Anne Germain, en vivo (o muerto) y en directo

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…………Ante todo, déjenme hacerles una advertencia: si alguna vez han visto las actuaciones de alguno de esos grandes médiums norteamericanos que son capaces de encandilar a su audiencia con sus facultades para la lectura en frío, sus dotes histriónicas y su pinganillo, pueden dejar de leer esto y pasar a leer cualquier otra sección de La Columnata, porque Anne Germain no tiene nada que ver con ellos. Ni de lejos. Ni con un telescopio. Ni por casualidad.
…………Y eso que lo tiene todo a su favor, empezando por un público que cree en sus poderes hasta el punto de gastar entre sesenta y noventa euros por entrada (multipliquen la cifra al menos por dos, puesto que casi todo el mundo viene acompañado por uno o varios familiares) y hacer enormes colas para entrar a la sala. En la sesión a la que acudí había unas seiscientas o setecientas personas, y cabe presumir que casi todas ellas estaban deseando contactar con alguno de sus seres queridos difuntos, lo que en principio los convierte en blancos fáciles. Más aun si tenemos en cuenta que más de la mitad de los asistentes eran señoras de bastante edad, que sin duda acumulaban un buen historial de padres, maridos y hasta puede que hijos y nietos fallecidos.
…………Y, sin embargo, la palabra que más escuchábamos al salir era ‘timo’.
…………El espectáculo de Anne Germain (porque se trata de eso, de un espectáculo, aunque los asistentes no se lo tomen como tal) no ha cambiado mucho desde que Luis Alfonso Gámez lo describiera en su blog Magonia. Sí que ha introducido un nuevo detalle: tras aquel artículo del diario El Mundo en el que se contaban con pelos y señales las trampas que hacía en su programa televisivo, la presentación, además de la peliculita en la que cuentan su infancia marcada por jugar con niños difuntos (en serio, lo dicen así), incluye una detallada explicación en la que se asegura que no usa pinganillo y que, aunque algunos medios aseguren que cuenta con cómplices en el público, no es así. “Lo demuestra” asegurando que tendría que tener como cómplices a todos y cada uno de los asistentes al espectáculo, ya que los espíritus pueden señalar a cualquiera. Por lo visto, nadie se da cuenta de que quien escoge tanto a la señora que tiene que subir al escenario para comprobar que no lleva ningún auricular como a los atribulados espectadores con cuyos espíritus contacta es precisamente la propia Anne Germain, de modo que solo necesitaría distribuir a un puñado de cómplices entre el público e irlos llamando. Pero yo, miren por donde, sí que me creo que ni usa auriculares (al menos desde que se destapó el escándalo) ni necesita a esos cómplices: con ellos el espectáculo sería mucho mejor de lo que realmente es.
…………La mecánica del espectáculo es muy simple. Anne Germain asegura que durante su contacto con los espíritus apenas ve nada, solo unas luces y colores, y basándose en ellas escoge a las personas que esos espíritus le señalan. Por supuesto esto es muy dudoso, y no me refiero ya a la presencia de los espíritus, sino a la merma de sus facultades visuales: por mucho que insistan en ello Anne Germain y su maestro de ceremonias, César Heinrich (y también, por qué no, precisamente por esa insistencia tan sospechosa), lo cierto es que la médium no pierde en ningún momento el contacto visual con sus interlocutores, a los que observa con toda atención para intentar interpretar sus reacciones. De hecho, los dos mayores fracasos de la noche (de una noche en la que hubo muchos fracasos) se produjeron con dos personas de expresión absolutamente inmutable, una chica que podría ganarse la vida jugando al póker de farol y un señor cuya única actividad facial consistía en masticar el chicle que tenía en la boca. En los demás casos, las expresiones de la gente, sus miradas a sus acompañantes o sus lágrimas (hábilmente estimuladas por el presentador, que acudía a atender a los elegidos con el micrófono en una mano y unos pañuelos de papel en la otra) eran suficientes para saber si la médium iba por buen camino en lo que estaba contando o estaba metiendo la pata hasta el sobaco.
…………En realidad, esa habilidad para leer las expresiones, junto con un poco de labia y un conocimiento medianamente aceptable de las circunstancias más comunes, es todo lo que hace falta para contactar con éxito con los espíritus. Si nos dirigimos a una señora mayor y le comentamos que estamos en contacto con el espíritu de un hombre que murió por un ataque al corazón es muy probable que ella interprete que estamos hablando de su marido, su padre o su abuelo. O del de la señora que le acompañaba, porque la médium insistía en que los espíritus podrían estar relacionados con cualquiera de ellas, multiplicando así sus posibilidades de acierto. Si hablamos de un espíritu que se marchó muy joven probablemente alguna de ellas se acuerde de un aborto espontáneo que sufrió una vez, o de un hijo que se le mató en un accidente de tráfico… o de un sobrino segundo: resultaba asombroso ver cómo algunas personas se emocionaban cuando, tras un rato de dar palos de ciego, Anne Germain mencionaba algún detalle que les permitía identificar al difunto como un tío segundo que conocían del pueblo, y se echaban a llorar diciendo que, sin duda, ese primo suyo que murió a los veintinueve años era el difunto al que la médium se empeñaba en retratar como un bebé nonato. Y no exagero ni en uno ni en otro sentido: los pobres asistentes hacían esas cosas, y Anne Germain, a pesar de no quitar ojo a las personas a las que había escogido, resultaba tan poco hábil como para seguir insistiendo en que veía a una mujer alta y fuerte a pesar de que la pareja elegida no paraba de cruzarse miradas, claramente perpleja ante el retrato de un espíritu al que no conocían ni de casualidad. Una de las primeras lecciones que debe aprender una médium es que, si su cliente pone cara de no saber de qué está hablando cuando le dice que su difunto le pide que cuide de aquel plato decorado, “ya sabes cuál”, es que debe transformarlo rápidamente en un cuadro, una foto, un anillo de la abuela o cualquier otra cosa que haga que el cliente cambie de expresión. Por lo visto, Anne Germain hizo novillos cuando explicaron eso, quizá porque había ido a jugar con el nene difunto de la casa de al lado.
…………Y es que no se puede ser demasiado concreto. Cuando Anne Germain dijo que veía al espíritu de un perro del tamaño de un pastor alemán con problemas en las patas, bastantes asistentes empezaron a intercambiarse miradas, sin duda recordando a su querida mascota que partió para el Más Allá. Pero cuando siguió diciendo que murió de un ataque al corazón, y sobre todo que tenía la oreja izquierda apuntando hacia arriba y la oreja derecha caída, nadie salió a reivindicar al espíritu del pobre perro, a pesar de que la médium decía que se le había echado sobre los pies y le estaba dando mucho calor (sí, de verdad, no me lo invento). De hecho, probablemente ese detallismo sea la mayor debilidad del espectáculo: si a una señora bajita le dices que estás viendo el espíritu de una señora también bajita que la quería mucho, tienes todas las papeletas para que ella piense que estás contactando con su madre, y si a continuación sueltas un par de vaguedades de esas que se aplican a casi todas las madres del mundo (que le gustaba la limpieza, que trabajó mucho toda su vida…), tienes aseguradas las lágrimas. Pero, si te empeñas en dar otros detalles, te arriesgas a que la señora en cuestión se vuelva hacia su acompañante y le pregunte: “¿De quién habla?”, y esta le responda: “No lo sé”, como pasó esa noche, y encima con el micrófono abierto.
…………Así que no es de extrañar que muchas de las personas que abarrotaban la sala comentasen al terminar que aquello era un timo. En algunos casos porque habían visto que, efectivamente, la actuación de Anne Germain dejaba mucho que desear, y más si reparábamos en detalles como atribuir a algunos de los espíritus costumbres y expresiones típicamente inglesas, o su insistencia en que no entendía lo que decían los familiares vivos, pero sí los difuntos, a pesar de que unos y otros hablaban el mismo idioma.
…………Pero en otros casos, ¡ay!, la gente se consideraba timada porque Anne Germain, en su afán por hablar, y dar detalles, y meter la pata y luego intentar sacarla, y terminar con alguna frase bonita para cada una de las personas (vivas) a las que iba eligiendo, y, en fin, hacerse la simpática y bonachona, al final solo había escogido a ocho personas, ocho (de hecho, al fondo de la sala hay un indicador luminoso que le advierte de cuántas personas ha elegido ya, para no pasarse de ese número). Así que las demás se quedaron sin poder contactar con sus seres queridos.
…………Pero bueno, al día siguiente tendrían otra oportunidad, si es que encontraban entradas (en la sesión a la que yo acudí había incluso reventa). Porque al día siguiente, por supuesto, la sala volvió a llenarse de un público dispuesto a pagar una buena cantidad de dinero para hacer buena aquella frase de Groucho Marx: “¿A quién vas a creer, a tus propios ojos o a mí?”. Visto el éxito de Anne Germain, la cosa está clara: antes que a sus ojos, a sus oídos y al más elemental sentido común, mucha, demasiada gente prefiere creer a sus sentimientos, a sus esperanzas, y a una médium que no llega ni siquiera a ser mediocre.

