Samarkanda

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…………Llegamos a Uzbekistán muy de mañana. El vuelo desde Estambul ha resultado tranquilo y, a la llegada a Tashkent, nos reciben con un autobús que nos llevó directamente a desayunar en un hotel de las afueras.
…………Una colación reparadora bajo la sombría mirada de un Lenin bastante grande y bastante ceñudo que preside el vestíbulo y, por lo que denota su expresión, sigue con atención las noticias.
…………De allí, directamente a Samarkanda. Nadie que tenga afición a viajar puede negar que es uno de los destinos soñados, de esos que cada uno imagina a su manera y que se convierte en un deseo irracional que no hace más que crecer con el paso de los años. Esas ciudades míticas, esos monumentos impresionantes que envenenan los sueños… Egipto, el Coliseo romano, Samarkanda, Tombuctú, Xian, el Taj Mahal, el delta del Okavango, las cataratas Victoria, Kashgar, el Salto del Ángel, Iguazú, el Perito Moreno, los fiordos… Hay para todos, y si uno se deja llevar, todos le sirven.
…………Samarkanda sorprende. Su tamaño de ciudad importante —unos cuatrocientos mil habitantes—, repleta de enormes edificios de estilo soviético y avenidas con tráfico denso, frena de golpe las expectativas del turista. ¡Tanto soñar para esto! Pero pronto el contacto con la gente en el restaurante donde comemos limita esa impresión. Su carácter amable, su colorida vestimenta, sus dientes de oro que iluminan de forma un tanto siniestra sus francas sonrisas nos devuelve las buenas sensaciones. Después de comer, a hacer visitas.
…………Una cosa llama la atención de inmediato: el silencio de los minaretes. Es el primer país musulmán que visito en el que no suena la llamada a la oración. Por lo visto, tras un conato de revuelta islamista en los primeros años de independencia, el Gobierno prohibió toda manifestación religiosa, incluida la llamada de los muecines.
…………El autobús nos lleva a la plaza del Registán. Y allí todo cobra sentido. Es uno de los espectáculos arquitectónicos más soberbios, más hermosos, que se pueden contemplar en el mundo. Tres Madrazas construidas durante el esplendor timúrida entre losMadraza Ulugh Beg, Sherdar, Tilla-Kari, Uzbekistán, Tamerlán siglos XV y XVII rodean la plaza, cuyo nombre significa “lugar de arena” en persa —como la Bib Rambla granadina, “puerta de arena”— y permanece abierta por su cuarto lado. La Madraza Ulugh Beg, a la izquierda, la Madraza Sherdar, con sus dos tigres flanqueando la entrada, a la derecha, y la Madraza Tilla-Kari, contemplándonos desde el fondo.
…………El espectáculo compensa de sobra el viaje, que aún nos depara nuevas sorpresas. En el observatorio astronómico de Ulugh Beg, nieto de Tamerlán y que fue tal vez más famoso como astrónomo que como gobernante, nos encontramos con unas enormes pinturas murales que representan a un señor con una vestimenta y un aspecto que nos recuerda a los personajes que pintó El Greco en Toledo. Se trata de Ruy González de Clavijo, embajador de Enrique III de Castilla ante Tamerlán, con quien trató de entablar una alianza. Es un personaje celebrado en Uzbekistán pero casi ignorado aquí, en España, donde ni una sola calle recibe su nombre ni nadie recuerda su gesta improbable en aquel lejano año 1404.
…………La fama que nos llega de Tamerlán —Timur Lang, Timur, “el Cojo”— es la de un guerrero formidable que alcanzó inmensas conquistas, arrasó lugares considerados inexpugnables, como la hoy martirizada Alepo, en Siria, y capitaneó un imperio de colosales dimensiones.
…………Sin embargo, las paradojas aparecen pronto. En el bello mausoleo del caudillo vemos dos sepulcros. En el lugar preeminente se encuentra enterrado su maestro, ocupando la tumba del Rey un modesto lugar secundario. Este mausoleo es antecedente arquitectónico claro de las grandes tumbas mogoles de la India. Recordemos que los emperadores mogoles indios fueron descendientes de Tamerlán, así que a ellos debemos el regalo del Taj Mahal, la tumba de Mumtaz erigida por su marido, el enamorado Sha Jahan.
…………Y para seguir con las paradojas, el fomento y aprecio de la cultura de los violentos conquistadores propició la presencia en estas tierras de personajes de la talla de Avicena, ilustre filósofo y médico, del matemático Al-Juarismi o Al-Biruni. También pasó parte de su complicada vida el poeta del vino Omar Jayyam, libertino y apasionado.
…………Así que interesa visitar esta ciudad de contrastes, la Marakanda de Alejandro Magno, urbe en la que se mezclan historias de conquistas y grandes dinastías con historias de conocimiento, de belleza, de arte. La cultura uzbeka con la tayika, de ascendencia persa, cuya impronta también se observa en la mejor arquitectura de la ciudad.

4 comentarios

  • Responder junio 29, 2014

    Juanjo Romero

    ‘Delicatessen’, sólo apta para los paladares de los mejores ‘gourmets’ de las letras.

  • Responder junio 29, 2014

    Jean Passepartout

    Gracias, Juanjo. Es un placer que a alguien le guste.

  • Responder julio 1, 2014

    Jorge Moreno

    Uh agradable paseo, señor Passepartout, por ese histórico lugar, tan cargado de historia, pero me resulta extraño que no haya hecho mención de la leyenda que habla de la predestinación , del sino, y que ha contribuido a la fama de esa legendaria ciudad. Buen artículo. Un saludo, Jorge Moreno

    • Gracias, señor Moreno, por sus amables palabras.
      La leyenda a la que se refiere… ¿es tal vez la del mercader, su criado y la muerte? Si es así, la ubicaba en Persia. Si no es así, la desconozco, y le agradecería muchísimo que me la hiciese conocer.
      Samarkanda es escenario perfecto para cualquier historia, porque allí muchas cosas sorprendentes han sido posibles…
      Saludos.

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