Católicos de boquilla

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…………Cada vez que se estudia el grado de catolicismo en nuestro país, siempre de la forma defectuosa en que se concluyen las estadísticas que no cuentan con la totalidad de los datos, sorprende y decepciona ver que un número significativo de españoles, la gran mayoría, se declaran católicos; pero no unos católicos cualesquiera, no, sino de esa especie incomprensible de los “católicos no practicantes”, es decir, aquellos que aseguran creer en las enseñanzas de Cristo, el crucificado zombi que no existió, y de su representante ante nosotros, que vive en el palacete de un paraíso fiscal, pero no cumplen con las obligaciones que eso conlleva, cosa tan ridícula como afirmar que uno es amante de la cultura cuando no lee ni la contraportada de los libros. Un católico no practicante es como un médico jubilado: en su juventud juró hipocrática o hipócritamente por “todos los dioses y diosas” o por uno sólo y está en los registros, pero no ejerce y sirve para tanto como si no lo fuera. Es chatarra ideológica, un inútil para la fe con unas ínfulas absurdas.
…………Esta clase de individuo tan común fue bautizado, naturalmente, sin uso de razón, le vistieron luego de marinerito o de mininovia sin esponsales para celebrar su primera comunión con otros pobres desgraciados de su parroquia, se confirmaría y se casará o se casó allí mismo y, cuando la diñe, una cruz y un sacerdote presidirán su ceremonia funeraria. Sin embargo, no penséis que está dispuesto a sufrir las privaciones que exige el ascetismo católico ni a obedecer los mandamientos y observar el calendario litúrgico; no tiene intención alguna de perder su tiempo con el tostón de la eucaristía y ni tan siquiera pisar una iglesia salvo en ocasiones puntuales, y tampoco es un gran aficionado a la oración íntima y cotidiana; blasfema, no ejerce la caridad, lo de darle de comer al hambriento y bebida al que tiene sed; ni ama a sus enemigos y les pone la otra mejilla o apedrea a quien se tercie en la plaza del pueblo; incluso no ve mal ese escándalo inadmisible de la autonomía femenina, usa métodos anticonceptivos en sus relaciones sexuales prematrimoniales y hasta puede que le guste ir de flor en flor, como una abeja descarriada, o no censure las infidelidades; y se masturba, claro. Pero, eso sí, bautizará a su prole como perpetuación de la fe que no profesa en absoluto sin remordimiento, marcará la casilla correspondiente en su declaración de la renta por tantos que hacen tanto mal y tan bien, es posible que le embelesen las procesiones e incluso que se rompa el espinazo participando en ellas de costalero, que condene el aborto y los vínculos homosexuales, o no, que secunde las imposiciones éticas que los líderes del catolicismo pretenden hacerle a toda la ciudadanía y que les defienda de cualquier ataque con que los brutos de los ateos les mortifiquen. Y así vivirá su contradicción interna con insensata alegría.
…………Porque supone una contradicción más que evidente decir cuál es el credo de uno y, por tanto, el prisma desde el que aborda la realidad, que se basa en unos principios categóricos, y a la vez no someterse a ellos y ni tan siquiera considerar uno mismo reprobable que no lo haga. Contradicción que, por otro lado, le debemos a ese leviatán que es el relativismo, sobre todo, y a uno de los errores más desarrollados hoy día, a saber, el de los que pretenden tratar o vivir la religión como si en ella cupieran los valores democráticos, como si su carácter no fuese impositivo y su régimen, las teocracias, dictatorial, como si una persona tuviera atribuciones para escoger qué mandatos divinos cumplir y cuáles desechar en el seno de una religión; como si, en resumen, la dinámica de esta fuera la de un bufé libre y sus fieles, comensales de pleno derecho. Y no es así en absoluto: los dioses dictan sus reglas perfectas e incuestionables por boca de ciertos yonquis o zascandiles, lo bueno y justo y lo malo, abusivo y pecaminoso; y si uno cree de verdad y actúa como un necio e incumple las normas de su dios, ha de saber que será castigado. Y el que se rebela contra ello es “un ángel caído”, un hereje, un traidor —y a mucha honra—, y el que muestra tibieza y tolerancia con pecadores, infieles y ateos, un falso devoto.
…………Los no practicantes dirán con un orgullo y una indignación divertidísima que tienen derecho a vivir como les plazca, pero tal cosa ocurre en el estado democrático en que residen, no en su religión; y como la palabra divina es una chifladura tan incoherente, dirán que está sujeta a interpretación y por eso hubo escisiones cristianas varias, pero no pueden sustraerse a los mínimos comunes a todas ellas ni a la interpretación católica, que es más o menos sólo una y se trata de la misma que han jurado creer; y dirán que pueden calzarse las opiniones que les venga en gana, pero resulta una tontería mayúscula discutir con Dios, especialmente por el atributo de la infalibilidad que le adjudican los propios teólogos católicos; e incluso dirán que ellos, los no practicantes, son simples pecadores, pero si no consideran que su forma de vivir, contraria a la moral católica, es indigna, no hay duda de que no creen realmente en la verdad revelada. Porque la auténtica religión es la del fanático, ortodoxo en lo que se refiere a la praxis religiosa, y la perspectiva de que un siervo de Dios radical pueda manifestarse como un peligro público no es de la religión, sino de la democracia: él, siendo creyente, hace lo que corresponde y así demuestra coherencia. Y tal es la razón de que las religiones produzcan tiranteces en las democracias, y de que exista gentecilla religiosa que se afane, como he dicho, en imponer su moral al resto de los ciudadanos con admirable pertinacia y sin cortesía alguna: sirven a Dios y no tienen por qué tolerar la disidencia.
…………Sin embargo, su lucha resulta poco útil: al proceso de secularización social, bendito sea, se lo ve inexorable a todas luces y está atravesado por la impostura de la mayoría de los católicos, los no practicantes; y si bien me amarga, me toca las narices y me sulfura su ceguera, ni qué decir tiene que, antes que a los extremistas, que son los creyentes legítimos, prefiero a los falsos, a los impostores, a los hipócritas, a estos entrañables católicos de boquilla.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

