César Vallejo, el bardo peruano

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…………Resulta harto difícil hablar de la poesía de César Vallejo, incluso de su vida. Pero Leopoldo Panero nos incita a indagar sobre su obra y persona de una manera que uno no puede evitar. “De dónde, por qué camino había venido, / soplo de ceniza caliente, / indio manso hecho de raíces eternas, / desafiando su soledad, hambriento de alma, / insomne de alma hacia la dolencia imposible, / terrible y virgen como una cruz en la penumbra; / y había llegado hasta nosotros para gemir, había venido / para gemir, aunque callaba tercamente su corazón ilusorio, / agua trémula de humildad / y labios que han besado mucho de niño?”
…………Otros muchos pensaron lo mismo antes que yo, pues ha sido estudiado por Luis Monguió, Alberto Escobar, Eduardo Neale Silva, Xavier Abril, Saúl Yurkiévich y Andrew P. Debicki, entre otros.
…………Pero antes de comenzar, “esperaos. Ya os voy a narrar / todo. Esperaos, sosiegue / este dolor de cabeza. Esperaos / […]. Me siento mejor. Sin fiebre, y ferviente. / Primavera. Perú. Abro los ojos”.
…………César Vallejo nació en Santiago de Chuco (Perú) en 1892 y murió en París en 1938. Es conocido como el gran poeta de Perú, aunque muchos compatriotas quisieran considerarlo como el que proclama lo peor de lo peruano. Pese a quien pese, Vallejo es el estandarte del pueblo peruano. Fue allí, en Perú, donde escribió sus dos únicas obras poéticas publicadas en vida, Los heraldos negros y Trilce, de 1918 y 1922 respectivamente.
…………Nieto de sacerdotes españoles, no nos sorprende nada su relación con Dios en sus versos, aunque siempre salpicados de tendencias nietzscheanas. Así se dirige al Todopoderoso y lo increpa: “Dios, estoy llorando el ser que vivo; / me pesa haber tomádote tu pan; / pero este pobre barro pensativo no es costra fermentada de tu costado: / tú no tienes Marías que se van”. Dios no tiene Marías que se van, pero Vallejo sí. Poco antes de publicar Los heraldos negros, su madre —que se llamaba María— fallece, y también uno de sus más tempranos amores, María Rosa Sandoval. Dios tuvo a las dos Marías —la Virgen y Magdalena— que lo acompañaron en su muerte, pero al poeta no le quedan Marías que lo lloren a la suya.
…………Así las cosas, Vallejo parte de un vanguardismo rehumanizado, con cargas modernistas, hacia un existencialismo de lo más comprometido. Su modernismo inicial, inevitablemente, estaba ligado a Rubén Darío, del que hablamos en los dos anteriores artículos (en poesía, como en la vida, todo está relacionado, por mucho que no queramos verlo). Julio Herrera y Reissig acercó al nicaragüense a Vallejo y, hasta tal punto sintió devoción por él  que lo llamó “Darío de las Américas celestes”, dejando patente que Rubén Darío es el gran poeta de América. Tras él, los simbolistas que lo copian influyen en Vallejo con su concepto de la vida tediosa, del mundo enfermizo y gastado.
…………La influencia de Reissig no acaba aquí, él es también el encargado de sumergirlo en la bohemia de Trujillo y el consumo de éter. Trató de encontrar alivio espiritual en el mundo decadente de las drogas y esto le supuso la huida a “paraísos artificiales”, como muy bien apunta Ainhoa Segura Zariquiegui. Para él, la droga significaba la anestesia de la realidad. Y, en medio de esta embriaguez, consigue versos tan doloridos: “Dios mío, si tú hubieras sido hombre, / hoy supieras ser Dios; / pero tú que estuviste siempre bien, / no sientes nada de tu creación. / Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él! / Hoy que en mis ojos brujos hay candelas, / como en un condenado, / Dios mío, prenderás todas tus velas / y jugaremos con el viejo dado…”
…………Tras leer sus poemas, nos queda una sensación de resaca, de melancolía, tal vez la misma que a él le quedaba tras sus múltiples huidas a los paraísos artificiales. Toda su vida se vincula a la enfermedad, ya que estaba marcado por su nacimiento: “Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo”. Pero la muerte no le sobrevino en su Perú natal, sino en París.
…………A París tuvo que huir para evitar de nuevo la cárcel. Unos años antes, en  1920, fue encarcelado ciento doce días, acusado de robo e incendio durante una revuelta popular. En esos escasos cuatro meses escribió Trilce, obra en la que rompe con el modernismo y el nacionalismo y que en su época supuso un terrible fracaso. Cayó en el olvido y los pocos que la leyeron no la entendían. Tras salir de la cárcel, el primer poema que leyó en una cena de amigos el mismo día de su libertad hace mención a su estancia entre rejas: “Oh, las cuatro paredes de la celda. / Ah, las cuatro paredes albicantes que sin remedio dan al mismo número. / Criadero de nervios, mala brecha, / por sus cuatro rincones cómo arranca / las diarias aherrojadas extremidades. / Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta / qué hora son cuatro estas paredes. / Contra ellas seríamos contigo, los dos / más dos que nunca. Y si lloraras, / di, ¡libertadora!”
…………En 1923, irremediablemente, se marchó a París para no volver más a Perú. Allí conoció a Vicente Huidobro, Juan Gris, Juan Larrea, Pablo Neruda y a Tristán Tzara. Inició así su vida de literato en tierras europeas, aunque siempre rodeado por la escasez económica.
…………Curiosamente, el Instituto Cervantes de París ha creado la ruta de Vallejo. Un itinerario por el que recorrer los lugares que frecuentó César Vallejo los años que estuvo en la capital europea. La ruta comienza en el Café de la Paix y acaba en el Cementerio de Montparnasse, donde fue enterrado a petición propia.
…………César Vallejo ya auguró cómo sería su muerte en Poemas humanos (escritos desde 1923 hasta su muerte y publicados póstumamente en 1939). “Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París —y no me corro— / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos versos, los húmeros me he puesto / a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, / con todo mi camino, a verme solo. / César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro / también con una soga; son testigos / los días jueves y los huesos húmeros, / la soledad, la lluvia, los caminos…”
…………Murió en París el 15 de abril de 1938, no un jueves, pero sí un día con llovizna; víctima del paludismo, enfermedad que ya había superado cuando era niño, pero que a sus cuarenta y seis años consiguió matarlo. “Esta tarde llueve, como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón. / Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? / Viste de gracia y pena; viste de mujer”.

