Anotaciones de don Crispín (II)

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…………Estoy empezando a escribir una pequeña obra de teatro y mi entrenador domiciliario a sueldo para la cosa escribendosa me ha echado un broncazo de leyenda. Con su marcador pintó de amarillo los dos primeros párrafos de mi obra y me devolvió todas las hojas impresas. El resto, dice, se negó a leerlo.
…………Reproduzco a continuación lo que subrayó:
…………«“Lo importante en esta vida es conseguir tal grado de independencia y llegar a necesitar tan pocas cosas que ese deseo tan humano, tan universal de ser feliz, sería algo a lo que no prestaríamos demasiada atención porque muy probablemente, casi con toda seguridad, nuestra vida no sería infeliz?”, preguntó Gundemaro a Florinda. “Dime, Florinda: crees eso o lo contrario?”
…………“Lo importante, Gundemaro, es que me pases la contraseña de tu ordenador para fisgarte, que te olvides encendido el móvil tras irte a trabajar para controlarte, que me compres un abrigo de visón y me dediques todo tu tiempo libre? No, mi amor: lo importante es, como dices, preservar nuestra individualidad y no crearnos necesidades? Es eso lo que quieres oír? Pues aciertas, querúbeo, angelical y sapiente Gundemaro”».
…………Mi ‘coach’ dice que eso que he escrito es una mierda, que no se entiende bien y que ha tenido que leer dos veces ese diálogo. Me insiste en que lo que pregunta Gundemaro a Florinda en realidad parece una afirmación, pero al final de una larga sucesión de frases subordinadas se ha encontrado con la desagradable sorpresa de que lo que acababa de leer era, inesperadamente, ¡una pregunta!
…………Siempre me repite que cuando escribo se nota que me gustan los rodeos. “Más que a un texano loco”, añade el muy cabroncete para hacer daño. Hoy me ha hecho notar que cuando estamos leyendo algo que creemos que es una afirmación, nuestra mente procesa de una manera diferente a cuando leemos algo que, desde un principio, sabemos que es una pregunta. El cerebro se posiciona de diferente manera para recibir esa información. Si además lo que se pregunta es complejo, el lector tiene que reformular mentalmente para asegurarse de que ha comprendido la naturaleza de lo que se está inquiriendo, o volver a releer lo ya leído. Y que eso es exactamente lo que sucede con mi texto.
…………“¿Y cómo hago para arreglarlo?”, indagué. “Échale imaginación”, contestó impertérrito y cruel. “Bueno, creo que una solución sería escribir formulando sólo preguntas simples, que no ocupen más de una línea, y así se ve más fácilmente, a ojo de pájaro, el signo de cierre de interrogación y ya el lector sabe que lo que está leyendo es una pregunta”, contesté no muy seguro de mí mismo. “Magistral, Crispín, magistral. ¿Y si por un casual necesitas hacer una o varias preguntas largas en el mismo párrafo, que ocupen varias líneas y el cierre de interrogación resulte difícil de localizar pues está ahí, perdidito, confundido entre una maraña de letras? ¿Qué haces entonces para evitar confusiones?”. “Caray, pues sí: ¡ahí tenemos un problema!”. “¡Coño, pues pon un signo de apertura de interrogación al inicio de la pregunta y asunto resuelto!”. “Ah, pero… yo creía que eso es incorrecto y que no se puede hacer”. “¿Cómo va a ser incorrecto poner un signo de apertura de interrogación al inicio de cada pregunta?”. “Pues… ¡porque ya casi nadie lo usa! Además, es mucho más cómodo no ponerlo y, aparte, yo creo que da como más misterio, más ‘glamour’ no ponerlo. De hecho, en inglés no se escribe nunca ese signo, y todo resulta como más impactante…”
…………Mientras decía yo esto, mi ‘coach’ recogió sus gafas de vista cansada, se anudó bien la corbata, se levantó muy digno, se estiró el traje y marchó de mi casa dando un portazo, al tiempo que gritaba no sé qué de mi abuela y que me den Fanta.

2 comentarios

  • Responder agosto 10, 2012

    Pedro

    si es que hoy día no es uno nadie sin un coach…

  • Responder agosto 10, 2012

    Rodrigo

    En resumen: la invasión lingüística anglosajona aniquila la riqueza de nuestro idioma.

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