El morbo en la luz

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…………Hace unos años inventaba un extraño concurso de fotografía para el surrealista programa de radio que dirigía. Ojal Project era el nombre del formato. Las bases eran claras y precisas; los concursantes debían presentar fotos del ano de un perro. El objetivo era evidente: encontrar belleza en una parte que habitualmente nos parece horrible; si no somos perros o zoofílicos sodomitas, claro está. El concurso fue un fracaso; varias fotos recibidas de algún visionario anal canino, muchas manos a la cabeza, demasiadas críticas sin velar y directas hacia mi obscenidad mental. Cuando transcurrieron un par de años, mi muro de Facebook se llenó de anos, y no caninos, sino humanos. Curiosamente, en la ciudad de Nueva York y en el prestigioso museo del MOMA se hacía una exposición sobre anos humanos. Mis amigos, al enterarse, me mandaron varias de esas fotos casi al mismo tiempo, por lo tanto, mi Facebook era una oda ‘gay’ de buena mañana. Aquella idea olvidada, para muchos sucia y obscena, “lo petaba” en Nueva York, pero con ojetes humanos, algo menos singular que los caninos, a lo que todos (no seamos estrechos) estamos acostumbrados de una manera u otra.Kissed, Lynne Stopkewich, necrofilia, Molly Parker, Peter Outerbridge, Jay Brazeau
…………El morbo es una obsesión que históricamente se nos ha presentado como oscura y cruel, y en muchos casos se han empeñado que sea de este modo gracias a la carga que ha ejercido la Iglesia con el paso de siglos. Un tabú consensuado pero al que todos pertenecemos de formas personales, dispares. Abnegados por el oscurantismo y a la falta de información, hemos convertido su uso en un motor coloreado y cambiante en forma del periodismo, del cine, de la literatura, de la música. Sin el morbo, el arte no sería tal, para lo bueno y para lo malo. Lo divertido de todo esto es que, casi siempre, el morbo que se nos enseña es el mezquino, el inerte, el viciado. En el año 1996, Lynne Stopkewich, una directora canadiense tenía claro que quería mostrar el morbo desde una óptica diferente, igual o más real que a la que habitualmente nos tienen acostumbrados, desde la luz. Su opera prima, Kissed (1996), suponía un polémica obrita de arte. La controvertida historia sobre una bella mujer que practica la necrofilia desde su niñez de forma casi mecánica y cómo se enamora de un cadáver de la funeraria en la que trabaja. Un argumento que, a priori, con el tratamiento del morbo al que nos tienen acostumbrados, podía ser pueril, se convierte en un cuento de hadas en la mente de su protagonista. Una lluvia de color y luz donde el oscurantismo típico está prohibido. Algo que hay que ver antes de morir. Hasta en el lugar más temido puede haber belleza. La película no tuvo casi repercusión en nuestro país, algo habitual en filmes de esta índole, aunque sea la principal influencia de A dos metros bajo tierra (2001). La pueden encontrar en versión original en la página de vídeos más famosa del mundo tan sólo tecleando su nombre. Algo que les recomiendo aunque no entiendan ni papa de inglés.
…………Vivimos en un país añejo, que se resiste al cambio por intereses inmovilistas, donde los tabús sexuales siguen estando presentes en cada uno de nosotros. La pornografía sigue siendo ver a dos personas tener sexo explícito, pero mostrar a gente matando y utilizar los maltratos para llenar minutos de las noticias con intenciones más allá de informar es algo que se hace con total naturalidad; por no escribir de Telecirco, me salen ampollas en la huellas dactilares. Ese morbo oscuro y sucio que nos intentan vender hace que nuestras hermosas obsesiones queden solas en nuestra mente, marginales y aburridas.

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