41 comentarios

  • Responder mayo 21, 2013

    Soplabilorio Camborio

    Y lo que no entiendo tampoco es lo de los “cristianos de base”, “teólogos de la liberación”, etc… que se enfrentan a la jerarquía, pero se tragan los dogmas que ella impone: ¡qué incoherencia!

    • César Noragueda
      Responder mayo 22, 2013

      César Noragueda

      Cierto, Soplabilorio. Y a quienes yo no entiendo es a los ateos que simpatizan con esas corrientes minoritarias del catolicismo porque, como bien dices, a fin de cuentas, se dedican a propagar los mismos dogmas.

  • Responder mayo 21, 2013

    Juanjo Romero

    César, lo más parecido a una sociedad abierta que ha existido en la historia son las democracias de corte occidental… El “mundo libre”, hijo de Europa (Europa es la sal del mundo), hija a su vez del cristianismo. Los que creéis posible una cultura totalmente laica estáis dando un salto en el vacío; no entendéis que el cerebro de un occidental (nuestro cerebro) está lleno de ‘backgrounds’ cristianos: los derechos humanos, la idea de justicia, el bienestar social no son sino una evolución de los valores del humanismo cristiano… Quítale el cristianismo a occidente y será lo mismo que quitarle el esqueleto a un cuerpo. La elección es cristianismo o Nietzsche y lo que trae consigo: el nazismo puro y duro, la deshumanización, la nada.

    Demuéstrame que me equivoco.

    • Responder mayo 21, 2013

      Borja Contreras

      Cristianismo o Nietzsche… ¡Qué exageración! Ni esa es la única alternativa ni Nietzsche es todo eso que dices. Odiaba los movimientos de masas como rebaños indignos. ¿Cómo podría haber tolerado el nazismo? Decir eso es no entenderlo demasiado.
      Europa es lo que es “a pesar del cristianismo” y sólo cuando se equilibran las fuerzas destructivas de las guerras de religión comienza a funcionar, poco a poco, como hoy la conocemos: sobre la base de estimar que la adscripción religiosa es cosa particular, tolerable, pero no cosa del Estado. Laicidad es lo que define a la Europa moderna. Porque sólo la laicidad es principio de tolerancia.

    • Responder mayo 22, 2013

      dalek_fan

      Demuestra tu que estás acertado.
      Las cosas no se prueban en negativo. Lo contrario es la “prueba diabólica”.

      Esa cantinela del cristianismo como base y raiz unica de Europa llevamos siglos oyéndola. Y lleva siglos siendo igualmente falsa, o como mínimo totalmente sesgada e interesada.

      ¿Y lo anterior qué? ¿No ha habido historia en Europa antes del cristianismo?
      Por supuesto, a la Grecia Clásica, o a Roma, que les den morcilla, claro.

      • mayo 23, 2013

        Juanjo Romero

        Antes de el cristianismo no existía Europa como ente histórico; había un conglomerado de pueblos tribales o el Imperio Romano. Y a Grecia y Roma nadie les da morcilla: no es contradictorio pues el cristianismo se construyó en la horma grecorromana.

    • Responder enero 21, 2014

      Springsteen_81

      Dónde estaba el humanismo cristiano en la iglesia chilena durante el golpe y la dictadura? Y en Argentina? Y en la guerra civil española y los 40 años de franquismo? Dónde estaba el humanismo cristiano cuando Wojtila ocultaba los crímenes del padre Maciel? Dónde estaba cuando la iglesia miró hacia otro lado durante el Holocausto? Dónde, durante la Inquisición? Sigo?

  • Responder mayo 21, 2013

    Juanjo Romero

    Si me discutes la clara influencia del nihilismo nietzscheano en la aparición del nazismo y en el cristianismo como ADN de Europa, no podemos seguir hablando; estamos en universos paralelos, no partimos de las mismas premisas.
    Lo que me parece extraño en personas en las que se presume cierto nivel cultural es que no seáis conscientes de que el hecho religioso es lo que nos define como humanos. ¿Cómo averiguan los antropólogos que unos restos son humanos? Cuando constatan una creencia en lo trascendente al encontrar enterramientos. Un hombre sin trascendencia no es hombre, y hasta los que os creéis “libres” de las ataduras de la religión sois adoradores de otros dioses y otros dogmas muchas veces mucho más terribles y férreos de los que acusáis fabricar a la Iglesia Católica. Tiráis por el retrete 2000 años de civilización, pensamiento y cultura con la pasmosa ligereza de la inconsciencia… Cualquier ateo serio, con poca cultura que tenga, reconoce el legado cristiano en la sociedad…
    Pero tristemente es lo que tenemos hoy: muchos “comecuras” que os habéis leído dos libros por ahí, os creéis enemigos de Dios y sólo alcanzáis a serlo del sacristán. Vais juzgando un inmenso, antiquísimo, complejísimo y rico edificio de pensamiento, cultura y tradición como es el catolicismo con el traje de la Primera Comunión. Ahí os quedasteis, no fuisteis más allá en conocer los tesoros de los místicos, los santos, los exégetas…, dejados de lado como inservibles sin ni siquiera haberles echado un vistazo…
    Pero después de todo resulta que tenemos suerte, menos mal que el pseudoprogresismo vestido de buenismo nos va a “tolerar” practicar nuestra religión; tendremos que dar las gracias.

