Solo sabemos lo que podemos explicar cómo lo sabemos

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…………En respuesta a un artículo publicado por Amador Martos y titulado El debate ideológico que divide al mundo, a mi juicio, parte, ya en su primeras líneas, donde se introduce el tema objeto de glosa, en un equívoco, o tal vez en una falacia del hombre de paja. Esto es, que en el ámbito epistemológico hay dos posturas enfrentadas, la de los positivistas, los apegados a la realidad material o al “sesgo científico (una postura defendida por el movimiento escéptico) y, en contraposición, la de las personas posicionadas en el idealismo, que disponen de una mente abierta a futuras realidades todavía pendientes de verificación empírica.
…………En realidad, tales bandos existen, sí, pero ninguno de los dos representa a la ciencia (si acaso, representará a algunos científicos, y también a algunos no científicos). La ciencia funciona precisamente estando abierta a futuras realidades pendientes de verificación empírica, porque funciona estableciendo hipótesis que deben comprobarse. Las personas que no entienden así la ciencia, no son científicas, ni tampoco son escépticos, que se definen como las personas que desconfían de todo lo que no ha sido demostrado aún. Es decir, que la ciencia no se define como un movimiento cerrado que cree conocer la verdad, cegada por un sesgo científico, refractaria a todo lo nuevo. Una cosa es desconfiar de lo nuevo, y otra rechazarla totalmente. La ciencia desconfía, pero solo progresa aceptando lo nuevo.
…………Pondré un ejemplo. Se estima que mensualmente se publican cinco mil revistas médicas especializadas que, hasta el momento, han impreso unos quince millones de artículos médicos. Estoy hablando solo de medicina. Imaginad si sumamos todas las disciplinas científicas. Muchos de estos artículos contienen conclusiones y afirmaciones contradictorias. A fin de separar el grano de la paja, a pesar de que todos estos artículos ya han sido cribados por diversos sistemas, como la revisión por pares, se escriben artículos que resumen otros artículos publicados, metanálisis, revisiones sistemáticas, etcétera.
…………Frente a ello, a mí no me da la impresión de que todo esté cincelado en mármol cuando observo el funcionamiento de la ciencia. De hecho, la ciencia no existe si no es mediante este movimiento perpetuo de refutación, criba, vuelta a la refutación, criba, y así ‘ad infinitum’. Los científicos se vigilan unos a otros porque una forma de obtener prestigio, además de publicar nuevos descubrimientos, también consiste en descubrir los errores de colegas. Este método, en puridad, es el más eficiente a fin de alcanzar verdades pragmáticas o evidencias temporales (la ciencia no persigue la verdad, sino modelos que encajen y funcionen, permitiéndonos predecir el futuro o resolver problemas presentes). Así y todo, si bien el procedimiento teórico es inmaculado, a nivel práctico adolece de muchos errores y lastres, como bien denuncian expertos como Ben Goldacre en Mala farma. Es decir, que a veces fallan los científicos; la ciencia, por el contrario, como método es idóneo. Nuestros esfuerzos deben estar encaminados a mejorar estos protocolos para que la investigación científica funcione más rápida y eficientemente.
…………Que se acepte un nuevo conocimiento es difícil, naturalmente. No porque exista sesgo, sino porque la ciencia no consiste en descubrir algo que acabe con todo lo demás y porque hay que ser cautelosos y cuidadosos, y las afirmaciones extraordinarias deben respaldarse con pruebas extraordinarias (no así las negaciones). Los conocimientos importantes deben encajar con el resto de conocimientos importantes, por efecto acumulativo, como si fuera el Tetris. Si los nuevos conocimientos no encajan, entonces debe demostrarse especialmente por qué resultan más válidos de forma especialmente elocuente.
