El tonto y el dedo

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…………Según mis padres, cuando era pequeñín y simpatiquísimo —es decir, otra persona—, me colocaban en un tacatá y veía muy a gusto la emisión en que un monstruo ávido de galletas, un erizo descomunal, un muñecote azul con menor espabilo que su yegua y el reportero más dicharachero, entre otros, amenizaban mis tardes mientras aprendía a caminar con soltura. Se me antoja triste que muchos ignoren el perfil didáctico del programa; tal vez eludiríamos cantidad de conjeturas defectuosas, es decir, gilipolleces, si se adaptase para los jóvenes y los adultos de hoy, si el muñecote azul les aclarara, por ejemplo, la diferencia entre coitos seguros y coitos sin profilácticos, entre pulmones limpios y pulmones negros, entre lenguaje y realidad, opinión y certeza, nacionalismo e integración, verdades científicas y delirios magufos o religiosos, entre un enfermo y un homosexual, la píldora y un aborto, un embrión y un niño; entre lejos y cerca. Les sería muy útil para no dejarse engañar por ningún cantamañanas y, no sólo para adquirir conocimientos básicos acerca de mundo, que desmienten dogmas serviles, apreciaciones erradas, de cobardicas, y diferentes chifladuras, sino asimismo para aprender a razonar, obligando al carruaje de la imaginación ridícula, del miedo y la incertidumbre a detenerse, e incluso sobre la construcción de argumentos a prueba de bomba.
…………Si a Coco, el muñecote azul de mi infancia convertido en guía racional, se le consintiese hacer, con cautela y un planteamiento de gran alcance, otro gallo nos cantara. Nos toparíamos con pocos cornetas de posta y paladines de cualquier opinión, chapuceros incapaces de argumentar limpiamente, sin falacias ‘ad hominem’, mentiras, subterfugios o berrinches, sobre la fe, la situación económica, el arte, los derechos civiles, las corruptelas, los trajecitos regalados y demás; o con quien se traga sus explicaciones sólo por la boca afín, a menudo sucia y denigrante, que las profiere, o se enfrenta al opositor sin interés por el discurso, las acusaciones ni las noticias incontrovertibles; ya que, como le dijo un chavalín a Nino Quincampoix tras tirarle de la chaqueta para llamar su atención, cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira el dedo.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

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