Réplica a Adrián Massanet a propósito de cómo sabemos que sabemos

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…………El otro día, Adrián Massanet me desafió. No lo hizo dándome con el guante en el rostro o de forma agresiva; sencillamente lo hizo con verdadera curiosidad: quería saber cómo sabíamos, o mejor dicho, cómo sabía yo que sabíamos cómo sabíamos. Soy perfectamente consciente de que suena enrevesado, y lo es. De hecho, es enrevesadísimo, y por ello existe una disciplina filosófica que se dedica en exclusiva a estudiar este asunto: la epistemología. Cuando cursaba Filosofía en la Universidad de Barcelona, eché muchas horas en tales disquisiciones; más tarde tuve la oportunidad de leer algunos libros magistrales que sintetizaban mejor que cualquier clase lo sustancial de la epistemología y del método científico. He de admitir que hasta los veinticinco o treinta años no empecé a entender en profundidad cómo sabíamos que sabíamos. Y aún hoy continúo aprendiendo sobre ello, matizando flecos, densificando conceptos, ampliando o reduciendo posturas.
…………Dicho lo cual, quiero dejar constancia de que me resulta imposible escribir un artículo que suponga la última palabra en este tema. Ni siquiera supondría una ligera aproximación. De hecho, las cosas empiezan a aclararse en tu mente cuando llevas algunas miles de páginas leídas. Y ni así. Sin embargo, voy a intentar ser lo más sintético y divulgativo posible porque Adrián no me ha desafiado para que nuestros egos se peleen en el barro. Lo ha hecho movido por la curiosidad, por el interés de aprender algo nuevo. Y eso me resulta tan conmovedor que no puedo evitar liarme la manta a la cabeza y ponerme con esto (vale, supongo que también influyó que en su artículo me dedicaba algunos halagos, y eso me pilló con la guardia baja). Sea como fuere, consiga o no ser lo suficientemente pedagógico con lo que viene ahora, al menos puedo decir que disfrutaré mucho escribiéndolo, y que también aprenderé algo por el camino. Vamos allá.
…………La primera idea que vierte Adrián es que “la ciencia sirve de poco, porque aspira a explicarlo todo y la existencia y el ser humano no son mesurables”. Es verdad, en cierto modo; el problema es que se manejan conceptos vagos. ¿Qué significa “servir de poco”? ¿Servir de poco respecto a qué? La ciencia sirve para lo que sirve, que es hacer predicciones sobre la naturaleza, esclarecer motivos, reducir el mundo a explicaciones mesurables donde haya poca o ninguna dialéctica. A continuación, Adrián señala que la existencia y el ser humano no son mesurables. Puede ser. Pero no podemos estar seguros. ¿Qué significa “mesurar el ser humano o su existencia”? En ciencia es aventurado afirmar que algo no se logrará: si no conocemos aún los secretos del ser humano, ¿cómo podemos saber que no los conoceremos? La historia de la ciencia está llena de afirmaciones del mismo tipo, y generalmente la ciencia acaba explicando lo que se creía que era inexplicable. Después de todo, el ser humano (salvo prueba de lo contrario) es un elemento físico más del universo. La física (salvo prueba de lo contrario) es cognoscible. Tal vez nunca se consiga conocer completamente todo, pero no lo sabemos con seguridad. En cualquier caso, si la ciencia ha servido para desbancar “creencias absurdas”, ya ha servido para algo bastante importante. De hecho, el método científico funciona esencialmente a través la falsación que exigía Popper: tú dices algo, y la ciencia intenta demostrarte que estás equivocado, que no debes perder más tiempo con ello. Eso no significa que ya poseas la Verdad pero, al menos por eliminación, te has acercado un peldaño más a ella. Aunque sea a nivel pragmático.
…………Os contaré una pequeña anécdota al respecto que ilustra muy bien este proceso. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense estableció bases militares en islas del Pacífico Sur. En tales islas residían nativos que nunca habían tenido contacto con la civilización. A efectos prácticos vivían tal y como lo hacían las sociedades prehistóricas. Naturalmente, no conocían el método científico (fijaos lo contraintuitivo que resulta que el ser humano tardó miles de años en desarrollarlo). Cuando estos nativos descubrieron a los occidentales descargando toda clase de tesoros tecnológicos desde sus aviones, no se limitaron a rascarse la cabeza, admitir que no tenían ni idea de lo que estaban viendo y que ya era hora de ponerse a investigar sistemáticamente cómo funcionaba todo aquello. Lo que hicieron fue lo que nuestro instinto nos dicta: rellenar sus lagunas de ignorancia con mitos. Forjaron los llamados “cultos Cargo”, creyeron que los estadounidenses eran dioses (como el dios Frumm) y, cuando acabó