Que me lo quitan de las manos

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…………Todos estamos familiarizados con la idea de lo que es un vendedor de humo, el que se dedica a tomar el pelo al personal endosándole algo inútil, y hasta con la del pregonero de vino y vendedor de vinagre. Sin embargo, reconocer a estos especímenes que se aprovechan de los crédulos e incluso se enriquecen embaucándoles no nos resulta tan fácil a todos: requerimos cierto nivel de conocimiento, de humilde disciplina intelectual o sencillamente de sentido común para detectarlos, y aun así, los hay tan habilidosos que pasan el filtro mental del que se considera inmune a las charlatanerías, valiéndose de un momento de debilidad.
…………Si acudís a una charla con la expectativa de aprender sobre mercadotecnia digital y de que os ilustren sobre algo llamado “el efecto anfitrión” del que “vive como en una fiesta permanente”, más vale que vayáis con la batería de vuestro detector de vendedores de humo al máximo, sabiendo que los pitidos del chisme se mezclarán ininterrumpidamente con la cháchara durante las dos horas de conferencia. Desconozco cómo iba mi detector cuando acudí sin precauciones, pero en mi cabeza no hubo más que pitidos de alarma y asombro por cuanto oía.
…………El conferenciante me perdió desde el mismo comienzo: tras adular a la concurrencia con algo tan sumamente burdo como agradecer que le atendiésemos “porque no hay mayor regalo que uno pueda hacerle a otra persona que prestarle atención”, dijo que iba a ofrecernos su experiencia, “su verdad personal”, pues no la hay de otro tipo, que no sabremos lo que son las cosas hasta que las hayamos experimentado nosotros mismos y que, fíjate tú, admitir lo que otros afirman haber comprobado es “aceptar verdades ajenas”. Es posible que no sea consciente de que lo que el método científico anuló son las verdades personales en el ámbito del saber, y con ellas, nuestros sesgos, errores de percepción y prejuicios, que a lo que se dedican los estudiosos de una ciencia cualquiera es la comprobación rigurosa de hipótesis para que todos nosotros, seres humanos con una relativa capacidad de raciocinio, las comprobemos también en conjunto, para que sepamos si son o no ciertas, si son verdades objetivas de las que nos han servido para poner un pie en la Luna o erradicar la viruela, que existen de la misma forma en que no meteríamos alegremente la mano desnuda en una fogata o en una caldera al rojo porque sabemos muy bien que nos quemaríamos, y con las que vamos rellenando el puzle de nuestro conocimiento sobre el mundo.
…………Los más condescendientes pueden decirme que no se refería a eso ni por asomo, que “las verdades personales” que él ofrece no se encuadran en las ciencias físicas, sino que se apoyan en sus observaciones como vendedor y no de humo, y yo les contestaré que la psique humana, su funcionamiento y reacciones, es igualmente materia de estudio incluso para lo que resulte útil en su propio territorio, la mercadotecnia, y que mi crítica al respecto se la ha ganado a pulso por meterse en el berenjenal de la epistemología, la ciencia del conocimiento, sin tener las nociones claras. Lo gracioso de responderme así es que, minutos más tarde, el buen orador utilizó las leyes del movimiento de Newton, queCharlatanes, coaching constituyen la base de la mecánica clásica junto con la transformación de Galileo, para fundamentar su tesis de aplicarle una receta distinta a un cliente según el tipo al que pertenezca, tras haber analizado su carácter y meterle en una casilla de la tabla con la que él y sólo él cataloga a la clientela, y así conseguir que reaccione favorablemente: el principio de acción y reacción. Pero pretender fundamentar eso de semejante manera, mezclando churras psicológicas con merinas físicas, es como si un creyente nos explicase que no juega al parchís porque el bueno de Einstein —que no era religioso— dijo que Dios