La educación envilecida

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…………Ojeo con horror un volumen de cuentitos y de fábulas infantiles que desde hace años mora en nuestra biblioteca. A pesar de que luce mi nombre en la contraportada con letrilla de párvulo, no llegué a leerlo, y ahora suscribo que, a veces, no hay mal que por bien no venga: no sólo la escritura se percibe descuidada en grado sumo, anodina y sin corregir, los personajes se comportan de manera inverosímil y sus conclusiones carecen de la lógica más simple, la del silogismo ramplón, como si hubieran escapado de algún panfleto dadaísta, sino que incluso las lecciones de tales fábulas sobre las vicisitudes de unos simpáticos animalitos se afirman en el respeto a las órdenes de la divinidad, la propaganda del génesis bíblico, la abominación de los pecados capitales, el gusto por el pensamiento grosero y, especialmente, la defensa del conformismo.
…………Quizá penséis que recargo las tintas con orgullo de inquisidor o experto paranoico, que ejercito la sospecha ideológica y que no son más que relatos para criaturas casi recién destetadas que no saben distinguir el codo de la rodilla, lo cual suprime la obligación de ofrecerles buena literatura propia de la infancia. Si es así, triste juicio y necesario reproche, me gustaría saber qué opináis de conejos que no deben transgredir “la ley natural”, jirafas que se consideran los bichos más importantes “de la creación”, algo inconfundible; topos, ratoncillos y caracoles que se han de contentar con lo que tienen, pues el progreso y la mejoría son quimeras; urracas devoradas por zorras a las que más hubiese valido no proponer consejos a hogares en apuros y cuidar de sí mismas, liebres viejunas a las que engañan y así son muy felices y abejas que mueren por gordas como “justo castigo a su glotonería”.
…………Es posible que alguien aún no se haya horrorizado con estos conceptos y moralejas, lo que sobrecoge igual que la chaladura de los reptilianos, y me pregunto si dejaremos de tratar como idiotas a los niños únicamente porque sean muy jóvenes y de asumir que no merecen un arte respetable en su formación, que cualquier porquería de apariencia candorosa sirve con tal de que se distraigan y no molesten; me pregunto cuándo regalaremos a las nuevas generaciones una educación humanista y racional para que, de ese modo, separen el grano de la farfolla y rehúyan los prejuicios y tonterías de sus mayores, sin papás que entorpezcan su adquisición de conocimiento y les impidan conocer verdades que riñen con su corta, ridícula y falsa concepción del mundo al que les han traído, enjaulándoles en tinglados religiosos o politiqueos que a su edad no comprenden y presionando a sus escuelas para privarles de una educación sexual, cívica y democrática, de todos los datos disponibles y la libertad de elegir a su hora, y brindándoles productos como este, digno de una editorial popular y de catadura aséptica que he descubierto regentada por un teólogo, un nublado de pedagogía que induce a los chiquillos a admitir dogmas irrazonables de los que después, al habérseles inoculado en la ternura de la vida, les cuesta mucho prescindir, como si se tratara de un trombo que entorpece la consecución de lo plausible, un barranco alpino que les separa de la certidumbre o una dispepsia mental. Me pregunto, en fin, cuándo renunciaremos de una vez por todas a estorbo semejante, a esta educación envilecida.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

15 comentarios

  • Responder febrero 6, 2013

    Pilar

    No tengo hijos , por lo tanto poco puedo aportar con los hechos, a favor de este criterio. Pero estoy totalmente de acuerdo con esta posición. No se yo como se desenvloveran las generaciones venideras. A lo mejor el instinto de supervivencia ayuda a que, estos niños, de hoy, sean adultos sensatos y capaces.

    • César Noragueda
      Responder febrero 7, 2013

      César Noragueda

      No te preocupes, Pilar; yo tampoco tengo hijos por el momento, y no creo que eso nos incapacite para contar con un criterio sólido sobre los principios de la educación: este asunto está por encima de la experiencia educativa paterna, pues hablamos precisamente de los mimbres para que el resultado sea más positivo a pequeña y a gran escala.