la guerra y las bases se desmantelaron, los nativos elaboraron toda clase de ritos para hacer que regresaran: movían los brazos como los controladores aéreos para que los aviones aterrizaran, etcétera. A día de hoy, si visitas lugares como Vanuatu, aún quedan grupos que rinden culto al dios Frumm, que no era más que un militar estadounidense. Ninguno de esos nativos ha logrado saber absolutamente nada real sobre ese militar, sobre los regalos que traía con él, sobre las leyes de la aerodinámica que hacían suspender los enormes pájaros de hierro en el cielo. Los nativos, sencillamente, no quieren admitir su desconocimiento, y como la incertidumbre resulta inquietante, se cuentanser humano mente universo historias bonitas para apaciguarla. Probablemente, si preguntamos a uno de esos nativos si es posible conocer a sus dioses, te negarán con la cabeza.
…………En cierto modo, todos nosotros somos como nativos de Vanuatu frente a todos los misterios de la naturaleza que aún nos queda por explicar. Podemos vivir como ellos, sujetos a misticismos y rituales que calmen nuestro miedo a la incertidumbre, o podemos decir: “No tengo ni idea; vamos a investigar sistemáticamente lo que ignoramos usando para ello el método científico”.
…………Más adelante, Adrián señala que, si bien la ciencia buena ha logrado muchos hitos, lo que abunda es ciencia mala, una ciencia que “trata de cambiar el mundo y de sustituir a la naturaleza por los designios de quienes la financian. En aras de la ciencia y del progreso se están cometiendo las mayores barbaridades de la historia de la humanidad, día tras día e incluso hora tras hora. La ciencia es hoy día un monstruo que ha sustituido a la religión porque, cuando eres fanático, hasta la ciencia es un instrumento para tus necesidades”. Creo que aquí se están mezclando tres conceptos diferenciados: la ciencia, los científicos y el progreso tecnológico. En primer lugar, ciencia y tecnología no son lo mismo. La ciencia es conocimiento estructurado del mundo; la tecnología es la aplicación de dicho instrumento para fabricar, por ejemplo, un coche. La ciencia, por sí misma, pues, no puede hacer daño a la naturaleza; si acaso un producto tecnológico como un arma nuclear surgido del conocimiento científico de la física puede dañar a la naturaleza. En segundo lugar, los científicos son las personas que usan la ciencia. No hay ciencia mala y ciencia buena, hay ciencia y… otras cosas que no son ciencia o tratan de pasar por ella sin plegarse a sus exigencias, como las pseudociencias. Es decir, que si un científico no usa bien la ciencia, no estamos ante un efecto secundario negativo de la ciencia, sino ante un científico incompetente o no científico.
…………Los científicos de verdad deben usar el método científico, no fiarse de sus percepciones, evitar los sesgos, rehuir las obsesiones y los fanatismos. Como eso es francamente difícil, los científicos idearon una forma de conseguirlo: colaborar entre sí. Dado que un científico podría ser un fanático, estar cegado por prejuicios, o incluso proceder con deshonestidad para obtener prestigio, lo que hace un científico cuando halla un nuevo conocimiento es pensar que probablemente se ha equivocado o que está malinterpretando los resultados. Entonces muestra el descubrimiento al resto de la comunidad científica publicando el descubrimiento y la forma en que ha llegado a él (esto es lo verdaderamente importante, de hecho), y entonces permite que millones de científicos de todo el mundo destripen su descubrimiento, intenten reproducirlo, etcétera. Si alguien encuentra un error, el nuevo descubrimiento se desestima. Actualmente, las investigaciones se publican en los llamados ‘papers’, que se editan en alguna de las miles de revistas académicas. La publicación sólo se produce, generalmente, tras una revisión por pares: dos expertos que no se conocen entre sí y que tampoco conocen el nombre del autor de la investigación tienen que dar su aprobación. Y las revistas las leen millones de ojos escrutadores que buscan fama o satisfacción en el hecho de encontrar errores en el descubrimiento. Es un sistema falible, dista mucho de ser perfecto, se cuelan muchas investigaciones fraudulentas… pero es lo mejor que se ha conseguido hasta ahora (y se están esforzando en mejorar filtros y sistemas para evitar tantos errores). A pesar de todo, no hay ninguna forma de obtener conocimientos científicos nuevos si no es esa: los demás sistemas todavía presentan más errores y engaños, como es evidente.