…………Por supuesto, alguien podría descubrir un conocimiento que, en bloque, pusiera en evidencia que el resto de constructos están mal articulados. No es algo que la ciencia se niegue a aceptar. Puede ocurrir. Puede que toda nuestra física esté construida sobre cimientos endebles que, tal vez, algún nuevo hallazgo nos obligará a reconstruir. Pero eso es muy improbable y, por tanto, insisto, requiere de fuertes evidencias. Dedicar esfuerzo y tiempo a ello es como dedicar esfuerzo y tiempo a buscar duendes o unicornios, pero cada uno invierte su tiempo como estima oportuno. Eso sí, el que pretenda acarrear ese riesgo le espera fortuna y gloria: constituiría una revolución científica muy superior a las de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin o Einstein, pues aquellas tuvieron lugar en contextos en los que, al ignorarse más, era más sencillo dar saltos cuánticos. Las revoluciones resultan más difíciles a medida que se dispone de más conocimientos que se conectan unos con otros. Salvo sorpresas de última hora, lo más probable es que los nuevos conocimientos solo añadan detalles y matices a los ya acabalados.
…………Así es como funciona la ciencia. Cuestionar el proceder de determinadas personas, ya sean científicos, escépticos o psedocientíficos no es cuestionar la ciencia, sino las debilidades del ser humano. Precisamente la ciencia nació para proteger el conocimiento acumulativo de las mezquinas debilidades humanas. Hasta el nacimiento de la ciencia moderna, los conocimientos se basaban en opiniones, en intuiciones, en discusiones circulares, en modas intelectuales, en ideas platónicas. La ciencia nació para poner orden a todo ese desbarajuste de conocimientos mal trenzados, y empezó a sistematizar un método para eliminar todos los conocimientos que no demostraran, más allá de la idiosincrasia de su alumbrador, que eran ciertos. Y ello implicaba, también, explicar cómo se sabía que eran ciertos.
…………Amador insiste en todo su artículo en personificar a científicos tanto para bien como para mal a fin de avalar sus argumentos. Si al principio critica la cerrazón de algunos científicos, más adelante recurre a la apertura de miras de otros que, según él, están cada vez más próximos a la espiritualidad. Lo repetiré de un modo drástico: aunque todos los millones de científicos que ahora pueblan la Tierra se pasaran a la espiritualidad, eso no sería ningún argumento en contra del método científico: más bien pondría en evidencia que un gran número de personas (todos) prefieren prescindir de él. Eso no nos dice nada acerca del método científico, sino los argumentos que esgrimen los científicos que abandonan la ciencia y se pasan a la espiritualidad. Tales argumentos habrían de analizarse uno a uno. Soy incapaz de imaginar un argumento que demuestre que existe una manera más eficaz de aproximarse a la verdad que el método científico, aunque sé que la epistemología posee muchas sutilezas que aún se debaten a un nivel académico muy profundo. Un buen resumen de ello podemos encontrarlo en Más allá de las imposturas intelectuales, de Alan Sokal. La espiritualidad no es uno de esos flecos epistemológicos que se debaten. La fuga de cerebros que señala Amador, de científicos que abandonan la ciencia, seguramente se produzca por motivos que nada tienen que ver con el debate epistemológico, sino por cuestiones sentimentales, u otros.
…………La ciencia precisamente vino a eliminar afirmaciones como las que vierte Amador: “Cada persona percibe la realidad de un modo diferente: hay tantas visiones de la vida como personas en el mundo”. ¿Qué significa percibir? ¿Qué significa “visión de la vida”? Si eso se traduce en que cada uno puede tener una opinión sobre las cosas, obviamente es verdad. La ciencia no pretende eliminar eso. Lo que pretende la ciencia es demostrar que hay evidencias que son universales, con independencia de cómo “las perciba” el ser humano. La ciencia va más allá de los sentidos del ser humano. No importa cómo defina una persona el color rojo: la ciencia dispone de una definición unívoca y universal, amén de pragmática.
…………La ciencia es algo más que una técnica de laboratorio. También es una forma de pensar, de enfocar un problema. La ciencia es un sistema para superar las trampas de la lógica y los errores naturales de nuestro cerebro a la hora de interpretar la realidad. La ciencia es, sobre todo, una especie de juez implacable, un chequeo perpetuo para que nunca una idea demasiado subjetiva o contaminada de dogmatismo permanezca anclada en un juicio intelectual. La ciencia es, por tanto, una herramienta extramental, la herramienta más objetiva concebida por el ser humano a fin de conocer cómo funciona la realidad. Al menos, paso a paso, acercándonos un poco a ella.
