De feminismos y machismos

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Igualdad, hombres, mujeres, teorías de género

Cuando “el jefe de todo esto” me propuso entrar en el proyecto de La Columnata, lo que sin duda más me atrajo es que se me daba la oportunidad de escribir abiertamente desde mi posición ideológica y sin cortapisas. Habrá a quien esto le parezca una tontería, pero ahora parémonos a pensar en cuántos medios generalistas tienen entre sus juntaletras a una feminista, que además vaya a escribir sobre y desde el feminismo —si la feminista de marras va a escribir sobre el sistema digestivo del cangrejo común, lo mismo da.

Y es que uno de los problemas con los que se encuentra el feminismo y la crítica de género es, como siempre, el de la incultura inducida. Me atrevería a decir que un buen número de personas de las que se avecinan a estas páginas repetirían sin temor aquello de que “el feminismo es como el machismo, pero al revés” o que “las primeras machistas son las mujeres que prefieren quedarse en casa con los niños que ir a trabajar”, etcétera. Cuesta mucho encontrar un discurso abiertamente feminista en los medios de comunicación. El simple término chirría a muchos. Conozco de cerca la experiencia de un profesor universitario que, cuando imparte teoría crítica de género en la asignatura de Filosofía del Derecho, dice encontrar más resistencia en el alumnado de la que probablemente tendría si le diera por sostener alguna aberración como, por ejemplo, defender el régimen de Stalin. En los colegios no se estudia a las filósofas ni a casi ninguna mujer artista y apenas se habla de alguna suertuda escritora —claro, que eso no es casual, ya que en los albores del feminismo la primera crítica fue la literaria—. ¡Como para estudiar aquellos movimientos de liberación de la mujer, las teorías ‘queer’ y un largo etcétera! Por supuesto, las teorías ‘trans’, ni soñando. Y esto, además de ser un lastre terrible para la creación y la crítica cultural, es tremendamente peligroso a nivel social.

Dentro del feminismo y de la crítica de género hay doscientos trillones de posiciones, en ocasiones tantas que desmovilizan. Muchas son irreconciliables, algunas tan teóricas que no hay quién se entere y otras eminentemente prácticas donde la acción —la praxis pura y dura; algunas las trataré en próximos artículos— es creación constante. El feminismo —y hoy empiezo por aquí, por mucha pereza que me dé, para evitarme tener que explicarlo de ahora en adelante en cada artículo— no es una especie de movimiento de mujeres con furor uterino que quiera someter al hombre, ni que coloque a las mujeres por encima de ellos ni ninguna de esas sandeces que circulan por ahí de boca en boca con alegre ignorancia para mayor gloria y regocijo de maltratadores, acosadores y machistas. Ni en la RAE —ese organismo con olor a naftalina y a testosterona caducada, nada sospechoso de estar de parte de las teorías críticas de género— se atreven a decir tamaña mentira. Al menos no esa, que con otras no tienen ningún pudor, pero ya entraremos otro día en eso. Así que ruego que si alguien va a contestar a este artículo en tales términos, se pare un segundo, lea la definición de la RAE de machismo, después la de feminismo y, por último, que juegue a “encontrar las diferencias”.

Cuando decía, retomando lo anterior, que la estigmatización de los movimientos de género no sólo es un lastre para la cultura, sino que también es peligroso para la sociedad, me refería al peligro real, al físico, al que desemboca en muertes violentas. Y es que hay quien se sorprende y culpa sistemáticamente a la policía, a la burocracia, a la masonería o a la pertinaz sequía del hecho de que, a pesar de las leyes, sentencias y campañas de sensibilización, el número de víctimas de la violencia de género siga siendo tan tremendamente elevado en todo el mundo. Sin embargo, casi nadie se lleva las manos a la cabeza cuando escucha frases como: “Es que las mujeres son…” o “Es que los hombres hacen…”; ni cuando en las noticias se cuenta alegremente que unos estudios llevados a cabo por Vayaustedasabercual University “han demostrado” que los hombres tienen un gen que, por ejemplo, les hace ser más infieles que las mujeres o cualquier barrabasada absurda por el estilo; ni tampoco oigo clamar al cielo cuando la publicidad nos vende desodorantes-reclamo para mujeres animalizadas como presas de caza, o cuando la pornografía de consumo común utiliza siempre a la mujer como si fuéramos consoladores de tamaño natural que sonreímos mientras cuarenta y cinco penes gigantes de tipos calvos y feos nos penetran hasta por las fosas nasales; ni cuando las lesbianas aparecen en los medios únicamente como juguetes sexuales de hombres heteros y ellas tan encantadas —¡requetelógico!, ¿verdad?— , o los hombres homosexuales como el bufón divertido, tonto y tierno de la corte…