  • Responder febrero 6, 2013

    Alonso Posadas

    Un artículo contundente, claro y certero; lleno de puntería. Hay gente que nace con una razonable inteligencia pero, impunemente, sus irresponsables padres se la adormecen con tradición, dogmas y creencias que cualquiera, con un mínimo de formación, observación y reflexión, refutaría de un plumazo. Lo peor no es que les enseñen teología, quiromancia o numerología. Lo malo es que los adiestran para ser unos prodigiosos adoquines que no escuchan, que se tapan los oídos mientras cantan “lalalá”, para no escuchar evidencias mucho más razonables que los cuentos de hadas auspiciados por señores con alzacuellos. Pero es que, si dejan de creer en estas cosas, se salen de los círculos de poder y de decisión de ciertos ‘lobbies’ económicos-sociales que, por razones netamente económicas, se alinean bajo palios vaticanos o de otros credos que ya deberían estar más que superados. Pero conseguir esto es ardua labor por una razón: no se trata de religión sino de economía. Una de las peores, más insolidarias y oligocráticas maneras de entender la economía. Si tienes un pueblo desunido y quieres tener a sus integrantes juntitos y pensando parecido para pastorearlo mejor, crea una religión y hazla común para todos los habitantes.

    • César Noragueda
      Responder febrero 7, 2013

      César Noragueda

      Yo me pregunto a cuántas generaciones, a cuántas personas valiosas habremos perdido ya y a cuántas seguiremos perdiendo gracias a estos educadores de pacotilla. Y, sobre todo, cuánto retraso llevaremos en progresar y cuándo vamos a hacer algo para impedir que esta gentuza continúe poniéndonos palos en las ruedas.

      • febrero 7, 2013

        Alonso Posadas

        Pues una de las cosas que se pueden hacer, amigo César, es lo que tú has hecho: crear foros de opinión libérrima donde personas absoluta o razonablemente independientes de pensamiento exponen de manera atractiva sus pensamientos, ideas, pecepciones, sin cortapisas ni líneas editoriales, y haciendo que fluya la opinión. Dicen que a la monarquía se la está cargando la propia monarquía y en gran medida cierto es, pero lo que ha ayudado mucho a poner en jaque instituciones que no merecen estar vivas es la libre, valiente e inspirada actuación de muchas personas que, con sentido constructivo y responsable (como en Sol, el verano de 2011) dicen verdades como puños y sangrantes cual morcilla a medio entripar. Y lo hacen todos los días en sus escritos, en sus conversaciones, en sus actitudes. Eso resulta tan eficaz como la gota de agua que horada la piedra, pero los efectos se obtienen bastante más rápido, unos pocos años de machaque suelen servir. El objetivo, reducir años a pocos meses e, incluso, a pocas semanas.

      • César Noragueda
        febrero 12, 2013

        César Noragueda

        Aunque en mi comentario anterior me refería más bien a lo que deberían hacer los poderes públicos para promocionar una educación racional, desechando todo lo que sea adoctrinamiento preilustrado, supongo que cada uno puede aportar su granito de arena para forzarlos a ello. Pero dan la impresión de ser bastante impermeables y de tener el chiringuito muy bien montado para que la mayoría de la gente no utilice la cabeza más que para peinársela, y eso si les quedan algunos pelos después de tirarse de ellos durante estos últimos cuatro años.
        Y sin embargo, seguiremos dando caña.

  • Responder febrero 7, 2013

    Arístides Mínguez

    Caesaris verba, verba ducis. Amen.

    • César Noragueda
      Responder febrero 7, 2013

      César Noragueda

      Se opina lo mejor que se puede, Arístides. Pero sí, amén; a ver si los papás que nos leen nos hacen un poquito de caso.

