La fiebre festivalera

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…………Se acerca mayo, la primavera hace hincapié (con notable visibilidad en la apariencia femenina) y el olor a festival de verano se acerca a la costa con fuerza. Cuando abro mi perfil de Facebook y veo todas esas fotos de festivales pasados y los típicos carteles que sigo sin entender, cavilo una vez más sobre por qué nunca asisto a este tipo de eventos. Mi primera experiencia fue en el SOS 4.8 de 2009. Miqui Puig nos había invitado a su sesión de ‘deejay’ y era un buen momento para experimentar la sensación de ver a los grupos a kilómetros de distancia entre la multitud. Después de aquello, frecuenté algunos festivales de menor envergadura para ver a bandas concretas. A diferencia de otras personas, no odio ni alabo la función de estos eventos. Simplemente, me aburren. Es un buen síntoma que en España se haya popularizado la música ‘indie’, dejando a un lado si ser un moderno ha dejado de ser algo para minorías y se ha convertido en un adjetivo despectivo (aunque creo que siempre lo fue). Es curiosa la cantidad de estupideces que uno encuentra, como esos tipos que se niegan a ir a los festivales porque prefieren los conciertos en sala, o la parte resignada que no quiere juntarse con la masa como si hubieran nacido con un disco de Sonic Youth bajo el brazo. Me gustaría ver sus fotos de 1999 y hablar sobre ello. Por otro lado, me resulta más divertida la opción de aquellos que pagan un pastizal por ponerse hasta el culo y pasar olímpicamente de los conciertos cuando lo que realmente importa es echar un casquete. En fin, cada uno es libre de hacer lo que desee con su dinero. Sin duda, que en España haya más festivales que marcas de cerveza indica que la gente quiere divertirse, formar parte de algo y, sobre todo, poder decir que estuvo allí. Algo que se escapa de mi entendimiento es la manía de conservar las pulseras, algo inmundo que apesta y que carece de sentido cuando tu vecino, el bakala, también las lleva.
…………Si tengo algún motivo por el que no voy a los festivales, no es que odie a las masas o considere que mi persona no deba compartir espacio con alguien que escucha The Kooks y Estopa. Simplemente, no conozco a las bandas. Internet ha conseguido tener todo al alcance de un clic. Tan efímero y rápido que uno cuelga las botas antes de estar al día de todo lo que sale. Bandas y más bandas que pelean por la portada de NME y discos en Bandcamp que se escapan de mis manos. Mi cerebro se atrofia y, paradójicamente, vuelve a lo mismo que escuchaba años atrás. Desde que vivo en Varsovia, me han concedido una tregua. Aquí la música llega más tarde por algún extraño motivo, y lo más ‘hype’ es lo que escuchaba años atrás en España. Aún soy moderno, joder, aún soy ‘hipster’. Aún tengo la capacidad de discutir sobre un disco. Intrigante. Resulta tan estúpido reflexionar sobre esto que me planteo si merece la pena seguir con estas líneas.
…………En definitiva, es momento de aceptar que los festivales no son más que un entretenimiento para todo aquel que pegue un tarjetazo con su cuenta bancaria. Atrás quedaron los días en los que unos pocos se juntaban para ver lo que en España no llegaría nunca (o eso pensaban), para ser parte de la versión cañí de Londres o Alemania. Atrás quedaron los días en los que hablar de música tenía sentido para filtrar nuestras relaciones potenciales. Siempre quedarán los libros, aunque este sea un filtro más duro de afrontar para algunos.

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