La responsabilidad de hacer cine

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ideología y estética

Hace algunos meses escribí un texto sobre dos películas protagonizadas por Charlton Heston: Los diez mandamientos (The Ten Commandments, Cecil B. DeMille, 1956) y Ben-Hur (id, William Wyler, 1959), intentando explicar, en la medida de mis posibilidades, por qué me parecen dos películas, como mucho, mediocres, y por qué además de eso me parecen dos películas ideológicamente detestables. No sé si lo conseguí, pero se estableció cierto debate con un lector que se autodenominaba ateo y que, sin embargo, defendía que a las películas no hay que criticarlas por las ideas que defienden o que exponen.

Yo no puedo estar menos de acuerdo.

Muchas veces se habla de películas que son estupendas, muy bien hechas, aunque en su fondo late una concepción del mundo y de la sociedad bastante discutible. Se las excusa argumentando que, en realidad, lo que importa es el cine y que, si me están contando un genocidio o me están hablando de una religión totalitaria, es lo de menos. Cada cual que diga o defienda lo que le dé la gana, faltaría más, pero en el arte todo es importante. Mucho peor me parece el caso de una película bien hecha que defienda ideas racistas, machistas o genocidas que el de una mal hecha.

El cine opera con realidades. No tiene nada que ver con la música ni con la literatura, aunque posea aspectos concomitantes. En el cine, sobre todo en el moderno, pero en realidad desde siempre, ya no se puede defender una postura reaccionaria con una factura técnica impecable, ni siquiera con una buena historia y unos buenos actores. El caso más flagrante quizá sea el del Oeste americano. Cientos, quizá miles de películas, contándonos que los malos son los indios, y los buenos, los colonos invasores. Tanto lo contaron que terminamos creyéndonoslo de niños. Una imagen es tan poderosa que nuestro manipulable cerebro, sobre todo cuando somos niños o cuando estamos poco formados, se lo cree como si fuera una realidad. La responsabilidad es enorme.

Se puede hacer una película sobre un asesino en serie, pero no por ello el director nos está diciendo que eso sea aceptable o admirable. Se puede mostrar el genocidio contra los nativos americanos, o el auge del nacionalsocialismo en Alemania, pero tal como ocurrió y sin posicionarse ideológicamente. Lo que no se puede, creo yo, es contar la historia de Cristo como si fuese la verdad absoluta, o algún pasaje de la Biblia como si tal cosa fuese cierta (tanto daría que fuera un pasaje del Corán) y como si todo lo que no fuera eso representara una mentira. Si un cineasta es muy creyente de una religión, puede intentar ensalzar sus creencias con las imágenes, buscar alguna clase de catarsis espiritual y estética desde su punto de vista personal. Pero en ningún modo el director puede contarnos eso como si fuera la verdad revelada porque, insisto, el cine opera con realidades, visuales, sonoras y temporales, y emplear el cine como un atril en el que postular ideas retrógradas, defender religiones dañinas o invasiones históricas es algo literalmente repugnante.

Pongo un ejemplo: hay un musical cuya primera parte es divertida y la segunda bastante plomiza, que aquí titularon La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, Joshua Logan, 1969), que fue un gran fracaso y que nos cuenta la historia de una comunidad de buscadores de oro, etcétera. Hacerles parecer una panda de angelitos es una decisión poco aceptable actualmente. Pero mostrar la Fiebre del Oro de California como una aventura épica significa contar una mentira y tergiversar el hecho de que la codicia desmedida, transformada en migraciones masivas, produjo una miseria, un destrozo del entorno natural y una masacre aún más encarnizada contra las tribus indígenas (junto con la aniquilación de sus últimos territorios sagrados). Otro ejemplo: Cuando éramos soldados (We Were Soldiers, Randall Wallace, 2002), vehículo a mayor gloria de Mel Gibson, es una mala película, sin emoción y sin historia, pero aún peor es que intente disfrazar de victoria la Guerra de Vietnam contando una de sus pequeñas escaramuzas iniciales, que les salió más o menos bien, mientras nos venden a la familia tradicional, la sumisión de las mujeres, la devoción por el Dios de los cristianos, el racismo contra otras culturas… Más ejemplos: Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004) es una noble y emotiva película, pero ahí la protagonista es intachable (trabajadora, sacrificada, valiente, honesta, leal, estoica, pobre, solitaria, luchadora…) y su familia son todos muy malos, mezquinos y estúpidos. Pues no me parece bien. Sigamos con los ejemplos: Lo imposible (JA Bayona, 2012) goza de una factura técnica impecable, pero convierte la lucha de una familia real española en otra de ficción anglosajona, y se erige, sin un punto de vista global sobre la catástrofe, la vida o la muerte, en un alegato en favor de la familia tradicional. Prosigamos: Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956) es una bella y enigmática película, una odisea homérica en la búsqueda de una niña secuestrada, que varios años más tarde no quiere ser rescatada… Muy bien, pero para Ford, una vez más (después de proclamar a los cuatro vientos su liberal punto de vista, y que los indios eran un pueblo noble y valiente), los nativos son los malos y crueles, y los invasores son las víctimas porque, claro, al llegar los otros ocupaban sus territorios y, al echarles, qué cabrones que se enfadaban con ellos y se liaban a machetazos.

