John Ford, nostalgia y tradición

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…………Inicio con este texto una trilogía de artículos con los que expresar mis ideas sobre los que probablemente sean los tres directores más venerados del cine norteamericano de todos los tiempos: John Ford, Alfred Hitchcock y Billy Wilder. Por supuesto que hay otros como Orson Welles, Raoul Walsh, Cecil B. DeMille, William Wyler, Howard Hawks, Ernst Lubitsch o Charles Chaplin. Pero estoy convencido de que los tres que he elegido representan mucho más cierto estilo de producción y de realización de películas, cierta estética cinematográfica norteamericana que se ha prolongado hasta nuestros días (con sus luces y sus sombras), y que han provocado, seguramente sin quererlo, cierto anquilosamiento intelectual de críticos y analistas de cine, para los que estos grandes popes son lo más parecido a un perfecto narrador en imágenes norteamericano (aunque ninguno de los tres era realmente estadounidense). Pero, aunque creo que su aportación al cine es esencial e incuestionable, también es intención de estos análisis profundizar de forma más objetiva en sus limitaciones y en sus irregularidades, que son abundantes pese a esa veneración antes citada. Espero, por tanto, poder ofrecer una mirada más racional y menos reduccionista a la labor creativa de estos cineastas, comparando sus logros con los de los grandes artistas audiovisuales europeos o asiáticos.
…………Pero ¿cómo hacerlo, por ejemplo, con John Ford, quien para el grueso de la cinefilia occidental es casi una vaca sagrada, un intocable maestro? ¿Cómo cuando, en su caso, posee una dilatada filmografía en la que abundan grandes y hermosas películas? He de reconocer que el acercamiento a algunos de sus ‘westerns’ por parte de ese gran crítico que fue el malogrado maestro de la fotografía Néstor Almendros en su día me dio coraje para elaborar mis propios conceptos más allá de la ciega vehemencia. Y aunque algunos puedan tacharme de polemista u oportunista (en realidad, nada más provechoso que una buena polémica intelectual, y nada más oportuno que defender los propios argumentos siempre que se pueda), echando un vistazo a la amplísima obra de Ford, en realidad es bastante sencillo concluir que en ella cabe prácticamente de todo y que, finalmente, los críticos de su tiempo que dudaron de los títulos posteriores a El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952) no andaban tan desencaminados. La trayectoria de Ford, que abarca nada menos que seis décadas (1917-1966), comporta más de un centenar de títulos, largometrajes y mediometrajes, desde el mudo hasta los convulsos años sesenta. Filmes sociales, de aventuras, bélicos, comedias, costumbristas, melodramas y, por supuesto, ‘westerns’. Y en esa abultada carrera hay filmes magníficos y otros reprobables. Hallazgos narrativos y también errores garrafales. Libertad creativa y, sin lugar a dudas, un esclavismo terrible respecto a las productoras y la taquilla. Proyectos muy personales y queridos, y otros, no pocos, alimenticios y sin interés. Echémosle un vistazo profundo.
…………John Martin Feeney, hijo de emigrantes irlandeses, nació en Maine en 1894. De mano de su hermano mayor, Francis, entró en la balbuciente industria del cine llevando a cabo todo tipo de labores: desde chico de los recados a especialista en secuencias de caballería, pues era un espléndido jinete. De hecho, participó en un pequeño papel anónimo en la fundamental El nacimiento de una nación (1915), y un accidente le permitió descansar y observar detenidamente durante días cómo dirigía Griffith, de quien él mismo confesó que había copiado bastantes cosas. Casi por una casualidad, empezó a dirigir ‘westerns’, y como su fuerza narrativa, capacidad de síntesis y pericia a la hora de transmitir la emoción en imágenes eran enormes, poco a poco se ganó un lugar en la industria, trabajando sin descanso y puliendo algunas de sus obras más queridas: Marked Men (1919) o Desperate Trails (1921). En 1922, inició su andadura con la Fox para una etapa menos personal, pero aún pudo firmar títulos tan apreciados por él y la crítica como The Iron Horse (1924) o Three Bad Men (1926). Desde sus inicios, Ford se reveló como un impresionante cronista de épocas pasadas, norteamericanas o irlandesas, y mostró su inclinación por las formas de la tradición y de la nostalgia. Pero eso no le convierte en un gran director porque en su discurso íntimo late un profundo conservadurismo de base y una tendencia a lo empalagoso que, sin embargo, no aparece en sus mejores obras.