…………Tanto es así que el buen científico ni siquiera se puede fiar de sus percepciones. Lo más importante no es lo que ve el científico, sino lo que puede demostrar, que puede explicar cómo lo sabe. Pondré un ejemplo tonto: si ahora aparece frente a mí el espíritu de Alejandro Magno atravesando la pared, suspendido en el aire, y me dice claramente que es el espíritu de Alejandro Magno… bien, yo, como persona, puedo creer que he existe el espíritu de Alejandro Magno, pero como científico sería un irresponsable si afirmara tal cosa. Necesitaría pruebas. Demostraciones que los demás científicos pudieran analizar. Cualquier cosa que evitara una explicación más sencilla del fenómeno que acaba de producirse, como que he sido víctima de una alucinación, por ejemplo.
…………El ser humano, pues, no parece haber sido diseñado evolutivamente para saber la verdad de las cosas. No dispone de un sistema sensitivo veraz. Es proclive a imaginar cosas, y a engañar a los demás, incluso a autoengañarse. Por eso, hasta la aparición de la ciencia moderna, los seres humanos tardaron milenios en obtener conocimientos rudimentarios sobre los fenómenos naturales. Ahora, en solo un año, aprendemos más en cualquier campo del conocimiento científico que todos los sabios que nos precedieron durante siglos. El secreto es que la ciencia no hace caso al científico o al genio aislado, sino al estricto protocolo para saber qué es incierto, qué ignoramos, en qué debemos poner más esfuerzo. La ciencia, de hecho, ni siquiera es una institución o grupo de personas que hagan algo malo o bueno; sólo es un modo de pensar, un modo de enfrentarse al mundo, a la incertidumbre y a uno mismo. Estoy convencido de que muchos de nosotros usamos la ciencia cuando ni siquiera somos conscientes de ello: por ejemplo, a la hora de adquirir un coche de segunda mano probablemente no nos fiaremos de lo que afirma el propietario, exigiremos pruebas, seremos escépticos, críticos, escrutadores. Después, paradojas de la vida, cuando alguien nos señale que ha visto un espíritu, no nos comportaremos de un modo tan exigente. O cuando seamos testigos de algún fenómeno sobrenatural. Aprender a ser escéptico es una tarea dura, que no viene de serie, que está en contra de nuestra naturaleza y requiere de un adiestramiento parejo al de aprender a tocar la guitarra o cualquier otra habilidad compleja.
…………En pocas palabras: no importa que haya científicos fanáticos, científicos innobles, científicos con intereses oscuros, científicos que aspiren a destruir el mundo… No son científicos si no se pliegan a las exigencias de la ciencia. Y la comunidad científica les dará la espalda en cuanto detecte que no lo hacen (otro punto es que muchos especialistas, como los médicos, no son buenos científicos porque ni siquiera en sus carreras se imparten suficientes clases sobre el funcionamiento del método científico o de la epistemología más elemental, lo cual explica que algunos facultativos admitan que la homeopatía funciona, a pesar de que nunca ha demostrado eficacia más allá del placebo en ningún estudio serio). La ciencia existe para eso: para decirles a los facultativos que se equivocan, que engañan a la gente. Para evitar que la gente gaste dinero o deposite su confianza en un engaño que incluso ya ha matado a pacientes. En la misma línea, el caso de los movimientos antivacunas aún es más escandaloso en el sentido de que incluso afecta a la salud de los que sí confiamos en las vacunas. Pero todo esto es otro tema que merece otro artículo.
…………Dicho lo cual, supongo que queda claro que la ciencia no hace nada malo ni bueno, sino que las personas deciden usar los conocimientos científicos para cosas buenas o malas. Cosa bien distinta es lo que señala Adrián: “los designios de quienes la financian”. Podría estar de acuerdo en que la ciencia no sólo debe estar financiada por empresas, porque entonces habrá conocimientos que no alcanzaremos si no resultan rentables para tales empresas. Lo que hay que procurar, entonces, es que la financiación parta de más lugares. Por ejemplo, Kickstarter está siendo un buen aliado en ello. Los premios también son excelentes incentivos para los investigadores. Con todo, este tema se aleja del estrictamente epistemológico y daría, también, para otro artículo.
