Los discos que nos robaron el corazón

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…………Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que presté un cedé. Desde siempre, la música ha formado parte de mi vida de un modo distinto al que encontraba en la mayoría de personas. La primera diferencia: invertía mi dinero. En la niñez pasé horas escuchando el ‘Come as You Are’ de fondo mientras resolvía los puzles del Monkey Island. Cambios de ciudad, de vida, amistades, todos relacionados con canciones, formando tema a tema, una lista en orden cronológico que me transporta instantáneamente al espacio donde estuve. Mi primer amor, mi última ruptura. Jamás fui materialista a la hora de regalar o prestar uno de mis elepés. Sin embargo, con el tiempo distinguí entre el aprecio, los cumplidos y sus caras de “vaya regalo de mierda”. Para mí, no era más que una declaración de intenciones condensadas en treinta minutos. Algo tan intangible y difícil de entender que tardé más de la cuenta en ser consciente de ello. Mis conocidos regalaban libros, películas, pagaban cenas o compraban algo sencillo y pretencioso. Para mí, se trataba de algo elaborado, como las portadas de los vinilos o el cuidado de algunas ediciones especiales. Sentía la necesidad del detalle, la elaboración, dando vueltas hasta encontrar el adecuado para el momento perfecto. Mi primer golpe me lo dio Weezer y su Green Album. Un disco imposible de encontrar en la época de Napster. No hicieron falta más de tres minutos para saber que aquel compacto acabaría de posavasos. Y así fue. Aprendí la lección, no lo suficiente. Más tarde, una idea inspirada en Alta fidelidad, de Nick Hornby, me llevó a regrabar una cinta. En 2007 casi nadie utilizaba casetes. Éramos pocos los que encajábamos la guantera del coche con cintas TDK. Doce canciones, seis por cara. Una historia de amor, desde el cortejo hasta el romance, un sello sensorial. Preservaba mi trozo sensiblón. The Specials, Madness, Bad Manners, Bobby Hebb, The Jam, The Kinks, Exploding Hearts, Ordinary Boys, Locomotive… y alguno más que no recuerdo. Ellos cantaban para nosotros y la vida me sonreía. Elaboré de mi puño y letra un librillo interior, recortes de revistas y anotaciones en los márgenes. Mascado y en cuchara pero siempre con el corazón en la mano. Aquel día perdí otra parte de mí. Airbag cantaba ‘Las cintas al sol se destruyen’ y yo prometía un punto y final.
…………Recientemente hice algo parecido. Elaboré un disco de canciones y una portada con Photoshop. Lo colgué en 8tracks y prometí pasarlo a un cedé. No fue lo mismo y jamás lo hice, aunque perdí para siempre un iPod. Nuevos tiempos, nuevas formas, pero el mismo ingenuo que entregaba el oro y se quedaba la mirra. Nunca he preguntado si alguien sufre lo mismo que yo, resignado más por esos pedazos propios que por las personas que los guardan a saber dónde. Es demasiado personal. Dejé de escuchar a grupos de entonces y no lo he vuelto a hacer, aunque reconozco que Weezer fue una excepción.
…………Con los años me he dado cuenta que, en una relación, prestar discos (o regalarlos) es un grave error si se tiene un poco de amor propio. Si hoy en día alguien quisiera conocer mis preferencias, le enviaría un enlace, lo colgaría en Dropbox y pulsaría “Me gusta” cuando apareciera en su muro. Quisiera no ser así y abrir las puertas donde todo subyace aún dentro. Entonces reflexiono y decido no acordarme. Coloco mis auriculares, subo el volumen y corro sin destino.

2 comentarios

  • Responder septiembre 1, 2012

    Pdr_Rmn

    Todos nos hemos sentido alguna vez así… todos tenemos grupos malditos a los que adorábamos y que no podemos escuchar por una u otra razón. Todos hemos hecho cds para alguien especial que se quedaron de posavasos o en la guantera del coche sin funda y rayados… Un gesto que muy pocas veces adquiere para el destinatario el valor que le intentamos dar o que no acaba de compender lo mucho que significa para nosotros…

    Gran artículo, Pabler, de los mejores que has escrito.

  • […] nuevos tiempos traen nuevas formas de expresarse y, si en otros artículos se ha hecho mención de la nostalgia de las cintas recopilatorias (las conocidas ‘mixtapes’), […]

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