Juan Ramón Jiménez, poética y vida

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…………A finales del siglo XIX y comienzos del XX, se produce una importante transformación de los ideales estéticos en poesía. Los encargados de llevarla a cabo en las letras hispánicas son Bécquer, Rosalía de Castro, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. De los dos primeros ya hemos hablado en otras ocasiones no muy lejanas.
…………Juan Ramón (1881-1958), al comienzo de su andadura poética, siguió la senda modernista, y tanto es así que incluso se inclinó hacia un simbolismo casi verlaineano: “¡Qué triste es tener sin flores / el santo jardín del alma, / soñar con almas floridas, / soñar con sonrisas plácidas, / con ojos dulces, con tardes / de primaveras fantásticas…! / ¡Qué triste es llorar, sin ojos / que contesten nuestras lágrimas!”
…………Es la tristeza el pobre sentimiento que da unidad a estos versos, ¡y qué tristeza! “¡Ah, si el mundo fuera siempre / una tarde perfumada, / yo lo elevaría al cielo / en el cáliz de mi alma!”
…………En realidad, la muerte es la compañera obsesiva y permanente de Juan Ramón en cada una de las páginas de Rimas, a la que pertenecen los fragmentos anteriores.
…………Pero el poeta evoluciona y, como su poesía es instinto interpretado por la inteligencia, escribe Diario de un poeta recién casado (1917) durante su luna de miel con Zenobia Camprubí, su eterna compañera y su apoyo más incondicional. Aquí se rompen las fronteras entre prosa y verso y nos encontramos con bellezas como esta: “Le taparía el tiempo / con rosas, porque no / recordara. / Una rosa distinta / de una imprevista magia, / sobre cada hora solitaria de oro / o sombra, / hecho propicio a las memorias trágicas. / Que como entre divinas / y alegres / enredaderas rosas, granas, blancas / que no dejaran sitio a lo pasado, / se le enredara, / con el cuerpo, / el alma”.
…………En esta segunda etapa de su poesía, lo irracional invade su mundo poético y, cuando el vocabulario no es suficiente para expresar sus sentimientos, inventa vocablos, neologismos que nos parecen insustituibles, como ‘otoñado’, ‘aurorear’, ‘entreheridos’, ‘desenlagrimar’…
…………Con su Tercera antolojía poética, alcanza su tercera etapa, llamada por él mismo “etapa suficiente o verdadera”. Aquí cree haber alcanzado a Dios, con el que se identifica, y proclama al comienzo de Espacio que “los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo”.
…………En el comienzo de Animal de fondo, que celebra, en plena explosión gozosa, el encuentro y la fusión de la conciencia individual con la conciencia universal (Javier Blasco), encontramos en relación a dios, así, en minúscula: “Eres la gracia libre, / la gloria del gustar, la eterna simpatía, / el gozo del temblor, la luminaria / de clariver, el fondo del amor, / el horizonte que no quita nada; / la transparencia, dios, la transparencia, / el uno al fin, dios ahora sólito en lo uno mío, / en el mundo que yo por ti y para ti he creado”.
…………Juan Ramón termina su obra cargado de experiencias vitales, pero su vida no fue todo lo vital que parece en sus escritos. Desde el principio de su obra, la ironía se juntaba con un fuerte sentimiento de soberbia, que él definía conscientemente (Bernardo Gicovate Stanford): “Este desdén de todo, de la risa y del duelo y la realeza triste de este orgullo con flores”.
…………Jorge Luis Borges afirma del poeta que “en su obra no hay ideas, Jiménez es demasiado inteligente para ignorar que las ideas son novelerías que se marchitan pronto y que la labor del poeta es representar ciertas eternidades o constancias del alma humana”.
