malinterpretando fantásticamente animales al mejor estilo “que no sabes el pez que me he pescado”.

    Como el mundo se nos acabó, se hizo pequeño y explorado, ese viejo deseo tan humano ahora esta relegado a el espacio, el fondo del mar, y para algunos, el centro de la Tierra. En menor medida, otros “seres” como estos, terrestres, cosa que hoy en día ya es tomado para la risa y la burla en gran parte. Más propio de programas sensacionalistas de media tarde que de análisis real, a pesar de que sin dudas aún no sabemos todo sobre nuestro planeta.

    Como bien dice el artículo, no será la última vez que escuchemos de ellos.

    Saludos

  • […] ectoplasmas con forma de cigarrillo fugaz. …………La única manera de observar este fenómeno criptozoológico lindante con la ciencia ortodoxa (siendo extremadamente eufemísticos) es mediante una cámara de […]

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