‘Pulgasari': el Godzilla norcoreano

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…………Cuando, a finales de 1954, se estrenó en Japón la película Gojira (Ishirô Honda), conocida internacionalmente como Godzilla, se dio el pistoletazo de salida a todo un fenómeno que décadas después todavía se mantiene con vida. Sin ir más lejos, desde esa fecha y hasta principios del siglo XXI, han sido cerca de treinta las películas en las que aparece este monstruo japonés, y sólo contando aquellos filmes de producción nipona. Una cifra que pone en evidencia cómo, precisamente en Japón, Godzilla se ha erigido en todo un fenómeno que ha mantenido su popularidad durante décadas, naciendo como metáfora y denuncia de la guerra nuclear hasta convertirse en uno de los iconos más reconocibles de la cultura popular japonesa.
…………No obstante, a pesar de ser un icono esencialmente nipón, la popularidad de Godzilla también ha encontrado su hueco más allá de las fronteras del país del Sol Naciente. Uno de los ejemplos más evidentes son las adaptaciones que se han rodado sobre esta criatura en otros países. Sin duda, las más conocidas son los dos ‘remakes’ producidos por Hollywood, ambos con el mismo título, Godzilla, y dirigidos respectivamente por Roland Emmerich (1998) y Gareth Edwards (2014). Pero la más curiosa se llevó a cabo en Corea del Norte, un país diametralmente opuesto a Estados Unidos. En esta adaptación, Godzilla se llamaba Pulgasari y el fin de la película no era recaudar dinero en la taquilla, sino trazar una metáfora de la opresión de unos tiranos sobre el pueblo.
…………Todo lo que rodea a Pulgasari (Shin Sang-ok y Chong Gon Jo, 1985), como no podía ser de otra forma, resulta curioso e interesante. Por ejemplo, es una de las películas más conocidas, fuera de sus fronteras, de una cinematografía poco conocida, como es la norcoreana. De hecho, no son muchas las monografías o las fuentes con las que se pueda profundizar en el cine norcoreano. Las más conocidas podrían ser el libro escrito por Johannes Schonher, North Korean Cinema: A History (McFarland, 2012) y el blog North Korean Films, actualizado por el crítico Simon Fowler. Por otro lado, no debería olvidarse la obra de Antonio Fernández Munárriz, El cine en Corea del Norte (Chiado Editorial, 2013) que inaugura, dentro de la literatura en castellano, el acercamiento a esta cinematografía.
…………Retomando el caso concreto de Pulgasari, otro de sus datos más destacables se encuentra en la trágica experiencia de uno de sus directores, Shin Sang-ok. Curiosamente, este director desarrolló parte de su trayectoria como cineasta en Corea del Sur. No obstante, este dato, teniendo sobre todo en cuenta la confrontación existente entre las dos Coreas, nunca fue un impedimento para que terminara dirigiendo cine en el estado comunista. Pero Shin Sang-ok no recaló en Corea del Norte por vocación o afinidad ideológica; en realidad fue “secuestrado” en 1978 a petición de Kim Jong-il, en aquella época hijo del entonces líder Kim Il-sung, con la intención de dar un impulso, en términos sobre todo cualitativos, a la producción local. La tragedia en su vida, no obstante, arrancó anteriormente, cuando fue perseguido por la dictadura de Corea del Sur comandada por Park Chung-hee. Finalmente, en 1986,Godzilla, Corea del Norte aprovechando una estancia en Viena, consiguió refugio en la embajada de los Estados Unidos. No volvería de nuevo a Corea del Sur hasta 1994, con la democracia totalmente instaurada.
…………Pero la significativa labor de Shin Sang-ok en Pulgasari no fue la única, aunque sí la más trágica y conocida. Otro de los nombres destacados en la producción fue el de Teruyoshi Nakano, encargado de la dirección de los efectos especiales. En este caso, la vinculación y la significación con Godzilla adopta una mayor relevancia, puesto que Nakano fue el encargado, dentro del Estudio Toho, de dar vida al monstruo nipón en todas las películas que sobre Godzilla se realizaron en Japón entre los años setenta y mediados de los ochenta.
…………Sólo con la participación de estos dos profesionales ya se puede dar sobrada cuenta de la significación de Pulgasari dentro de la cinematografía norcoreana, y de cómo, por aquel entonces, a mediados de la década de los ochenta, Kim Jong-il, como cinéfilo que se consideraba, deparó especial atención al cine y no escatimó en todo tipo de recursos a la hora de dar un giro a la producción local. La histórica elegida fue un relato fantástico, de época y de aventuras. La trama se sitúa en una Corea feudal en donde una tiránica dinastía somete al pueblo. En este contexto y en este tiempo, Pulgasari es creado, a partir de unas bolas de arroz y de tierra, por un herrero durante su cautiverio. Al caerle accidentalmente sangre de la hija del herrero, el muñeco toma vida e irá creciendo conforme se alimenta de metal. Cuando finalmente consiga un tamaño considerable, pasará a ser la principal arma y el más fiel aliado de los campesinos en su lucha contra la tiranía de los gobernantes.
…………Ante un argumento planteado de tal manera, es evidente que las interpretaciones que ofrece, así como las lecturas políticas e ideológicas, no dejan demasiado lugar a la imaginación. Este aspecto no debería ofrecer mayor inconveniente y debe entenderse sencillamente como un filme que ha sido creado bajo unas circunstancias particulares y con una intencionalidad concreta. El problema es que se ha visto a Pulgasari como pura propaganda comunista, cuando en realidad esta consideración no resulta del todo acertada y fundamentalmente se encuentra llena de prejuicios sobre el país en donde se llevó a cabo el rodaje, así como del régimen que estuvo detrás de la producción. Para entendernos, en este filme no existe una evidente defensa del comunismo como sistema ideal de organización social, económica o política. En realidad, sus mecanismos ideológicos resultan más sencillos y universales: nos hablan de un pueblo oprimido que, llegado a un límite, se organiza y se enfrenta contra quienes lo han tiranizado. Pero la historia sí que tiene un punto en el que no se torna tan universal y ofrece un aspecto diferenciador, sobre todo en relación a la costumbre mayoritaria del cine occidental. Toca referirse a su final, en el que la culminación no reside en la victoria sobre el opresor, sino en el sacrificio que debe realizarse para que la revolución que tanto ha costado se pueda mantener.
…………Por último, aunque Pulgasari, en su aspecto estrictamente cinematográfico, resulta poco destacable, está impregnada toda ella de una agradable nostalgia. Y no sólo porque la recreación de los efectos y del monstruo harán las delicias de los seguidores del Godzilla original, sino también porque narrativamente destila cierto carácter primitivo y, formalmente, sobresalen recursos de una intencionalidad evidente, como el uso de contrapicados para destacar la grandeza del monstruo, de aberrantes para crear inquietud o de zums para incitar a la acción que, engarzados a través de un montaje sin demasiadas florituras, dotan al filme de una cautivadora inocencia visual.

Gaspar Pomares

Ese cinéfilo que entiende el cine, por encima de todo, como una forma de comprender el mundo.

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