Antiguos y apolillados

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Esquilo, Prometeo encadenado, tragedias

Sostengo en mis manos una edición argentina de las tragedias de Esquilo, toqueteada, cuarentona, a punto de desbaratarse, lo que le confiere un aspecto acorde con la antigüedad de su contenido y, tal vez, acentúe mi veneración. Algo disparatado, posiblemente; la consecuencia de unir, de relacionar mi interés por los libros con obras literarias antiguas, supervivientes, y un soporte en decrepitud. Esa veneración que en absoluto siento ni sentiré nunca por los libros electrónicos de esta nueva era, que ahorran espacio y sobrecargas, sí, pero que carecen de los pequeños goces añadidos de leer los analógicos: la textura, el olor, la posibilidad de conocer en un solo vistazo el camino recorrido como si fuera un verdadero viaje y, sobre todo, del puro placer de manosearlos.

Delfín de la epopeya homérica según Wilamowitz-Moellendorff, se dice que Esquilo compuso casi un centenar de tragedias de las que, sin duda, sólo conservamos siete. Aristófanes le hizo vencedor y no a Eurípides en su certamen dionisíaco e infernal de Las ranas, los modernos le pescaron siglos después, el titán de la roca, el buitre y la cadena se convirtió en estandarte de románticos, cultos y progresistas, Esquilo ayunó y los occidentales comieron.

Con delicadeza, escrúpulo frente al deterioro, repaso las páginas de la fatalidad, la desmesura y la idealización, en las que suplicantes huyen y ejércitos persas son destrozados, benefactores de la humanidad afrontan castigos, se atacan polis y se ejecutan terribles venganzas, del esfuerzo inútil en el ser humano por resistirse a su destino y sin escape para la iniquidad, el absurdo de un demócrata religioso, innovador, artista de la catarsis y la conclusión equilibrada, con el que siempre disfrutaré más, y perdónenme, que con los coñazos medievales y no pocos renacentistas: la paradoja de lo que es menos antiguo y, a la vez, está más apolillado. Si bien son las ideas las que definen los avances, no hay otro futuro para el que sólo escoge lo que se acomoda a sus intereses de entre las llamas que nos ofreció Prometeo, el titán subversivo, el gran humanista que nos abrió los ojos como cerrados o tal vez entreabiertos los tienen quienes se ciegan con su ridícula ideología o la pretensión pueril de estar a la última.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

4 comentarios

  • Responder febrero 5, 2015

    Alejandro Martin

    Personalmente, considero el eBook digital muy útil para encontrar obras sin edición en España ni en español. O para poder leer esas tantas obras que, de otro modo, habría que andar buscando por librerías o por los que habría que pagar grandes sumas a los buitres de las librerías online. Además, todos los clásicos son libres de derechos de autor.

    • César Noragueda
      Responder febrero 5, 2015

      César Noragueda

      No pongo en duda la utilidad de los libros electrónicos para determinadas cuestiones, Alejandro. Yo hablo de la experiencia como lector propiamente dicha.

  • Responder febrero 10, 2015

    YAISA

    La supervivencia de lo clásico.
    Él es Esquilo relatando su siempre trágica pero nunca absurda vida.

  • […] o Plauto, o a estremecerse con los inmortales dilemas pergeñados por Eurípides, Sófocles o Esquilo. Dos mil años después de su construcción, esos entornos vuelven a cobrar vida y a cumplir la […]

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