…………De entre todo lo que he visto de Ford (calculo que el noventa por ciento de su ciclo sonoro y el treinta por ciento del mudo), su gran obra maestra, en mi opinión, es The Quiet Man (1952). Pero tiene cintas bellísimas, intensas y conmovedoras como She Wore a Yellow Ribbon (1949), la única de sus cintas nostálgicas que no confunde la melancolía con el sentimentalismo; The Man Who Shot Liberty Valance (1961), realmente la obra maestra del final de su carrera y el resumen de su visión del ‘western’; la lírica How Green Was my Valley (1941), que no es costumbrismo sino remembranza; The Grapes of Wrath (1940), sobre el original de John Steinbeck, que más que crítica social es la epopeya de una familia. Y otras muy notables, como la serena pero atormentada Young Mr. Lincoln (1939), la épica y oscura My Darling Clementine (1946), o la impresionante Fort Apache (1948). Otras como The Fugitive (1947) o Judge Priest (1934) son menos redondas, pero se benefician de la sublime fotografía de Gabriel Figueroa, en el primer caso, y del excelente guion de Dudley Nichols, en el segundo. Porque Ford siempre fue un director de estudio aherrojado por las necesidades comerciales, que tuvo los arrestos y la personalidad para imponer sus gustos y su fatalista pero irónica visión del mundo. Lo que no es poco, dadas las circunstancias.
…………En cuanto a The Searchers (1956), mis sentimientos hacia ella son ambivalentes. A su insuperable punto de partida se le añade un primer cuarto de hora también insuperable, asombroso. De ahí la película da bandazos: los indios vuelven a ser los malos (claro, ocupaban las tierras de los colonos cuando llegaron allí…), la psicosis de Ethan y su súbito cambio final no se los cree nadie, y aunque visualmente es portentosa, tanto los actores, salvo Wayne, están exageradamente teatrales y contiene algunos fallos técnicos impensables en el Ford de los años treinta y cuarenta.
…………Jack hizo películas indignas del supuesto mejor director de la historia del cine norteamericano. Two Rode Together (1962), una suerte de prolongación de The Searchers, resulta ridícula tanto en la dirección de actores como en su diseño de producción y en una historia que hoy día es inverosímil y absurda. Cheyenne Autumn (1964) es torpe, mal estructurada, los actores están pasadísimos y carece de unidad y del menor interés. Sgt. Rutledge (1960) tiene un guion horrible, estúpido, y su supuesta loa a los soldados negros norteamericanos queda ingenua, infantil y opaca. Eso sí, contiene algunas imágenes de gran belleza, como casi todas. The Last Hurrah (1958), en la que por fin trabajó con Spencer Tracy, demuestra que Ford, intelectualmente, no estaba a la altura para ese relato y que trataba de quedar como un progresista cuando en el fondo era un conservador formidable. Un espanto de película increíblemente panfletario, terrible. Y hay bastantes más todavía peores que estas.
…………Su dirección de actores, verdaderamente la piedra de toque de todo gran director, se basaba en un naturalismo, en un hacer pocas tomas, que no siempre le salía bien. Precisamente por ello, a menudo, sus actores no entraban en sus personajes y carecían de vida. Su impresionante ojo para la planificación visual, sobre todo para las grandes tomas en exteriores y para los encuadres grupales en interiores, no le impedía, sin embargo, que su montaje, ese que debía ser invisible para tantos exégetas de la pureza cinematográfica, quedara artificial y a día de hoy anquilosado.
…………Ford fue un autor extraño, irregular y huidizo. No gustaba de decir que hacía arte, y tenía malas pulgas. Era un hombre enigmático, solitario y admirador de la vida en el ejército. Repudiaba sin embargo toda forma de autoridad (no podía ni ver a los policías), y varias veces intentó dejar de beber, sin conseguirlo. Y bebía como un cosaco. Le costó mucho hacer las películas que él quería hacer, precisamente porque se alimentó de la industria que se lo impedía. Para él, sus más hermosas películas no eran ‘westerns’. No era reaccionario, ni fascista ni militarista. Pero quería creer en paraísos, en tradiciones. En mundos mejores. Lo mejor de su cine contiene una mirada al pasado sin sentimentalismos, y por eso su The Quiet Man es una verdadera obra de arte. Su película. En otras, el costumbrismo daña la potencia increíble de sus imágenes, así como su gusto por la comedia fácil y por las normas sociales.
…………En Europa, su reflejo en el espejo sería, para mí, el también muy prolífico y mucho más complejo Ingmar Bergman, con quien en verdad compartía el amor por el teatro (en el caso de Bergman, con mucho más fundamento…) y la crónica de tiempos pasados. Pero Bergman, que también tuvo que lidiar con las imposiciones de los productores y con la crisis de espectadores, y a quien le gustaba mucho Ford, fue mucho más coherente, mucho mejor director de actores, mucho más valiente. Reflexionó mucho más sobre su propio oficio y envejeció mejor. Y sus películas también. No comparo a ambos directores. Eso es imposible. Establezco hechos. Ford, que en sus mejores trabajos me maravilla, también me parece despreciable en sus peores o en sus historias más autocomplacientes. Es el problema de cine americano: no ve más allá de su propio ombligo.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

