Sobre el llamado “cine clásico”

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Cine clásico, películas, edad de oro, Hollywood

Del mismo modo que, por ejemplo, un premio no otorga prestigio al objeto premiado ‘per se’, sino que es la grandeza del objeto premiado la que en verdad otorga prestigio al premio (y ahí están los Oscar para demostrarlo, unos premios cada vez más insignificantes porque premian cosas insignificantes demasiadas veces, obligados por las leyes del mercado), se puede establecer también la parábola de que el cine no es que esté en decadencia (únicamente) por el trabajo de sus responsables, sino sobre todo por la escasa capacidad crítica de sus receptores, los espectadores, sean cualificados (analistas y críticos de cine) o no, que tanto da. Demasiados lugares comunes, ideas preconcebidas que cristalizan en prejuicios, argumentaciones de salón, esquemas repetidos hasta la náusea. Una historia del cine escrita por uno de esos lumbreras (sobre todo español, cómo no) consistiría en un perfeccionamiento del soporte narrativo (siempre narrativo) hasta pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial, para luego encontrar su forma clásica, pura, en los años cuarenta y cincuenta. A partir de ahí, todo cuesta abajo. Por si alguien todavía lo duda, es el cine estadounidense el que encontró esa pureza clásica en el pensamiento de estos analistas. El resto del cine es un anexo soporífero.

En realidad, un periodo clásico se refiere a la época de mayor esplendor de una cultura o civilización. El término ‘clásico’, por tanto, está bien acotado en su uso, pero muy mal empleado. Ahí está la errónea expresión “música clásica” en lugar de la mucho más acertada “música culta” (y dentro de la música culta hay varios cientos de estilos que solamente, al parecer, conocen los que verdaderamente saben de lo que hablan, especie en extinción) y la muy manida y estúpida expresión “cine clásico”, en lugar de la mucho más certera “cine académico”, que casi nadie emplea. Académico porque en él se encuentra cierto modelo y cierto ideal, al mismo tiempo que ciertas ideas preestablecidas.

En mi opinión, considerar al cine americano, de los años cuarenta y cincuenta sobre todo, como la cima del cine, es algo que debería cuestionarse seriamente. Afirmar con vehemencia que esa forma de cine puede ser la de mayor esplendor y perfección es como sostener que la novela del XIX es superior, más elevada y perfecta que la del XX. Es decir: sostener lo insostenible. ¿Qué duda cabe de que la generación de emigrados europeos cuya carrera comenzó en el mudo, y que por tanto se empaparon de las conquistas estéticas de Griffith, Murnau, Chaplin y otros pioneros, conocieron una gran brillantez y solidez formal en las tres primeras décadas del cine sonoro? Hablamos, claro, de los Hawks, Ford, Hitchcock, Lubitsch… por citar a los más célebres, que siempre dentro de los encorsetamientos de los grandes estudios, y de las necesidades económicas de hacer un cine popular, lograron la hazaña de levantar una obra personal, reconocible, y en los tres primeros casos muy prolífica. Nunca habría ocurrido si el cine no hubiera sido la mayor fuente de entretenimiento y fascinación popular de la primera mitad del siglo XX, y su más importante fábrica de imágenes y sonidos (con la llegada del televisor la cosa cambió, claro). Otro gran director, Welles, que comenzó a hacer cine en el sonoro, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, se las arregló para mezclar un estilo documentalista con las tenebrosidades del expresionismo alemán, organizando una antitrama y un antihéroe y una aventura antinarrativa con la que, curiosamente, cuajaron por fin todas las técnicas lumínicas y de montaje, y que ha sido considerada durante muchas décadas como la mejor película de la historia del cine. Después de estos importantes cineastas, llegaron los Ray, Wilder, Wyler, Mankiewicz, Huston, Kazan, Capra…, artesanos de mayor o menor valía, a menudo escritores de sus propios guiones (toda una novedad en el seno de la industria, y no precisamente una novedad trivial) y que perpetuaron los valores formales de los Ford, Hawks, Lubitsch o Hitchcock, añadiendo muy pocas audacias y consolidando esa visión del cine americano de posguerra como el cine clásico y el más valioso. Pero en la mayoría de los casos, este cine de gran factura, era un cine popular basado en contar grandes historias, con presentación, nudo y desenlace; con la cámara pretendiendo ser invisible, y con el montaje aún más invisible; con buena dirección de actores y con una puesta en escena sencilla,  contenida, aséptica, apolínea.

