La inicial del enemigo

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…………En la segunda década del siglo dieciséis, un fraile de la Orden de San Agustín, joven teólogo alemán, clavó en el acceso sur de la iglesia de Wittenberg casi cien tesis contra el tráfico de indulgencias. Todos sabemos de quién se trataba, y el revulsivo que supuso semejante osadía, a pesar de que luego el buen religioso aprobara e incluso promoviese la cruenta represión que sobrevino tras las sublevaciones protestantes. Con todo ello se arropa Q, una novela escrita por cuatro miembros del colectivo Luther Blissett —hoy, Wu Ming—, alegoría de Europa tras el ocaso de las corrientes de protesta de la segunda mitad del siglo pasado, para unos, o de la labor artística, burlona y subversiva del mismo Luther Blissett, para otros; relato en presente de la frustración revolucionaria, de lenguaje franco, turbador e impresionista, que cuenta las tristes peripecias de un peregrino insurrecto de mil nombres y de su oscuro adversario.
…………Para el escritor McKenzie Wark, la novela es optimista de algún modo: se trata de la reaparición de los marginales y desposeídos, “no como víctimas, sino como otro tipo de héroes”, de los que luchan en circunstancias difíciles, obran todo lo que es está en su mano y siguen adelante. Quien entorpece cada intento del protagonista y de los suyos no es otro que Q., espía del cardenal Gianpietro Carafa: el futuro Pablo IV. En las Guerras Campesinas de Thomas Müntzer y la derrota de Frankenhausen, en el sitio a la célebre ciudad de Westfalia, en el dolo bancario a los Fugger, en la difusión de El beneficio de Cristo y las acciones contra los hebreos venecianos, con su admirable y vil inteligencia en favor del privilegio católico, estuvo Q. para desbaratar cualquier escaramuza o intriga que a éste se le opusiera.
…………No he leído muchos pasajes literarios de tinte histórico, ni quizá de otra índole, cuyo horror sobreviva en mi memoria con la intensidad del dedicado en Q al asedio de Münster durante la rebelión anabaptista: la locura religiosa del profético Jan Matthys, la resistencia encarnizada a las tropas del obispo Franz von Waldeck, el breve reinado de Jan de Leiden, sus sangrientos desvaríos, la poligamia forzosa so pena de cárcel y hasta decapitación, la horrible sordidez, las obscenas y ahítas panzas de la corte y la penuria de alimentos del populacho; la desesperación. Y como último complemento a tanta angustia, la ciudad cayó a raíz de una felonía y unos cadáveres fueron colgados en jaulas de la torre de la iglesia de San Lamberto. Las jaulas siguen ahí, sin sus moradores, como testigos mudos y ahora herrumbrosos del jalón en una de las páginas más negras de la historia.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

4 comentarios

  • Responder marzo 7, 2013

    Chuso Pérez

    Creo que es mi novela favorita, o al menos nunca disfruté tanto y leyendo un libro.
    Además de entretenida, me resultó enormemente didáctica en cuanto a la historia religiosa de Europa se refiere.
    Estoy de acuerdo con lo dicho sobre el asedio de Münster, la forma de contarlo era casi capaz de hacerte vivir el horror.
    Eso sí, hay que fijarse muy bien en la fecha en la que se desarrolla cada capítulo para no hacerse un lío.

    • César Noragueda
      Responder marzo 8, 2013

      César Noragueda

      ¡Caramba, Chuso! ‘Q’ es una novela cuyos horrores históricos y su crudeza narrativa me marcó en cierto modo, y aunque tengo otras preferidas, de veras es una alegría encontrarme a alguien más que la haya leído, porque no he podido comentarla con nadie.
      Muchas gracias por dejarme tu opinión.

  • Responder septiembre 3, 2013

    Gamalrod

    Q me marcó, porque además cayó en mis manos en momentos de cambio en mi vida, con ya muchas dudas de mi fe germinando, los horrores que narra, y como plantea a la religión como pretexto para que los fuertes se hagan con lo poco que a los débiles les queda, pasando encima de ellos con la bendición de dios, termino por hacerme ver todo eso que yo pasaba de largo y justificaba de la iglesia, a la que tanto tiempo serví, no fue el único libro, o el que más me abrió los ojos, pero fue el primero ante el cual mi fe no tuvo respuestas

    • César Noragueda
      Responder septiembre 4, 2013

      César Noragueda

      Unas veces usan la religión como pretexto para rapiñar, y otras, la religión es la razón misma de las barbaridades que cometen.
      Cuando ‘Q’ cayó en mis manos, en 2006, ya llevaba tiempo en las garras del ateísmo, así que la novela me sirvió para saber más, para horrorizarme más y, claro, para disfrutar también de ella.
      Me alegra, Gamalrod, conocer a alguien más para quien ‘Q’ ha supuesto algo en su vida.

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