‘Dexter': en la cuerda floja

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…………Ya es casi un lugar común decir que los fenómenos narrativos actuales, si no hay algún libraco muchas veces tontuelo que le quite el protagonismo de forma momentánea, se encuentran en la ficción televisiva, en esas series que deslumbran a espectadores de medio mundo temporada tras temporada, que dejan boqueando a los críticos más exigentes y se lo ponen bien fácil a esos seudoanalistas que no son sino mamporreros de la industria o mercachifles envanecidos e incapaces de profundizar en obras complejas. Pero de lo que no se habla tanto es de la incomprensión de gran parte de los seriéfilos, de esos televidentes que se quedan con el espectáculo vacío o superficial, con el estruendo de la traca que se desvanece, y no buscan nada mejor, que anteponen una pretendida originalidad y lo sorpresivo a la coherencia, las montañas rusas y los fuegos artificiales a un producto elaborado con sensatez, verosimilitud y mimo, a una narración respetuosa que indague en los dramas auténticos del ser humano; y si se tropiezan con una así y se apuntan a seguirla porque está de moda, pronto o finalmente pierden la poca paciencia que tenían, rabian decepcionados y casi exigen que les restituyan el tiempo perdido en atenderla.
…………La última víctima de estos espectadores que se comportan como chavales malcriados ha sido Dexter, creada por James Manos Jr. a partir de las novelas de Jeff Lindsay sobre un asesino en serie con un código de conducta que sólo le permite despachar a los de su misma condición, es decir, una paradoja andante, un claro antihéroe que no tiene más remedio que vivir en un funambulismo crónico, ya no únicamente entre su carrera como forense especializado en analizar salpicaduras de sangre para la policía metropolitana de Miami, sus relaciones personales y sus asesinatos, sino también en su lucha intestina, entre su voluntad de sobrevivir, su devoción fraterna y “el oscuro pasajero” que viaja a bordo de sí mismo. Dexter Morgan, interpretado con una precisión lúcida por Michael C. Hall, fascina por su propia naturaleza sanguinaria, la compulsión del verdugo que es a su pesar, y por la inteligencia implacable que le caracteriza, lo que no resulta novedoso en absoluto. Pero en casi cien capítulos se aprovecha la oportunidad de construir a un personaje que duda y se examina a sí mismo tanto como los salpicones sanguinolentos en escenas de crímenes, y evoluciona, a veces trastabillando, lo que ya no es tan normal en las narraciones habituales sobre psicopatía: los individuos como Dexter no acostumbran a variar sus apetencias, sus concepciones ni su forma de ser; al menos, en la ficción típica; ni siquiera los más célebres, como el comehombres lituano. Y esta evolución no ocurre sólo a causa de los hechos a los que se enfrenta, sino también al verse reflejado en otros personajes, en lo que su encuentro posibilita y lo que se figura que pudieran significar para él, en una suerte de retroalimentación muy agradecida.
…………La limpieza y la funcionalidad de las filmaciones y la eficacia del montaje, sin virguerías ni rasgos de autor excepto en determinados episodios, impiden que la serie destaque en ese sentido, pero su buen pulso y la atmósfera enrarecida de ese Miami policiaco y criminal, siniestro, reconocible y distinto a la vez, logran secuencias hipnóticas, y no hay duda de que se han esforzado para dotar a la serie de un estilo de ejecución inconfundible, unitario, y un discurso lleno de congruencia y de una sustancia propia. Lo truculento y el ‘gore’ no son excesivos y no abruman, y la relativa profundidad psicológica y los insólitos dilemas morales de este ser humano dañino, de este psicópata bueno que uno quiere que salga airoso en cualquier situación y faceta, amigo, papá, hermano, amante y homicida, merecen un reconocimiento y, con todo lo demás, enganchan.
…………Sin embargo, por la honradez narrativa y la hondura de análisis de ciertos caracteres —que se echa de menos en algunos de la tropa, ya no secundarios sino segundones, y una mejor integración en la trama para ellos— no se rehúye el puro espectáculo que ansían bastantes televidentes: los giros de guion resultan de tal audacia que juegan al más difícil todavía casi hasta la temeridad, hasta el límite, y uno se angustia por no saber cómo demonios van a solventarlo, pero sus soluciones son siempre honestas y conducen a extrañas bifurcaciones. Así, nuestro asesino favorito no es el único funámbulo en la pista; los responsables del guion y el propio argumento también se hallan de continuo en la cuerda floja, y si a veces se desequilibran un poco, nunca caen.
…………Mucho se ha discutido el colofón de estos ocho años, el final de Dexter Morgan y sus desventuras, que ha supuesto una decepción generalizada que no me coge de nuevas tal como está el patio de botarates, pero sí descorazona un montón. Si bien podría haber sido más tenso y sorprendente, como algún recordado fin de temporada, los guionistas han elegido despedirse con serena coherencia y dignidad, cumpliendo con el espíritu de la historia, sin traicionar su discurso, y con la premisa de ese pasado que vuelve para morder el trasero de sus criaturas, preocupándose por ellas y no por un asombro pueril, por cerrar sus dramas con respeto y no a simples machetazos. Y los quejicas que sólo parlotean arbitrariamente sobre insignificancias que se les antojan criticables, esos listillos destructivos que desconocen que todos los elementos de un relato son útiles y hay que prestarles atención y a los que solamente les importa huir del aburrimiento, las cuchilladas múltiples, la sangre a borbotones y que les pongan los ojos como platos y les hagan cosquillas en el cogote, esos son los que no entienden nada. Así que digámoslo para que lo capten de una vez: Dexter es una puta tragedia y siempre lo ha sido, y las tragedias, para conservarse dignas, no se han de quedar en unos ojos arrancados ni en un guerrero que se arroja contra el filo de una espada; deben explicarnos muy bien por qué.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

