‘In Another Country’

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…………El pasado 24 de mayo se estrenó finalmente en las pantallas españolas In Another Country, dirigida por el surcorenao Hong Sang-soo. Y en este caso, el uso del adverbio ‘finalmente’ no es para nada arbitrario, puesto que desde principios de año fueron varias las fechas que se barajaron, hasta que casi medio año después, por fin, ha conseguido hacerse un hueco en el cada vez más difícil mercado español. A buen seguro que son varias las razones que causaron este constante aplazamiento, dicho sea de paso, muy común en gran parte de los filmes que escapan al circuito internacional del ‘mainstream’. Pero, más allá de estas razones, lo curioso fue observar, aunque fuera minoritaria, la expectación que guardaba el estreno de esta película. No en vano, Hong Sang-soo es considerado uno de los directores más personales y más apreciados de la actualidad, un cineasta respetado por la crítica especializada y que casi siempre consigue hacerse un hueco en el circuito de los festivales más reconocidos.
…………A la espera de ver la suerte que correrá su último filme, Nobody’s Daughter Haewon (2013), In Another Country, estrenada en el Festival de Cannes de 2012, resulta, hoy por hoy, un excelente acercamiento a la figura de este cineasta dentro del mercado español, junto con la serie de cinco películas distribuidas en DVD, como no podía ser de otra forma, por el sello Intermedio. En el caso que nos ocupa, In Another Country, se deja entrever la fijación de este director surcoreano por unos planteamientos marcados por una aparente sencillez, que paradójicamente no está exenta de cierto manierismo y que siempre encuentra en las relaciones humanas un hilo conductor. Por ejemplo, el aspecto que en un primer momento nos asalta tras el visionado de este filme es cómo, detrás de la apariencia de una historia que oscila entre el drama y la comedia amorosa de corte costumbrista, se encuentra un elaborado ejercicio sobre el acto de la creación artística. Para entendernos, In Another Country arranca con una madre y una hija que se han refugiado en la playa de Mohang, en donde el tedio de este lugar lleva a la hija a escribir una serie tres historias sobre un mismo personaje: una turista francesa llamada Anne (interpretado con la fortaleza que siempre caracteriza a Isabelle Huppert) y sus encuentros con los nativos y las relaciones amorosas que se despiertan entre ellos.
…………La reflexión sobre el acto de crear la consigue Hong Sang-soo ofreciendo tres variantes con una misma intención narrativa, que lleva al espectador a una especie de juego, trazando conexiones entre cada una de las historias. Este planteamiento, en un principio, podría resultar una especie de juego manierista y vacío para muchos espectadores, que con razón podrían considerar este filme una especie de divertimiento. Pero si se agudizan los sentidos, en esta variante de tres historias se puede observar la intención del director surcoreano de ofrecer un planteamiento sobre el cine con marca de autor, en el que el director, no sólo lleva a cabo la puesta en escena, sino que también se preocupa por vertebrar la historia, buscando ese tema en el que acomodar sus intenciones visuales, siendo este juego de historias como ese inconformismo del cineasta que varía constantemente un guion hasta dar con el armazón perfecto.
…………Pero si este puede ser el principal acierto del filme, a la vez también puede ser su principal defecto; todo depende del prisma desde el que se mire. Por ejemplo, si observamos la película desde una perspectiva general, más allá del cine, resulta fascinante, porque nos recuerda las entrañas y las dificultades de todo proceso creativo, un punto para nada baladí que siempre nos ayuda a entender con mayor justicia una obra final y evitar, de esta forma, que termine cayendo en un análisis simple y reduccionista. En cambio, si nos detenemos sólo en el aspecto cinematográfico, presumiblemente nos quedaremos con ganas de más, puesto que Hong Sang-soo vuelca todos estos aspectos fundamentalmente sobre el relato que nos ofrece.
…………No obstante, el director surcoreano tiene tablas en esto del cine y sabe perfectamente cómo narrar para que el resultado final también nos fascine por una determinada marca visual, aunque esta se vertebre de igual forma en las tres historias. Esta marca podría quedar patente en una especie de canto por la sencillez en la puesta en escena, punto que se encuentra muy visible en una narrativa visual que se articula en planos generales y medios y también en una cierta inclinación hacia determinados recursos que sorprenden por su carácter ‘amateur’, sobre todo el uso de ‘zooms’ rápidos en algunos momentos, como movidos por la urgencia de encuadrar con rapidez lo que está sucediendo, punto que muchas veces nos recuerda, el uso de este recurso, a algunos vídeos caseros que muchos de nosotros hemos visto y presumiblemente también hemos sufrido. Pero, lógicamente, este recurso, en manos de Hong Sang-soo no es síntoma de carencia narrativa, sino más bien la intención de conseguir esa cercanía e inmediatez. Pero también, en una película tan marcada por el concepto de ‘work in progress’, un recurso de apariencia tan inocente puede terminar por casar a la perfección con ese desvelo creativo de la historia en su vertiente visual.
…………Pinceladas muy sutiles que, en un primer momento, pueden pasar desapercibidas, pero que, observadas con mayor detenimiento, nos ofrecen, en una sola película, un sencillo planteamiento sobre la grandeza del proceso creativo, no sólo en el cine, sino incluso en el arte en general.

Gaspar Pomares

Ese cinéfilo que entiende el cine, por encima de todo, como una forma de comprender el mundo.

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