El disfraz de Maeve Brennan

0 Shares 0 Shares ×

…………Sucedió que un escritor fue a dar una charla sobre su última novela ante un grupo de estudiantes universitarios. Al dar paso al diálogo con ellos, una chica le preguntó por qué en su historia siempre llovía. El escritor solicitó que le indicara alguna referencia explícita que ejemplificara su observación. La chica hojeó con apuro su ejemplar durante unos instantes. Percatándose del aprieto en que ella misma se había situado, el autor le invitó a que siguiera buscando y pospuso al final del encuentro el que la chica indicara una página en la que la lluvia estuviera presente. Llegado el momento, recordó en voz alta la deuda que la joven había contraído. Ella, avergonzada, no pudo poner un ejemplo. “Y sin embargo, tiene usted razón: en la novela llueve permanentemente, aunque no se mencione la lluvia. El hecho de que se haya dado cuenta del detalle me hace sentir que he triunfado como escritor”.
…………Transmitir la sensación evidente sin mencionarla es quizás la obligación más difícil y divertida del escritor, como para el lector resulta un placer descubrir los libros que lo logran. Ocurre con Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses, de Maeve Brennan (Ediciones Alfabaia, 2012), tomo que recoge con un criterio exquisito algunos de los relatos que la autora publicó en The New Yorker y en Harper’s Bazaar entre los años 1952 y 1973. El criterio de la selección va más allá del hecho de que todos los cuentos se desarrollen en Dublín (donde nació y vivió hasta que los diecisiete años, cuando se trasladó a los Estados Unidos), pues este dato es incluso intrascendente, ya que la ciudad en realidad está ausente… tras la puerta que separa a esta de los mundos que se crean dentro de una casa. Va más allá porque el conjunto consigue un significado ulterior: al emplear a los mismos personajes en varias historias en cada una de las partes de la obra, consigue una continuidad en la lectura más cercana a la de la novela que al libro de relatos al uso.
…………Utiliza Brennan la técnica del iceberg: sobre el papel muestra tramas sencillas, tan cotidianas que asustan (la pérdida de un pañuelo o la compra de un sofá), con pocos personajes y casi siempre en momentos de soledad; bajo el papel, la lluvia no pronunciada, los pequeños infiernos inmensos que esconden las personas cuando levantan muros frente a los que comparten su hogar y a los que, en teoría, debería unir un sentimiento de cariño.
…………Y a todo esto, el silencio atronando, lluvia incesante del libro. Maeve, ¿por qué en el Dublín de tus cuentos siempre hace sol? Por contraste, porque llueve con insistencia en los interiores. Poco apto para lectores claustrofóbicos, el minimalismo expositivo de Las fuentes del afecto tiene, sin embargo, la inteligencia, la hermosura, la ausencia de color y la duda de la sombra chinesca. Valgan estas palabras para recoger la esencia de esta delicia narrativa: “Lily [que tenía siete años] quería salir al jardín y sentarse en la alfombra e irse volando a algún sitio, pero la señora Bagot le había dicho que no”.
…………Maeve Brennan (1917-1993) era bella, muy bella. En las fotografías que se pueden encontrar de ella se percibe una figura frágil de una elegancia casi insultante. Vestía siempre de negro y usaba gafas gruesas poco favorecedoras. Estos rasgos —la belleza, la elegancia y el disfraz, sobre todo el disfraz— son reconocibles en su ficción. Por cierto, su imagen se parece tanto a Holly Golightly que no es extraño que su biógrafa, Angela Bourke, especulara con que sirviera de inspiración a Capote para el celebérrimo personaje de Desayuno en Tifanny’s. Murió loca y olvidada, demasiado castigo para alguien con tamaño talento literario, con tal claridad de escanear al ser humano y avergonzar, a poco que se sea algo empático, al que se atreve a inmiscuirse en la intimidad de una (cualquier) familia, que bien podría ser la de uno mismo.

1 comentario

  • Responder octubre 31, 2012

    Josep

    Recuerdo un tarde de café -bueno fueron varios- en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, acompañado de unas mujeres -fascinantes- en la que una de ellas me dio a conocer esta técnica concreta de escribir y de la que hablamos un largo y agradable rato.
    Ahora me vuelve aquella anécdota a la mente y naturalmente me pica la curiosidad con este libro, que caerá en mis manos después de que acabe con el que estoy inmerso y justo después del de Felicitas Rebaque, “El latido del agua”, que está ahí, esperando en mi estantería…
    Ains…! Se me acumula la faena…
    Sin duda he tomado unas buenas decisiones… la de conoceros y la de leeros… a ambas dos.

    Besos de miércoles con acento a la chica con duende…

¡Anímate a decirnos que opinas!