Los viejos amigos

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…………Hay quien dice que el amor es una catástrofe, algo nefasto que altera gravemente el orden regular de las cosas, que destruye, que daña. Podemos sacudirnos las abstracciones de encima y abordarlo desde lo que se sabe de él a ciencia cierta, es decir, desde un enfoque neuroquímico, y terminar de ser sinceros admitiendo que lo único seguro que tiene el amor de catastrófico es el cambio repentino y las alteraciones que provoca en la vida de quienes lo sufren de manera directa, por amistad o parentesco. Que suponga una catástrofe íntegra sólo depende de las circunstancias: hay amores que conllevan paz, y otros abren la caja de los truenos y ponen un mundo patas arriba; ambos dependen de la conexión y la voluntad y pudieron no haber sido, de ambos somos siempre responsables y, ya parezcan novelas juveniles o, mejor, novelas adultas, cuando se afianzan, son tan legítimos y merecen tanto respeto ajeno y propio como el que más.
…………Uno se descubre reflexionando acerca de estas cuestiones con un libro abierto de Julio Cortázar y no se sorprende. Pocos escritores han sabido diseccionar las alegrías, las dulzuras y las miserias amorosas del modo en que él lo hace, de cualquier tipo reconocible y cotidiano, y aun menos con un discurso tan hipnótico como el que se gasta, un sereno torrente que te va llevando a donde le place sin que lo notes, con la astucia del embaucador y las demasiadas tablas, en el que experimenta trastocando el hilo normal del idioma, añadiendo oralidades y lírica o mezclando escenarios y sujetos sin ruptura previa: el sacrificio de la unidad de acción. Un gozo por el que, a falta del aprendizaje de mis lecturas venideras y de las que no me dará tiempo a concluir, declaro a Cortázar uno de los mejores cuentistas que he leído hasta ahora. Y únicamente se me ocurre nombrar a dos cineastas, Woody Allen y, sobre todo, Ingmar Bergman, con la misma lucidez y habilidad narrativa en su cortijo para mordernos el culo y el espíritu hablándonos de amor.
…………Esta temporada, por lo pronto, he leído muy buenos ensayos, pero las narraciones, los poemas y las obras dramáticas no han sido más que interesantes, y eso como mucho. Así que me decidí por el gustazo de leer a Cortázar, una garantía de satisfacción estética; y de ese modo he vuelto a su mirada clarividente sobre los amores inesperados, los clandestinos, orgullosos e impúdicos, los tristes e irrealizables y los que nacieron muertos, los tormentosos, hirientes, enormes y enfermizos, los confusos, inapropiados y tiernos, los insólitos, sorpresivos e ilusionantes; el dolor, el desánimo, el desdén y la falta de remordimiento de algunos, y la generosidad y la consideración de otros; la lucha de los que merecen la pena. Sin contemplaciones, cursilerías, vulgaridades ni frivolidad.
…………De los últimos cuentos que he leído de este autor, me conmueve especialmente uno que se titula Liliana llorando, en el que un enfermo de cáncer sin esperanza imagina cómo será la existencia de sus parientes y amigos cuando él se esfume de sus vidas. La delicadeza, la comprensión y la verdad de sus palabras son turbadoras; sobrecoge cómo pinta el duelo de su mujer y la cotidianidad, sí, de la catástrofe, y enternece la forma en que muestra cómo sus amigos, sus compadres, sus camaradas, se reúnen tras el velatorio y, “carajo, como si los estuviera viendo”, beben juntos y le rememoran, y repasan “tantos años y broncas y amoríos”, hasta el momento de regresar a casa y “el último, definitivo entierro”.
…………No voy a caer en la simpleza, tópica y aborrecible, de equiparar libros y amistades, pero si hay amores que son como novelas adultas, maduros y exquisitos, volver a los relatos de Cortázar tras composiciones mediocres y muecas de disgusto es como reencontrarse con los viejos amigos, los de siempre, los compañeros imperfectos de mil trifulcas, los que podrían liarse a contar anécdotas de uno y no enmudecer en horas; los que sabemos que siempre van a estar ahí pase lo que pase, ya sean los días, complicaciones con las que necesitemos ayuda o discordias que debamos perdonar. Así que espero que Cortázar me sirva siempre de refugio literario, de antídoto contra la depresión que producen las menudencias publicadas por la mayoría, como deseo reencontrarme con mis amigos queridos y también volver cada noche a esos brazos y esas piernas que me aprietan mientras duermo.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

6 comentarios

  • […] que se aman, atribulados pero dichosos por haber tenido el valor de empatarse, pelean con el mundo por la dignidad del extraordinario vínculo del que gozan, y en las trincheras clandestinas se percatan, y así lo […]

  • […] poco más de una semana se celebraba el treinta aniversario de la muerte de Julio Cortázar. Treinta años ya, desde 1984. Es entonces cuando me doy cuenta de lo cerca que estoy de mi treinta […]

  • Responder abril 17, 2015

    Cavernicola

    En defensa de ‘los amantes de Teruel’, en vez de ‘los viejos amigos’.

    • César Noragueda
      Responder abril 17, 2015

      César Noragueda

      En absoluto, capitana; entre otras cosas, porque no hablamos de novios imaginarios, y le aseguro que de tontos no tienen ni un pelo.

  • Responder abril 17, 2015

    Cavernicola

    Pues pueden que tengan más Dignidad a la hora de enamorarse, eso sería como dice usted ‘novelas adultas’. ¿Por qué dice ‘novios imagiarios’?, ¿Me conoce? Y perdone usted que no sabía que hablo con la inteligencía suprema.

    • César Noragueda
      Responder abril 17, 2015

      César Noragueda

      No veo dónde puede estar la indignidad del propio hecho de un enamoramiento entre dos personas adultas, al margen de las circunstancias que implican responsabilidad, y si a mí me pregunta, los que pretenden condenar algo así suelen tener cierto carácter inquisitorial: me encanta la superioridad moral de quien, como muchas otras cosas, ignora esto.
      Y hablo de novios imaginarios porque la historia de los amantes de Teruel es una leyenda y, por tanto, no hay confirmación de que existieran. ¿De qué iba a hablar si no?
      En cuanto a lo de la inteligencia suprema, debe de confundirse de persona u oír voces, porque en ningún momento he dicho de mí tal cosa.

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