Sin embargo, para los que todavía tenemos cultura y espíritu crítico, está cada vez más claro que el cine de mayor rango estético hasta la fecha fue el que apareció en los años sesenta y setenta. Y no solamente en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Al horror de la Segunda Guerra Mundial le había sucedido una generación, la de mediados de los años cincuenta, más libre, humanista, progresista y lúcida, que comprendía que el hombre ya se había proporcionado tecnología, no solamente para destruirse a sí mismo, sino también para construir una sociedad mucho más libre y justa. Otro mundo por fin era posible en los sesenta, y a esa ola de optimismo, de grandes filósofos y científicos (los más grandes de todos los tiempos), de ideales y cambios, se unió, no solamente la plenitud de grandes maestros como Luis Buñuel, Akira Kurosawa, Ingmar Bergman, Antonioni o Robert Bresson, sino también jóvenes que habían estudiado cine en los últimos años de los cincuenta y que en esa década se darían a conocer. Gente como el polaco Roman Polanski o el ruso Andrei Tarkovski. A finales de los cincuenta había nacido la Nouvelle Vague francesa (integrada por gente como Claude Chabrol, Alain Resnais, Jean-Pierre Melville, François Truffaut, Luis Malle, Jacques Rivette, Éric Rohmer…) y el Free Cinema británico. Veían la luz los primeros trabajos de los más grandes documentalistas y los más sensibles y refinados poetas que ha dado el cine.

En Estados Unidos, la nueva generación de directores surgidos de la universidad, empezaba a dar sus primeras muestras de talento en los sesenta, para explotar de talento y cambiar para siempre el cine popular y el cine de autor nortemericano en los años setenta. Los Coppola, Scorsese, De Palma, Allen, Malick, Spielberg, Lucas, Milius…

El cine dejaba de ser un simple (y maravilloso) contador de historias para alcanzar una plenitud en su mezcla de imágenes y sonidos, herramientas indispensables para conocer la vida, al hombre y al mundo. La cámara se volvía un ojo inquieto, nervioso y febril. Se despreciaba lo apolíneo y se abrazaba lo dionisíaco y revolucionario. Las cimas, incontestables, de los años cuarenta y cincuenta, habían dado paso a otras, en las que el nihilismo, la audacia infinita, la oscuridad moral, la negación de la estructura teatral (tanto visual como de construcción), el aprendizaje de las ventanas estéticas ya abiertas, lograban que este joven arte empezara a acercarse a su verdadera esencia. Todo se truncó en la desastrosa (a todos los niveles) década de los ochenta. Pero ahí quedaron los sesenta y los setenta como el verdadero cine clásico: la época de mayor esplendor del siglo XX y probablamente de los últimos siglos, y en todo el mundo.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

25 comentarios

  • Responder septiembre 1, 2012

    Jorge

    Estupendo artículo, si señor, con este analítico ensayo vuelve usted por sus fueros de crítico de elevados vuelos.
    Un abrazo, Jorge

  • Responder septiembre 1, 2012

    Raúl

    Genial Adrián, ningún artículo tuyo tiene desperdicio.
    Coincido contigo, aunque popularmente se refieran a esos años 40 y 50 como los de mayor plenitud, la edad de oro y tal y cual, yo también creo que el mejor cine que se ha hecho fue el de los años 70. Por cierto, harás alguna vez esa famosa lista de directores ordenados cual libro del Renacimiento? Sea aquí o en tu blog, la verdad que me parecería interesantísimo saber cuales son, en tu opinión, los mejores directores de la historia, y la forma de ordenarlos, diciendo de paso cual es su mejor película, o vete tu a saber qué cosas. Me encantaría ver algo así, de verdad. Bueno, no me enrollo más, un fuerte saludo!

    • Responder septiembre 2, 2012

      Adrián Massanet

      Buf, eso que me dices es una tarea hercúlea, cuanto menos.

      ¡Muchas gracias por leerme!

