La realidad no supera esta ficción

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…………Generalmente por la noche, después de cenar, en casa solemos ver un par de capitulitos de alguna serie de importación en versión original subtitulada. La mayoría aún no han llegado a España, así que sí, nos buscamos las maneras para conseguirlas. Tenemos el ordenador enchufado a la televisión con un estupendo y maravilloso cable. Quizá no debería aventurarme a decir esto. Visto lo visto con la reciente detención de un chico por haber hecho declaraciones sobre la policía en internet, no sé si tras la publicación de estas palabras vendrán a buscarnos en nuestro domicilio. Si en los próximos quince días no publico nada por aquí, ni ninguna barbaridad en Twitter, témanse lo peor.
…………Puede que muchos no me crean, pero a mí me encantaría poder pagar por consumir cultura y entretenimiento de calidad para tenerlo a mi alcance en mi propia casa. Me he vuelto loca perdida para conseguir encontrar algún buen videoclub ‘online’, y aunque alguno hay para películas, resulta casi imposible hacerse con ciertas series de forma legal. Habrá quien opine que lo más correcto sería ver la televisión y consumir allí las series para animar la economía. Y yo, que soy muy fan del cine patrio, pago y voy a las salas siempre que tengo ocasión, y yo, que admiro, defiendo y trabajo con muchos de nuestros actores y actrices, directoras, guionistas, que disfruto y soy asidua en los teatros de mi ciudad, os diré que me niego a ver las series que aquí se hacen, ni a alimentar a nuestras televisiones privadas ni un segundo más.
…………Desconozco el oscuro proceso mediante el cual, por ejemplo, las maravillosas actrices femeninas de películas como La voz dormida o como Blancanieves, por mencionar dos películas que me vienen a la mente, sin embargo, hacen que me den ganas de lanzar la televisión por la ventana en esos bodrios de pretendido humor de la televisión. Por no hablar de las series pseudohistóricas de rigor patatero. Se podría achacar a pedorrería mía, pero os aseguro que no es porque esté buscando profundidades intelectuales ni nada por el estilo; de verdad, también me pirran las series guiris de risa de lo más tontas; lo que ocurre es que, con casi toda la ficción de por aquí, me da la sensación de que todo huele a cartón piedra, de que no me creo nada y de que los personajes hablan raro.
…………Entiendo que la poca ficción que queda es ‘low cost’ pero que gracias a ella consigue comer una porción pequeña de un colectivo mucho más grande. Sin embargo, tenemos una imperiosa necesidad de reinterpretar el mundo de las artes escénicas, el cine y las series, porque este tipo de gestión no funciona. El modelo, no sólo es de baja calidad, sino que además no es sostenible. Cada vez se ve menos la televisión y las marcas tienen la sartén por el mango con la publicidad. Los medidores de audiencia son un método extraño y cargado de secretismo más propio del espionaje de la Guerra Fría y, con la obsesión de entretener al mejor precio, se han olvidado de promover la cultura y de crear.
…………¿Y por qué tenemos tan buen cine —pero poco— con tan poco dinero y tan malísima —pero mucha— televisión con tantísimo capital? Me temo que tiene que ver con la hipermercantilización de la televisión en España, con el abaratamiento sistemático de costes para las producciones, con el hecho de hacer las cosas deprisa y corriendo con la única obsesión de servir al mercado o, mejor dicho, a los patrocinios y a las marcas que hay detrás. Por eso me niego a tragarme los programas cargados de publicidad insufrible y contenido sin interés ni calidad, de moralinas y discursitos ñoños con cuatro chistes zafios. ¡Que no!
…………Por eso tiene que existir una televisión pública y democrática con recursos, para servir de contrapeso, para que la ficción vuelva a ser cultura y no dar lugar a que se confunda con entretenimiento. Porque, efectivamente, no es lo mismo. Yo, desde luego, estaría dispuesta a pagar y creo firmemente que muchísima gente también lo estaría. Si algo nos ha enseñado la crisis es que hay que empezar a revertir el sistema y trabajar hacia un modelo de consumo responsable, y eso debería incluir también al consumo cultural. Si prefiero pagar al frutero del barrio que a la gran superficie, a la tienda de artesanía local en vez de al Corte Inglés, también quiero poder pagar por consumir cultura, pero no a Coca Cola para que ella se encargue de pagar a la tele privada de turno, no a la SGAE para que ellos paguen a los autores una miseria. Existen los medios; quizá sólo habría que empezar a cambiar las estructuras.

1 comentario

  • Responder junio 14, 2013

    mila martínez

    Me ha gustado mucho tu artículo, Estitxu, comparto tu opinión totalmente.

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