…………Por su parte, Villaespesa, afirma que “es un alma enferma de delicadezas; alma melancólica que, asomada a la ventana del Éxtasis, espera silenciosa la llegada de algo muy vago… El Amor… La Gloria… Tal vez la muerte. Sus poesías respiran Dolor… El inconsolable, el Dolor resignado de la desesperanza”.
…………De todos es conocida su fobia a la muerte e hipocondría. Al darse cuenta de la inminente muerte de su padre, desarrolló una ansiedad continua y una fobia a la muerte (a finales de 1900). Juan Ramón vivió a partir de entonces momentos en los que se sentía tremendamente enfermo, como le contó por carta al nicaragüense Rubén Darío, enfermo también, pero de otras dolencias más relacionadas con el hígado. ¿Os imagináis a Juan Ramón relatándole al gran poeta modernista sus dolencias imaginarias? En ellas, el poeta se sabía enfermo y reprochaba a los médicos que no supieran ver sus dolencias.
…………De otro lado, Juan ramón también tuvo tiempo para el amor. Su primer referente de mujer idealizada debió de ser Pepita Gonzalo. La conoció a los diez años. Durante la adolescencia, en Moguer, su tierra natal, se enamoró de Blanca Hernández Pinzón, amor simultaneado con el de María Antonia Flores, prima de Blanca. Y yo me las imagino a las dos, mirando desde lo alto del balcón a Juan Ramón, de pie, en la calle y contemplando a sus dos musas de adolescencia.
…………Más tarde, debido a una alteración de su salud mental, estuvo internado en casa del doctor Lalane, con cuya mujer, Jeanne Roussie, mantuvo relaciones adúlteras.
…………Ya entrado en la treintena, conoció a la que fue su esposa, Zenobia Camprubí, de veinticinco años. Era una mujer de gran inteligencia que fue capaz de sacrificar todas sus dotes profesionales por mantenerse al lado de su esposo. Los biógrafos han tratado de mostrar un matrimonio idílico, pero nada más lejos de la realidad, pues sus problemas conyugales los constata Graciela Palau de Nemes, quien publicó la primera parte del diario de Zenobia. El matrimonio vivió fundamentalmente de las rentas y trabajos de Zenobia, pues los ingresos de Juan Ramón eran intermitentes.
…………En un momento determinado de su vida, a Zenobia le detectaron un lipoma en el vientre y Juan Ramón no le permitió operarse porque no sería capaz de soportar la ausencia de su mujer durante la estancia en el hospital. Más tarde, se le descubrió un cáncer de útero, fue operada pero, obligada por su marido a someterse a radioterapia en Puerto Rico, murió víctima de un tratamiento erróneo. Juan Ramón la sobrevivió un año y medio.
…………Durante su matrimonio, una escultora llamada Margarita Gil Roesset, de veintidós años, esculpió un busto de Zenobia. En esos momentos se enamoró de Juan Ramón, pero su historia acabó en suicidio tras dejar una carta escrita a Zenobia en la que relata el enamoramiento de su esposo.
…………Tras este trágico fin, yo también acabaría este artículo sobre Juan Ramón con un breve poema del Diario: “Bebimos, en la sombra, / nuestros llantos / confundidos… / Yo no supe cuál era / el tuyo. / ¿Supiste tú cuál era el mío?”

3 comentarios

  • Responder noviembre 29, 2013

    Jorge Moreno

    Estupendo y merecido artículo el suyo, estimada Ballester, a un poeta enorme, un grande de la poesía. Mi felicitación. Sin duda Juan Ramón Jiménez fue hombre difícil, una víctima de su propio carácter, que lo arrastró al trastorno mental de sus últimos años, y que el amor (y la dedicación) de Zenobia le ayudó a soportar con estoicismo.
    Atentamente, Jorge Moreno

    • Responder diciembre 2, 2013

      Lidia Ballester

      Muchísimas gracias, Jorge. Juan Ramón es un poeta fascinante que no deja a nadie indiferente. No hay más que leer “Espacio”, complejo y único.
      Un abrazo.

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