no juega a los dados. Y si se me quiere responder que esto sólo es un símil para que, pobre de ti y de mí, comprendamos mejor su dificilísima tesis, indicaré que un símil no sirve como argumento de nada, y que para demostrar que su tesis es correcta debe aportarnos estudios fiables y argumentos directos sobre la misma; y aunque lo hiciera, hay que decir con absoluta claridad que convencer a una persona no es una operación tan simple como tirar de un carro y que intervienen multitud de factores específicos de esa persona, del vendedor, el sistema y el contexto como para plantearlo con la insulsez de pulsar un botón y presumir una consecuencia: no somos máquinas expendedoras.
…………Y sin ningún miramiento, llegó el asunto preferido, el pedrolo filosofal de los motivadores parlanchines a lo largo y ancho del mundillo de las empresas: la actitud mental positiva con la que se consigue cualquier cosa, como si se pudiesen materializar los deseos tan sólo dejándolos ser, por arte de birlibirloque. No es reprensible que uno aconseje que pongamos todo de nuestra parte para conseguir un objetivo, sea cual fuere, pero venderlo como una garantía de triunfo, como una técnica segura, es una patraña frustrante y psíquicamente peligrosa: la complejidad del mundo y nuestra pequeña parcela de control efectivo, la incertidumbre, lo imprevisible, el sinnúmero de influencias externas y, muy en especial, que todos no disponemos de las mismas oportunidades son circunstancias que sería una insensatez eludir. Y si aderezamos la locura con otro supuesto símil, que mezcla la carga negativa de los electrones con la negatividad personal —carga a la que Benjamin Franklin podría haber llamado “roja”, y a la de los protones, “azul”, o “alta” y “baja”, ya que no tiene relación alguna con el pesimismo—, tan inútil como el símil de la tercera ley de Newton, el esperpento va tomando una forma bien visible, digna de una falla valenciana. No muy diferente es hablar de “ir cargado de electrones negativos”, como el conferenciante soltó una vez en una supuesta y primorosa metáfora, que de ir al médico a por “curas” y que te recen un avemaría. Me pregunto si habrá oído hablar de la polisemia.
…………De sus disparatadas declaraciones sobre lo innecesario de dormir más de cinco horas para una saludable ruina del cerebro y una muerte prematura y, lo que me llegó muy hondo, acerca de que “lo único que ha hecho la neurolingüística ha sido corroborar lo que ya sabíamos”, no merece la pena añadir nada. Baste que me limite a negar su afirmación de que “cuanto nos ocurre en la vida es responsabilidad nuestra”, como si la superestructura en la que socializamos fuese un chiste y las otras personas, mandamases incluidos, no influyeran en nuestro porvenir; y que parece no contar con la categoría del escéptico medianamente informado en su clasificación de la clientela, porque os aseguro que, después de esta charla, ni con su histrionismo a tope conseguiría venderme ni un paquetejo de chicles. Aunque me figuro que él no querría tampoco, dado que huye de las personas que se quejan y que juzgan, y yo me inclino por denunciar lo que no es cierto, como sus charlatanerías de vendedor de vinagre, y lo que se me antoja injusto o dañino, y tengo la mala costumbre de discernir entre lo que es beneficioso para los ciudadanos y lo que nos perjudica a todas luces, entre sujetos benefactores y los que se encaraman a su pequeña tarima y, con voz de ventrílocuo, pregonan sus falsedades y les pagan por ello, como mercachifles de tenderete barato, que encima están de moda y cosechan ovaciones, y el éxito que nos despachan, realmente, es el suyo. Así, no son pocos los consumidores y adictos a la humareda que les admiran y les promocionan, y tristemente hacen esto último con técnicas tan fundamentadas como las de su mentor, al grito de: “Vamos, señora, que me lo quitan de las manos”.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

