Czerkinsky: adieu au romantisme

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…………La noche que vi actuar en directo a Czerkinsky fue por absoluta casualidad, no por mi parte, ya que sabía a quién iba a ver de sobra, si no, porque la sala que programó su actuación lo hizo al fallarles en el último momento la primera opción: Stero Total. En esa época, la mítica sala levantina programaba los viernes noche a grupos que ni siquiera pinchaban, a excepción de Ivy, con la consiguiente cara de chupar limón de los asistentes acostumbrados al ‘power-pop’ de comedieta yanqui de los noventa que les ofrecía todas las noches y, en el mismo orden, el DJ del lugar. En aquel concierto, los habituales tarimeros y tarimeras de la sala pusieron cara de chupar limón, pomelo y acetato; los radicales musicales tocamos el cielo y besamos las cochambrosas paredes de gotelé de aquel castillo, ahora en horas bajas pero con paredes flamantes. Para mí el mejor concierto de los muchos que pasaron por allí, quizá tan bueno que no estaban preparados para tanta calidad.
…………Monsieur Czerkinsky vestía camisa rosa, tejanos oscuros gastados, calcetines blancos, mocasines negros, gafas pequeñas, canas por doquier y pinta de vejete progre de los ochenta. Con ese atuendo se ganó la antipatía de casi todos los parroquianos asistentes al concierto. Ellos buscaban al típico cantante de melenita y pinta de ‘indie’, término que en aquel entonces no se usaba tanto, por otro lado. El menudo cantante francés estaba acompañado por un batería, un bajista y un insultantemente joven violinista. Tocaron todos los temas de su primer disco y gran obra maestra, Czerkinsky (1998), para el desconocimiento de la mayoría y el regocijo de unos pocos. Cuando atontas con la misma sesión durante años al público asistente al local donde pinchas, al final consigues tu propósito y los conviertes en tontos que solo quieren cantar y bailar lo que conocen, cierran oídos y no aprecian lo desconocido. Desgraciadamente, esos tontos funcionales se perdieron el conciertazo que nos obsequió Gregory Czerkinky… Y lo que es peor: se lo perdieron estando allí. Empezó cantando con la elegancia sutil de conquistador trasnochado; sí, ese que ha fornicado con más mujeres que todos los asistentes y “asistentas” al concierto, y acabó la actuación demostrando que aquel vejete también sabía hacer la cucaracha al más puro estilo del Rey del ‘glam’ mientras el joven violinista, llamado Henri Graetz, tocaba con la nariz el violín. Un final apoteósico de una banda que demostró que en el reino de la guitarra sonaban bien los conciertos; sólo había que saber tocar, y a tocar, al conquistador Czerkinsky no le gana nadie.
…………A finales de agosto me autoregalé su último álbum, Gregori! (2012). Después de un tiempo de silencio, salía una nueva referencia del autor francés y, como es lógico, me apresuré a comprarlo. Podría decir lo habitual cuando un disco de uno de tus grupos favoritos es una basura: es intimista, difícil de escuchar, muy experimental… pero mi ética crítica no me lo permite; el disco es una autentica bazofia sin remilgos; aunque se aprecia el riesgo y la experimentación, no es ni la huella de lo que fue. Disco que se asemeja más a su anterior formación, Mikado, grupo hortera perfumado de la France de los ochenta. Pero los ochenta pasaron, afortunadamente, y Gregori! va directamente a la tienda de segunda mano. Así recupero algo de la inversión, digamos que me pagarán el precio que realmente vale: un par de euros.

2 comentarios

  • Responder octubre 24, 2012

    Bob Robertson

    Viva tu espíritu de crítica. Otros hubieran obviado el disco o lo hubieran tratado con menos dureza.

  • Responder octubre 25, 2012

    Thonnie Jhonnie

    Gracias, Robert. Como no creo en el matrimonio, no me caso con nadie. Y menos con los artistas. ;)

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