Las Guerras Clown. Segunda parte

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…………“Buenas tardes, Carlitos. Veo que vas a salir con tu madre de paseo. Hoy no hace tanto calor, así que no es mala idea; será un paseo agradable”. Miro a la madre de Carlitos con cara de cordero degollado. Como ya sabía que pasaría, ella me pone una mueca rara y huye sin mirar atrás, sin despedirse, sin un beso, sin una flor, sin una caricia, sin un adiós. La muy guarra.
…………Por alguna razón que desconozco, seguramente porque no tengo hijos, las madres siempre quieren que les digas cositas tontitas a sus bebés. Exigen de forma pasivoagresiva que hagas pedorretas, que digas “cuchichuchichupichuticú”, que alargues las vocales de forma exagerada, así: “Hooolaaaaa, ¿quéeeee paaaasaaaaaa, coooosiiiiitaaaaa?”; que hagas carotas, que te tires al suelo y finjas una embolia. Lo que sea, pero que sea gracioso y haga reír a ella y su cría. No importa que el encuentro sea en un sitio público: ellas te colocan al niño de frente y te presionan para que des todo de ti y saques el mongolo que llevas dentro delante del carnicero argentino del Mercadona con el que esperas tener una aventura salvaje entre magras y costillares algún día. Por poner un ejemplo que no tiene nada de real. Ay.
…………Veo a mi vecina marcharse con el pequeño Carlitos y me quedo sola en el rellano, con la mirada perdida y el ánimo por los suelos. He vuelto a fracasar, y es que el miedo escénico que me provoca esta situación no lo he sentido nunca en la vida; ni siquiera cuando salí en aquella procesión, vestida de heraldo, cantando las alabanzas de la Virge…, eh…, bueno…, cosas terribles que yo jamás he hecho, pero que si hubiese hecho no me darían ni la mitad de vergüenza. Lo sé porque…, uh…, me lo han contado. Un mago. Que ve el pasado. Un mago que ve el pasado que nunca ocurrió. Eso.
…………Entro a mi casa abatida, pero decidida a encontrar una solución a mi problema, un bálsamo para el alma, un Jes-Extender para la alegría de vivir que, supongo, es lo que me falta para saber hacer bien el payaso voluntariamente. Y, rebuscando en mi “Caja de cosas inútiles pero necesarias si la vida fuera una aventura gráfica de LucasArts”, lo encuentro. Es perfecto.
…………Bajo las escaleras hacia el primer rellano, excitada, muy excitada, corriendo, botando, relinchando, riendo histérica, dispuesta a esperar las horas que haga falta para darle a Carlitos lo suyo y lo de su primito. Jamás me había sentido tan viva, ni siquiera aquella vez que salí en procesión vestida de herald… ¡Jamás! Ahora sólo falta esperar a que Carlitos y su madre vuelvan del paseo. Nada de cordialidades, nada de hablar del clima. Voy a darles el espectáculo de su vida.
…………Continuará.

3 comentarios

  • Responder septiembre 5, 2012

    Thonnie Jhonnie

    Esperando la tercera entrega.

  • Responder septiembre 6, 2012

    Jose dixit

    Genial. Deseando poder leer la tercera parte. Consigues que vea representada la escena , tal cual lo cuentas… Me imagino a Carlitos, a la madre… Consigues atrapar al lector, por lo menos a mí, algo fundamental en este tipo de historias. Cuanto tienen que aprender de tí algunos ” personajillos ” que escriben, (o eso dicen que hacen), en esta misma sección… Y que al contrario que tus historias, consiguen aburrirme y amodorrarme desde la primera línea.

  • Responder septiembre 12, 2012

    Rosa von Down

    No había visto sus comentarios hasta ahora. Mil gracias, señores. Yo creo, José, aunque sospecho que en realidad te llamas Rosa y eres mi madre, que no hay un humor mejor que otro, ni creo que yo pueda enseñar nada a nadie, mucho menos a los compañeros, mucho menos aún a escribir. Pero igualmente, gracias miles. Me han hecho feliz hoy.

    Enviado desde mi móvil con amor furibundo.

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