…………Cualquier científico competente que entienda el método científico hasta en sus matices filosóficos más densos sabe perfectamente que si, ante ti, se aparece el fantasma de Alejandro Magno afirmando ser el fantasma de Alejandro Magno, tú no puedes empezar a creer en fantasmas por esa razón tan endeble.
…………Afortunadamente, ya hemos superado la afirmación de Amador de que “a todo ignorante en una materia de discusión no se le puede imponer jamás una verdad sino que esta debe ser descubierta por cada cual mediante el camino ascendente de la conciencia hacia la sabiduría”. Si eso fuera así, no existiría la especialización, ni las revisiones por pares, ni los controles del método científico. Y la gente seguiría creyendo en fantasmas si se le aparecen. O creyendo que algo cura sencillamente porque, al tomarlo, se ha curado, confundiendo correlación con causalidad, ignorando cómo sabe lo que sabe o cree saber. Seguiríamos fiándonos de lo que nosotros sabemos, que es una porciúncula del conocimiento. La próxima vez que quiera construirme una casa, ¿estudiaré arquitectura antes de ceder el testigo al arquitecto? ¿He de realizar yo mismo experimentos de doble ciego con miles de personas aleatorias para averiguar si un medicamento recetado por mi doctor es efectivo? ¿O quizá resultaría mucho más rentable para todos fortalecer los mecanismos de control en la investigación médica a fin de que yo pueda depositar mi fe en el experto? La respuesta es obvia, y el planteamiento de Amador no sólo es anticientífico, no sólo es improductivo y peligroso, sino también medieval, precientífico, incluso prerracional.
…………La ciencia, entre otras cosas, demuestra que lo que nosotros intuimos está sesgado por nuestros sentidos, prejuicios, y otros parches evolutivos de nuestro cerebro. Asombra que Amador repita sin cesar “sesgo científico” y nunca advierta el sesgo verdaderamente peligroso y medieval: “el sesgo personal”. El sesgo personal es tan tremendamente ineficaz que ni siquiera yo puedo fiarme de mí mismo. Amador, por el contrario, se fía de él, e incluso de una anécdota de su madre, para borrar de un plumazo siglos de investigación colaborativa entre millones de personas de todos los países del mundo, dando así carta de naturaleza a una experiencia sobrenatural (avalándola, cómo no, desde la física cuántica, el comodín de moda entre los que ignoran cómo funciona la física cuántica, y lo irresponsable que resulta extrapolarla a anécdotas personales, como un Punset cualquiera).
…………Otro gran error que comete Amador hacia el final de su artículo es la afirmación, completamente falsa a nivel histórico, de que las grandes ideas que han movido al mundo, también las científicas, siempre salen de la mente privilegiada de un genio. Siendo verdad, no aporta nada: las ideas de los genios también se deben someter al método científico para eliminar las ideas erróneas de las verdades, y los genios de los locos. De no ser así, nunca sabremos cuándo el genio ha sido un genio. Pero la cuestión es que las grandes ideas no se generan en individuos, sino en ecosistemas donde las ideas circulan libremente, y están sometidas al escrutinio de los demás mediante fuertes controles de revisión. Esa es la razón de que muchos inventos, por ejemplo, se produzcan en varios lugares del planeta casi simultáneamente. Y también es la razón de que cualquier genio científico, cuando está alumbrando alguna gran idea, generalmente está casi a la par con otros científicos, y a menudo deben correr raudos a registrarlas para ser autores de la misma.
…………Y precisamente los ecosistemas donde surgen las mejores ideas son los que emplean los protocolos que usa la ciencia para diferenciar hipótesis interesantes que acaso, tras haber superado todos los controles, adquirirán rango de teoría, de gigantescas y elaboradísimas sandeces y majaderías de los iluminados de turno que siempre creen saber más que el resto de la humanidad.

