‘Cartas literarias a una mujer’

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…………Por una tradición familiar, Gustavo Adolfo Bécquer adoptó el apellido de sus antepasados paternos, Bécker, de tradición germánica, y eso le dio a su figura un cierto aire exótico. Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, junto con sus siete hermanos, quedó huérfano prematuramente, lo que le permitió entablar una relación más cercana con su madrina de bautismo, Manuela Monnehay, quien le proporcionó una amplia biblioteca de literatura francesa. Pero la literatura que influyó de manera decisiva en su obra, casi a modo de premonición por sus orígenes flamencos, fue la literatura alemana. Entre los escritores que mayor huella dejaron en sus escritos destaca Heinrich Heine, y es muy posible que conociera su obra en la traducción de Eulogio Florentino Sanz, gracias a Rosalía de Castro y su marido, el periodista Manuel Murguía, del cual era muy amigo, aunque no sabemos hasta qué punto la relación hizo que compartieran conocimientos literarios.
…………Lo cierto es que, en realidad, uno de los pilares fundamentales de su existencia fue su hermano Valeriano, tres años mayor que él y pintor, al igual que su padre. Juntos realizaron una serie de trabajos para intentar salir de la miseria en la que se había sumido la familia, y uno de los proyectos que llevaron a cabo y que más controversia ha causado en los círculos culturales fueron las ochenta y nueve acuarelas satíricas que muestran escenas pornográficas relacionadas con el reinado de Isabel II, tatarabuela del actual Rey de España. El título es bastante esclarecedor en cuanto a su contenido: Los Borbones en pelota. Y es que conocido era el pasado casquivano de la Reina, obligada a casarse a los dieciséis años y con unas necesidades fisiológicas que iban más allá de sus obligaciones conyugales, llegando incluso a la zoofilia, según muestran estas hiperbólicas acuarelas. Esta divertida y obscena obra fue publicada bajo un pseudónimo, SEM, y por ello algunos críticos dudan de su autoría. Todas ellas nos muestran al Bécquer más humano y satírico, tan lejos del estilo de su gran obra.
…………Y no se puede hablar de un poeta romántico sin mencionar su relación con las mujeres, auténtico eje de su obra en verso. Relevantes son dos nombres de mujer que condicionaron su vida: Julia Espín, su primer amor, y Casta Esteban, su esposa y madre de sus tres hijos.
…………Julia Espín, cantante de ópera, fue un amor de juventud, más platónico que carnal, aunque su contacto fue prolongado. Es a partir de ella que el escritor comenzó sus Rimas. Pero su amor de juventud no llegó a buen puerto; los comentarios de ella en cuanto al parco aseo personal del poeta y sus ambición por el dinero la alejaron de su joven amor y terminó casándose con el que sería ministro de Hacienda en aquella época, quien sí colmaba todas sus expectativas.
…………Casta Esteban, madre de sus hijos, la que de casta no tenía más que el nombre, le provocó algún que otro quebradero de cabeza. Le dio tres hijos varones, aunque se duda de la paternidad del tercero de ellos, que, al parecer, era hijo de un antiguo amante, aunque, así las cosas, Bécquer lo acogió como propio y, tras la separación del matrimonio, lo siguió manteniendo a su lado, incluso cuando tuvo que retirarse al monasterio de Veruela para recobrar su salud junto a Valeriano. En una celda del monasterio vieron la luz sus Cartas desde mi celda y algunas de sus leyendas, en clara sintonía con Edgar Allan Poe y de un acusado freudianismo antes de Freud. Pero, como buen romántico que se precie, los problemas de salud lo acompañaron durante su corto periodo de vida, y murió apenas tres meses después que su hermano, de sífilis, aunque la disfrazaron de tuberculosis, una enfermedad más acorde con la época.
…………Los amigos fueron los encargados de la recopilación y publicación de su obra, que Bécquer proyectaba publicar bajo el título de Libro de los gorriones. Colección de proyectos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento. Su amigo Ramón Rodríguez Correa se encargó de la publicación y también de dar inmortalidad al escritor, velando algunos detalles de su vida e inventando otros tantos, como la conversión en revolucionario de un Bécquer que no había pasado de un conservadurismo moderado.
…………Y todo esto —familia, mujeres y amigos— para llegar a donde me proponía, aunque a veces me pierdo en preámbulos: Cartas literarias a una mujer, publicadas en El Contemporáneo, periódico con el que colaboró desde su creación, en 1860. Un breve conjunto de cuatro ensayos en forma epistolar dirigidos a una dama ideal, fuente de toda su inspiración en esta obra. Pero esa mujer no existe, es una falacia, una quimera; es el compendio de todas las cualidades positivas que ha ido encontrando en todas las mujeres que han ido pasando por su vida. Y es tan solo el pretexto para dejar constancia de sus teorías sobre la poesía, y casi un pretexto para justificarla. Apenas un puñado de páginas que te hacen sentir receptor de tanta belleza, utilizando un medio ya tan manido para la época y que, sin embargo, ha sido todo un acierto.
…………La mayoría de ediciones comunes de su obra tan solo incluyen las Rimas y gran parte de las Leyendas, olvidando estas páginas, en las que encontramos reminiscencias de algunos de sus más famosos poemas. Son un auténtico placer para los sentidos, que puedes leer en apenas veinte minutos y que la única tara que pueden tener para mí ha sido el no haberlas descubierto antes. Aunque su vida terminase prematuramente, “las arpas no se rompieron sin que nadie hubiese arrancado una melodía de sus cuerdas de oro”.

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