La tiranía del espectador

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Seguidores, equipos, fútbol, Ultrasur, violentos

Hoy me dio por leer (locuras que comete uno) el diario El País, La Estafa Global… quiero decir, el Periódico Global, y así enterarme de lo que sucede en el mundo. Y me enteré de que en la liga de fútbol italiana, el Calcio, la presión de los ultras es enorme, y que los jugadores de la primera división (bueno, de todas las divisiones) están acojonaos porque estos individuos, dirigidos por las mafias, hacen y deshacen a su antojo, les dicen a los clubs lo que tienen que hacer, y no toleran que su equipo pierda un partido, pues son capaces de amenazarles de muerte. Tan maravillosa presión no responde ante las autoridades, pues si hay problemas, la poli les dice a los clubs y a los jugadores que son ellos los responsables de cualquier desastre que pueda acontecer.

Estupendo, la verdad. Lejos estoy yo de sentir pena por una panda de machitos en calzoncillos que ganan más en un mes de lo que pueda ganar yo en toda mi vida currando como bajo proletario, pero esa horda de bestias arremolinadas en las gradas, soltando espumarajos por la boca y bengalas enrojecidas de ira, me hacen pensar en el espectador medio, el lector medio, el consumidor medio de cultura, tan propenso a la equidistancia, la mesura, la prudencia, la deferencia… Tan circunspecto, juicioso, comedido, tolerante, contemporizador… Tan capaz de valorar el trabajo de los demás por encima del dinero que puedan, de forma voluntaria, gastarse en una sala de cine o en un libro. No pueden compararse esos bestias italianos (y algunos españoles…) fanáticos del fútbol con los que prefieren divertirse los fines de semana viendo películas, o series, o leyendo libros o columnas de opinión.

Para nada.

Claro, que la manifestación de los primeros, que sale en algunos medios de comunicación de cuando en cuando, es mucho menos espectacular que la de los otros, que únicamente dejan clara su postura en la calle, en los bares, en el trabajo, en foros, en blogs de mierda y, en general, en cualquier soporte a su alcance, pasando por su particular rasero el esfuerzo y el talento de los demás, que aunque sea muy bajo, o inexistente, es muy superior al suyo a la hora de, por lo menos, respetar lo que intentan ofrecerle. Porque estamos en un país en el que hasta el más tonto hace relojes (o se pone de coordinador en un blog de opinión), y en el que, si no se exige a los políticos tener al menos una licenciatura en abogacía o en economía, muchísimo menos aún se puede exigir ni siquiera un mínimo de capacidad verbal al sujeto que clama a los cuatro vientos sobre la última película de Paul Thomas Anderson, Michael Haneke o Lars von Trier, o sobre el último libro de Alejandro Jodorowsky, Fernando Vallejo y ninguno de Mario Vargas Llosa.

Seamos honestos: el escrutinio salvaje con que el ciudadano medio acoge el trabajo de un artista es algo indescriptible. Casi le piden responsabilidad penal por no satisfacer sus necesidades o expectativas. Por algún extraño sortilegio o engaño, la masa enorme de espectadores potenciales se ha convertido en el juez definitivo y absoluto del trabajo de un artista, ya sea consagrado, debutante, controvertido, comercial o minoritario. Hace varios siglos, las grandes familias, las personas más poderosas, se convertían en mecenas de los más importantes artistas y artesanos, que dependían de papas, gobernadores, marqueses para poder vivir de su obra. Ahora es muchísimo peor. Para poder vivir del cine o de la literatura, o del dibujo o de la música hay que convertirse en servil vasallo del execrable gusto generalizado, hay que participar del sistema establecido. Y si se te ocurre siquiera imaginarte libre, quizá una pequeña parte del mundo aprecie lo que eres capaz de hacer y nunca olvide lo que conquistaste, mientras que la gran mayoría te despellejará verbalmente porque se creen con derecho para ello.

Lo más grave, no me cansaré de decirlo, sucede con el cine. No es porque yo sea alguna clase de experto en la materia, pues ni soy experto en cine ni en nada, salvo en hacerme daño a mí mismo quizás, pero sí es por puro respeto a un medio tan joven y tan viejo a la vez, tan vulnerable, tan mediático, mucho más que la música o la literatura. Mucho más popular y susceptible de manipulación emocional o sociológica. Sus hermanos mayores, la literatura y, sobre todo, la música, disponen de especialistas mucho más numerosos y preparados, mucho más combativos. Quizá sea porque el cine es un artefacto mucho más caro, no lo sé. Y como es más caro, supone más dinero y más maquinaria comercial, y así se hace más accesible al público en general. Es un tema complejo, pero sorprende la escasa cantidad de personas inteligentes que se dedican a debatir y teorizar y analizar el cine, así como asombra el gran número de ineptos mentales que, con un ansia infantil, desean demostrar cuánto saben de cine. Al cine ya no le puede pasar nada más. Convertirse en cuentacuentos, sufrir a una industria implacable, adoptar formas y soluciones de la literatura, la música y el teatro. Y ahora que todo hijo de vecino se crea que tiene nivel para decidir qué es una obra maestra o no, cuando no reconocerían una obra maestra ni aunque se restregaran contra ella.

