El arenque rojo

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Red herring, William Cobbett, Thomas Nashe

Son escasas las ocasiones en que me he encontrado con una novela capaz de arrebatarme a mordiscos de mi entorno e imbuirme ferozmente en sus enredos; y es difícil no proseguir la lectura sobre diez negritos que van a una isla, en la que uno se ahoga y quedan nueve, para conocer el destino de los restantes; en especial si la que amadrina el embrollo es la reina del crimen, Agatha Christie, quien, excepto durante los días que se esfumó en Berkshire, al sudoeste de Inglaterra, a causa de un presunto ataque amnésico por la angustia que le había originado la infidelidad de su primer marido y la muerte de su madre, acostada en medio del infortunio, diría Sófocles, no rompió un plato más que con la pluma.

Esa incidencia y la inquietud mediática que produjo, como Diez negritos, quizá oculte un arenque rojo, una maniobra para distraer al personal: todavía a estas alturas se debate si ocurrió verdaderamente, si la amnesia la indujo a abandonar su coche en una cantera de Newland’s Corner o, en realidad, la novelista fue tragada por dicho pez en un truco publicitario, como a un Jonás de la propaganda contemporánea. ‘Arenque rojo’ es un modismo de los anglosajones, ‘red herring’ para ellos, una expresión invariable, propia de una lengua y cuyo significado no puede deducirse de los términos que la componen, y se refiere una falacia lógica con la que se desvía la atención del asunto que se discute, aunque parezca sensato. Por lo general, se usa para decir que un argumento no es relevante para la cuestión en liza, y la causa de que se extendiese con sentido figurado se encuentra en una crítica publicada en 1807 por el periodista William Cobbett, también conocido como Peter Porcupine, que reprendió a la prensa inglesa por informar de que Napoleón había sido derrotado en batalla, hecho incierto: cuenta en su artículo del Political Register que una vez utilizó un arenque, rojo tras ser curado en salmuera o ahumado, para despistar a unos perros sabuesos con su fuerte olor. No obstante, es de justicia dejar claro que fue el satírico Thomas Nashe el que habló por vez primera del ‘red herring’ en un panfleto londinense de finales del siglo dieciséis.

A pesar de mis explicaciones, para una comprensión satisfactoria del arenque rojo como recurso literario, es indispensable afrontar Diez negritos, irrumpir en la mansión de la isla del Negro y padecer como sus moradores cuando se evaporan las figuritas de porcelana en el salón. Si bien el engarce de la lengua resulta común y el estilo no brilla nada, ni un poco, y los personajes, menos uno, carecen de profundidad porque Agatha Christie no es Patricia Highsmith, la incertidumbre y el suspense son arrobadores, la contextura y la motivación del asesinato, meritorias; y al devorar Diez negritos —obsérvese la cursiva y ahorrémonos chistes sobre antropofagia—, ansioso por que la verdad, la verdad desnuda, resplandezca, señalaría Poirot, aquí tan ausente como Jane Marple, y asimilando su epílogo, a uno se le antoja ver entre líneas un mohín picarón, tal vez impropio, de la vieja e ingeniosa Agatha Christie.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

4 comentarios

  • Responder marzo 13, 2015

    Andrés

    Amo la lectura, la poesia y todo aquello que tenga que ver con la cultura en la letra impresa.soy un lego en muchos aspectos, pues no tuve la suerte de acceder en mi tiempo a estudios superiores, solo lo hice en bien de mi prefesion porque tuve que trabajar desde temprana edad. No tengo que reprochar nada a mis progenitores me dieron todo lo que tuvierony eso es mucho. De todas formas siempre tuve inquitudes, leí, escribí, pinté y todo eso lo sigo haciendo y asi será hasta que esté aqui. Quiero hacer una pequeña poesia de forma istantanea como siempre me gustó, solo quiero que este comentarioo no quede desierto de respuesta.
    Quiero mirarte en silencio
    No quiero que te despiertes
    Quiero que sigas soñando
    Mientras soy fiel centinela
    Para proteger tus sueños
    No quiero que te despiertes
    A la oscura realidad
    Quiero que sigas soñando
    Se que no sueñas conmigo
    Se que cuando te despiertes
    Tu seguiras tu camino
    Y cuando abras los ojos
    Ya no estaré en tu destino.

    Lorquiano 2008

  • Responder marzo 14, 2015

    Marian

    Excelente!!
    Bravo,me encantò!!
    El estilo difiere de los primeros que te he leido…
    Es que voy marcha atras como los cangrejossss

  • Responder marzo 15, 2015

    Faladomi

    Fantástico que aún hoy siga recomendándose la intriga de Agatha Christie
    Saludos

    • César Noragueda
      Responder marzo 23, 2015

      César Noragueda

      Por supuesto, Faladomi; lo que merecía la pena ser leído en su momento merece la pena ser leído siempre. Si no, nunca la mereció.

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