No creo en ti, Señor

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Miedo a la muerte

Un día de mayo, hace más de seis décadas, Josep Palau i Fabre escribió en el París de los que emigraban su alquímico Canto espiritual. No recuerdo dónde lo leí; sólo sé que, hallándome al filo de la última línea, me sentí tan identificado con sus palabras que se volvió apremiante la necesidad de hacerme con él. Aquí lo tengo ahora, entre las manos, en un libro bilingüe que reúne toda la poesía del autor; bilingüe porque Palau i Fabre es una de las figuras más significativas de las letras catalanas, y él mismo tradujo sus poemas al castellano para la elaboración de este volumen. Al interrogarle sobre ese proceso, apuntó que, cuando la lengua castellana se le resistía o la traducción casi literal que buscase en principio no era posible, “se obligaba a una transmutación”.

No me inquietan los cambios que por esto haya podido sufrir la obra; la versión del Canto espiritual me satisface, y dice así: “No creo en ti, Señor, pero tengo tanta necesidad de creer en ti, que a menudo hablo y te imploro como si existieras (…). Pero después me despierto, o me parece que despierto, y me avergüenzo de mi flaqueza y te aborrezco. Y hablo contra ti que no eres nadie. Y hablo mal de ti como si fueras alguien (…). No creo en ti, Señor, pero si eres, sácame de este engaño de una vez. ¡Hazme ver tu cara!”

La inmensa mayoría de la humanidad, también corrupta y doliente, declara que da crédito a la existencia de un ser bondadoso y superior, una entidad divina que es de su absoluta confianza. Por tanto, lo que piensa Palau i Fabre constituye una honrosa anomalía, un privilegio; y he de confesar que me sentí identificado con él porque, a veces, me ocurría lo mismo que describe su Canto espiritual. No soy tan osado, imprudente, loco o estúpido como para permitirme el exceso de afirmar que existe algo de cuya presencia no hay un solo indicio por mucho que haya quien se empeñe en que sí; no hablemos ya de evidencias. Y es inútil no desdeñar nuestras capacidades de previsión pese a que filósofos griegos hablaran de átomos indeterminados en la Antigüedad y Verne escribiera sobre ficticios motores eléctricos y de explosión, sobre submarinos, cohetes espaciales, helicópteros, transatlánticos, trenes de alta velocidad y ascensores, e incluso sobre armas de destrucción masiva, muñecas parlantes y algo similar a internet, todo en el siglo diecinueve: algunos aciertos no justifican otras afirmaciones ni sirven para apoyarlas, y no dejan de ser imprudencias, palos de ciego, hablar por no callar; invenciones. La cuestión no es creer o no hacerlo, sino actuar con una actitud rigurosa y humilde y no meter baza en lo que uno no tiene ni la más remota idea: el ateísmo ya se deriva de ello por mucho que algunos se nieguen a aceptarlo. Yo sólo confío en lo que no hay más alternativa para que mi existencia sea medianamente feliz, tolerable o, al menos, no me empuje a saltar por un balcón; si bien la fe en la pareja, en la familia y en los amigos, como es lógico, se rige por una pauta, no por una seguridad.

Pero no; los hombres no lloran, los imperdibles no se pierden y los ateos nunca flaquean cuando sufren.

Palau i Fabre dice que su poesía no es amorosa, sino más bien sensual. “El sentimiento del amor no está casi nunca. El amor hacia la humanidad, sí”. Se me antoja paradójico que no crea en Dios, en dioses ni, claro, en sus ministros, pero sí en la humanidad, pues de divinidades no se conoce nada, y de nosotros, demasiado y poco bueno.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

3 comentarios

  • Responder diciembre 18, 2014

    Juanjo Romero

    Preciosa poesía. No dudes de que tanto a ti como a Palau se os acabará mostrando esa cara en el momento menos pensado; el que busca honesta y sinceramente la verdad al final la encuentra.

    • César Noragueda
      Responder diciembre 22, 2014

      César Noragueda

      Ay, la fe, amigo Juanjo… No es algo que esté a mi alcance ni que me alcance a mí. Hace años que no. Pero tampoco hay duda de mi preocupación íntima por la verdad.
      En cuanto a Palau, murió en 2008, con noventa años, así que, si pudiera, supongo que tendría algo que decir al respecto. Quizá nos brindase algún poema nuevo sobre este asunto en alguna sesión de Ouija, je, je.

  • […] que en Estados Unidos. En general, Francia es uno de los países menos crédulos, tanto en Dios como en telepatía, astrología, ovnis, espiritismo, fantasmas, el diablo, los sanadores y […]

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