4 comentarios

  • Responder enero 29, 2014

    GUSTAVO AYALA

    ¡Otro gran poeta hispanoamericano amiga Ballester! César Vallejo es fundamental en la lírica del joven continente, con una poesía a veces doliente, otras rebelde, siempre humana. Releer sus versos es tomar el pulso al bardo, al buscador de nuevas corrientes, es en suma, placer renovado. Excelente artículo. Un saludo, Gustavo de Ayala

    • Responder enero 30, 2014

      Lidia Ballester

      Agradezco infinitamente sus palabras, Gustavo. Hacen que uno se motive a la hora de escribir.
      Hace años que comencé a leer a Vallejo y al principio apenas entendía su poesía. Ha sido con los años, con la experiencia y con un poco de estudio cuando he conseguido disfrutarlo plenamente. Por eso quería compartirlo.
      Un abrazo.

  • Responder enero 30, 2014

    Jorge Moreno

    Una vez más, muchas gracias por dedicar su tiempo (y su espacio) a la poesía; esta vez a un poeta difícil pero esencial en latinoamérica, y a veces, olvidado en nuestra querida España.
    Mi mejor saludo, Jorge Moreno

    • Responder febrero 1, 2014

      Lidia Ballester

      Muchas gracias a ti por dedicar un poco de tu tiempo a estas líneas. Con lectores como vosotros da gusto indagar sobre literatura.
      Un abrazo.

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