23 comentarios

  • Responder junio 19, 2013

    Raúl

    Hola Adrían. Interesante triada de artículos la que nos propones. Me encanta Ford, después de Coppola y Malick es mi director norteamericano favorito. Colocarías a muchos directores yankees delante de él?

    La verdad he de admitir que estas nuevas opiniones resultan un tanto descorcentantes, pues no hace mucho decías que Ford era el director con más obras maestras y el mejor de la historia. Este brusco cambio en, no sé, un quinceañero que empieza a ver cine y tras 5 años de bagaje cambia, pues vale, pero coño, que eso lo decías con veintitantos, y no creo que empezaras a ver cine tan tarde.
    Me resulta extraño, simplemente.

    Y como siempre, mis preguntas como a parte como gran fan que me sirven para conocer un poco más tus opiniones, y que rara vez contestas: qué opinas de Kusturica, Angelopoulos y Kiarostami? Cual es tu favorita de cada uno? Quién te parece mejor, más valioso?

    Un fuerte saludo. Espero no ser demasiado pesado.

    • Responder junio 19, 2013

      Adrián Massanet

      Holaaa.

      No eres pesado, hombre. Al menos me preguntas cosas interesantes y supongo que también te parece interesante mi texto.

      Los tres directores que me citas nunca me han vuelto loco, aunque reconozco que han dirigido cosas valiosas y muy importantes para su cine nacional.

      ¿Yo dije que Ford era el mejor de la historia? No lo sé. Lo que sí sé es que evolucionar en los propios conceptos es esencial.

      Un abrazo fuerte para ti también.

      • junio 27, 2013

        Raúl

        Por cierto Adrian, has visto ya la flamante Palma de oro del 2010 del tailandés ese del nombre impronunciable, ‘Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas’? Yo le tengo un miedo que te cagas. Comos diferenciar el cine revolucionario y en busca de nuevas formas, con mirada hacía el futuro, de las tomaduras de pelo?

        Otra cosa: te gustó ‘Luz silenciosa’ de Reygadas?

