De recuerdos, de amores, de humores y de chistes

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…………En mi penúltimo articulillo de La Columnata, hablaba este servidor de ustedes sobre los cines de barrio. No me refería al conocido programa de televisión sino a mi experiencia con esas salas repletas de críos donde proyectaban añejas películas de indios y vaqueros, péplums italianos, historias de chinos que saben kung-fu y otras producciones de aventuras de serie B que deleitaban mi infancia y primera juventud.
…………Mencionaba yo una vivencia personal relacionada con el fallecido cineasta y humorista Manuel Summers, sobre su película Adiós, cigüeña adiós, que vi la tarde de un día de Nochebuena, cuando yo tenía doce o trece años, en uno de esos entrañables cines de butacas de madera desvencijadas y crujientes como puertas de castillo transilvano.
…………Me impresionó y me arrebató esa historia de amor adolescente, por mi corta edad y una incipiente propensión al platonismo y el romanticismo más blanco, el mismo que destilaba el filme. Relataba en mi artículo haber recordado muchas veces cómo aquella tarde-noche volvía a casa por las calles vacías e iluminadas de luces navideñas y el maravilloso estado de ánimo que me acompañaba en ese caminar. Es recurrente en mí evocar la chispita de felicidad que sentí aquél día concreto: por la película que había visto y también por lo que me aguardaba en casa: la cena de Nochebuena, el calor de hogar y familiar, los regalos de Reyes para mis hermanos pequeños… Siempre le agradecí a Summers haber contribuido a que aquel día fuese mágico e inolvidable para mí y así lo dejaba patente en mi texto para La Columnata.
…………El día siguiente de haber escrito la parte del articulillo en que mencionaba al malogrado Summers, resultó que el azar puso ante mí, en persona, a su propio hermano (ya de muy avanzada edad). La razón no era otra que mantiene relaciones de clientela con la empresa para la que trabajo. Lo tuve cara a cara. Esta casualidad hizo que, pese a que nunca había hablado con él ni lo había visto antes, yo traspasase la barrera profesional y, en el tono más personal e intimista, le relaté lo que había escrito el día anterior y todo lo que ello me inspiraba. Él agradeció mis palabras, habló de su hermano, de la película, me contó alguna anécdota sobre ella… Una emoción ligeramente acuosa nos acompañó a ambos durante la pequeña conversación que mantuvimos.
…………Una vez publicado el artículo, hice que lo imprimiesen en papel bonito para encuadernarlo primorosamente, con una dedicatoria manuscrita para el señor Summers, cosa que él agradeció vivamente y en correspondencia, días después (la semana pasada), me obsequió con un libro de su hermano.
…………Lo normal cuando a uno le regalan un libro es mirar si trae una dedicatoria para apreciarla y agradecerla, y a punto estuve de buscarla, pero no lo hice, pues el autor está muerto desde hace casi treinta años. Sonreí para mis adentros mientras contenía una travesura mental que se me pasó por la cabeza y que estuvo a punto de salir: me bailó en la lengua  decirle al señor Summers: “Me habría encantado que viniese dedicado por su hermano Manuel, pero menos mal que no ha sido así porque, si no, ¡menudo susto me habría llevado!”
…………No se lo dije, claro. Humor, sí, pero no a cualquier precio.
…………En mi opinión, el humor viene, entre otras cosas, de pensar en clave diferente desde una perspectiva, no solo ingeniosa o caricaturesca, sino también osada y valiente. Nace de la cotidianidad que vivimos, del día a día que observamos, pasando todas nuestras percepciones por un filtro distorsionador que incluya tanto lo viable como lo inviable; que considere lo que viene a cuento y lo que no; que exija que seamos impertinentes en nuestro modelo de pensamiento creativo, rompiendo con las cuadriculaturas de la lógica neuronal de toda la vida para pasar a  pensar en diferente, en tangencial, en absurdo; que requiere que nos dediquemos a darle la vuelta a todo y encontrarle los tres pies al gato, que los tiene, ¡vaya si los tiene! Lo que pasa es que nos tiene que dar la gana que los tenga.
…………“Quería hacer el amor y sólo consiguió hacer el humor pues, nada más bajarse los pantalones, ella empezó a descojonarse”. Esto es un chascarrillo improvisado sobre la marcha que no tiene especial gracia, que no es el paradigma del humor; tal vez, incluso sea demasiado previsible; en suma, es una castaña de guasa, pero no deja de ser un chiste. ¿Y qué es un chiste (bueno o malo) sino un prodigio del pensamiento, de la abstracción, del juego de palabras, de los malabares con el lenguaje, del guiño anticipatorio de apostar por un factor sorpresa, la analogía, la semejanza, el equívoco; cosas que, diferidamente, provocarán una reacción en otras mentes que nos lean, vean o escuchen y que aplicarán un código descifrativo similar al que nosotros hemos usado para confeccionar la broma?
…………Pues un chiste es aproximadamente todo eso; es decir, una pregunta muy, muy larga.
…………Otras veces un chiste es humor.
…………Y las mayoría de las veces, un chiste es una previsión de mejoras económicas de un gobierno, una promesa electoral, un discurso político, un compromiso de amor eterno, un juramento de adelgazar proferido en Nochevieja a las cuatro de la mañana… En estos casos, el chiste es humo. Sin erre.

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