  • Responder septiembre 1, 2012

    Pedro

    En resúmen: yo tengo una opinión. Los que no la comparten no están cualificados (¿por quién?), son españoles (¿yo no?), sostienen lo insostenible (¿porque lo digo yo?), no tienen cultura ni espíritu crítico. En esencia, racismo intelectual (e infantil) de la peor especie (los demás son tontos y yo no). Me quedo con esta frase: “Se despreciaba lo apolíneo y se abrazaba lo dionisíaco”, que queda de un pedante que te cagas, pero queda muy bien para aparentar. Felicidades, aspirante a jot-downero.

    • Responder septiembre 1, 2012

      I.

      Si te sientes inferior delante de este artículo es tu problema, Massanet vierte su opinión como hace cualquier otro columnista de este blog y si no te gusta no pasa nada, no necesita tu aprobación.

      Aprende de lo interesante del artículo y no te atrapes con su forma de expresarse, porque te perderías una clase de cine bastante interesante. No hace falta estar de acuerdo en todo, pero de las opiniones ajenas (y especialmente de ésta) pienso que se aprende.

      El debate es bueno si es sano, veo mucho prejuicio sobre su persona en tu comentario, más que tu opinión.

      “En resúmen: yo tengo una opinión.”

      Sí, claro que la tiene, faltaba más.

      Saludos.

      • septiembre 1, 2012

        Pedro

        Nadie necesita clases de cine, lacayo. Sólo hace falta ver cine, el suficiente.

      • César Noragueda
        septiembre 2, 2012

        César Noragueda

        Claro, y vas a saber tú analizar lo que estás viendo por ciencia infusa.
        El orgullo de la ignorancia ataca de nuevo.

      • septiembre 2, 2012

        Adrián Massanet

        Muchacho, mira que me gustan los trolls. Mira que me atraen los raros. Pero lo tuyo es alucinante.

        ¿Por qué te crees con el derecho de llamar a un comentarista “lacayo”? Un poco de respeto, aunque en algunos casos (en muchos casos) pedir eso es pedir un milagro.

        Si te sientes espoleado por este artículo ten la decencia, la dignidad, de estructurar un comentario capaz de desmoronarlo intelectualmente. Ten un poco de respeto por ti mismo.

        Resumen va sin tilde en la u, por cierto.

      • septiembre 2, 2012

        Pedro

        Me equivoqué, tienes de lacayo al Noragueda. Ya he visto cómo tratáis a algunos comentaristas que van con respeto.

        Mi argumento es muy fácil: la encuesta 2012 de Sight and Sound.

        Más de mil críticos, académicos, estudiosos y directores ponen casi todas sus películas favoritas en el período llamado clásico.

        Por cierto, votan Scorsese, Coppola y Woody Allen, entre otros muchos. Esos directores que tanto admiras parecen muy admirados por el cine clásico.

        Será que no saben ver cine, o no tienen espíritu crítico.

      • César Noragueda
        septiembre 2, 2012

        César Noragueda

        Es lo que pasa cuando uno, en vez de argumentar, se dedica incompetentemente a soltar falacias ‘ad hominem’, que ve lacayos por todas partes y, vaya, acaba diciendo alguna tontería morrocotuda: https://twitter.com/Noragueda.
        Y por cierto, el argumento de autoridad es otra falacia: http://goo.gl/IjkpY.

      • septiembre 2, 2012

        Adrián Massanet

        ¿Qué tontería te ha dicho? No la encuentro.

      • César Noragueda
        septiembre 2, 2012

        César Noragueda

        Podríamos hablar de ella como “su paranoia lacayesca”. Y es que todos los que le llevemos la contraria a él o señalemos sus deficiencias argumentales somos lacayos de otros.
        Ahora bien, supongo que, si en vez de eso le bailásemos el agua, no seríamos sus lacayos, sino gente con más verdad de un hereje.

  • Responder septiembre 1, 2012

    I.

    Gracias por esa clase de historia del cine exprés, Massanet. De verdad, maravilloso artículo, a mis favoritos que va, conviene recordar cuál ha sido la evolución de este arte y todo lo que mencionas.

    • Responder septiembre 2, 2012

      Adrián Massanet

      Muchísimas gracias por tus palabras. Me anima mucho saber que mi labor es apreciada por algunos lectores.

  • Responder septiembre 2, 2012

    Luis O.M.