    • César Noragueda
      Responder mayo 22, 2013

      César Noragueda

      En primer lugar, Juanjo, no deberías despreciar tan a la ligera nuestros conocimientos de la filosofía cristiana, no sólo porque desconoces cuáles son, sino además porque, en esta oportunidad concreta, te aseguro que te columpiarás. Sobre todo en el caso de nuestro compañero Borja; créeme. Eso al margen de que atribuir ignorancia, superficialidad o virulencia a alguien en vez de oponerse con argumentos a lo que dice es una falacia ‘ad hominem': tratar de descalificarle, sobre todo si es con inventivas, no anula la posible validez de sus argumentos.
      Dicho esto, y aunque hasta ahora nada de lo que se está tratando en esta discusión se centra en la tesis de mi artículo sobre los falsos católicos, no tengo inconveniente en debatir sobre lo que has planteado, así que voy a ello.
      Es muy cierto lo que dices de que lo más parecido a “una sociedad abierta y democrática” que se ha dado en la historia es Occidente (a pesar de sus miserias, que las sufre y son notables), y también lo es que nuestra civilización tiene una importante base en el judeocristianismo. Pero lo que ya no resulta tan cierto es que esa sea la única base occidental: el mundo grecolatino, el Renacimiento y la Ilustración son las otras patas de la mesa de nuestra civilización. Y esa es la razón de que muchos teóricos de la literatura afirmen que obras como la ‘Divina comedia’ de Dante o el ‘Ulises’ de Joyce son las de mayor importancia, porque en ambas se une nuestra herencia judeocristiana con la grecolatina y, así, son un reflejo de nuestro mundo.
      Pero me temo que lo grecolatino, el Renacimiento (que lo recuperó) y la Ilustración, las otras bases de Occidente, se oponen frontalmente a la filosofía judeocristiana. Lo grecolatino porque carece del concepto de pecado, por lo dionisíaco y por el derecho romano, el Renacimiento porque echó a Dios del centro del escenario y puso al hombre y la Ilustración porque colocó a la racionalidad y, por tanto, al pensamiento científico como guía en vez de al estatismo de la verdad revelada. Podríamos decir que nuestra sociedad actual es el resultado de esa mezcla y de las tensiones que sus opuestos generan. Y si seguimos tirando del hilo y vemos las aportaciones científicas de los darwinistas y los astrofísicos contemporáneos, entre otros, el camino que estamos siguiendo no es favorable para el judeocristianismo, para el deísmo a fin de cuentas.
      No se me ocurriría, por otro lado, despreciar los aspectos positivos de la moral cristiana ni lo que han influido en el humanismo moderno y contemporáneo, pero como con ella vienen aparejadas la irracionalidad y una gran incoherencia bíblica que permite defender tanto el pacifismo como la violencia, según las inclinaciones de cada cual, a mí, al menos, no me compensa. Y por eso, al margen del currículo de horrores históricos de las religiones, prefiero la ética laica. Además de que la inmensidad, la antigüedad, la complejidad y la riqueza de una teoría no la hacen más valiosa: sólo importa si es correcta.
      Y, francamente, lo de atribuirle el mérito de la consecución de los derechos humanos, la justicia y el bienestar social al cristianismo en vez de al humanismo ilustrado, cuando todo eso se ha conseguido con la oposición férrea de los poderes eclesiásticos, es algo que, como mínimo, hace sonreír. Baste con decir que el Vaticano, que es una teocracia en plena Europa, aún no ha firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 ni sus ampliaciones y, por lo pronto, no tiene intención de hacerlo.
      Por otra parte, no temas, que como el proceso de alejamiento de la imposición religiosa en Occidente y de secularización social ha sido y es tan lento, tan paulatino, de siglos, y con lo que nos falta, a los ciudadanos occidentales no les supondrá ningún cortocircuito mental, no caer por un abismo, sino pasarse a la vida laica; de hecho, muchos ya vivimos o procuramos vivir sin la moral judeocristiana y todavía no nos han tenido que ingresar en un psiquiátrico.
      Respecto a la afirmación de que “el hombre es religioso por naturaleza”, debes saber que, por ejemplo, la tribu amazónica de los pirahãs carece de religión, que los bebés no creen en ningún dios, que los niños sólo tienen conocimiento de alguno de ellos si se lo inculcan y que los ateos no somos religiosos pero, caramba, sí seres humanos; que yo sepa, no hemos perdido nuestra naturaleza como tales. Y del resto de aspectos sobre la cuestión ya publiqué este artículo, por si te interesa leerlo.
      En cuanto a que los ateos “adoramos a otros dioses y tenemos otros dogmas”, eso es atribuirnos términos y conceptos que no nos corresponden, una falacia lingüística en toda regla: la racionalidad laica no tiene nada que ver con creencias caprichosas en verdades reveladas, sino con el estudio de lo lógico, lo material y lo plausible; con el método científico, vamos, que es el único que ha demostrado su eficacia para adquirir conocimientos y aplicarlos con éxito.
      Y hablemos de Nietzsche:
      Que los nazis utilizaran su teoría del superhombre y la tergiversaran según sus intereses raciales no hace a Nietzsche responsable del nazismo, como Darwin no lo es del darwinismo social nazi. Y sugerirlo supone, además, una falacia de pendiente resbaladiza. Pero lo que no tiene absolutamente nada que ver con el ideario nazi es el nihilismo: Hitler era católico, como dejó claro en ‘Mi lucha’, en sus múltiples discursos y en su política educativa y como consta en el diario de Albert Speer. Y apuntar la disyuntiva entre cristianismo y nazismo es otra falacia, la de los dos extremos: no tenemos por qué elegir obligatoriamente una de las dos cosas porque hay más posibilidades. Lo cual recuerda al típico argumento de que no hay moral fuera de la Iglesia, de que sólo existe la moral cristiana y el resto es amoralidad, algo falso de toda falsedad, me temo.