…………La ciencia, incluso, es necesaria para sustentar la naturaleza. Escribe Adrián: “Sin ser conscientes de que todo descubrimiento es una intromisión violenta en el mundo natural”. Aquí, Adrián está sosteniendo un mito muy arraigado: que la naturaleza es buena, o que debemos preservar la naturaleza a toda costa. La naturaleza no es buena ni mala, sólo es un sistema autónomo que no tienen ningún objetivo. La naturaleza se puede autodestruir, puede eliminar especies, producir glaciaciones. La naturaleza también es el Sol, que con una sola llamarada nos quemará a todos (o se hinchará dentro de unos miles de años, destruyendo el Sistema Solar, tal y como se ha pronosticado). La naturaleza está llena de elementos que dañan a la misma naturaleza. La  naturaleza es profundamente dañina en muchos aspectos para el ser humano. Lo responsable, pues, es emplear el conocimiento científico para corregir los defectos de la naturaleza, y paralelamente permitir la supervivencia del ser humano evitando que su modificación se torne negativa para el propio ser humano. Con todo, el conocimiento científico puede usarse irresponsablemente, pero de nuevo eso no compete a la ciencia, sino a la praxis de la misma. Articular mejores leyes, por ejemplo, podría ser efectivo a la hora de evitarlo. Hacer más caso a lo que publican los científicos en sus ‘papers’ y menos a lo que dicen otras personas en medios de comunicación de masas, también. En definitiva,portadas_libros_ciencia_carl_sagan_sokal_edward_wilson_dunbar_michael_shermer_manuel_lozano_leyva_natalie_angier_steven_pinker_gary_marcus_stephen_macknik_susana_martinez_conde delegar, pero exigiendo que el sistema tenga mil ojos, y que todos se vigilen a todos. Es exactamente lo mismo que se exige en la arquitectura, a fin de evitar que un desquiciado o alguien no preparado levante un edificio que pueda derrumbarse a los pocos días; o que permita que un lego pueda vivir en un edificio delegando su construcción en personas reglamentariamente capacitadas.
…………En la parte final de su artículo, Adrián señala que no estamos capacitados sensorial ni intelectualmente para defender teorías, que Galileo Galilei también fue tildado de chalado, que no deberíamos cerrar los ojos a ovnis u otros fenómenos marginales o pseudocientíficos, etcétera. Tras lo escrito, creo que Adrián podrá responder perfectamente a estas cuestiones. La ciencia no se basa en defender teorías, sino en tratar de derribar las que se creen ciertas (y mientras no se derriben, se usan como si fueran ciertas, pero sólo a nivel pragmático, no a nivel intelectual). Por ejemplo, las leyes de Newton se descubrieron inexactas y, sin embargo, ello no evitó que durante mucho tiempo se creyeran verdaderas y se usaran como tales (básicamente porque parecían funcionar, y de hecho siguen funcionando a nivel ‘macro’). Si alguien tildó de chalado a Galileo no fue un verdadero científico, y si lo hizo es que quizá Galileo no explicó convenientemente cómo había llegado a sus conclusiones. El ser humano no es capaz de conocer la verdad absoluta sobre nada, pero sí alcanzar consensos que parecen funcionar a nivel cotidiano e incluso teórico, a entender regularidades o correlaciones, a saber que los que vienen en pájaros de acero en realidad son como nosotros y que podemos también volar como ellos. La ciencia sólo es un bastón en el que el ser humano, cojo y ciego, puede avanzar por las arenas movedizas que conducen al conocimiento. Ignoro si finalmente ese bastón nos permitirá llegar a un lugar especial donde ya no necesitaremos de apoyos protésicos. Pero no intentarlo me parece un aburrimiento, una irresponsabilidad, un regreso a una época donde la gente explicaba las cosas con mitos y tenía una esperanza de vida de treinta años.
…………Llegados a este punto, entiendo que el artículo probablemente no habrá resuelto todos los matices del artículo de Adrián. Pero dicho artículo parece sustentado en una serie de argumentos comunes como “la ciencia no lo sabe todo”, “la ciencia hace cosas malas”, “la ciencia sólo es un punto de vista”, “la verdad absoluta no existe”, “eso es solo una teoría”, “hay que tener la mente abierta”, “también se rieron de Galileo”, “te paga Monsanto o cualquier otra empresa maligna que no busca el conocimiento sino el enriquecimiento a expensas de la salud de la Tierra”, etcétera. Son argumentos tan comunes que afortunadamente se han publicado cientos de libros para refutarlos. Así pues, para los que el artículo escrito aquí les sepa a poco o les haya generado contraargumentos, paso a enumerar algunos de los que he leído que considero que resumen mejor la cuestión.
…………Para empezar, a nivel muy básico, El mundo y sus demonios, de Carl Sagan. Para empezar a transitar por los procelosos terrenos de la epistemología, las mejores síntesis que he leído son Más allá de las imposturas intelectuales, de Alan Sokal, y Consilience, de Edward O. Wilson. Para ir rellenando huecos: El miedo a la ciencia, de Robin Dunbar, Por qué creemos en cosas raras, de Michael Shermer, El fin de la ciencia, de Manuel Lozano Leyva, El canon, de Natalie Angier, y Cómo funciona la mente, de Steven Pinker. Y sobre que no debemos fiarnos de nuestros sentidos y por eso la ciencia viene a rescatarnos, Kluge, de Gary Marcus, y Los engaños de la mente, de Stephen Macknik y Susana Martínez-Conde.