    Buena esa, Adrián, pero no se por qué dices que la catástrofe llegó en los 80. Surgieron algunas de mis obras preferidas, como esa Obra Maestra de Carpenter llamada “Están vivos”, que cuanto más veces la veo más me fascina. Otros cuantos proyectos cojonudos vieron la luz por esta época. Depredador, Jungla de Cristal, Robocop, Conan el Barbaro (que se que no te gusta pero a mí me encanta), El Imperio Contraataca, Agarralo como Puedas, Harry el Sucio, Indiana Jones y la Última Cruzada… Qué se yo, muchas joyitas.

  • Responder septiembre 2, 2012

    Martin

    Adrián, por mas que cada persona tenga una propia, una visión personal de los hechos, tu articulo respira una belleza única, que alcanzas con tus palabras a las imágenes de Yimou.

    De usted, aprendo, me informo, y analizo tu punto vista, para compararla con las demás, y me doy cuenta, que tiene una cultura del cine, que no creo que nunca alcance. Ademas, me falta mucho por ver, leer, escribir, compartir, y usted me facilita mucho el trabajo.

    De ese cine de los 40 y 50, he poco o casi nada, y si lo he visto, ha sido de chaval, y que no acuerdo nada, pero en tu acepción de que la cima del cine llego a los 60 y 70, estoy de acuerdo al 100%, porque, se llego a una madurez artistca y humana en los argumento y en la puesta de escena, enriquecida por la experiencia y aprendizaje, de ese cine de los 40 y 50, pienso yo claro.

    Y de los 80, no estoy muy de acuerdo, ya que aunque, no aportara nada en aquella evolución artística, venían de los hermosos 60 y 70; exploto y mejoro el concepto de cine comercial o el Blockbuster, como mejor se conoce, enfocado a aquella sociedad de aquella época, en el estilo urbano, mas cool, pero divertido; claro que es la década donde se presencio el crecimiento del cine para adolescentes, y las secuelas, y el cine de acción en todo su esplendor. Pero como crecí viendo esas filmes, les tengo cariño y mucha nostalgia, a pesar de mis cortos 22 añitos.

    Pero ya, me extendí me nuevo, pero con usted Massanet, es un placer compartir y debatir ideas y conceptos, sobre esto que es el cine.

    Pd: Estoy reconstruyendo un blog, dedicado exclusivamente para la animación, sea cine, series o cortos, a ver si materializo el proyecto.

    Saludos desde tierras paraguayas.

  • Responder septiembre 2, 2012

    Santi Ramos

    De nuevo una gran columna, esta creo de lo más interesante y que muchos “divos” deberían echarle un vistazo. Toda una lección de cine con la que estoy casi completamente de acuerdo -pese a que ni mucho menos sé tanto sobre él-, fue en aquellos años sesenta y setenta donde el cine tomó el rumbo definitivo, el que aún hoy perdura en las grandes obras cinematográficas.
    Pero creo, igual que dice Luis O.M en su comentario. que los ochenta no fueron tan malos, hubo muy buenas aportaciones y no creo que fuera una década perdida.

    Lo dicho, un enorme artículo. Qué pena que haya gente que no sepa debatir ni opinar con seso o expresar su distinta opinión con respeto sin atacar a alguien que solo expresa su opinión.

    Saludos!!

    • Responder septiembre 2, 2012

      Adrián Massanet

      El problema es que cualquier se cree con derecho a no respetar. Pero, eso sí, pide respeto para él. Lo que son las cosas.

  • Responder septiembre 2, 2012

    Luis

    Tengo el deseo de que la mejor década del cine está por venir porque el cine está mutando, se cierran salas de cine, ¡qué bien!, el celuloide muere, ¡estupendo! Por fin soltamos las anclas del pasado y nos enfrentámos a un futuro impredecible, morirá todo para nacer de nuevo una forma más evolucionada, más plural y variada.
    Hay obras como Diamond Flash que nos señala una de las tantas, infinitas, bifurcaciones que tiene el cine actual, tanto de exhibición, como de filmación. (Sí, este párrafo lo he escrito para recomendar esta película)

    Lo que más me llama la atención es que parece que las guerras son necesarias para un avance en la conciencia, como si el ser humano estuviese tan dormido que necesitáse una gran bofetada. En la década que comentas, los 60-70, también estuvo muy presente en la mentalidad de toda esa generación la guerra del Vietnam, y es que resulta paradójico, o tal vez no tanto, que con la guerra el arte que se desconecta de todo coorparativismo, de los industrial, y se conecta con el pueblo, en definitiva el verdadero arte, surja.

