El espacio público no es de nadie

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…………Una de mis perlitas políticas favoritas fue aquella de la ex ministra de Incultura, Carmen Calvo: “El dinero público no es de nadie”. Lo indignante fue que dijo en voz alta, tan ufana ella, una verdad que todos conocemos, pero que al menos deberían intentar disimular. Efectivamente, el dinero público debería ser de todos, pero en este país no es de nadie. Por eso se esquilma, se tira por la alcantarilla, se roba y se dilapida sin que su dueña de derecho —pero, desde luego, no de hecho—, la ciudadanía, pueda hacer nada por impedirlo. Que nuestros impuestos revierten cada vez en menos en la sociedad es una realidad que nadie puede negar hoy en día en España. La propiedad colectiva del dinero público se desvanece mediante un macabro y oscuro proceso de sobra conocido: el dinero de los impuestos que se retienen en el sueldo de la señora Pepita pasa a Hacienda, que somos todos y que todos, por tanto, pagamos —¡ja!—. Entonces, ese dinero, que deja de ser de la señora Pepita porque ya es de todos, se distribuye entre distintas administraciones. Es entonces donde todo se oscurece y solo podemos cruzar los dedos para que el lugar en que termine —Ministerio, Concejalía, Comunidad Autónoma, etcétera— haga honor a su nombre y lo administre con sapiencia, control y respeto, en vez de terminar en a saber qué contrato fraudulento, aeropuerto inservible, bolsillo de infante consorte, o saldando las deudas contraídas por políticos, banqueros y otros sinvergüenzas a sueldo, que, desde luego, no son la pobre señora Pepita.
…………Este oscuro e irritante proceso que hemos simplificado aquí no es ningún secreto. Sabemos que este es el triste fin que tiene el dinero público en una inaceptable gran cantidad de ocasiones. Pero quizá no somos tan conscientes de que existe un proceso parecido, desde hace varias décadas a esta parte, que está logrando la desaparición paulatina y la privatización del espacio público. Efectivamente, no es algo nuevo. Muchos artistas, arquitectos y agentes culturales llevan años reivindicando el uso del espacio público con propuestas muy interesantes que han puesto este debate encima de la mesa. El desaparecido —¡qué casualidad!— Festival VEO de Artes Escénicas de Valencia, por citar un solo ejemplo patrio, ponía el acento en esto en sus últimas ediciones, pero igualmente Tabacalera, etcétera. También muchos colectivos de carácter político están realizando acciones para intentar devolverle a la plebe lo que le arrebató el César. No tenemos más que levantar la vista a los movimientos de “Toma la plaza”, “Toma tu barrio”, herederos deslocalizados del 15-M, pero también los huertos urbanos autogestionados y un enorme etcétera.
…………A diferencia de lo que ocurre en el caso del dinero, es verdad que no hay unanimidad sobre qué es eso del espacio público. Se trata de un asunto complejo y que se anda debatiendo y reconstruyendo desde tiempos de Aristóteles. Hoy en día se vuelve a hablar de polis, de foros ciudadanos, de lugares de creación colectiva… No es el caso entrar en una discusión tan amplia ni de tanto calado, pero sí quisiera llamar la atención acerca de lo importante que es que ese espacio público no corra la misma suerte que el dinero que acaba por no ser de nadie, esto es, del dirigente de turno que hace con él lo que le viene en gana, esto es, venderlo o regalarlo al postor más conveniente para sus intereses personales. El espacio público es el lugar en el que la cultura emerge, se desarrolla, cambia y vive. El espacio público sería, para entendernos, algo así como su hábitat. Y no me refiero a la llamada “alta cultura” sino a la cultura con mayúsculas, la que nace de la interacción social. Por eso, el espacio público ahora no son solo las calles y las plazas, lo son las redes sociales y los medios de comunicación que permiten reciprocidad en los mensajes. Respuestas, preguntas, cuestionamientos, redes y conexión entre personas. La cultura es lo que nos hace más humanos, nos retrohumanizamos, si me permitís el palabro, a través de ella.
…………Por eso, el espacio público es de las primeras cosas que un régimen autoritario necesita controlar: si controlas el espacio público, puedes eliminar directamente los mensajes que en él se crean, o crear otros de manera que parezca que emergen de él de forma natural. También es una de las cosas más complicadas de legislar, porque hay que respetar libertades de unos y derechos de otros. Y aquí está el lugar gris donde se puede meter mano para manipular con más alegría.
…………En los últimos meses hemos asistido a un ataque sistemático a la utilización de los espacios públicos para todo aquello que resultase molesto al régimen de turno. El ejemplo más exagerado de reacción ‘ad hoc’ o pataleta infantil fue la prohibición de poner tiendas de campaña en la calle. Pero ¡qué delicias de surrealismo nos regalan siempre las censuras!, ¿no os parece? ¿Imagináis, descontextualizado, sin que hubiera habido un 15-M molesto, un bando de ayuntamiento prohibiendo acampar en mitad de una plaza? Sin embargo, antes ya, y muy poco a poco, el uso del espacio público estaba siendo restringido únicamente al consumo. Ya en el verano de 2009 saltó en Madrid la —en apariencia— absurda noticia de que, en virtud de la nueva ordenanza del Ayuntamiento de Madrid, se prohibía saltar, correr y detenerse en las aceras formando grupos so pena de setenta y cinco euros de multa.
…………También podría contaros casos concretos de cómo más de una —y de dos y de tres— acciones artísticas muy simples, temporales, perecederas, con apenas intervención y sin ánimo de lucro terminaron sin llevarse a cabo ahogándose en la maraña burocrática que significa pedir un permiso al Ayuntamiento. Mientras que los promotores de dichas acciones veían con los ojos como platos y sus ilusiones reventando por los aires cómo grandes empresas de telefonía o grandes almacenes copaban plazas enteras con sus logos por doquier en tremendos y ruidosos eventos de márketing.
…………La guinda del pastel la pone la nueva prohibición de tocar música en la calle sin un permiso del Ayuntamiento en el centro de Madrid; para evitar las molestias, dicen, y bajar el nivel de ruido en la ciudad. Es comprensible que a los vecinos les pueda resultar molesto. Pero no se está legislando. Se está prohibiendo. No se han limitado la horas de las actuaciones, ni tampoco han reducido el tráfico en el centro —que además tiene el aire de la capital absolutamente insalubre—, no se apoyan ni promueven las bicis por el centro. Prohíben tocar música.
…………Dice el Vicealcalde de Madrid que este permiso para tocar en la calle se concederá solamente a músicos profesionales —autónomos, especifica; que digo yo que un violín asalariado de la Orquesta Nacional no vale— y que ofrezcan permisos de calidad. Entiendo, entonces, por cierto, que los autómatas de Cortilandia, en Callao, y sus tremendos rechinares deben de ser músicos de calidad. A aquellos que no dispongan de dicha bula, se les incautará el instrumento.
…………Así que olvídense, ‘boy scouts’, de ir cantando por la calle de camino al autobús, o correrán el riesgo de que un agente de la ley les arranque la garganta y no se la devuelva hasta que paguen la multa. Y todos los que no seamos ‘boy scouts’, olvidémonos de manifestarnos, acampar, sentarnos en la calle, comer un bocata hecho en casa, saltar, correr, cantar o ser felices en general, tendiendo redes o creando juntos y haciendo cultura popular entre ciudadanos sin consumir, que el espacio público ya no es de nadie. O de nadie, al menos, que no pague por quedárselo.

