‘The Strain’, vampiros hijos de puta

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Corey Stoll, David Bradley, Jim Watson, Kevin Durand, Mía Maestro, Ben Hyland, Jonathan Hyde, Richard Sammel, Miguel Gomez, Natalie Brown, Jack Kesy, Sean Astin, Robert Maillet, Francis Capra, Melanie Merkosky, Regina King, Leslie Hope, Roger Cross, Drew Nelson, Javier Botet, Robin Atkin Downes, Ruta Gedmintas

El otro día escribí sobre Alejandro González-Iñárritu y su magistral película Birdman (2014). Y ahora toca hablar de un buen amigo suyo, el famoso Guillermo del Toro, que no es un cineasta que me vuelva loco precisamente, pero que goza de cierto prestigio en el fantástico y el terror, y del que actualmente estamos viendo su serie The Strain, que merece la pena verse aunque sólo sea porque sus vampiros son los hijos de puta más terroríficos que hemos visto en bastante tiempo en una pantalla.

Del Toro escribió hace unos años una trilogía de novelas en colaboración con Chuck Hogan, que ahora la cadena FX ha producido para dar lugar a una serie con muchos ecos de la carrera del cineasta mexicano.

Este realizador comenzó su andadura en el cine como diseñador de maquillaje (una disciplina en la que destacan todas sus ficciones), y pasó a la dirección con la muy estimable Cronos (1993), casi con toda seguridad, su película más redonda, en la que ya avisaba de su capacidad para la atmósfera y su imaginación para un mundo fantástico propio que no siempre ha resultado cabal con posterioridad. A esta siguió Mimic (1997), que fue mutilada por la productora pero que tiene momentos e ideas muy sugerentes. Vino a España e hizo la interesante, aunque todavía balbuciente, El espinazo del diablo (2001), y al año siguiente pudo hacer Blade II (2002), cuyos vampiros tienen bastante que ver con la serie que ahora se ve en todo el mundo. El gusto de Del Toro por el fantástico y la sordidez es bastante notable, si bien no es un director dotado para la acción ni posee una personalidad destacable como cineasta. Más bien es un artesano eficiente que intenta introducir en sus largometrajes elementos o ideas (o efectos de maquillaje) que le agradan. Lástima que lo que le sobra de atmósfera no lo tenga en ritmo o dirección de actores, dos de las cualidades que designan a un gran cineasta.

Sus dos aventuras de Hellboy (2004 y 2008) y su lírica aunque mecánica y a ratos fallida El laberinto del fauno (2006) terminaron por una parte de darle prestigio entre cierta parte de la crítica, y taquilla entre cierta parte del público. Y ahora, con el fracaso de Pacific Rim (2013), su primera incursión en la ‘Sci-Fi’, ya veremos a dónde va su carrera, pero con su colaboración en The Strain, que padece algunos de los males y goza de bastantes de sus virtudes, intenta llegar mucho más lejos en su aportación en el mito vampírico que lo que logró en Blade II.

Una de las razones para ver la serie es que, al contrario que otras muchas, esta ficción produce verdadero miedo. Es increíble lo mucho que dan de sí los vampiros en el cine, la televisión, la literatura… Parece un subgénero que no se agotara nunca. Y a pesar de que vemos al año bastantes títulos en torno al tema, nunca se agota. En esta ocasión, Del Toro y su equipo intentan, y a mi parecer lo logran, dar miedo una vez más con vampiros monstruosos, que se alejan muchísimo del tono romántico y decadente de tantos relatos, presentándonos a una plaga imparable que se hace con el control de la ciudad de Nueva York ante la incredulidad de sus habitantes y las autoridades. Y te da miedo, y hasta pavor, por un diseño de sonido fabuloso y una capacidad para la atmósfera opresiva que ya querrían muchas películas.

Sin embargo, reaparecen los puntos débiles de parte de la carrera de Del Toro: sus personajes carecen de verdadera entidad, y solamente actores magníficos pueden trascender la condición de meros comparsas del drama que intenta contarse. El protagonista es un especialista en virus, cuya desastrosa vida familiar va pareja con su entrega a la hora de defender a toda costa a sus conciudadanos de una plaga como la que se avecina, pero no hay nada en él verdaderamente carismático o poderoso, al igual que con media docena de personajes bastante planos. Solamente el anciano experto en vampiros, interpretado por el gran David Bradley, o el muy carismático Vasily Fet, al que clava con gran vitalidad y desparpajo Kevin Durand, están por encima de los demás, y te los crees en todo momento y sufres y pasas pánico con ellos. Otros, como Richard Sammel, cuya presencia es imponente, no terminan de explotar del todo, porque es muy difícil cerrar un guion con tantos personajes y situaciones que, además, intenta contar el fin del mundo.

Ya veremos a dónde lleva esta serie. De momento, te lo pasas muy bien en las escenas de puro terror, con ese sonido de latidos que hiela la sangre, y con una panda de vampiros cabrones que ni siquiera muerden, sino que te succionan la sangre con un tentáculo abominable que les sale de la boca y a los que se les cae el cuerpo a pedazos cuando se están convirtiendo en un monstruo. Si realmente Del Toro y su gente son capaces de contarnos un apocalipsis cabal, quizá merezca la pena ver el final de esta temporada, y las que seguramente queden por venir.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

1 comentario

  • Responder marzo 7, 2015

    Miguel

    Parece interesante, habrá que verla.

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