Pero mira cómo beben

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…………Las épocas que me resultan más insoportables de todo el año, en las que me exiliaría con mucho gusto a algún rincón desierto si pudiese —y os habla un urbanita—, coinciden con las conmemoraciones religiosas, así que el motivo está bien claro: si me repatean los planteamientos irracionales por lo perniciosos que son, imaginaos lo que disfruto en las temporadas que el exhibicionismo de la locura de los creyentes alcanza cotas de una epidemia cargante. Y esto no es una pose, ni rebeldía por rebeldía ni ir a contracorriente para aparentar que uno es autónomo y guay: a los que necesitan que piensen por ellos quizá les hayan dicho sus pastores lo contrario, pero los no creyentes, a pesar de no admitir la magia potagia ni la ética de la revelación, podemos tener principios.
…………Dirán que, en contraste con la pompa religiosa de Semana Santa, no se me debe escapar que la época navideña ha ido perdiendo su significado místico en favor del comercial, y que ahora sólo sirve de excusa para los reencuentros familiares y los regalos. Pero la insensata orgía de consumo que conduce a la cuesta de enero, ese abandono irreflexivo y multitudinario a las compras y a los abusos, y la inercia de congregarse en plan enajenador, porque sí, todos a una, no suponen ningún alivio: se cambian unos planteamientos irracionales por otros. Y en cualquier caso, con insistir en la separación de la esencia religiosa de sus festividades o del modo en que se viven, por muy vacías de contenido que estén, no se puede ocultar que las creencias y la iconografía cristianas continúan ahí, y a un esqueleto sin carne es posible aguantarlo de pie si se lo apuntala de la forma más conveniente: no percibo contradicciones significativas en sostener el negocio religioso con un mercadeo mayor.
…………Así, los traficantes de existencias y esperanzas se ocupan en lo suyo, en explotar su mitología como cada año por estas fechas con la intención de vender su milonga sobrenatural, la del nacimiento de esa mentira objetiva llamada Cristo, el vástago de un dios hecho hombre sin ñiguiñigui, el propio dios, la causa por la que los peces de aquel absurdo e irritante villancico extremeño bebían y volvían y vuelven a beber. Y si se reflexiona y se considera que los cristianos primeros, repartidos en un buen montón de pandillas sectarias durante la época en que aún eran víctimas y no victimarios, utilizaban el pez como símbolo para reconocerse los unos a los otros, la canción extremeña bien podría referirse a la cogorza que se debieron de agenciar estos cristianos para inventarse o creerse sus delirios.
…………Pero no es obligatorio ir trompa si uno desea discurrir por debajo de sus posibilidades o actuar a lo tonto. Yendo sereno, a uno se le puede antojar decir que los impíos no deberíamos disponer de vacaciones porque coinciden o se deben a festividades religiosas, como si el derecho a descansar dependiera del catolicismo o los creyentes no veranearan, y como si la decisión de celebrar, por ejemplo, el natalicio cristiano en estos días no se debiera al propósito de aprovechar las antiguas y paganas saturnales  para convertir al cristianismo al populacho romano de su imperio. A uno le puede dar por conducirse ahora como un borreguillo cristiano y contribuir a sus celebraciones aunque no crea en dios alguno y justificarse exponiendo que no honra la Navidad, sino el solsticio, como si celebrarlo no fuera otra estupidez; y tomarle el pelo a su prole diciéndoles que un gordo barbudo o tres monarcas orientales les traerán regalos a hurtadillas, como si esos regalos no les ilusionaran de idéntica manera si supiesen su origen desde el principio, y justificándose de nuevo arguyendo que así respeta su infancia y no se la malogra, como si los niños necesitasen mentiras en vez de simple imaginación y cuentos, como si una infancia provechosa dependiera de esos seres imaginarios, como si proporcionarles a nuestros hijos una educación racional sin mácula no fuera de mayor valía y mucho más importante; como si el peligro de que luego, en la edad adulta, les despachen patrañas distintas y a otros seres imaginarios peores no fuera posible; como si no tuviésemos la obligación de enseñarles que lo de mostrarnos solidarios, expansivos y generosos en una sola ocasión cada doce meses lo único que retrata es nuestra infeliz hipocresía.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

15 comentarios

  • […] Pero mira cómo beben […]

  • Bienhallado seas, César, en este mundo donde las saturnalia (o donde los festejos familiares en los que siervos eran servidos por sus señores y se repartían regalos imperaban) resisten el paso de los siglos.
    Bienhallado seas en los tiempos en los que algunos pensamos: “HOMINI UNVS DEVS HOMO”. Sin que nos importe ni credo, ni raza, ni religión.

