Fake DJ

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Si hace quince años me hubieran dicho que iba a escribir esto, me habría cabreado o muerto de risa; o las dos cosas al mismo tiempo. Hoy lo escribo: echo de menos a los DJ de bakalao, incluso echo en falta aquel estilo pestilente. ¿Cuál es el motivo de esta inusitada nostalgia? Los tremebundos DJ de saldo, los ‘posturs’ DJ, en definitiva: los Fake DJ. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que hay más DJ que hace tres lustros. Es debido a lo redicho en mil ocasiones: facilidad para tener equipo, descargar música y la llegada de las redes sociales. Esto convierte en selectores musicales a gente que no habría pinchando en su vida de no salir las controladoras y tener que comprar música. Convierte en estrellas de Facebook a personas que van de algo que nunca han sabido ser. La falta de profesionalidad empeora la cultura, el oído y las apreciaciones sonoras del público de a pie. Nada nuevo bajo el sol. Cuando el intrusismo se hace con una profesión, la profesión se va a pique. En las cabinas, profesionales, pocos, en comparación con todos los impostados. Los bakalas, al menos, era horteras y no tenían mucha cultura musical pero sabían pinchar, mezclar y, sobre todo, no iban de algo que no eran. Personas dignas, profesionales dentro de su estilo.

Hoy en día, la gente se cree mejor DJ que otros por tener más fans en su ‘fanpage’ de Facebook, aunque pinchen sin técnica ni criterio, sin gusto y sin atino, poniendo lo mismo que todos. Para diferenciarlos a los unos de los otros hay que fijarse en el color de las palmeras de suDeejay, pinchadiscos camisa, en la longitud de su barba o en la montura de sus gafas. Pinchadiscos automatizados y atomizados, que ganan fama por ser pesados en las redes sociales y por el gilipollismo de una masa que, en vez de luchar por la buena música, vive un tiempo de crisis bailando idioteces para no pensar. Parece que esté insultando al público, lo sé, pero… ¿hay algo más insultante que esa gente que va de DJ siempre ponga los mismos temas durante años? Yo creo que es la forma más triste de reírse de la cultura musical de las personas, impidiendo que esta avance, porque el que tiene que hacer que evolucione no la tiene y no sabe hacerlo, sólo está ahí para figurar y salir en las fotos, que luego sube al Facebook para aumentar su popularidad e intentar llevarse algo al catre. Pero el auge de las redes sociales, como todas las cosas revolucionarias, tiene una parte buena y otra mala. La buena ya la sabemos, las mala la intuimos. Hay una oculta entre estos Fake DJ: la compra de ‘likes’ para su ‘fanpage’. Pagan para tener más fans. Hay ciertas páginas que tienen a la venta un número de ‘likes’, personas que no son personas, tan solo robots. Y estos seres ansiosos de ser alguien en las redes sociales pagan por esos ‘likes-robots’, y luego van de grandes DJ. Es curioso ver a gente de Elche tener un gran número de admiradores en Egipto, o a un parisino teniendo miles de “me gusta” de Uzbekistán, obviamente cuando jamás han pinchado por esos lares. Algo que tiene un inconveniente: esos “me gusta” vienen y se van; un día llega Facebook, se da cuenta de que son falsos y los limpia.

Echo de menos a los bakalas. Cuando ese estilo de música estaba de moda, no se disfrazaban, no intentaban ir de nada. Eran macarras, bailaban zumbidos con voz de Pitufina pero, al menos, eran lo que parecían: comanches con sus pelos en forma de u y sus ojos desorbitados. Hoy vivimos rodeados de gente que va de estrella pero son palurdos disfrazados.

1 comentario

  • Responder septiembre 27, 2014

    Jose Corrales

    Como se extingan los bakalas, ‘Callejeros’ no tendrá nada que sacar. Y como muestre a modernos de fiesta, pasaré de verlo. Yo no quiero ver a gafapastas hablándome de filosofía de azucarillos.

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