Los alegres criticones

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…………Uno comprende a los anacoretas cuando escucha alguna sandez portentosa, y en ocasiones el portento es tal que saldría escopetado camino de la árida Tebaida si no le confundieran con un fiel del crucificado y, sobre todo, si no hiciese tiempo que acabó por poblarse. Una de esas ocasiones se produce cuando uno elabora críticas de cine, de literatura o de cualquier otro arte y se da de morros con algún fan irracional que se pone hecho un basilisco y proclama que uno ejerce de criticón porque no es más que un artista frustrado; y hale, carretera y manta.
…………Quizá consideréis que un tópico tan absurdo no merece ni unas líneas, pero lo cierto es que se encuentra tan extendido que resulta alarmante. Hay que dejar bien claro que se trata de una falacia ‘ad hominem’, una torpe arremetida contra quien argumenta y no contra su argumento, que continúa en pie, muy utilizada por trabajadores del arte heridos en su orgullo o sus partidarios de naturaleza intransigente. Pero no basta con que maltraten la autoestima de los autores y el gusto de los que los idolatran y ambos se ofusquen; para jugar tan sucia y neciamente en una réplica es indispensable carecer de rigor intelectual. Por eso los abonados a la hipótesis del crítico como artista nulo suelen valerse de otras falacias y lucir un cacao mental de impresión; y de ese modo caen por la pendiente de las contradicciones: aseguran que los críticos no sirven para nada y, a la vez, les reprochan que, en su opinión, perjudiquen a muchos profesionales; o desean un criterio privado e independiente de todo el mundo, sin adalides de ninguna verdad, y al mismo tiempo encuentran atroz que la crítica rechace tal o cual obra. Su arbitraria consideración de la aptitud de los críticos es una majadería, y si pretenden relativizar el análisis hasta el punto del anatema a los expertos, a los que se saben o deben conocer los resortes de la crítica artística y la historia del arte, si cada individuo ha de contar con sus propias ideas y ninguna tiene más valor que las de otro, no veo por qué sería despreciable aniquilar un producto artístico, cualquiera que fuese.
…………Se engañan los que suponen que la motivación de un profesional de la crítica es, en esencia, diferente a la de un cinéfilo, un melómano, un amante de la literatura o incluso un artista: a todos les interesa el arte y tienen algo que decir al respecto, de una forma u otra. Si bien hay críticos de lo más puntillosos a los que, según nos explican, no les seduce el cine, la literatura o la música en general, o su concepto, sino solo las obras de arte realmente buenas, las que les anonadan, les aturden, aterran o apasionan, las que rezuman verdad. Yo mismo siento una atracción irrefrenable por el cine y la literatura que se debe a mi profundo interés por las distintas tácticas para algo tan simple como contar una historia. Así es fácil que las esferas de crítica y creación se entremezclen y una sola persona se entretenga con ambas, o que se enfoque en una de las dos sin echar de menos la otra, sin frustración alguna, a su gusto, y se sienta realizada.
…………Pero hablamos de críticos, que sólo estudian las obras de arte y dicen lo que opinan sobre ellas, que las transforman en algo más comprensible para la gente y procuran separar el grano de la paja, no de los artistas ni del público, y a los críticos hay que exigirles grandes conocimientos en su propio ámbito, “que sepan mirar”, y así, por más que se discuta y que no hubiere un juicio unánime sobre una obra, que su criterio posea una base adecuada. Un sencillo espectador, que únicamente persigue disfrutar con una película, por ejemplo, no tiene esas obligaciones aunque pueda autoimponérselas, y en cualquier caso, equiparar las tesis de un crítico con las de un respetable espectador medio es, como poco, de una demagogia impertinente, una grosería; es deslizarse del criterio de autoridad hasta la dictadura de la opinión, defender que lo que colija todo individuo, aunque ni conozca el paño y no sepa hacer la o con un canuto, entraña el mismo valor que las concepciones de quien lo domina. Eso sí que es perjudicar a los profesionales. Y no os confundáis; no es una cuestión de soberbia, sino de confianza y de una sencillísima honradez intelectual.
…………Mención aparte merecen los que se toman a la tremenda la crítica negativa de un filme, de un libro y demás, como una injuria, como si les hubieran abofeteado o les mentaran a su progenitora; como si el arte tuviese alguna importancia. Respaldar el trabajo propio o el de un artista que nos chifle cuando sea objeto de ataques siempre resultará legítimo; y si Wilde pensaba que responder a los que nos critican es el más encantador de los placeres, no es motivo para decir tontadas que empujen a unos alegres criticones como nosotros a poner los pies en polvorosa.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

3 comentarios

  • Responder junio 29, 2014

    Hernando

    “Pero hablamos de críticos, que sólo estudian las obras de arte y dicen lo que opinan sobre ellas, que las transforman en algo más comprensible para la gente y procuran separar el grano de la paja, no de los artistas ni del público, y a los críticos hay que exigirles grandes conocimientos en su propio ámbito, “que sepan mirar”, y así, por más que se discuta y que no hubiere un juicio unánime sobre una obra, que su criterio posea una base adecuada. Un sencillo espectador, que únicamente persigue disfrutar con una película, por ejemplo, no tiene esas obligaciones aunque pueda autoimponérselas, y en cualquier caso, equiparar las tesis de un crítico con las de un respetable espectador medio es, como poco, de una demagogia impertinente, una grosería; es deslizarse del criterio de autoridad hasta la dictadura de la opinión, defender que lo que colija todo individuo, aunque ni conozca el paño y no sepa hacer la o con un canuto, entraña el mismo valor que las concepciones de quien lo domina. Eso sí que es perjudicar a los profesionales. Y no os confundáis; no es una cuestión de soberbia, sino de confianza y de una sencillísima honradez intelectual.”
    Aplíquelo a twitter en general y se acaba usted de cargar el invento.

    • César Noragueda
      Responder junio 29, 2014

      César Noragueda

      Con franqueza, no entiendo a qué se refiere. Twitter es una red social que, como el resto, sirve para que cualquier persona se comunique con los demás. No es ‘Cahiers du Cinéma’.

  • […] con ella misma y teniendo claro lo que significa en su contexto social y estético. Es decir, que un crítico, o ensayista, está casi obligado a un eclecticismo a la hora de establecer sus ideas. Es más, […]

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