Anotaciones de don Crispín

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…………Mi padre se llama don Fadrique Peribáñez y eso es algo dificilísimo.
…………Llamarse Borja Viñuelas de la Dehesa y ser rubito de pelo, cortado en forma de media melena, a capas, y vestir de diseño es muy fácil. Ostentar esos apellidos y tener la sonrisa atractiva, una piel bronceada, ropa de marca, reloj carísimo y descapotable rojo, está chupado. Haber nacido como Angustias Yermo Páramos y que tu vida sea un asco es lo más lógico. Lo normal es que con ese nombre de saldillo todo te vaya fatal y que tu día a día sea un drama permanente lleno de escabrosos personajes: el marido borracho, el hermano chorizo, el cuñado trapicheador, el hijo ciberautista e intratable, la hija poligonera… Ser Angustias Yermo Páramos y llevar esa existencia de pena negra también es fácil, por no decir inevitable. Apellidarte Pérez Gómez, de nombre Pepe, y apasionarte por encima de todo el fútbol o los toros debe de ser muy sencillo. Tener esos apellidos y que te guste “el cine en general, la música en general, salir por ahí en general” es más que esperable. El previsible Pepe Pérez dice de sí mismo: “Odio la mentira; soy muy, muy sincero y, sobre todo, amigo de mis amigos”. Y se queda como en olor de santidad tras soltar estas originales frases. Es muy sencillo ser Pepe Pérez.
…………Pero llamarse uno don Fadrique y en pleno siglo veintiuno seguir vivito y adaptado al medio es una heroicidad. Salir todos los días a la calle a comprar el periódico, el pan y a relacionarse con la gente llamándose uno don Fadrique, eso no sólo es dificilísimo; ¡eso es una proeza! De alguien llamado don Fadrique cabe esperar que sea muy, pero que muy medieval: un señor bastante feudal de los de espesa barba, espadón y armadura, que sujeta en la mano una humeante pierna de cordero a medio comer y, en la otra, una garrafa de vino que escancia directamente en su garganta como si de un porrón se tratase. Tampoco resulta difícil imaginar a un don Fadrique como un tipo muy conservador, vehemente, de carácter difícil y con tendencia a las malas pulgas. Algo así como José Sazatornil. Un señor llamado don Fadrique entonaría muy bien al frente de una rica hacienda o como dueño y gerente de una próspera industria textil, provinciana.
…………Si además se le convierte en el adinerado padre de una hermosa joven que sufre de amores por un bohemio y seductor galán, ya tenemos en don Fadrique al perfecto personaje maduro, de carácter, eterno antagonista de toda clase de jóvenes enamorados de los sainetes y las zarzuelas cómicas de principios del siglo pasado.
…………Mi padre siempre se avergonzó de su nombre por lo feo y desproporcionado que resultaba, sobre todo cuando era un niño pequeño. Pensaba tanto en ello que acabó deduciendo que, si Dios había permitido que a un indefenso bebé lo bautizasen como Fadrique, debía de ser por algo. Por eso y tras años de investigación elaboró su “teoría de nombreza obliga”, que afirma que los nombres y apellidos determinan nuestra esencia, nuestro yo, lo que nos toca ser, y todos debemos encontrar ese “espíritu nominal” con el objetivo de tener un comportamiento acorde a lo que se espera de nuestro nombre. “Somos lo que nos llamamos”, suele decir papá, y se queda más ancho que largo. Dice, por ejemplo, que de un Borja Viñuelas se esperan cosas diferentes de las que le suponemos a una Angustias Yermo Páramo. Por eso de un Borja Viñuelas no cabe imaginar que emigre a Alemania a trabajar como operario forestal pero sí que siempre esté dispuesto a tratar de lucir bronceado todo el año: de surfista californiano en verano y de esquiador suizo en invierno. Un Borja Viñuelas se las apañará para trabajar como ejecutivo en consultorías, inversoras, inmobiliarias y lugares así, para lograr elevados sueldos y acrecentar su estatus social, como corresponde a su “nombreza obliga”.
…………Mi padre asegura que ha estudiado a los doscientos ochenta y siete Borjas Viñuelas que ha encontrado en todo el mundo. Destaca que el noventa y tres por ciento responde a idénticos patrones de comportamiento del tipo adinerado, pijo y guapetoide. Concluye su análisis de todo esto con que la inmensa mayoría de los Borjas Viñuelas del mundo se comporta exactamente como se espera de ellos en función de su nombre.
