La búsqueda musical

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…………Mi afición por la música menos conocida viene desde niño. He escrito en alguna ocasión que el motivo de mi precocidad musical es bien sencillo: mis hermanos, varios años mayores que yo, escuchaban desde a Stevie Wonder a The Smiths. En ese momento fue cuando empezó mi educación auditiva. Al hacerme más mayor, mis amigos de adolescencia pertenecían al movimiento ‘bakala’, que se imponía con fuerza desde Valencia. Como de costumbre, yo era el extraño del grupo; me gustaba la música “rara”, según ellos. Aunque, siendo sincero, siempre pensé que me gustaba la música y lo que les gustaba a mis antiguos amigos era otra cosa; tenía más que ver con pertenecer a un extracto social y mimetizarse con los muchos jóvenes que escuchaban música que ni drogado tiene razón de ser. Eso nunca fue conmigo; dejé a mis colegas de espinillas y me aventuré a la búsqueda de sonidos más acordes con mis oídos: la música independiente. Afortunadamente, en esa época existían unos cuantos lugares que se apartaban de los estilos masivos y ponían lo que yo buscaba con tanto ahínco. Uno de ellos, muy famoso, al que iba la gente como yo para descubrir canciones nuevas con las que bailar, disfrutar o enamorarse, y a veces, todas esas cosas juntas. Empezaron a surgir DJ que seguían la estela de ese lugar mitológico hasta en los temas más insufribles sin cuestionar su calidad, y unos pocos que creaban la suya propia; esos eran los DJ con personalidad, los que investigaban, los que sentían esa enfermedad llamada melomanía con todas las de la ley. Aquellos que copiaban me enseñaron que, en la música independiente, los temas básicos los vas a escuchar miles de veces; la falta de personalidad y gusto propio hace que la gente imite sin compasión. A los que tenían personalidad les agradezco que me enseñaran tantos grupos y estilos desconocidos en un tiempo en el que escuchar cosas diferentes era muy complicado. Curiosamente, los loros de cabina son hoy en día más reconocidos por el público que los verdaderos innovadores.
…………Pese a existir ya los primeros advenedizos de un movimiento que, en la actualidad, está plagado de ellos, la gente estaba acostumbrada a que algunos fueran selectores musicales de verdad y cumplieran con una parte muy importante de su trabajo: escuchar la música y ponerla para que la disfruten o conozcan, dependiendo del grado de implicación. Todo eso se fue perdiendo; el auge del movimiento “cabinero” y la caída del ‘bakalao’ hizo que más repetidores se dedicaran a pichar los mismos discos, se abrieran más locales pseudoindependientes con dueños sin cultura musical que aprovechaban el filón de aquel mágico castillo y un festival llamado FIB, con la única intención de ganar dinero mientras iban de alternativos. La gente se acostumbró rápidamente y cada día se fue haciendo más difícil escuchar algo que no había sido pinchado hasta la saciedad; la plaga de la mediocridad en cabina estaba servida. Hoy, cuando los DJ tienen menos cultura musical que nunca pero las mayores facilidades para tenerla, reivindico lo importante que es la búsqueda musical. Si no investigas, no conoces; si no conoces, no sabes; y si no sabes, no tienes cultura. Si nos fijamos en los ‘track list’ de los DJ ‘indies’ del momento, veremos que coinciden en la práctica totalidad de canciones, difieren en algunas, pero cuando las oyes, te das cuenta que cambia el nombre pero el sonido es el mismo. Se pone de moda el ‘nu-disco’, pues a poner todos los recopilatas de Kitsuné, que llevan tiempo siendo una basura, pero no pasa nada: es lo que pone todo el mundo y punto. Si todo el mundo pincha las mismas canciones, yo me pregunto: ¿dónde está el movimiento independiente?
…………Siempre hay una primera vez para un tema, pero claro, hay que conocerlo. Al final, el gran perjudicado en esto es el público, que sólo escucha los temas instaurados desde hace años y los temas nuevos que toca poner por moda, no por calidad. La gente de a pie de pista no avanza más allá de los cánones que marcan los grandes sellos, las revistas subsisten de la publicidad que pagan, precisamente, los grandes sellos, los dueños de locales piensan en el dinero fácil y los anodinos van de estrellas diciendo que pinchan. Yo, a lo que hacen, lo denomino “doble clic”: uno para descargar el ‘hit’, ya sea de moda o clásico básico, y otro al apretar al ‘sync’ de su controladora para que se lo mezcle. Les planteo una pregunta: ¿saben cuántos DJ seguirían pinchando si delante de la cabina pusieran un muro y no se les viera?

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