  • Responder junio 19, 2013

    Xisco

    Muy interesante.
    Me quedan algunas dudas

    ¿A qué crees que se debe que la veneración hacia a estos directores se haya establecido como dogma entre la crítica cinematográfica de todos los tiempos?
    O bien
    ¿Existe alguna otra corriente crítica que haya optado o tomado como referentes a otro tipo de directores?
    Y tanto si esto es así cómo si no
    ¿No se trata simplemente de una cuestión de gustos o se pueden establecer parámetros que no sean subjetivos y que sirvan para establecer un “nuevo orden”?

    Y una más personal
    ¿Qué opinión te merecen las listas que periódicamente hacen las revistas especializadas sobre los clásicos? ¿No son acaso herramientas que han ayudado a perpetuar ese anquilosamiento intelectual del que hablas?

    En Sight and sound la lista de los críticos y la de directores tiene curiosas discrepancias.

    http://explore.bfi.org.uk/sightandsoundpolls/2012/critics/

    http://explore.bfi.org.uk/sightandsoundpolls/2012/directors/

  • Responder junio 19, 2013

    Adrián Massanet

    Buenas.

    No sé a qué se debe. Bueno, sí: a la americanización de los gustos de muchas culturas del mundo.

    Existen muchas corrientes de crítica cinematográfica que no necesariamente han alabado a Ford, Hitchcock o Wilder, entre otros. Por suerte.

    No es cuestión de preferencias personales. En este artículo intento establecer también evidencias objetivas. No sé si lo he conseguido.

  • Responder junio 21, 2013

    Core

    Muy buena entrada, si señor. Ya que has nombrado de refilón a mi director favorito, creo que es inevitable preguntarte por él: en una supuesta lista hipotética de mejores directores de la historia, pondrías al indómito Orson Welles por encima de todos los mitos del Hollywood clásico? Desde Ford hasta Wilder, pasando por Nicholas Ray o John Huston? No te parece más valioso al menos? Más autor, más libérrimo, mejor. No tenía sitio en Hollywood y tuvo que marcharse a mendigar a Europa. Pero los medios de allí no podían alimentar las enormes ambiciones cinematográficas que solo podía satisfacer en casa. Todo en Welles es apasionante y paradójico, y muy triste.

    En resumen, qué opinas en líneas generales del director al que más admiro?

    • Responder junio 21, 2013

      Adrián Massanet

      Hola.

      Orson Welles es un prodigio, un maldito romántico que destruyó Hollywood, el niño que jugó con los juguetes de los dioses y les ganó a todos.

      No sé si es el más grande. Yo no sé nada, en ralidad. Pero Welles fue irrepetible.

  • Responder junio 21, 2013

    Jorge Moreno

    He visto poco de la extensa filmografía de Ford, solo Fort Apache, The Quiet Man y alguna más, pero fueron filmes impactantes, de esos que dejan un grato recuerdo. Estupendo y objetivo análisis de la obra de Ford, Massanet.
    Ahora quedo un tanto ansioso a la espera de sus próximos post: Alfred Hitchcock y Billy Wilder ¡Un trío de Ases!
    Saludos, Jorge Moreno

    • Responder junio 23, 2013

      Adrián Massanet

      Hola, amigo Jorge.

      Espero que los demás estén a la altura y que te interesen lo mismo o más que este.

      Un abrazo.

  • Responder junio 22, 2013

    pat

    La mayor virtud de un director es ser hijo de su tiempo, cualidad que paradojicamente se convierte a veces en su peor enemigo.
    Muchas veces un director es más tímido ante los halagos que sus propios seguidores. Quizás notas a faltar una brújula moral en Ford, pero puede que no la necesitase, siendo consciente que ir un paso más allá en lo transcendente no le otorgaría más que desilusiones y problemas. Una buena carrera está al alcance de muy pocos, quizás un puñado de películas interesantes en medio de un audiovisual vale más la pena de o que parece al principio.
    Quiero saber más de Wilder, ese totem sagarado de la comedia ácida ;)

    • Responder junio 23, 2013

      Adrián Massanet

      Sin duda, el director que consiga simplemente un puñado de buenas películas es ya un gran director. A veces pedimos demasiado.