      Y, en fin, para acabar debo decir que estos debates me resultan siempre estimulantes, y mentiría si sugiriera que esa no es una de las razones por las que procuro que este diario sea plural: no sólo sé muy bien que hay otros compañeros que no comparten mis tesis sobre la religión, incluso entre los que no son creyentes, sino que además no hay duda de que de la endogamia no sale riqueza, y si esta no refleja la realidad en que vivimos, siempre será preferible poner las ideas en lid y que gane la que lo merezca.

      • mayo 23, 2013

        Toñy

        ¡Guau!. Un inmenso placer leerte César, también a Juanjo. ¡Gracias!

      • mayo 23, 2013

        Toñy

        Quería decir a Borja. Con Juanjo he disfrutado menos.

      • César Noragueda
        mayo 23, 2013

        César Noragueda

        Me alegro de que te agrade lo que escribo, Toñy. Eso siempre sirve de aliento para continuar.
        Y espero que también sigas el trabajo de otros compañeros del diario (Borja, como sabrás, es uno de ellos).
        Y aunque con Juanjo no estés de acuerdo en las cuestiones que tratamos ahora mismo, lo cierto es que publica aquí unas viñetas estupendas.

    • Responder mayo 22, 2013

      dalek_fan

      Si no te importa, tu trascendencia te la guardas para tí, gracias. Otros nos consideramos igualmente humanos sin necesidad de barbas en el cielo, y preferimos maravillarnos ante otra clase de cosas, mas reales y mucho mas grandes que un dios que no deja de empequeñecer.

      • mayo 22, 2013

        Jorge Moreno

        Claro que sí señor dalek_fan, es usted humano, por supuesto, pero estaría mejor su comentario si acentuara los dos “más” del final, ambos son adverbios de cantidad. Atentamente, J. Moreno

    • Responder abril 15, 2014

      Dani

      Respeto las creencias de cada uno, pero intentar imponerlas a los demas autoconvenciendote a ti mismo de algo que es falso no se que nombre tiene, fanatico?
      Me refiero a esto:
      ¿Cómo averiguan los antropólogos que unos restos son humanos? Cuando constatan una creencia en lo trascendente al encontrar enterramientos

      No se te ocurre pensar que un enterramiento puede ser dado sin tener nada que ver con ninguna religion??Claro esta que para un fanatico solo habra una explicacion, la que a el le encaje con su creencia.
      Pero lo cierto es que hay mas opciones

      Vuelvo a lo mismo (por ponerte un ejemplo
      ¿Cómo averiguan los antropólogos que unos restos son humanos?
      Respuesta, analizando los restos ( eso que llaman ciencia)
      no analizando las creencias de los restos ni los supuestos rituales

      Yo no soy creyente, pero si mi pareja se muere no voy a dejarla en el salon, la enterrare o la cremare, y no por eso me convierto en nada ni sigo ningun ritual

      Creo que hay que abrir un poquito los ojos, si crees muy bien por ti, pero no utilices teorias equivocadas solo por que te vienen bien

      • abril 15, 2014

        Juanjo Romero

        No te hablo de creencias católicas, no; la antropología científica, laica, atea, positivista, como quieras llamarla, es la que concluye que, en los primeros humanos, repito, en los primeros humanos, el hecho de enterrar a los muertos supone una creencia en la trascendencia, en una vida más allá de esta vida. Lo cual no quiere decir que la ciencia antropológica crea que existe verdaderamente una vida después de esta; lo que dice es que hay un salto cualitativo entre los que no enterraban a los muertos y los que sí lo hacían, y que este hecho supone una creencia en que hay algo más allá de la muerte biológica.

