La mano del muerto

0 Shares 0 Shares ×

…………La muerte es lo innombrable, el tabú occidental, aquello que ni se busca, ni se concibe ni se asume, que se ahuyenta del ánimo y las tertulias y se esconde en hospitales y tanatorios, como si no fuese natural e incluso la larga y próspera vida que nos desea un cabrón de orejuelas picudas en el renacimiento de sus míticos viajes por el espacio tuviese otro fin. Hay quien la demanda, en realidad, y según José Antonio García-Andrade, fallecido el año pasado, “el derecho a la vida concede el derecho a la muerte”.
…………De los que nos gusta sacarle los colores a los devotos que niegan derechos íntimos a los demás y se entretienen metiéndose en lo que ocurre en vidas y camas que no son suyas, no muchos queremos doblar la cabeza, y a los que nos granjeamos enemistades por esa diversión nos convendría aprender de Wild Bill Hickock, famoso pistolero que se situaba en un rincón de los salones para evitar que le disparasen sin apercibirse de ello y así resistir, puede que esperando fallecer algún día de una horrible indigestión por atizarse una empanada gallega con un exceso de cominos y no de un balazo en la nuca.
…………La inquietud al encarar la muerte es comprensible a causa de la incertidumbre que provoca, no así olvidarla como si no existiera, no disponerse para asumirla, la de uno y la de nuestros semejantes, porque nos alcanzará, como el porvenir a Layo y aAutopsia de mi vida Edipo, y es preferible aguardarla serenamente y padecerla con dignidad nietzscheana. El humor negro no denota interés alguno en disminuir la angustia si no se admite todo lo dicho. García-Andrade aceptó la muerte y sólo le amilanaba la agonía, y algo podía saber sobre las dos tras interrogar a los muertos durante décadas, un estudio que le distingue como uno de los mejores psiquiatras forenses con que hemos contado. Es lo que se piensa al analizar Autopsia de mi vida, que tuve el gusto de corregir hace un lustro para su publicación.
…………Resulta vergonzoso que el Diario Médico, de un prestigio quizá no acorde con su descortesía, se negara y se niegue a referirse a la obra siquiera, aduciendo que no es de interés porque su autor, de retiro al publicar sus memorias, no era el número uno, y después de morir, aún menos. Lo que merece es un homenaje, un recordatorio por su trayectoria, que desgrana autopsiando su vida, desde la Guerra Civil en que conoció la muerte, sus estudios, impresiones y viajes, hasta con Eva, la graciosa calavera que tenía en su despacho, en el ejercicio su profesión y con oportunidad para algunas anécdotas muy divertidas, descacharrantes incluso, pues si, por pura lógica, se decidió llamar “la mano del muerto” a las dobles parejas de ochos y ases por lo que Wild Bill tenía el segundo en que un rival le descerrajó un tiro en la nuca mientras jugaba al póquer, no habiendo encontrado ni un taburete al fondo y por una vez de espaldas a una de las puertas del salón, García-Andrade describe en sus memorias un alboroto sobre la mano de otro muerto que alguien metió en el bolsillo de una bata médica y un aprendiz del que no se supo más. Y lo mío es mala baba.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

2 comentarios

  • Responder abril 22, 2014

    Samotracia

    Magnífico comentario y reseña de un hombre que pasó reseñando y ratificando mentes dolientes vivas y haciendo hablar a las muertas, investigando los extraños caminos de las sinrazónes y los vericuetos de las neuritas y dendritas tratando de poner luz y tinieblas en la resbalosa linea que separa la conducta normal de la anormal.
    Siento los espacios en blanco. A estas alturas …¿todavía existe la censura?. Es mucho.
    Un abrazo grande

    • César Noragueda
      Responder diciembre 6, 2014

      César Noragueda

      La censura existe todavía, por supuesto. Pero creo que, en este caso, podemos achacárselo a la desconsideración y a la ingratitud.

¡Anímate a decirnos que opinas!