…………Con toda esta información, mi padre decidió que él no iba a ser menos que un anodino Borja Viñuelas cualquiera y se dijo a sí mismo estas inspiradas palabras: “Yo soy un Fadrique Peribáñez, ¡y nombreza obliga! Ahora sólo me falta ser un adecuado Fadrique; tal vez un tipo de buenas maneras aunque distante, adusto, conservador y antiguo. De haberme llamado Moncho Marihuánez me iría a Ibiza ahora mismo a pintar cuadros y vivir descalzo, pero como me llamo Fadrique, me toca joderme, tener malas pulgas, ser tradicional, casarme y luego tener un hijo llamado Crispín”.
…………Tras hacer tan sorprendentes afirmaciones, mi padre se puso a la búsqueda de esa vinculante nombreza y también buscó novia y se casó; para lo del hijo y lo de ser tradicional y eso. Lo primero que hizo fue crearse todo un código de vida para adaptar su comportamiento y actitudes a lo que cabe esperarse de un señor llamado don Fadrique.
…………Mi padre, cuando yo tenía unos cinco años, exigió que todo el mundo en el pueblo, incluidos el alcalde, el cura y el boticario, su suegra, su esposa e hijos, lo llamáramos don Fadrique. Al principio hubo algo de reticencia entre los lugareños, pero mi padre, ignorando las quejas, siguió exigiendo este tratamiento a todo el mundo, ¡y que nadie osase tutearlo! La costumbre se impuso y, con el tiempo, todos acabamos llamándolo don Fadrique con verdadero respeto, incluso con cierta reverencia. Por razones de la causa y el efecto, inconscientemente, mi padre fue adquiriendo cada vez más sabiduría y respetabilidad: acabó mereciéndose ese ‘don’ antepuesto a su nombre. Esto le animaba y a veces se ponía (y se pone) sentencioso. Decía el otro día que cuanto más necesita el mundo de diálogo entre sus gentes, más pierden las gentes su habilidad para expresarse. Explicaba que eso de comprimir y resumir al máximo los mensajes hablados o escritos viene muy bien para que la gente se vaya acostumbrando a comprender mejor los estímulos rápidos y concisos: “Sí, compra, mira, diviértete, quieres, te gusta, presume, invierte, viaja…”. Si aprendemos a pensar así y a expresarnos así, seremos buenos receptores de publicidad llevada a su mínima expresión, de miles de microinformaciones al día ocupando nuestro cerebro al máximo. Todo esto al precio de que se pierda la capacidad de encontrar oídos pacientes para apreciar lo muy sutil, como un sentimiento, o lo muy humano, como una desesperanza. Somos máquinas que procesan ingente información con el mínimo uso de lenguaje verbal y todo al precio de que, pronto, a casi nadie le interesará leer un mensaje más largo que un tuiteo. El lenguaje que sirve para hablar de paz, de hermandad y de responsabilidad planetaria está cayendo cautivo de la ignorancia funcional, voluntaria e irresponsable.
…………La búsqueda de mi padre acabó hace unos pocos años, esa madrugada de copas en la que esto mismo pensaba dándose cuenta de que aquí tenía una buena ocupación: decidió convertirse en ¡paladín del lenguaje! “¡Es perfecto!”, exclamó. “Armoniza bellamente y, además, ¡qué sonoro!: ‘Don Fadrique Peribáñez, paladín del lenguaje’. Resulta tan rancio y antiguo como mi nombre”. Y de esta manera se convirtió en un picajoso cazador de gazapos e incorrectos decires y escribires con los que muestrea y testa con alarma creciente los niveles de salud lingüística del país.
…………Les he hecho una breve semblanza de mi padre porque en ocasiones les saludará desde estas columnas con alguno de sus puntos de vista, igual que los de cada uno de los miembros de mi extensa familia o de mí mismo. Por cierto, aún no me he presentado; discúlpenme: soy Crispín Peribáñez, servidor de ustedes. Un placer, y hasta la próxima ocasión.

4 comentarios

  • Responder agosto 1, 2012

    Josef Bretones

    Yo conocí a uno cuyo abuelo primero y padre después se llamaban Marciano. En el último suspiro, ante el Registro Civil se libró de ser llamado de igual forma. Me pregunto qué tipo de personalidad debe de tener alguien llamado así.

  • Responder agosto 1, 2012

    Alonso Posadas

    Le he preguntado a don Crispín que, a su vez, consultó a su padre, don Fadrique, y dice que la nombreza obliga de alguien llamado Marciano ha de ser guerrera, concretamente de activista antifascista, muy peleón.

  • Responder agosto 2, 2012

    Ana

    Enhorabuena Alonso, me ha gustado mucho… Estoy deseando leer los siguientes.

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