12 comentarios

  • Responder marzo 29, 2014

    Guille404gf

    Impresionante respuesta. Leerte es tan didáctico que me parece estar escuchando al mismísimo Carl Sagan (que posiblemente es la persona a la que más admiro de las que he leído). Estaría bien una nueva respuesta de Adrián, de quien siempre me interesa muchísimo todo lo que escribe por su visión del cine y de la vida en general, pero con el que estaba en desacuerdo en muchos de los puntos que trató en su texto. La verdad, sois de lo mejor que uno puede leer en toda la red, uno en el campo de la cultura y otro en el de la ciencia. Espero que nunca dejéis de hacerlo.

    • Responder abril 2, 2014

      Sergio Parra

      Muchas gracias, de verdad. Aunque sé que la comparación con Sagan es inmerecida, me ha hecho ilusión que te lo recordase.
      Un saludo.

  • Responder marzo 31, 2014

    soldadodeluno

    ¿Que es la mente? al parecer la ciencia no lo tiene claro.
    para ellos parece que la crea el cerebro.
    y el grifo crea el agua al abrirlo y la bombilla crea la luz.
    todo tiene una raiz o fuente y las personas o individualidades mentales tambien.
    hay estados en los que hay percepcion mental , mal llamada consciencia y otros estados no.
    existimos a ratos y no nos damos cuenta.
    si no hay sentido del yo, no hay mente, asi de simple, aunque la actividad cerebral diga lo contrario aparentemente.
    la individualidad es mente, no un simple compuesto organico.
    en el estado llamado vigil hay percepcion mental, en los ensueños tambien.
    en el llamado sueño profundo, se pierde la percepcion mental, no hay sentido de la egoidad o yo, no puede considerarse un estado mental porque no hay mente.
    aunque la supuesta actividad automatica del cerebro, les confunda.
    la individualidad la crea la mente y el cerebro nos muestra esta realidad.
    en la verdadera consciencia no existe el pensamiento, ni la individualidad.
    esla fuente y con palabras mentales podriamos llamarla DIOS.
    la mente va y viene de la fuente constantemente.
    para conocer y disfrutar de la fuente hay que disolver la mente en ella.
    pero la mente jamas se cazara a si misma, por eso hay que llegar a suicidarla en la Consciencia.
    eso es lo que han predicado los grandes fundadores de las Religiones.
    Jesus, Buda, etc.
    nuestro querido universo y el espacio y el tiempo son pura proyeccion mental.
    hay que buscar la realidad permanente, y no conformarse solo con la aparente.
    no me enrollo mas, en el conocimiento mental es mas importante una buena practica, que la simple y infinita teoria.
    un saludo Adrian.