  • Responder mayo 21, 2013

    Borja Contreras

    Estimado Juanjo, gracias por todo lo que has descubierto sobre mí mismo por un comentario. Tu penetración psicológica me parece de gran altura. Solo alguna objeción a tus mesuradas palabras, en las que se aprecia, desde luego, gran nivel cultural:
    1.- Hasta ahora siempre he creído que los antropólogos se basaban en la presencia de herramientas. Tomo nota de que constatan trascendencia.
    2.- Me gustaría, ya que has leído más de dos libros, que me indiques un solo texto de Nietzsche que apoye tu afirmación. Yo he leído alguno, y otros pocos sobre él, y en ninguno he logrado encontrar tal cosa. Si consideramos las opiniones severas y despectivas sobre el nacionalismo alemán, al que desprecia profundamente y sin complejos, y su crítica a las masas, difícilmente encontraremos esa conexión. De hecho, despreciaba el cristianismo por lo mismo que al nacionalismo. Pero, en fin; tú lo sabrás mejor que yo.
    3.- Reconozco el legado cristiano en la sociedad. Reconozco el legado griego, y el romano. Me he molestado en leer algún libro al respecto también. Uno o dos. Te diré, para tu información, que soy de los pocos profesores de Filosofía que conozco en esta Comunidad que se molestan en dar medieval aunque no entre en el temario. Cuando quieras, charlamos sobre S. Agustín, sobre Tomás de Aquino o sobre S. Anselmo, por ejemplo. Muchos chavales de aquí saben más de religión católica por mí que por su profesor de Religión. No es broma. Es una tremenda verdad.
    4.- No se puede ser enemigo de algo que no existe. Tengo algún amigo cura y jamás me comí a ningún sacristán, con los que, por otra parte, he tenido poco trato. No creo que entren en las últimas recomendaciones de la FAO.
    5.- Cuando tengas problemas con tu religión, no va a ser por ningún laicista. Será por miembros de otra religión. Es vuestra guerra histórica de intolerancia y poder disfrazada de trascendencia.
    5.- La trascendencia no solo es religiosa. Pero eso estará en el tercer libro.
    Un cordial saludo.

    • Responder mayo 27, 2013

      alis_cb

      El artículo muy bueno, pero he de decir, que dónde estoy disfrutando es en los comentarios. Gracias por el lujo que supone poder leeros, a todos, incluso con los que no estoy de acuerdo.

      • César Noragueda
        mayo 29, 2013

        César Noragueda

        Bienvenida al club de a los que les pierden las discusiones como esta, Alis.

    • Responder mayo 28, 2013

      mila martínez

      Borja, a San Agustín solamente se le puede comprender desde la fe. Les harías un favor a tus alumnos si no les enseñaras religión.

      • mayo 28, 2013

        Borja Contreras

        Mila, no les enseño religión, sino la filosofía cristiano-medieval, que engloba a S. Agustín, autor esencialmente platónico.
        En la filosofía cristiano-medieval, uno tropieza a cada paso con el dogma y, desde ese punto de vista, obtienen una información sobre la religión que creen profesar pero de la que desconocen casi todo.
        Por otro lado, desde la fe no se entienden las cosas; se creen. Entender es otra cosa. Eso queda bastante claro en las disquisiciones agustinianas sobre la Trinidad.

      • mayo 29, 2013

        mila martínez

        Naturalmente que tropezarás con los dogmas al estudiar a San Agustín, no cuestiono que seas buen profesor de filosofía, pero no tienes el perfil más adecuado para enseñar dogmática católica, es como pretender que Esperanza Aguirre les explique qué es el socialismo.

        Respecto a la diferencia entre la fe y el entendimiento, el debate da para mucho. La fe no es abarcable totalmente con la razón positiva, fáctica, no la puedes explicar a través de una fórmula. Este hecho no quiere decir que la fe sea contraria a la lógica, utiliza una razón no fáctica, no meramente empírica pero no absurda, si no estaríamos hablando de superstición.
        Ante la pretensión de llegar a la fe a través de la ciencia pueden ocurrir dos cosas, la primera es que nos quedemos encerrados solo en lo tangible, y no queramos ver más allá, quedando inhabilitados para la fe; o por el contrario que la observación del maravilloso entramado de la creación nos haga preguntarnos por el origen de todo ello y nos acabe llevando a Dios.
        Toda búsqueda sincera y serena de la verdad
        (sin prejuicios) desemboca en un encuentro con la divinidad, según mi opinión por supuesto.

      • mayo 29, 2013

        Borja Contreras

        A ver si nos aclaramos: le enseño a mis alumnos Filosofía. Si no conocen dogmática católica, no entienden medieval, ergo he de enseñarles dogmática. Y lo que es más grave, y a eso me refería en mi comentario inicial con el que parece que se lía usted, he de enseñársela también a los que llevan 11 años asistiendo a clases de Religión confesional católica impartida por profesores nombrados por el obispado.
        La fe es gratuita, no precisa pruebas y exite un mundo casi infinito de creencias. Por eso, yo creo que la fe es libre siempre y cuando no pretenda imponer a todos sus creencias normativizando la vida de todo el cuerpo político.
        Toda búsqueda serena y sincera de la verdad, sin prejuicios, nos lleva a lo que podemos saber. A partir de ahí, uno puede, o no, dejarse llevar e imaginar respuestas para las preguntas que quedan sin responder. Si lo hace, queda inhabilitado para buscar sin prejuicios.
        De eso están el mundo y la historia llenos…

  • Responder mayo 22, 2013

    Juanjo Romero

    Borja, César, perdonad la bilis; realmente no os conozco, no sé si habéis leído mucho o no. Pero a veces ocurre que uno se indigna y lo paga con el que menos culpa tiene… No tengo derecho a personalizar mis críticas. Lo que me molesta es esa musiquilla de fondo que estoy un poco harto de oír: que ser católico es incompatible con la inteligencia y la coherencia. El hecho de que la razón no pueda explicar la fe en su totalidad no quiere decir que la fe sea irrazonable.
    Por otro lado, también me molesta bastante la barra libre a la hora de ofender a los católicos, y creo que en el artículo sobra: “… el crucificado zombi que no existió…”, y la foto. Y ya sé que me vais a decir lo de las licencias del autor. Pero es que los cristianos nos hemos convertido en una especie de muñeco pimpampún al que todo el mundo puede arrearle sin consecuencias. No puedo evitar comparar el tratamiento que se le da a la figura del Papa y a la Iglesia en general con el exquisito respeto a la religión musulmana. Cuando llegamos a ese tema, muchos gallitos se convierten instantáneamente en gallinas, y pasan de puntillas quitándose las zapatillas para no hacer ruido.
    Este debate daría para mucho. Perdonad si me he dejado llevar por el cabreo, pero de verdad creo que el principal problema que tenemos en España hoy no somos los católicos. Tenemos derecho por lo menos a la presunción de inocencia.