    Gracias por el artículo, porque cuestionas lo que parece incuestionable y esa es la única manera de avanzar, creo.

  • Responder septiembre 2, 2012

    Erick

    Siempre me ha gustado el cine, había algo que me atraía a el de manera compulsiva ya desde muy joven. Nunca renegué de tal impulso, acudí a ver tantas películas como pude, muchas veces, asta completar la cartelera del cine que quedaba cerca de casa. No quiero ni recordar la cantidad de películas insulsas que vi, invirtiendo mi dinero y tiempo, pero seguro es que no fue en vano, por que algo dentro de mi se iba gestando, a un que no sabia muy bien que.

    Algunas veces me hacia pensar, otras soñar, pero era claro que, yo no me acercaba con la mera intención de entretenerme vulgarmente, así lo sentía. De ser posible, siempre me ha gustaba ir al cine solo.

    Por lo que para afinar un poco mis sentidos, y educarme un poco mejor, si se quiere ver así, comencé por acercarme a los “críticos de cine”. Al principio me uní a los borregos y los seguí a pie de la letra. También algo aprendí de ellos. Algunos se creían muy chulos y toca pelotas, pero solo eran unos fanfarrones mas, prisioneros de su ego, que les hacia creer tener mas cultura que los demás, pero carentes de humildad. Al final resultaba que tampoco ellos sabían nada, o si lo sabían, se lo aguardaban con envidia y no lo compartían.

    Pero entonces tuve la suerte de conocerte, solo por medio de las palabras, claro, pero no hace falta mas. Gracias a los borregos que huían horrorizados por lo que leían de ti, y yo como la curiosidad es lo que mas me sobra, me acerque a tomar cátedra, y que agradecido que estoy. Todos tenemos nuestros defectos (sin ánimos de ofender) pero a mi me gusta tomar lo mejor, sobre todo cuando se siente sincero, lucido y que a suena a verdad. Soy un ignorante y medio analfabeta, pero eso se me da muy bien.

    Los borregos siempre van con su gran ego que no se aguantan ni ellos mismos, ala mínima que les tocan su asquerosa moral, huyen espaboridos o comienzan a soltar todo aquello que no hace mas que resaltar lo mas asqueroso de las personas.

    Todo viene a motivo de dar las gracias; por que ahora se reconocer a un verdadero artista, y en el caso que nos toca, a un verdadero director de cine. Me siento a ver una película y extraigo de ella la vida misma, se producen sucesos invisibles, pero que llenan de verdad.

    Hoy en la tarde he vuelto a ver por enésima vez “Fresas salvajes” de Ingmar Bergman. De alguna manera me identifico personalmente con ella; no por que sea un viejo como el de la película, estoy bastante chaval todavía, a un no salgo de la veintena, pero hay algo que me hace sentir su peso y al final de cada visionado, siento que he adquirido algo de madurez y compromiso. Me pasa lo mismo con “EL Sacrificio” de andrei tarkovsky.

    Y ya para despedirme, por que creo que ya perdí la continuidad y coherencia con tanto párrafo. Solo diré que no discuto cual ha sido la mejor época del cine, por ignorancia y por que algunas películas parecen ser a temporales, y ya todo lo de mas deja de importarme poco.

  • Responder enero 23, 2013

    der56

    la misma tontería de siempre…

  • […] por David Chase y emitida por HBO entre 2003 y 2006. En comparación, todo el cine clásico (y ya hablé de que es una concepción de “lo clásico” completamente errada) me parece superficial, obsceno y una patraña. Hubo que reflexionar, claro, sobre la propia […]

  • […] …………Volveré a afirmar, por mucho que algunos cegatos no quieran verlo, que el llamado “cine clásico” americano no es más que “cine académico”, producto de un sistema de estudios con miles de empleados en nómina y que realizaban películas […]

  • […] las dan de expertos, en cada cosa que escriben o que dicen, están terriblemente condicionados por una idea del cine clásico por completo desfasada, y que sustentan sus ideas sobre lo que debe ser el cine en base a ese concepto tan manido y […]

  • […] revolución, para ganar dinero sirviendo al mejor postor. Mientras la primera está filmada con esa sobriedad y academicismo que algunos llaman clasicismo, la segunda está filmada con una pasión y un tremendismo que le dejan a uno literalmente sin […]

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