9 comentarios

  • Responder mayo 20, 2014

    Pablo

    Desde luego parece que al tipo se le fue bastante de las manos el discurso, pero con algunas ideas muy muy de fondo sí puedo llegar a estar de acuerdo.

    Por mucho que vivamos en una sociedad con un contexto que no hemos decidido, al final las decisiones de lo que hacemos las tomamos cada uno de nosotros, y las consecuencias de esas decisionas son responsabilidad nuestra. Entiendo lo que dices (y apoyo) de que hay muchas cosas que no podemos controlar, pero no debemos perder de vista que hay muchas otras cosas que sí. No verlo puede llevar a la inacción, y luego vendrán los lloros porque las cosas no salieron como queríamos. Pero es que hay que luchar para que las cosas salgan como queremos.

    Respeto todo lo que dices, sin embargo. ;-)

    • César Noragueda
      Responder mayo 20, 2014

      César Noragueda

      De ningún modo se me ocurriría decir que no somos responsables de nuestras propias decisiones, y no lo he dicho: hay que llevar las riendas de nuestros asuntos y mover el culo. Pero de lo que yo hablo es de la gran mentira de lo forzoso del éxito por la infalible actitud positiva y, sobre todo, del control y la responsabilidad absolutas de todo lo que nos ocurre. Eso, además, esconde cierta ideología que le conviene mucho al propio sistema para mantener el estado de cosas.
      Pero también podríamos hablar de la alienación y de si nuestras decisiones son realmente libres y, muy especialmente, de que, insisto, todos no tenemos las mismas oportunidades.

      • mayo 20, 2014

        Pablo

        Indeed. En realidad creo que estamos más o menos de acuerdo. Un último apunte: a veces, sólo a veces, también somos responsables de lo que dejamos de hacer. Esto es, cuando vemos venir las consecuencias.

      • César Noragueda
        mayo 20, 2014

        César Noragueda

        Eso está incluido en llevar las riendas de nuestros asuntos.
        Pero debo decir que mi objetivo con este artículo no es meterme en tales disquisiciones, sino denunciar la charlatanería de motivadores comerciales como este.

  • Responder mayo 21, 2014

    Miguel Ángel

    En ciertas ocasiones, dependiendo de a qué eventos asista uno, serían convenientes un par de recomendaciones: Cambiar de sombrero y dejar en casa a Don Perogrullo.
    Recurrir a la ciencia para extraer ejemplos lógicos y utilizarlos para transmitir ciertos conocimientos, no es cuestión de seguir al pié de la letra lo que se dice, sino de buscar interpretaciones emocionales en cuestiones meramente racionales.
    Puestos a sacar las cosas de contexto, podría comenzar diciendo que el titular que has utilizado para tu artículo no se corresponde mucho con el contenido. A un vendedor, difícilmente se lo van a quitar de las manos, si lo que vende es humo. A no ser que venda cajetillas de tabaco.
    Me basaré en este mismo ejemplo para hacer un símil más, si cabe.
    Si interpretamos el humo como factor emocional y la palabra como racional, un vendedor sólo podría dedicarse a vender aspiradoras, cuchillos de cocina y otros útiles si su única arma sólo fuera la charlatanería. Pero entonces dónde quedarían los viajes caribeños en busca de Curro, o el coche de tus sueños que tanto, te gusta conducir.
    Es decir, no debemos dejar de lado ese mundo emocional, y menos aún, si de lo que se trata es de comunicar. Vender sueños e ilusiones, ideales de belleza que quedan sintetizados en un producto. El resto se esfuma, sí, pero no sin antes cumplir su cometido y calar en el consumidor dejando satisfechos sus deseos.
    Debido a la gran vorágine informativa a la que nos hemos acostumbrado con la llegada de las nuevas tecnologías, nos vemos sometidos a una gran cantidad de sugerentes impactos dirigidos a llamar nuestra atención. Un buen vendedor debe ser capaz de activar esa faceta emocional y dejar su huella en el cliente para que éste vaya directamente a su producto y no al de la competencia.
    Se trata, en resumidas cuentas, de aplicar la ley de la supervivencia. Si lo que se pretende es resaltar entre tantos, conviértete en un buen anfitrión y trata a tus clientes como si fueran los invitados a tu fiesta.
    Es uno de los mensajes que personalmente extraje de esta conferencia, al término de la cual más de uno pensaría; Y este tío, qué se ha fumao? A lo que yo añadiría; Y qué importa? El caso es echar humo.