Podría seguir contando situaciones hasta agotar la tinta del Word. El mensaje que recibimos constantemente en las artes plásticas tradicionales, en el deporte, en la divulgación científica, en el teatro, en la publicidad, en la música, en la literatura de ‘best-seller’ y en casi todas las manifestaciones culturales de consumo es, en su inmensa mayoría, machista y perpetuador de las desigualdades que están en la base del comportamiento social. Por eso el hecho de eliminar, silenciar u obviar la crítica de género es cómplice directo del terrorismo machista.

17 comentarios

  • Responder agosto 31, 2012

    Alonso Posadas

    Eso de que “el feminismo es como el machismo pero al revés” es una sandez como un castillo y la he escuchado muchas veces. Para muchos esa afirmación es una perogrullada, una obviedad. Pero, en este caso, Perogrullo miente y además desde la manera más eficaz: miente para un público desinformado que adora su sinsaber y se revuelca en ello. Hay quienes dicen que el feminismo es innecesario porque “en mi trabajo, que es muy moderno, las mujeres cobran lo mismo que los hombres”. Y se quedan más que anchos, henchidos; incluso algunos, yo diría que hinchados, pero esa hinchazón no la cura el Somatoline sino el zarandeo. El machismo existe desde los albores de la humanidad; el feminismo es, entre otras muchas cosas, una consecuencia necesaria e ineludible del arraigo intolerable del machismo. Podría seguir hablando sobre esto hasta el miércoles pero se lo dejo a Estitxu que esgrime muchos, más y mejores argumentos.

    Te deseo puntería y beligerancia. En este asunto lo didáctico funciona regular cuando las mentes son de granito y en esto nuestra sociedad tiene una buena cantera.

    • Responder septiembre 1, 2012

      Jorge

      Yo diría que más que beligerancia Sr. Posada, que es guerra y siempre trae una dura contestación y por supuesto más guerra, lo que hace falta es pedagogía, enseñanza, hacer ver el error largamente adquirido por el macho irredento y en muchos casos también compartido por la mujer. Atentamente, Jorge Moreno

      • septiembre 7, 2012

        Alonso Posadas

        Don Jorge: no transijo con la violencia y menos aún con la guerra, razón por la que agradezco su apunte y además le doy la razón. Lo que sucede es que lo de la educación y el impregnar poco a poco está bien para que la gente no tire chicles al suelo y cosas así, pero es que en Europa ya llevamos con esto siglo y pico y la cosa ha avanzado, sí, pero todavía está en fase de cocción y cuando el pavo se cuece lento hay que meterle caña al horno. Pero como tiene usted razón, cambiemos beligereancia por vehemencia fragorosa. Gracias por su contención.

  • Responder agosto 31, 2012

    scila

    Vale, te leeré pero en cuanto te salgas de madre… te las verás con un varón domado. según la Vilar de toda la vida.

  • Responder agosto 31, 2012

    Luis Lloredo

    Estupendo artículo, en el contenido y en la forma rabiosa, pero con estilo y con gracia, de decir las cosas. De verdad, soberbio.

  • Responder agosto 31, 2012

    Estitxu Espejo-S.

