La frivolidad mundana

9 Shares 9 Shares ×

…………Una de las películas del momento, al menos dentro del considerado (no siempre de manera acertada) como buen cine, es el último filme del italiano Paolo Sorrentino, La grande bellezza (2013). Este protagonismo se puede deber a su andadura en festivales y por premios y nominaciones recibidas: se estrenó mundialmente en la sección oficial del Festival de Cannes del 2013, ha sido nominada a Mejor Película de Habla No Inglesa en los próximo Globos de Oro (seguramente también reciba la misma nominación para los Oscar) y cosechó cuatro estatuillas en la pasada edición de los Premios del Cine Europeo, incluyendo las de Mejor Película, Director y Actor. Pero lo cierto es que, conociendo la trayectoria de su director, no extraña demasiado este notable acogimiento. No en vano, con gran parte sus anteriores películas siempre ha sido un fijo en el Festival de Cannes.
…………La grande bellezza tal vez pueda considerarse la consolidación o el encumbramiento definitivo de toda una trayectoria ya de por sí laureada. En este filme, Paolo Sorrentino nos narra los placeres mundanos de un escritor romano pero, eso sí, autor de una única novela. Partiendo de este personaje central, correctamente interpretado por su actor fetiche, Toni Servillo, aquello que parece querer mostrarnos es una especie de crítica hiriente contra la frivolidad de toda una fauna humana volcada en los placeres inmediatos de las fiestas, de las reuniones sociales y de las extravagancias, para observar, en último término, cómo después de todo esta vida está llena de emociones y sentimientos vacíos. Sirva de ejemplo el recuerdo que constantemente recorre al personaje principal: su primer amor, amor no realizado ni materializado que siempre le ha perseguido con anhelo y demasiada añoranza. Una vivencia que nunca le ha permitido sentirse realizado o completado como ser humano y que termina dibujándole un rostro de tristeza.
…………Este ejemplo, de entre otros tantos, en un principio parece hacer del filme una obra, como mínimo, curiosa y poseedora, a priori, de un valor destacable. Pero en cierta manera existe demasiada impostura, una suerte de evidencia a la hora de llevar al límite toda esta crítica de la frivolidad. Por ejemplo, hacer que el filme se cierre justificando su título termina resultando un tipo de juego intelectual para que espectadores listillos se sientan reconfortados por descubrir la trampa del juego que les propone su director. No obstante, sin duda, lo peor es la lamentable puesta en escena de Sorrentino, perfectamente visible en los minutos iniciales del filme, cuando echa mano de un estilo marcado excesivamente por elaborados movimientos de cámara y planos imposibles, como si de un anuncio de perfumes se tratara, lo que provoca que este filme se convierta en una especie de juego manierista recargado de bagatelas visuales que tristemente termina mostrando en su forma una frivolidad que pretende criticar en la historia que nos narra.

Gaspar Pomares

Ese cinéfilo que entiende el cine, por encima de todo, como una forma de comprender el mundo.

Sé el primero en escribir un comentario