    • César Noragueda
      Responder enero 5, 2013

      César Noragueda

      Bienhallado procuro ser, Arístides. Pero también reflexivo y coherente. Y el problema es que, al contrario que la raza, la religión sí importa porque suele ser impositiva, obstaculizadora y atolondrante. No hay más que ver la inercia que nos empuja en esta época del año.

  • Responder enero 6, 2013

    Santi Ramos

    Y escapar a esa vorágine cristiana, comercial o lo que sea es imposible. Ya sea Navidad, Semana Santa o cualquier otra festividad divina, la imposición en este Estado (y en cualquier otro) que se denomina “aconfesional” es inevitable, inesquivable. Se convierte en un “maelstrom” que engulle todo cuando atrapa. ¿Qué hacer ante eso?

    Gran artículo!!!

    • César Noragueda
      Responder enero 6, 2013

      César Noragueda

      Y lo mejor es que, si uno dice cosas como estas, se lo considera un rebelde superficial, un chalado e incluso mala gente.
      Qué triste es la alienación. Están locos estos romanos.

  • Responder enero 7, 2013

    Ignorante en rehabilitación

    Gracias, gracias, gracias César!!!!! Me suelo sentir muy sola y predicando en el desierto cada vez que hablo de la enorme incoherencia de estas “fiestas”, pero tu artículo me hace sentir acompañada en mis convicciones.

    • César Noragueda
      Responder enero 8, 2013

      César Noragueda

      Pues a mí, más que de predicadores en el desierto, me parece que nuestra humilde condición se parece más a la de unos pocos cuerdos en un manicomio, tal como está el patio.

  • Responder febrero 25, 2013

    Eduardo

    Aparte del gran teatro simbólico q es la religión, no confundamos con las creencias intimas de las personas. Se puede creer en una fuerza espiritual sin identificar bien. La religión con su hábil mezcla de sentimientos, verdades del barquero, e ilusionismos varios, pueden ser un analgésico para muchos, pero no es un planteamiento serio. Quizás a traves de la lectura va haciéndose uno su propia religión interna, en mezcla bastante turbia, pero con consecuencias reales en la toma de decisiones diaria (caridad, juicios morales, etc).
    Al final yo al menos aplico el “no hay mal que por bien no venga” y efectivamente sería hipócrita negar q tras tanto bombardeo comercial, algun mensaje me hace reflexionar cada Navidad. Puedo hacerlo todo el año, pero aprovechando la locura colectiva (todos participamos en parte) saco lo mejor que puedo.
    Un saludo, disculpad desorden y son temas de muchísimos libros, muchísima profundidad. Es muy sano leer a CHRISTOPHER HITCHENS, pero el mismo advierte que ha sido un judio heterodoxo, leed el prólogo por favor.

    • César Noragueda
      Responder febrero 26, 2013

      César Noragueda

      Con absoluta franqueza, Eduardo, no veo por qué iba a ser menos irracional creer en “una fuerza espiritual sin identificar” que tragarse los cuentos de las religiones institucionalizadas. Por otra parte, las religiones tendrán de teatros simbólicos todo lo que se quiera, pero también son teatros socioeconómicos, y eso ya es un problema mayor que lo inconveniente de una sencilla intimidad espiritual. Al margen de que la fe de un católico, por ejemplo, también forma parte de lo que son “creencias íntimas”.
      Además, lo de que “no hay mal que por bien no venga” es una generalización que sólo se sustenta en pura fe. La caridad y el buen trato durante la Navidad es hipocresía porque no son verdaderos: si lo fuesen, si se tratasen de un comportamiento sustentado en una convicción, se darían todo el año. Y puesto que comparto la opinión de Wilde de que la simple caridad sólo apuntala la pobreza y lo que hay que hacer es instaurar un sistema en el que la pobreza sea imposible, ni siquiera eso me sirve como bien venido de un mal.
      Y por último, conozco a Hitchens, le tengo en alta estima y me entristeció que muriera no hace mucho, pero que hubiera sido un judío heterodoxo tiempo atrás no le hacía menos radical en su ateísmo ni en sus planteamientos laicistas.