    Alonso, gracias por tus palabras. Ojalá consiga tener puntería, que la beligerancia creo que la llevo instalada de serie.
    Luis, gracias a ti por comentar. No estoy rabiosa, estoy cansada de la manipulación mediática y la falta de criterio.
    Scila, efectivamente, la Vila es “tan de toda la vida” que escribe desde-por-y-para el patriarcado. Es tan de toda la vida que su “trabajo” es una aberración ideológia más propia del siglo XIX que de los 70 del XX. Ese tipo de discursos misóginos, precisamente, es a los que me refiero cuando digo que la falta de crítica cultural o aquella que desprecia las teóricas de género son cómplices del terrorismo machista. Y lo digo sin paliativo alguno.
    Gracias a todos por vuestros comentarios.

  • Responder septiembre 1, 2012

    Mayte

    Has dado en el clavo…por fin alguien dice en letras bien altas que anuncios como el de desodorante que mencionas, lejos de ser “megaguay-moderno-y-molon-a-tope”, es un ataque contra nuestra dignidad. Y ese, como bien dices, es solo un ejemplo.
    Te seguiré atentamente.
    Enhorabuena.

  • Responder septiembre 1, 2012

    Sófocles

    Estoy de acuerdo en todo lo que Estitxu (a la que felicito) expone en este artículo. No obstante, creo que, en parte, la “culpa” de que existan esos tópicos sobre el movimiento feminista es del propio movimiento, o de los sectores más radicales de este. Quiero decir, en ocasiones se mantienen poses “agresivas” que ayudan a dar una imagen distorsionada y dura de la feminista. Tampoco ayudan las leyes relacionadas con la problemática de “género” que, con la mejor intención pero a mi juicio con poco tino, se han aprobado en los últimos años. Me refiero, en concreto, a la de violencia doméstica, que incorpora el sinsentido jurídico de que el acusado deba demostrar su inocencia, en lugar de ser la parte acusadora la que pruebe su culpabilidad. Con esto, en la práctica, se conseguirá evitar que se sobresean casos por falta de testigos, desde luego, pero se facilita que prosperen las falsas acusaciones, por rencor o para obtener réditos, por ejemplo en caso de divorcio. Y falsos acusadores hay tanto entre los hombres como entre las mujeres (sería sexista mantener lo contrario). Desde posiciones feministas se defiende esta ley, se niega que estas falsas acusaciones existan (trasmitiendo la idea de que se considera a la mujer un ser angélico incapaz de mentir y al hombre un ogro agresor), en fin, se trasmiten mensajes que ayudan a que crezca la falsa opinión de que el feminismo es un movimiento desenfocado, irracional y fanático.

  • Responder septiembre 14, 2012

    MAría

    Muuuy de acuerdo. Un ejemplo más, tampoco se habla de mujeres en arquitectura…tuve que descubrir a una muy buena en su trabajo, fundamental en el movimiento moderno iberoamericano y muy inspiradora al acabar la carrera: Lina Bo bardi.

    Una vez más, me ha encantado tu artículo. Felicidades!

  • Responder febrero 15, 2013

    Kike Zelimendiz

    Muy bueno. Yo pienso leerte y estoy seguro, que me va a gustar lo que leo. Saludos.

  • Responder febrero 22, 2013

    Ninjanonimus

    Y los anuncios de desigual no son un ataque a la dignidad de la mujer?… Es hipocresia pura porque si el protagonista fuera un hombre, el que hace el anuncio estaría en la carcel… pero como es una mujer la que dice barbaridades sobre un hombre no pasa nada.

    Se ha llegado a un punto en el que a una mujer, o al colectivo de mujeres, se les debe dejar de expresar cualquier tipo de opinion por muy incorrecta que sea o dar cualquier tipo de peticion por rara que parezca, espacios solo para mujeres, leyes solo para mujeres, cursos de idiomas solo para mujeres, gimnasios solo para mujeres… De ser al reves rapidamente saltarian diciendo que es sexista y discriminatorio…

    Basta de hipocresia.. el feminismo de hoy en dia, no el de las mujeres de la pie, si no el que esta mas politizado busca poca igualdad y si bien no busca la dominacion de los hombres si busca beneficios y privilegios poniendo como excusa lo pobrecitas que son la smujeres y lo oprimidas que estan por esos seres brutos, maltratadores, acosadores que son TODOS los hombres antes o despues…