12 comentarios

  • […] que abarque los fenómenos relativistas y los cuánticos. Como decía también Sergio Parra en su último artículo (y les recomiendo encarecidamente que lo lean), la ciencia se cuestiona a sí misma y se reinventa […]

  • […] Sin embargo, estas bromas a menudo funcionan para denunciar una mapa praxis o unos deficientes controles de criba entre los estudios realizados correctamente y los que no (algo que sólo pone en evidencia que debemos extremar esos controles, no que la ciencia no funciona o debemos, cada uno de nosotros, buscar nuestra propia verdad, como me encargué de puntualizar en un artículo reciente a otro autor que rozaba peligrosamente la moda del posmodernisma: Solo sabemos lo que podemos explicar cómo lo sabemos). […]

  • Responder octubre 24, 2013

    lomonno

    Leyéndo el artículo original al que respondes, debo decir que, adoleciendo como lo hago de conocimientos sobre historia de la ciencia, está redactado en base a ambigüedades y generalizaciones, dando por sentado sin despeinarse conceptos en los que hasta un profano como yo puede detectectar el olor a chamusquina. Pero lo más preocupante son las insinuaciones del tipo: “Así, “el misticismo cuántico” y todas las demás corrientes consideradas como pseudociencias por los escépticos no tienen el soporte desde “el sesgo científico”. Pero no es óbice para que muchas de tales ideas sean plausibles en el futuro, como ha demostrado una y otra vez la historia, y que he reflejado en mi artículo Carta abierta a la Santa Inquisición.”; esto es simplemente inaudito. Soy yo ¿o pretendeeste señor comparar el citado ejemplo con, pongamos por caso, las conclusiones de Galileo Galilei? Especialmente grave cuando se trata de un tema tan serio, escrito por alquien que, sin saber si es o no experto en la materia, se las da de tal. Y, por lo tanto, especialmetne agradecido por tu artículo, que he leído gracias al artículo Metáforas de Fernando Frías en esta misma plataforma, que es igualmente recomendable. De alguna manera, se produce una especie de desprecio del conocimiento, un diletantismo obtuso, que debe ser esclarecido.

  • Responder octubre 25, 2013

    Sergio Parra

    Gracias por tu comentario, lomonno.

  • […] Sin embargo, estas bromas a menudo funcionan para denunciar una mapa praxis o unos deficientes controles de criba entre los estudios realizados correctamente y los que no (algo que sólo pone en evidencia que debemos extremar esos controles, no que la ciencia no funciona o debemos, cada uno de nosotros, buscar nuestra propia verdad, como me encargué de puntualizar en un artículo reciente a otro autor que rozaba peligrosamente la moda del posmodernisma: Solo sabemos lo que podemos explicar cómo lo sabemos). […]

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  • […] Ver noticia original Fecha de alta: 04-01-2014lamazmorradelandroide.com, Solo sabemos lo que podemos explicar cómo lo sabemosValoración: 3 sobre 5 <<<Según un artículo científico hacer un sólo regalo es mejor que hacer varios Confíen en ella (aunque les lleve la contraria)>>> […]

  • […] sencillamente lo hizo con verdadera curiosidad: quería saber cómo sabíamos, o mejor dicho, cómo sabía yo que sabíamos cómo sabíamos. Soy perfectamente consciente de que suena enrevesado, y lo es. De hecho, es enrevesadísimo, y por […]

  • […] de afirmaciones procedentes de sabios. Quienes tengan esta idea sobre la ciencia no conocen cómo funciona en detalle el método científico.  En todo caso, lo que hace la ciencia es convertir en verdad temporal lo que un grupo de expertos […]

  • […] con todo, que una visión superficial del funcionamiento del método científico o del proceso de revisión por pares de un artículo científico que se publica en una revista de […]

  • […] la conclusión. No basta con decir: “Oye, yo sé esto”. No se sabe nada hasta que no se explica cómo se sabe que se sabe. Y se explica con lo anteriormente enumerado: nada de opiniones, solo […]

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