    • Responder mayo 22, 2013

      Borja Contreras

      Disculpas aceptadas.
      Ha quedado abierto un tema interesante sobre el que deberíamos debatir más a fondo y por partes. Tiene infinitas ramificaciones que van desde la posibilidad o no de criticar la fe ajena hasta las implicaciones en política de la Iglesia española.
      Saludos.

    • Responder mayo 23, 2013

      Fernando Frías

      Bueno, Juanjo, puestos a opinar sobre lo que sobra, personalmente creo que están de más “argumentos” como los que estás dando.

      Por un lado, no termino de comprender por qué ante una crítica al cristianismo se recurre a eso de “con el islam no os atrevéis”, que ni hace al caso ni suele ser cierto. De hecho, alguien debería formular un análogo a la “Ley de Godwin” aplicable a estos casos. La columna de César habla sobre los católicos de boquilla, y el hecho de que en ella no se mencione a los musulmanes es tan poco relevante como que no hable de los hinchas del Real Madrid, los jugadores federados de ajedrez o los aficionados a la música de Berg.

      Por otra parte, me parece muy osado relacionar el ateísmo con la ignorancia hacia las religiones. Fíjate, incluso me parecería osado afirmar que los ateos conozcan las religiones mejor que los creyentes, a pesar de que para apoyar esta afirmación sí que haya alguna evidencia.

      Pero bueno, a lo mejor por ahí podemos reconducir el debate hacia lo que dice César en su columna: teniendo en cuenta que nuestro entorno familiar, social y (nadie lo niega) cultural sigue repleto de elementos de tradición cristiana, me parece más razonable pensar que los sentimientos religiosos se deban al adoctrinamiento recibido, y en cambio el ateísmo tenga su origen en muchos casos en una reflexión más racional, más meditada y, por tanto, mejor informada.

      Y, de hecho, lo que define a los seres humanos no es ese supuesto “hecho religioso”, que no es más que una construcción social. Lo que nos define como humanos es que somos eso, humanos. Los bebés no creen en ningún dios, y lo que nos suele llevar a convertirnos en creyentes es simplemente el adoctrinamiento que recibimos en nuestro entorno. Como muy bien dice Borja, los antropólogos se basan en la presencia de herramientas o los indicios de su uso, y un hacha de sílex es tan indicativa de humanidad que un enterramiento. De lo que sí es indicativo ese enterramiento es de un pensamiento abstracto, capaz incluso de plantearse el concepto de la muerte, temerla y hasta inventarse una elaborada historia sobre seres sobrenaturales y vida en el más allá para intentar superar ese miedo. Pero (y aquí intento otra vez retomar el tema de la columna de César), a lo mejor lo que deberíamos plantearnos es que a pesar de todos nuestros avances en el fondo seguimos teniendo ese miedo y esa necesidad de creernos nuestros cuentos de hadas para superarlo, y eso, junto con el entorno cultural, es lo que lleva a que mucha gente siga siendo católica, aunque solo sea de boquilla.