  • Responder junio 24, 2013

    Alex Elbal

    Hola Adrián,

    Da la casualidad que hace poco leí una opinión tuya sobre “The searchers”, en la que la calificabas de obra maestra. Veo que tu opinión ha cambiado, pero no sé si en aquella ocasión la calificaste de ese modo teniendo en cuenta los fallos que expones ahora, o por el contrario sí los viste pero los pasaste por alto por alguna razón.

    No quiero parecer un troll, simplemente me resulta un cambio de parecer un poco abrupto y no quiero pensar que tus valoraciones sobre películas son a la ligera.

    Un saludo,

    Álex

    • Responder junio 24, 2013

      Adrián Massanet

      No creo que seas ningún ‘troll’, hombre.

      Las obras maestras no tienen nada de perfecto. ‘The Searchers’, a grandes rasgos, es un filme grandioso. Tiene cosas que me fascinan, y otras que no tanto. Es un Ford tardío y apasionante, pero en ningún modo perfecto.

      En el ensayo que hice sobre ella en mi propio blog, algo apunto de esto. El problema es que la he visto muchas veces y, al final, uno acaba viendo cosas que no están en los primeros visionados. Sus primeros quince minutos, insuperables; el resto, con sus desequilibrios. Pero me gusta mucho. Quizá más aun por lo imperfecta que es.

  • […] John Ford, nostalgia y tradición […]

  • […] John Ford, nostalgia y tradición […]

  • César Noragueda
    Responder julio 7, 2013

    César Noragueda

    No hay duda de que no he visto tantas de las películas de Ford como tú, Adrián, ni, por tanto, he podido hacer un análisis general propio y válido del conjunto de su obra. Pero, de entre las que sí he podido calzarme, la que creo que sobresale es, casualmente, ‘El hombre tranquilo’. Es ¡impetuosa!, ¡homérica!, para quien lo pueda entender.
    Recuerdo que, hace años, en la primera clase de una asignatura de cine a la que asistí de oyente en la universidad, el profesor pasó un cuestionario para saber cómo andaban los alumnos de conocimiento cinematográfico. Y, para sorpresa de absolutamente nadie, fue un desastre.
    Una de las cuestiones, ¡qué raro!, era nombrar películas de John Ford; y al final de la clase, revisando mis respuestas, el tipo me dijo: “¡Vaya! Creía que incluirías «Centauros del desierto»”. “No dudo que es una película valiosa”, le respondí, “pero creo que tiene unas cuantas inverosimilitudes que me cuesta digerir”.
    De inmediato, se le mudó el semblante, se volvió para recoger el resto de los cuestionarios y, antes de abandonar el aula a grandes zancadas con una indignación mal disimulada, me espetó: “Bueno; todo es opinable”.

    • Responder julio 7, 2013

      Adrián Massanet

      ¡Hola!

      He vivido cosas parecidas; me refiero a lo de la indignación mal disimulada; pero al menos respetó tu punto de vista y no te soltó alguna burrada.

      Para algunos, cuestionar sus obras preferidas es exactamente lo mismo que insultarles a ellos.

  • […] los Estados Unidos. Adheridos a la expresión obtenemos los nombres de Randolph Scott, John Wayne, John Ford, Sam Peckinpah, Clint Eastwood. El ‘western’ es ya, por definición, el territorio de los […]

  • […] de la mesa frente a otra, podemos situar a un lado la más célebre y culta y radical película de John Ford (el más venerado de los directores norteamericanos de todos los tiempos), que es Centauros del […]

  • […] Ahora poseo un filtro bastante exigente respecto a las películas de Raoul Walsh, Howard Hawks, John Ford o Budd Boetticher, y tengo las cosas un poco más claras. …………No voy a […]

  • […] […]

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  • […] no pocos machitos de esos que dicen que les gusta el cine, se interesan por Sergio Leone, o por John Ford, o por Clint Eastwood o gente así porque, de alguna forma soterrada, por caminos velados, […]

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