13 comentarios

  • Responder noviembre 21, 2012

    Rafa

    Callao debe ser uno de los mayores ejemplos madrileños de mercantilización (¿existe?) del espacio público. A estas alturas no tengo una postura clara acerca de acampar en una plaza, pero hay algo en lo que estoy 100% de acuerdo contigo y con el tono del artículo: prohibir no es legislar, y por desgracia en España, desde hace mucho años, sólo se prohibe. En mis tiernos años protouniversitarios, hace ya unos cuantos, todavía podía comerme un paquete pipas y una cerve en casi cualquier parque de Sevilla, hecho que en el año 2000 quedo prohibido en forma de altísimas vallas que se cerraban a las 22.00 hora local

  • Responder noviembre 21, 2012

    Borja Contreras

    Un gran artículo.
    Los centros comerciales son un ejemplo del abandono del espacio público para el ocio ciudadano sustituido por un espacio privado controlado por el capital privado.
    Ahora, poco a poco, irán privatizando el espacio público, enajenándolo, de forma que todo sea una especie de gigantesco centro comercial, igual que privatizan sin rubor la sanidad o la educación para convertirlos en negocios privados.
    Buena parte del dinero público del que hablas en la primera parte del artículo no se pierde en las cavernas administrativas, opacas y pestilentes, sino que se deriva a bolsillos privados a través de conciertos, concesiones y un largo etcétera de procedimientos más o menos turbios.
    Un saludo.