  • […] hemos de hacer lo propio. Sobre todo en estas fechas, cuando quedan apenas unas semanas para Navidad. …………Durante el pasado siglo, grandes gongoristas como Dámaso Alonso se […]

  • Responder enero 1, 2014

    Enrique

    Yo soy ateo… Ahora. Pero me llevó lo mío llegar hasta aquí. Agradezco los pasos previos: el Ratoncito Pérez, los reyes magos, fueron fantasías infantiles que me enseñaron lo fácil que es sugestionarse, y lo importante que es esa vena mística en nuestra mente. Yo creo que el ateísmo es un síntoma de madurez, y que las personas que se atreven a abrazarlo tienen el particular desafío de seguir viviendo sin amargura, decepción o rencor por los adoctrinamientos previos. Los horóscopos, las homeopáticas, los videntes… Están ahí para quién se quiera dejar engañar por la magia. Me gusta la ficción fantástica, y me gusta la imaginación. No somos seres totalmente racionales y tenemos que vivir esta vida sin sentido dándole nosotros un sentido moralmente digno. La gente se ilusiona, se autoengaña, se enamora, se sugestiona. Es lo que somos y lo que elegimos ser… Ser ateo y además ser optimista es difícil, supongo, pero muy liberador. Vale la pena aceptar que la vida es corta y que podemos ser libres de preceptos, culpas o fuerzas místicas. Ni dios padre, ni virgen madre, pero la hermandad de los hombres y mujeres es un ideal que vale la pena sostener.

    • César Noragueda
      Responder enero 5, 2014

      César Noragueda

      Mi ateísmo también fue una cuestión de evolución y está claro que gracias a esa evolución soy como soy ahora. Pero no se me ocurriría recomendar que las generaciones futuras tengan que pasar por lo mismo para llegar a la misma situación, y por dos razones: una, que las personas más inteligentes son las que aprenden de los errores ajenos, y nuestros pupilos deben ser más inteligentes que nosotros; y dos, que si las futuras generaciones tienen que sufrir esa evolución será porque nada haya mejorado en el mundo en cuanto a racionalidad.
      Así que eduquemos de una vez a las personas desde el principio para que la humanidad deje atrás por fin la minoría de edad mental de los que tienen amigos imaginarios. Porque, no solo la hermandad humana de la que hablas, Enrique, no los necesita, sino que los amigos imaginarios de unos y de otros suelen ser los que la hacen imposible.

  • […] mismos, que hemos cumplido, que nos hemos acordado de él. Algo parecido sucede cuando llegan la Navidad o los cumpleaños. Nos invade una psicosis tremenda porque hay que regalar, ¡hay que regalar!, […]

  • […] (ya que son una parte más del sistema), sionistas (o lo que sea), contradictorias (porque sí) fiestas con las que concluye el año, y que son la excusa perfecta para beber, comer, gritar y desbarrar más de lo habitual. Como si […]

  • […] La Navidad es esa época en la que nos pasamos de casi todo. Engullimos hasta reventar el cinturón, bebemos como criaturas recién llegadas del desierto y ponemos la tarjeta de crédito al rojo vivo. La lengua se nos desata y sacamos a relucir nuestro arsenal de opiniones estratégicamente cosechadas durante el año. Pero también es la época de la nostalgia. Recordamos a los ausentes, mandamos tropecientas cadenas de mensajes para recibir tropecientos buenos deseos y evaluamos cómo nos ha tratado el año. O, más bien, cómo lo hemos tratado nosotros a él. De ahí nace una secuencia de desdichas, traumas, maravillas y satisfacciones que diluyen el presente en un recuerdo del pasado. Pero os diré qué no va a colarse en esos instantes de tiempo coleccionados. No habrá lugar para los grandes protagonistas de 2014, los dueños del mando a distancia; personajes, todos ellos, desgastados por “la buena fortuna” y la actualidad. […]

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