    • César Noragueda
      Responder junio 30, 2014

      César Noragueda

      Lo cierto, Miguel Ángel, es que considero que el sombrero que hay que llevar siempre puesto, vaya uno a donde vaya, es el del pensamiento crítico. Y dado que muchos aplican la benevolencia con el sujeto en cuestión después de la sarta de disparates, inconsistencias y conceptos vacíos que soltó, una réplica merecida no me parece ninguna perogrullada.
      Y debo insistir en que, cuando este tipo utilizó la tercera ley de Newton o el nombre que Benjamin Franklin le puso a la carga de los electrones, no lo hizo “para transmitir conocimientos con interpretaciones emocionales y comunicar”, sino para tratar de fundamentar sus chorradas con los logros de gente respetable, para darles un barniz científico del que carecen, sin tener nada que ver lo suyo con lo de ellos, valiéndose de la falacia de la anfibología, que consiste en mezclar dos definiciones de términos polisémicos para sacar una conclusión que, claro, no se sigue de ello.
      Y si se quiere hacer pasar esto por un símil (que no es) “para que se le entienda mejor”, insisto también en que hacer un símil no es argumentar nada ni aportar ninguna prueba de lo que uno dice es cierto.
      Además, creo que no es preciso dedicarse a decir todo lo que salió por esa boca durante dos horas para explicar que hay que tratar bien a los clientes si uno quiere venderles algo; eso sí que es una perogrullada. Y no se me va a ver a mí justificar de ningún modo tomaduras de pelo como esa conferencia (por la que el tipo cobró) diciendo “que, bueno, me quedo con lo bueno que dijo”.
      Pero lo realmente grave es todo el pensamiento irracional, ultraliberal y ‘newageero’ que se esconde detrás de su discurso, respecto a lo que recomiendo encarecidamente la lectura de ‘Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!’, de Eparquio Delgado. Pronto publicaré una reseña sobre él.
      Y en cuanto a que no se corresponde el título de este artículo con su contenido, tal como explico al final del mismo, se llama así porque las técnicas que este individuo usa para vender sus ideas tienen tanto fundamento como las de los mercachifles, que es lo que gritan: no tiene nada que ver con coger humo con las manos. Y yo no he usado anfibologías ni he intentado aprovecharme de ningún científico respetado para defender una tesis que no tenga nada que ver con él. Eso sólo lo hacen los engañabobos, y yo mismo, no sólo no me tengo por tal, sino que aquí me dedico a cargar contra ellos :-) .

  • Responder mayo 22, 2014

    Ally

    Por favor, César, ¿alguna pista más sobre el autor de la conferencia?
    Puedo pensar en varios, aunque el discurso me suena mucho al de uno, que, en efecto, ignora las diferentes tesis epistemológicas, pero alguna verdad dice.
    Para dialogar necesito saber no sólo el “pecado”, sino también al “pecador”.
    Gracias

    • César Noragueda
      Responder junio 30, 2014

      César Noragueda

      Por decir el pecado y no el pecador, Ally, te invito a buscar en Google “el efecto anfitrión”. Seguro que encuentras lo que buscas ;-) .

  • […] y madrugar mucho, como si con eso ya lo tuvieras todo hecho. Pero no quisiera pasar por alto la alusión al poder mágico del esfuerzo para triunfar en la vida. Apesta a cinismo. No de Guardiola, aclaro, sino de los que le encargaron estas palabras. Son los mismos que ahora […]

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