    • César Noragueda
      Responder mayo 23, 2013

      César Noragueda

      De ningún modo se me ocurriría decir que ser católico, o religioso a fin de cuentas, es sinónimo de no ser inteligente, Juanjo. A pesar de que hay estudios que relacionan las tendencias ideológicas con un mayor o un menor grado de inteligencia, lo que desde luego no resulta inteligente es generalizar: hay y hubo personas religiosas muy inteligentes y ateos a los que les falta un hervor, y viceversa.
      Ahora bien, está claro que la vida religiosa no me parece la opción más inteligente. Para mí, esto es una cuestión de prudencia, de conocimiento y de honestidad intelectual; mi posición no tiene nada que ver con odio religioso, aunque luego odie legítimamente los males que cualquier ideología cause por sí misma.
      En cuanto a la coherencia en el catolicismo, creo que mi opinión ha quedado clara en el artículo. No obstante, pronto espero publicar otro hablando un poco más sobre ello.
      Como supondrás, no estoy de acuerdo con que “la razón no pueda explicar la fe en su totalidad”, porque sí lo ha hecho en forma de estudios científicos acerca del fenómeno o refutaciones lógicas, y considero que lo que muchas personas creyentes dicen que es inexplicable de sus dogmas, simplemente, no tiene sentido.
      En cuanto a esa “barra libre a la hora de ofender a los católicos”, ese asunto ya lo he tratado en este artículo y en este. En cualquier caso, si yo soy darwinista y alguien se mete con Darwin, no “me ofendo”, sino que trato de contraargumentar si de algo sirve; en cambio, cuando alguien se mete con Cristo o con Mahoma, muchos cristianos y mahometanos se ofenden rápidamente en vez de intentar responder con tranquilidad al ataque. Y yo creo que eso dice mucho del margen racional que las religiones permiten a sus creyentes para defender su posición: cuando lo primero que se hace es tirar del sentimiento y no de un argumento, algo falla.
      En el caso concreto de mi referencia a Cristo como “el crucificado zombi que no existió”, no es arbitraria en absoluto, y ya hablé de parte de ello también en otro artículo: a Cristo lo crucificaron, resucitó de entre los muertos y lo cierto es que no hay evidencias de que existiera en realidad. Es decir, mi intención no es fastidiar a nadie, sino hacer una definición ajustada. Ya sé que tú, Juanjo, como cualquier católico, no estás de acuerdo con ella, pero yo estoy hablando sin tapujos desde el rigor de hechos y conceptos claros, no desde la fe.
      En cuanto a la imagen que acompaña al artículo, igual que se hacen chanzas sobre cualquier ámbito de la vida y sobre cualquier persona, no veo por qué la religión, sus actores y sus dogmas deben tener inmunidad. Tú mismo debes de comprenderlo bien, dado que aplicas tu ingenio al elaborar chanzas sociales en tus viñetas. Además, la blasfemia de la imagen es equivalente al comportamiento de los no practicantes, y por eso la elegí. Al margen de que a mí me parece graciosísima, pero eso ya son tontunas mías.
      Respecto al islam, aparte de lo que ya ha dicho Fernando, es lógico que los españoles centremos nuestras críticas religiosas en el cristianismo y en la Iglesia católica porque es lo que más nos influye y atañe. Personalmente, no tengo ningún problema en aplicar el mismo tratamiento al islam, tanto como al judaísmo, al hinduismo o a cualquiera de las creencias de la Nueva Era y demás. De hecho, ya he dicho en algún artículo que Mahoma era un asaltacaminos, lo cual es bien cierto. Y no te preocupes: alguno escribiré poniéndole a él y a sus herederos a caer de un burro.
      Pero eso tampoco sirve de consuelo, porque también seguiré ofreciendo datos y mis opiniones sobre el catolicismo, que no sería uno de los principales problemas que tenemos si sus líderes no intentaran hacer de su moral la ley de todos los españoles y conservar sus injustos privilegios educativos y económicos. Un Estado laico de verdad es lo que necesitamos, Juanjo, en el que las personas religiosas puedan vivir su fe sin impedimentos (aunque eso entrañe claras contradicciones), tanto como los demás con sus ideas, y nadie tenga derecho a imponerle las propias a ningún ciudadano. De modo que las discusiones que tanto me gustan, como la que estamos teniendo, se queden aquí, en un productivo foro de debate, y nadie salga perjudicado fuera de él.

  • […] Católicos de boquilla […]

  • Responder mayo 23, 2013

    Pol Llaunas

    Lo del “crucificado zombi” tiene ánimo de injuriar. Es grosero.

    Un zombi tiene no-vida, un simulacro de falsa vida, no llega a estar vivo. Está vivo al 10%, digamos.

    Jesús resucitado, en cambio, está más vivo que antes de morir, tiene “vida en abundancia”, está 200% vivo.

    El zombi avanza a trompicones, apenas percibe lo que hay en su entorno.

    Jesús resucitado no esté limitado en sus desplazamientos: aparece en sitios cerrados, en lugares lejanos…

    El zombi no habla, solo gruñe; devora, no comparte la mesa con conversación.

    Jesús resucitado camina conversando, se sienta a la mesa a esa acto tan humano que es compartir una comida (pan en Emaús, pescado en Galilea), conversando.

    El zombi es insaciable: sólo quiere tomar. Jesús resucitado, en cambio, se refiere a lo contrario: a la entrega (se entrega en el Pan y el Vino, etc…)

    El zombi es apenas un poco de biología escacharrada… un cacho carne que se mueve, muerde, apenas vive. No tiene persona ni personalidad. [Es cierto que mucha gente vive como zombis, así].

    Jesús resucitado, en cambio, ya no juega a las reglas de la biología, sino a las del espíritu: es todo personalidad, es profundamente personal, trasciende lo físico. [Es cierto que muchas personas, ya casi sin físico -paralizadas, moribundas, ancianas, condenados a muerte- viven así, como Jesús: puro espíritu, mirada viva, puesta en lo eterno].

    Decir que Jesús es un zombi es como decir que un elfo es un orco o un troll es un ent: es confundir el original con la mala copia.

    La pregunta es: ¿cómo vivo yo?

    ¿Como un zombi o como Jesús?

    Hace 2 años estuve en Haití con Manos Unidas, tras el terremoto. Haití, el “país de los zombis”.

    Hablé con los supervivientes, incluso mutilados. En Haití no encontré nadie enfadado con Dios. Tampoco encontré nadie que viviese como un zombi (cosa frecuente en cualquier centro comercial o instituto educativo de España). Pero sí encontré muchos que vivían como Jesús.