  • Responder febrero 7, 2013

    Jorge Moreno

    La razón o la certeza de nuestras verdades, estimado Noragueda, va más allá del seguimiento que tengan estos conceptos. Muchas veces, las multitudes aclaman a los falsos profetas. No desmayar debe ser la divisa del que desea mejorar ciertos estados de cosas.
    Atentamente, J. Moreno

    • César Noragueda
      Responder febrero 7, 2013

      César Noragueda

      Con franqueza, pienso que siempre es más fácil saber qué no es cierto que cuál es la verdad. Y hay asuntos para los que basta el sentido común.
      Lo que ocurre, Jorge, es que uno empieza dando a leer libritos como aquel del que hablo a los niños y luego, después de haberles maleducado, cuando se supone que son personas hechas y derechas, acaban publicando cosas como el panfleto del que habla Fernando Frías en su artículo de hoy: http://lacolumnata.es/ciencia/tonterias/sin-embargo-no-se-mueve-gorostizaga-bernadic-eppur-si-muove.
      Por eso es importantísimo que la educación que demos a las nuevas generaciones sea racional en todos los sentidos. Y no olvidemos que el humanismo también es un producto racional.

  • Responder febrero 7, 2013

    Borja Contreras

    No seré yo quien te quite la razón.
    Pero sí creo que no es, afortunadamente, tan grave, porque a cierta edad la mayoría de las criaturas se replantean todo lo que sus padres les contaron. Afortunadamente, los efectos no son indelebles y, salvo alguna víctima que siempre cae, la rebelión llega.

    • César Noragueda
      Responder febrero 7, 2013

      César Noragueda

      Eso, siendo optimistas, Borja. Porque la rebelión puede no llegar; siempre depende del ambiente en que uno se mueva fuera de casa; si es el de una ciudad clerical, mal vamos. Y si la rebelión llega, luego hay que ver en qué consiste, si es ideológica y de qué tipo o superficial, y si uno sale de Málaga para meterse en Malagón, porque tener una mentalidad racional es, sobre todo, una cuestión de disciplina, y hay quien ha dejado el catolicismo para ir cantando por el Rastro de color butanero como un ‘hare krishna’ más.

  • […] » noticia original […]

  • Responder mayo 16, 2014

    Claudio Rizo

    No quiero adjudicar la supuesta mentalidad obtusa o encarcelada o acomplejada o prejuiciosa de un niño a la educación recibida por sus padres, al menos sin descender antes —y con lupa fina— a lo particular de cada caso y de cada casa. Porque hay padres que para qué. Cierto. Pero también hay niños que para qué. Padres excelentes que obtienen buenos resultados, y otros igual de excelentes que en cambio los obtienen penosos. La complejidad en este campo es formidable. Demasiado poliédrica como para generalizar. Hogar, ambiente y colegio, en cualquier caso, son los tres pilares esenciales en el desarrollo del imberbe, con desigual peso conforme la personalidad y necesidades del niño se configuran.

    Aplaudo, eso sí, el afán del texto por animar a conducirse por las humanidades y a dejar libertad (en lo que se pueda) en la elección de caminos de pensamientos. Meritorio es ese empeño, que por entero secundo. Pero hablar de responsabilidades a este respecto, sobre todo si son planteadas como exclusivas y sin particularizar con interés en cada “mundo único” que se da en las relaciones de educación, ética, moral y demás entre padres e hijos, no puedo en cambio darlo por prudente, por lo bajo.

    ¡Abrazos!

    • César Noragueda
      Responder mayo 16, 2014

      César Noragueda

      En realidad, en ningún momento he dicho que la persona resultante tras años de educación sea responsabilidad exclusiva de los padres, Claudio. Me he centrado en la mala educación que proporcionan muchos padres a sus hijos, simplemente, y sobre todo a los casos en que resulta determinante.
      ¡Más abrazos!

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