3 comentarios

  • Responder noviembre 19, 2012

    Paulus

    Entretenido (el artículo).

  • Responder noviembre 21, 2012

    Estitxu Espejo-S.

    Pues a mí, que trabajo en el ramo, me parece una marcianada que la gente pague en estos tiempos esos pastizales para que le engañen. No lo entiendo. Con la de cosas interesantes que hay que ver; espectáculos divertidos, música, danza, etc., y a precios mucho más que razonables.
    Las compañías y las bandas —todas las que conozco, que son muchas, muy profesionales y con nombre de sobra— están asumiendo la subida del IVA, pero, aun así, acaban perdiendo dinero porque nadie llena. Hablo de precios de hasta 25 euros la butaca a lo sumo, sumísimo. ¿Y hay reventa viendo a esta impresentable que además de estafadora es un bodrio?
    El mundo al revés. No entiendo nada. Nada de nada.

  • Responder noviembre 26, 2012

    Manolo_elmas

    La verdad, empiezo a estar harto del temita este de la Germain, como muchos otros, y tú también estarás hasta arriba de que te pregunten lo siguiente, pero lo voy a hacer de nuevo, abusando de tu paciencia: ¿de verdad abogados y juristas como tú no podéis encontrar el más mínimo resquicio legal para entronar a esta farsante de tres al cuarto, tan dificil es en un país supuestamente moderno como el nuestro? No me lo puedo creer, y eso que ya lo has repetido un montón de veces, pero sigo sin podérmelo creer. Es que la única alternativa viable es resignarse, y yo por ahí no paso, no PUEDO pasar…

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