  • Responder noviembre 21, 2012

    Jorge Moreno

    Interesante artículo que pone el dedo en la llaga…¡en nuestra triste llaga!, lástima que, acaso por la premura con que fue redactado, esté plagado de faltas ortográficas, que, en ningún caso, restan interés a su trabajo.
    Atentamente, Jorge Moreno

    • César Noragueda
      Responder noviembre 22, 2012

      César Noragueda

      ¡Qué susto me ha dado, Jorge! No eran más que algunos errores dactilográficos, de esos que se pasan por alto fácilmente en una lectura veloz, que no “incomprensiva”. Gracias por el aviso.

      • noviembre 22, 2012

        Jorge Moreno

        Mil disculpas César por el susto, a veces soy exagerado en mis expresiones y para muestra el vocablo “plagado” -a todas luces excesivo- que ha motivado su comentario.
        Atentamente, Jorge Moreno

      • noviembre 22, 2012

        Estitxu Espejo-S.

        Ya, yo me he sentido fatal… Y releía y releía buscando algún burro con uve. Si a estas alturas tengo faltas de ortografía es para darme muchos capones, y a César también por no corregírmelas y no echarme a patadas.
        Perdón por la dactilografía. Vivo atropellada y además, por algún tipo de dislexia, después releo y releo y los errores no veo (esa rima ha sido gratis).
        Un besazo y mil disculpas.

      • César Noragueda
        noviembre 22, 2012

        César Noragueda

        Yo mismo tampoco vi los errores dactilográficos en la primera lectura, pero no es culpa nuestra, sino de “la restauración cognoscitiva del discurso invertido”. Ahí es nada.

      • noviembre 22, 2012

        Jorge Moreno

        Reitero mis disculpas Estitxu (¡Qué bello nombre!, sospecho que en castellano será Estío ¿me equivoco?), lamento haber provocado casi un cisma con mi exagerado comentario.
        Insisto: disculpas.
        Atentamente, Jorge Moreno

  • Responder noviembre 22, 2012

    Luis Lloredo

    Un artículo soberbio, de verdad, que pone el dedo en uno de los aspectos más reveladores, aunque aparentemente triviales, de la deriva autoritaria en la que estamos. Me parece muy atinado. Hay un paralelismo total entre la cuestión de los impuestos tratada al principio del artículo y la del espacio urbano (la geopolítica urbana) que se aborda después. Enhorabuena.

  • Responder noviembre 22, 2012

    Estitxu Espejo-S.

    ¡No pasa nada! Al revés, danos caña, que seguro que la merecemos. Así seguimos aprendiendo siempre.
    Un saludo y gracias por comentar.

  • […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos   "Existe un proceso de privatización del espacio público" lacolumnata.es/cultura/gafapasta-con-carcoma-cultura/cult…  por pericopindargas hace […]

  • Responder noviembre 30, 2012

    Alonso Posadas

    Te he leído y he vuelto a imaginar a nuestros dirigentes como una especie de Padres de la Patria coñazos, regañones, castigadores, porculizadores, unos caprichosos y arbitrarios limitadores de la libertad de hacer lo más primario que es respirar la vida, reglamentándola, por nuestro bien, como si fuésemos niños pequeños a lo que hay que tutelar. Para eso casi es preferible un Franco. Al menos queda la cosa de, cuando se muera, poder contar cómo se le combatía a un dictador pero… ¿cómo diablos se combate al mandatario demócrata sin que a uno lo tachen de golpista? Es que hasta en eso nos tienen agarrados de salvas y dolorables (o dolorosibles) partes.

  • Responder junio 14, 2014

    Hernando

    Lo que estamos viviendo en época recientes me reafirma en mi idea de que España es un país teóricamente demócrata. Somos “demócratas” únicamente si lo que hace el grupo más votado coincide con lo que a nosotros nos gusta o nos parece bien. Si no nos parece bien, la democracia se ha ido a paseo y lo que conviene no es potenciar a nuestro grupo de opinión trabajando a su favor, sino echarse a la calle y en más ocasiones que las deseables, quemar contenedores, destrozar comercios y vehículos y luchar contra la fuerza pública que intenta contener los desmanes. En mi inocencia, siempre he pensado que en democracia manda aquel que ha conseguido más votos en unas elecciones legales y que, si no te gusta el resultado, te tienes que aguantar a la espera de las próximas votaciones. Dependiendo de tus ideas, puede que tengas que pasar así toda tu vida y no logres nunca estar de acuerdo con los que te gobiernan, pero la democracia es así. Por eso pienso que no vivo en un país demócrata, o, al menos, en un país en la que hay mucha gente que no cree en la democracia y que preferiría una dictadura si esa dictadura estuviera comandada por los que piensan como él. Y creo que el fenómeno es tanto de izquierdas como de derechas, cosa que lo hace más desmoralizador.

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