    • Responder marzo 31, 2014

      Guille404gf

      Estaría bien que te contestara alguien con mayor capacidad para ello, pero sí me gustaría resaltar un par de asuntos antes.

      El primero es contrastar lo que expones con el contenido del artículo de Sergio Parra. Es curioso que tu comentario sea 20 veces más corto y a mí me haya costado 20 veces más leerlo. Y aún no he entendido ni la mitad. Frente a la manera de escribir tan cristalina del articulista, tan didáctica, tan argumentada, tu texto está lleno de trampas, de oraciones poco claras, de conexiones arbitrarias, de conceptos vaguísimos (tu manera de hablar de la mente me recuerda a como muchos hablan del alma).

      Por otro lado, la mayor parte de tus aseveraciones y supuestos que das por implícitos son más que cuestionables. De nuevo, ¿qué es eso de haber o no mente? ¿qué quiere decir que la individualidad la crea la mente? ¿por qué decides que a tu fuente se le puede llamar Dios? ¿qué quiere decir disolver la fuente en la mente?

      Sin querer faltarte al respeto, en tu texto no veo más que palabrería vaga. Pretendes decir mucho, pero en realidad no estás diciendo nada (independientemente de que abordas muchos temas muy interesantes, claro). Uno puede estar más o menos de acuerdo con lo que dice Sergio Parra, pero siempre podrá rebatirle porque ha sido claro en la exposición. Contigo la discusión es más que imposible, porque antes deberías explicar de una manera clara cada uno de las afirmaciones que das por ciertas. Deberías explicar con mucha precisión cada uno de los vagos conceptos que utilizas.

      Eso era todo. Simplemente me ha parecido curioso como el método científico puede ser o no ser aplicado en todos los ámbitos de nuestra vida. Y en la escritura, el primero.

  • […] Réplica a Adrián Massanet a propósito de cómo sabemos que sabemos […]

  • […] cómo sabemos que sabemos, pero su respuesta a mi columna intentaba centrarse en eso. Sin embargo, su texto me pareció notable y por momentos clarividente. Pero no porque me explicara cosas que yo no había […]

  • Responder abril 7, 2014

    Friveira

    Excelente respuesta. Al menos hasta hoy, en lo que atañe a la ciencia natural no hay otra manera de andar sobre tierra firme, pero queda otro ámbito (el de las ciencias sociales, humanidades, etc) que aún no se explica ni comprende bien con los métodos científicos de la falsación o abducción y que da muchos problemas. Creo que ahí algunas de las intuiciones de este chico al que contestas se aproximarían a ser acertadas.

    Un saludo.

  • […] Réplica a Adrián Massanet a propósito de cómo sabemos que sabemos […]

  • […] he intentado imitar, con más o menos fortuna, su estilo pedagógico, como podéis leer en esta réplica que vertí sobre cómo la ciencia es la manera más confiable de acumular […]

  • […] ¿Cuál es la razón de que nos haya costado tanto llegar al convencimiento de que no nos podemos fiar de nuestros sentidos, de nuestras opiniones, de lo que diga determinado sabio, que sólo vale el experimento, que solo obtenemos modelos sobre la verdad que funcionan a través de experimentos de doble ciego, revisión por pares, metanálisis y método científico? ¿Por qué aún hoy, en el siglo XXI, la mayor parte de la humanidad continúa operando intelectualmente tal y como lo hacían las personas de la Edad Media e ignoran que todo lo que creen saber no lo saben hasta que sepan demostrar por qué lo saben? […]

  • […] científico, que ni siquiera hace caso de las pataletas de los científicos más reputados o nos permite saber cómo sabemos que sabemos). El resto de colectivos, ya sean religiosos o laicos, ya sean académicos o profanos, ya sean […]

  • […] una hipótesis y no se limitan a ser cuidadosos o escépticos con las conclusiones, sino que las exponen al escepticismo del resto de la comunidad científica para que la destrocen a su conveniencia. Los demás, menos implicados emocionalmente en el tema […]

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