A ese tirano, ni le nombres a Lars von Trier, Michael Haneke, Paul Thomas Anderson, Víctor Erice o Andrei Tarkovski. Se sienten insultados, ofendidos. ¿Quién se creen ellos, haciendo un cine que surge de su mundo interior? ¿A santo de qué? Pero ni siquiera saben que son unos tiranos. Para ellos, la normalidad es lo bueno, y lo otro es inadmisible. Para mí es insoportable tener que escuchar a tanto ignorante que, para empeorarlo, no sabe que es un tirano cultural.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

7 comentarios

  • Responder marzo 26, 2015

    Skarfake

    A pesar de estar de acuerdo en el fondo de su artículo, no los estoy así en las formas mi querido Adrián.
    Esa tiranía de la que vehemente hablas en tu artículo bien podría quedar reflejada en la insistencia en defender a unos autores de cuya obra se puede tener opiniones cuanto mínimo encontradas, digo yo… que igual soy un iletrado de los que según tu exposición no tiene ni el derecho ni la formación suficiente para poder opinar.
    Para que quede constancia estudio comunicación audiovisual durante 4 años, trabajo en teatro durante 5 y soy un glotón devorador de letra en papel ( sin descartar el cómic ni mucho menos ) y no me gustan todas las obras de la mayoría de autores que expones, sin acritud aceptemos ésto, prácticamente como intocables por una crítica; lamentablemente librandoles así de sobresalir en un espacio lleno de mediocres “competidores”.
    Lamentable es, no obstante, que en mi humilde opinión tengas razón en el fondo. Y es que en mayor o menor medida la gran red de redes dando voz a cualquiera está ayudando a amasar un inconsciente colectivo aborregado y
    ávido del “exacerbo”.

    • Responder marzo 27, 2015

      Adrián Massanet

      Hola, Skarfake.

      Quizá sin quererlo has dejado en evidencia uno de los temas del texto. Claro que pueden no gustarte algunas de las obras de los nombres que cito. Pero no los has destruido con esa tiranía a la que me refiero. Y yo no voy a tirarme de los pelos ni a subirme por las paredes ni nada porque no te gusten.

      A eso me refiero.

      • marzo 28, 2015

        Skarfake

        No hombre no… El caso, sin ánimo de polemizar más allá del ligero desencuentro conceptual ( y tal pascual… ) es que nos hagas ( a tod@s, tú incluido ) el favor de sentirte parte de esa masa de opinólogos, yo lo hago y por ende me arrojo a comentar en artículos como éste.
        Con lo cual, (de incluirte) podrías ver que el citar, de nuevo te digo, con demasiada vehemencia a esos autores te hace parte de el problema que el artículo viene a criticar. No he dicho y creo que quedaba bastante claro, que esos autores no me gusten y sí que no me gustan todas sus obras, eso no deja en evidencia nada más que el que amén de compartir tu opinión ( también lo dejaba claro ) la suscribo, no haciendo gala de reduccionismo soez en mi opinión para calificar las obras.
        Precisamente las cualidades de algunos de esos autores son las que, dependiendo de la obra, han hecho que me gustase o denostase totalmente el “producto” sin apenas tonos intermedios.

  • Responder marzo 26, 2015

    predicador

    Pues yo no estoy para nada de acuerdo… El talento, como la energía, creo se transforma antes de destruirse, y bajo nuevas formas permanece para el que quiera acceder al mismo. Ahí están las innumerables nuevas series de TV, cada vez más autoexigentes. Los auteurs, ¿en peligro de extinción? No lo creo. Incluso los infames premios Oscar están ahora reconociendo, con excepciones, fórmulas situadas en las antípodas de triunfadores de décadas pasadas. Dudo que esto fuera posible si existiera una tiranía global sobre el gusto popular. Ridley Scott, tan denostado por tu sección, paradigma de aquellos cánones comerciales que tanto agradan a la masa, se encuentra cada vez más cuestionado. Mi impresión es que las webs y blogs que, imagino, visitarás con regularidad, no son los adecuados ni dan medida precisa de la opinión general.

    • Responder marzo 27, 2015

      Adrián Massanet

      No entiendo muy bien tu comentario. Dices que estás en desacuerdo conmigo pero parece que sí estás de acuerdo conmigo.

  • Responder marzo 29, 2015

    miguel

    totalmente de acuerdo

    • Responder marzo 29, 2015

      miguel

      Es más, España y Europa son el jodido paraiso terrenal comparandolas con Perú, mi país. Te hablo de un lugar en donde a “Boyhood” no la vió ni 1000 personas; donde NO EXISTE espacio para el cine de autor, salvo 3 o 4 cines en todo el país, siempre a las 11:30 pm o 1:00pm, of course. Un lugar donde no NO EXISTE programa de cine alguno, ni radial ni televiso, salvo “El placer de los ojos” (vaya titulo, mira tú…) y sus 45 minutos de alabanzas al cine academico, que de audiencia tiene 10 gatos. Para comprar dvd o blu-rays originales en Perú (…reza la leyenda que existen lugares para comprarlos, anda tú a saber dónde…) gastarás lo mismo que si quisieras 30 piratas (porque a los peruanos les interesa un rábano la calidad, los subtitulos, o los extras), además de solo tener el último blockbuster hollywoodiense (la última de adam sandler o miguel bahía, o ahora último las de terror). Acá a la gente solo le interesa el futbol (que carajos, mira si no es para colgarse del árbol más alto) y las novelas. Y fútbol y novelas es con lo que nos bombardean dia y noche sin cesar, estés donde estés.
      Decía un alto ejecutivo de la Fox a la revista Variety (espectáculos) que el mercado sudamericano para las pelis está conformado por 3 bloques. El mercado brasileño, donde entra de todo; el mercado de Argentina, Uruguay y Chile, donde hay cabida para los blockbusters y peliculas “finas” (así les llaman); y mi querido y entrañable mercado peruano (conformado también por Bolivia y Ecuador), donde solo llegan blockbusters y peliculas de comedia y terror (la comedia mas vulgar y el terror más chapucero y trillado), cada una con su respectivo doblaje, “porque no les gusta leer”. Ah, y pelis peruanas verás una o dos al año, porque si no son “comedias” (es un decir) duran una semana y las pasan tardísimo.

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