‘Furtivos': una película en transición

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Lola Gaos, Ovidi Montllor, Alicia Sánchez, Ismael Merlo, José Luis Borau, Felipe Solano, Antonio Gamero

Furtivos (José Luis Borau, 1975) es mucho más que un clásico contemporáneo del cine español. Es uno de esos ejemplos de cómo una película termina por convertirse en símbolo de un momento. Pero además es una muestra de cómo determinados filmes sólo adquieren su sentido en comunión con el momento que los han visto nacer, precisamente porque son parte del mismo.

Basta echar un vistazo al año de su producción para empezar a comprender la significación de esta película. El año de la muerte de Franco. El fin de una dictadura. El inicio de una esperanza en el cambio. Dentro de este marco, de la tensión entre lo antiguo, lo represivo, el cambio y la ilusión se gestó este filme, ferozmente atacado por la censura franquista pero, afortunadamente y a pesar de ello, directo y crudo en su relato.

Como se deja ver en el mismo título, la genialidad de esta película se remata en su capacidad para erigirse en espejo y metáfora de una época: el concepto de “furtivo” deriva en la intención por parte del director de demostrar la forma en que, durante el franquismo, España se encontraba escondida, viviendo una vida paralela, una vida secreta, pero en secreto por obligación, por el miedo, por la opresión latente. No en vano, prácticamente todos los personajes son furtivos, esconden algo, y nunca son lo que realmente aparentan ser. Unos personajes movidos por una cierta desgana y una gran angustia, sentimientos que se agudizan en un paisaje, mejor dicho, en un bosque que se transforma en un elemento fundamental en su caracterización. Un entorno gris, salvaje e impuesto que conduce a una irremediable asfixia que obliga a un desenlace violento.

De esta forma, Borau se preocupa por resaltar una narrativa formal secante y directa que no descuida en ningún momento la intención de retratar a sus personajes en la enfermiza comunión con su entorno. Personajes entre los que destacan Lola Gaos y Ovido Montllor, madre e hijo, protagonistas del filme, ahogados por una relación incestuosa, ejemplo de la convergencia de una interpretación tensamente contenida.

Las autoridades franquistas prohibieron que este filme compitiera en Cannes y Berlín. Pero sí tuvo cabida en San Sebastián, alzándose con la Concha de Oro en su edición de 1975. Al año siguiente se convirtió en una de las películas españolas más taquilleras de la temporada. Un filme complejo y brutal, sin concesiones en ningún sentido. Los cambios ya se habían iniciado varios años antes. Este filme recogió culturalmente un testimonio.

Gaspar Pomares

Ese cinéfilo que entiende el cine, por encima de todo, como una forma de comprender el mundo.

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