    • Responder mayo 24, 2013

      Juanjo Romero

      Precioso comentario; lo suscribo al 100%…

    • César Noragueda
      Responder mayo 25, 2013

      César Noragueda

      Pues resulta, Pol, que en este diario hicimos un especial sobre zombis, desde distintas perspectivas, que terminó a primeros de marzo y que puedes consultar aquí: http://goo.gl/GT4c1. A lo largo de ese especial, dejamos bien claro que hay distintos tipos de zombis, no sólo aquel que has descrito: hay zombis putrefactos y devoradores de carne o específicamente de cerebros, hay zombis esclavos controlados con vudú y hay zombis que, simplemente, han resucitado y se comportan normalmente; pero la característica que tienen en común es que todos ellos han resucitado de entre los muertos, y eso es lo que los hace zombis. Un critter puede devorar a una persona, Hannibal Lecter puede comerse el cerebro de otra, alguien puede ser un esclavo y Cristo puede conversar y compartir la mesa, pero nada de eso les hace zombis.
      Cristo, como Lázaro, resucitó de entre los muertos, ergo, es un zombi, y que fuera divino no cambia este hecho; es una particularidad más como el resto de zombis tienen las suyas. Así de sencillo. Puede no gustarte pero es así. No se pueden cambiar los significados de las palabras a nuestro antojo ni abstraerse de los conceptos porque no nos gusten. Eso sería hacer trampa.
      Pero resulta que hay otra cosa que todos los zombis tienen en común: que son ficticios, que no existen (y por ahí va el agudo comentario de Borja); más que nada porque es imposible que alguien resucite de entre los muertos. Y por eso también es absurdo decir que es grosero e injurioso llamar “zombi” a Cristo, tanto como llamar “bastardo” a Heracles. Y si pretendes decir que llamar “zombi” a Cristo es injurioso para los católicos, permíteme una sencilla aclaración: los católicos son los católicos, y Cristo es Cristo, y no se puede hacer responsable a nadie de injuriar a uno si la supuesta injuria es sobre otro.
      Pero en todo esto sigue la alusión a las ofensas, a los sentimientos, no a las razones ni a los argumentos, que es lo que ofrezco en mi artículo y en mis comentarios y otros en los suyos. Y sólo con argumentos puede ser un debate productivo.

    • Responder septiembre 16, 2013

      Ricardo

      No es más que un símil. Los zombis no existen, no es como dices que tengan el 10% de vida, sencillamente es que NO existen.

    • Responder abril 15, 2014

      Dani

      Lo que hay que leer….
      Es mas zombi el que va a un centro comercial, o el que cree en algo que le han impuesto y que el NO ha elegido?
      Los mayores enemigos de la religion SOIS VOSOTROS!! si no andarais dando por culo con teorias de este tipo nadie se meteria con la religion
      Si no te gustan los zombis españoles de los centros comerciales ni institutos puedes irte alegremente a haiti a compartir tu vida plena con tus semejantes
      Nos quejamos mucho de tonterias pero hacemos bien poco por proponer soluciones he?

  • Responder mayo 23, 2013

    Borja Contreras

    Señor Llaunas, en una cosa estoy de acuerdo con usted: “Decir que Jesús es un zombi es como decir que un elfo es un orco o un troll es un ent”.
    No lo habría podido yo expresar mejor.
    Saludos.

  • […] históricas sobre la existencia de Jesús o la gran cantidad de católicos que solo lo son “de boquilla” diciéndole que no se atreve a criticar a los musulmanes es tan absurdo como intentar desviar la […]

  • Responder mayo 24, 2013

    Paco

    “[…] el catolicismo […] no sería uno de los principales problemas que tenemos si sus líderes no intentaran hacer de su moral la ley de todos los españoles y conservar sus injustos privilegios educativos y económicos.”

    Meridiano, vaya; crystal clear.

  • […] filósofos de la naturaleza, para ser más precisos), Faraday era un profundo creyente en Dios. No un creyente de boquilla, sino de los que cree literalmente hasta la última palabra de la Biblia. De hecho, era tan […]

  • Responder septiembre 16, 2013

    Ricardo

    Los auténticos religiosos, los practicantes acérrimos son por lo general de mente bastante cerrada y peligrosos, ya que están dispuestos a defenderla incluso con la violencia. Así qué estos cuanto más lejos mejor. Pero los que son insoportables son esos católicos de boquilla de los que hablas. Incluso algunos van a misa los domingos y fiestas de guardar, se dan golpes de pecho de mea culpa e incluso comulgan, pero en cuanto salen del recinto, ponen a parir a todo dios y si encima son de los que tienen la sartén por el mango no dudan en despedir al más pintado, desahuciar a su vecino o levantarte la mujer mientras trabajas como un esclavo para el.

    • César Noragueda
      Responder septiembre 17, 2013

      César Noragueda

      Hombre, Ricardo; lo cierto es que no hace falta ser un católico ni tan siquiera de boquilla para poner a parir a todo el mundo, despedir a trabajadores de forma improcedente, desahuciar a alguien o tener parte en unos cuernos, pero dado que has hablado de “algunos”, en fin, así tampoco es una afirmación incorrecta.

    • Responder septiembre 17, 2013

      Juanjo Romero

      Pero, Ricardo, te has dejado muchas cosas en el tintero: la descripción más popular del cristiano común es que sería una criatura pequeña (de un metro de altura o menor tamaño), que presentaría piel verduzca y escamosa, ojos grandes y saltones, y cabeza ovalada, de hábitos nocturnos, peligrosísimo depredador…

      Menos mal que hay gente inteligente cómo tú, que nos abre los ojos con estos comentarios tan equilibrados y comedidos.

  • […] contra esa comunidad de creyentes que solo juzga los pecados de quienes no visten sotana. Sí, me refiero a vosotros, los que no tenéis una moneda para un mendigo pero sí un billete para el cepillo clerical. […]

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