2 comentarios

  • Responder octubre 8, 2013

    Xisco

    Me resulta incomprensible el hecho de haber visto todos los capítulos de esta serie. Tal vez por ser la primera que vi, la primera en el sentido “moderno”; descarga recién salida del horno en VOS. Eso, en 2006, resultaba ser muy refrescante. Por supuesto hay que decir que la primera temporada es buenísima, de gran nivel, y como me gustó mucho empecé a ver otras, las que son buenas de verdad.
    Tal vez sea eso, una deuda de gratitud, gracias a Dexter me di cuenta que 12 capítulos con un buen guión y buenas interpretaciones son muy disfrutables, y así vino buena parte del catálogo de HBO.
    Sin embargo, Dexter nunca se acercó al nivel de la primera, tal vez en la cuarta (gracias a un excelente John Lithgow y un guión mucho más currado que los dos anteriores), después, el Horror.
    Creo que el colofón de Dexter no ha sido peor que todos, pero todos, todos, los capítulos de la quinta, sexta, séptima y octava temporada. Es difícil no discrepar de muchas de las cosas que dices, por ejemplo cuando hablas del análisis de ciertos caracteres, y ya se que bien que señalas que falta profundidad en otros. Sólo se profundiza en dos caracteres y en el resto se esbozan tramas que parece que darán un poquito de juego para dejarlos luego en la estacada. De escándalo es lo que les han hecho a Batista, Mazuka y Quinn (este último es uno de los peores personajes de la historia de la ficción televisiva).
    La audacia hace mucho que desapareció y algunos giros de guión estaban tan cantados que se podía apostar cuando iban a darse.
    Respecto a la limpieza y funcionalidad de las filmaciones, una de las cosas que más me obsesionó durante estos últimos cuatro años fue la cutrez, de decorados, figurantes, sets y escenarios, porque si la leyenda hablaba que Deadwood destinaba seis millones de dólares a cada capítulo ¿Cuánto coño costaba un episodio de Dexter? Apostaría a que no mucho más que hacer la panadería de Chema el panadero de Barrio Sésamo.
    Eso sí, el final no me decepcionó, incluso no me pareció tan malo como lo que he sido tan estúpido de tragarme todos estos años.
    La culpa es mía.

    • César Noragueda
      Responder octubre 16, 2013

      César Noragueda

      Con franqueza, a mí también me resulta incomprensible que, sin gustarte las últimas cuatro temporadas, concluyeras la serie. Únicamente con películas y libros transijo de ese modo: si una serie me carga, adiós, muy buenas; hay mucho más que ver.
      En cualquier caso, Xisco, puedo coincidir contigo en que la cuarta temporada sobresale, si bien no situaría la primera tan alto, entre otras cosas porque es la evolución narrativa y de los personajes lo que sublima el peso de lo que va sucediendo (lo cual no quiere decir que necesariamente vaya a ser sublime), y el inicio lo tiene difícil en ese sentido. Una buena serie suele ir haciéndose más compleja con cada temporada, y la complejidad bien llevada siempre es un plus respecto a lo anterior; se parte con ventaja.
      De todos modos, elegir la separación por temporadas para analizar la calidad de una serie es algo arbitrario, puesto que las series, claro, son un continuo, y los vaivenes de lo bueno o lo malo son más bien de un capítulo a otro; si bien esto suele apreciarse mejor en series episódicas.
      En mi opinión, ‘Dexter’, con subidas y bajadas ocasionales, mantiene el nivel, y la exploración de las posibilidades que su protagonista baraja relacionándose con unas personas u otras se da en toda la serie y eso la llena de coherencia.
      Es cierto que hay tramas secundarias que no están bien llevadas, y por eso hablo en el artículo de que hay personajes que requerían una mejor integración en la trama principal, pero eso tampoco hace que esta última se tambalee. Además, sí se profundiza en más de dos caracteres: no te olvides de que los personajes importantes “de la temporada” también cuentan.
      Por otro lado, yo no he advertido cutrez en la producción y, por lo que he leído, su presupuesto no desmerece. Y cuando hablo de audacia en los giros de guion, me refiero a aquellos en los que se empuja a Dexter un paso más hacia el abismo, temporada tras temporada, y uno se queda pensando aquello de: “Y ahora, ¿qué?, ¿cómo va a salir de esta?”. Pero incluso en los giros más o menos predecibles hay coherencia, y eso es más importante que el asombro.

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