  • Responder abril 9, 2013

    Luis

    Convengamos en que, durante prácticamente 5 millones de años, la selección natural tuvo a bien que aquellos machos del género Homo capaces de defender su tribu de un dientes de sable o una partida de mamuts enloquecidos, tuvieran más fácil reproducirse. Efectivamente, son cinco millones de años necesitando machos violentos y osados, que salvaran al resto de los brutales peligros que acechaban casi en casa esquina. Y son cinco millones de años seleccionando naturalmente a los mejores de ellos.
    Bien. Un buen día, hace casi un suspiro, descubrimos la agricultura y con ella la ganadería. Resulta que esos machos ultraviolentos a los que la pericia descargando la violencia les otorgaba ingentes privilegios, YA NO SON NECESARIOS EN ABSOLUTO.
    Es un problema muy, muy gordo. Son esos tipos los que contaminan, los que guerrean, los que violan. La Naturaleza los ha moldeado así.
    Lo que sucede es que la contaminación, el hambre, la pobreza, todos esos problemas de nuestra civilización, no se solucionan clavándoles un cuchillo o tendiéndoles una trampa. La violencia ya no es útil. Pero está ahí, persistente, pulida por millones de años de selección natural.
    La sibilina manera en la que pretende seguir siendo útil, es mediante el patriarcado y sus valores conservadores. Y entre esos valores, el primero, aunque se niegue, es el machismo.

  • Responder marzo 25, 2014

    Argentina Casanova

    Me parece que generó mucha expectativa con el título pero se quedó bastante corto y sin desarrollo, o fue “cortado” el artículo. Espero que continúe con una estructura que permita el desarrollo del tema desde una óptica que contribuya a evitar la desinformación que prevalece en torno a la teoría feminista. Saludos.

  • […] De feminismos y machismos […]

  • Responder diciembre 17, 2014

    Carmen

    Mira que me intresa el feminismo, y me considero feminista, pero estoy un poquito cansada, con perdón, de un cosita sin importancia: que se tome el nombre de la ciencia en vano. Soy científica, de esas que dicen que hay muy pocas porque se trata de un mundo de hombres (claro, como todos), y me parece a mí que la ciencia (generalmente) no dice tonterías: intenta entender la realidad, los hechos, recopila datos. La interpretación de los resultados científicos, generalmente transmitidos a una sociedad que, desgraciadamente, sabe poco o nada de ciencia, por periodistas que, a veces, saben nada o poco de ciencia es la que genera las interpretaciones absurdas como esa de que “hay un gen en los hombres que los vuelve infieles” (resulta que hombres y mujeres somos de la misma especie y tenemos los mismos genes, excepto un pelín de diferencia entre el cromosoma Y y el X). A ver si nos enteramos de que que la ciencia diga que hembras y machos somos diferentes a nivel biológico (y lo somos, coño, que no hay más que ver nuestros cuerpos), no implica que debamos sufrir un trato diferente, o tener diferentes derechos. Implica, simplemente, que los humanos somos una especie en los que existe una cosa que se llama dimorfismo sexual, un concepto biológico que no tiene nada que ver con nuestros derechos humanos.
    Ojalá algún día superemos la incultura científica que sufre nuestra sociedad y dejemos de tener que escuchar titulares sensacionalistas que tergiversan los resultados científicos y, en consecuencia, a algunos filósofos y sociólogos clamando que la ciencia intenta legitimar las desigualdades. Repito: el problema no es la ciencia, sino la falta de cultura científica. Me sangran los oídos cada vez que oigo a alguien hablar de genética, de evolución, y del hombre de neandertal para justificar la posición dominante de los hombres en la sociedad.
    En resumen, que esgrimir la biología para legitimar la desigualdad y negar la biología para promover la igualdad me parecen estrategias igual de absurdas. Como el tocino y la velocidad, oiga.
    Por lo demás, quedo a la espera de los siguientes artículos!

  • […] perseguir nuestra satisfacción personal; siempre y cuando nos permitamos hacerlo. Y es que, en la batalla contra el machismo, el enemigo más difícil de combatir somos las propias […]

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