Yo no sé si me explico.

Puedes contar lo que te dé la gana, pero cuidado si te posicionas donde no debes, porque vas a quedar como un reaccionario, un mero fascista. Ya no valen las medias tintas. El cine es un medio de comunicación muy importante y poderoso. Yo creo que debe darse una oportunidad a todas las partes. Si te metes en un embolado histórico, sé honesto. Si te apetece contar una historia sobre el conflicto palestino-israelí, y eres israelí, tenlos bien puestos porque el espectador no es estúpido. No mientas. Cuenta lo que hay. Por eso es tan importante, por ejemplo, Funny Games, de Haneke. Porque moralmente es muy cuestionable, y viaja en el alambre. Hay que tener las ideas muy claras. Cuando Polanski hace hace El pianista (The Pianist, 2002), nos muestra judíos buenos y malos, y alemanes buenos y malos. Personas, con sus defectos o miserias, pero personas. Da igual el signo ideológico. Los sumos sacerdotes no crucificaron a Cristo porque eran muy malvados, sino porque se veían amenazados. Ahí está lo terrible y lo complejo de hacer cine. Hasta el más cabrón de todos tiene sus razones, y si bien no tienes por qué compartirlas, al menos tienes el deber de intentar comprenderlas. Lo maniqueo o falsario huele ya a kilómetros. Cierto es que hay espectadores a los que les da exactamente lo mismo, pero son los espectadores menos valiosos. El espectador crítico, formado, libre, no se deja engañar por estupideces. Si a William Wyler le da por aceptar el encargo de dirigir Ben-Hur, al menos que tenga los redaños de no dar la imagen de que los judíos son unos santitos que se justifican ante la más terrible de las venganzas, y los romanos, únicamente unos dictadores sin entrañas. Si a Cecil B. DeMille le da por dirigir Los diez mandamientos, que tenga la honestidad de no presentar, una vez más, a los judíos como un pueblo de angelitos elegido por la providencia divina, y a los egipcios, como una panda de alimañas. Y, si lo hacen, que no se las den de grandes directores porque, para rematar el insulto, su dramaturgia y su punto de vista están hoy en día tan desfasados que dan pena.

Un cineasta no debe juzgar o tener una preferencia ideológica; esto es un amaneramiento imperdonable de estilo. Debe mostrar la vida, tal cual. La elección de ese material ya dice mucho de su pensamiento pero, además, el coraje de no ser tendencioso habla de su altura moral.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

8 comentarios

  • Responder junio 2, 2015

    SrMarlafu

    Vuelvo a discrepar, sinceramente no creo que se deba esconder la ideología de cada uno, o intentar tener una posición ”objetiva” pues no existe la ”objetividad”.

    ‘El nacimiento de una nación’ es moralmente reprobable por muchas cosas, pero nadie creo que dude de su valor cinematográfico.

    Igualmente, como el mundo no es objetivo, acepto tu manera de ver la vida y el cine :)

    • Responder junio 3, 2015

      Adrián Massanet

      Que usted discrepe, la verdad, me importa poco, sobre todo porque, teniendo en cuenta su comentario, está claro que no se ha leído el texto. Es decir, no lo ha leído correctamente. Precisamente yo no quiero objetividad; está claro en el texto. Vuelva a leerlo si le apetece.

      Y que usted me diga que “acepta” mi manera de ver la vida y el cine supone dos cosas. La primera, que cree que es importante que yo sepa que es así. Es decir, que necesita que quede como algo importante. No lo es. Es una apreciación personal suya que carece de la menor relevancia en este caso.

      La segunda, y aún más importante, que al parecer yo necesite, y no necesito, que usted me acepte. Jamás he necesitado que nadie acepte mi forma de ver el cine y la vida. Si usted cree o anda por ahí pensando que los demás necesitan su aceptación, hágaselo mirar. Que usted me acepte o no, o que discrepe o no, es irrelevante.

      Sí sería relevante que usted formulara un argumento, una opinión, o rebatiera algo, lo necesitara, se le aceptase a usted o no. Pero me temo que, con ciertos comentaristas, esperar eso es una pérdida de tiempo.

      No me lea más si no quiere. No le necesito.

      • junio 3, 2015

        SrMarlafu

        Francamente, querida, me importa un bledo.

  • Responder junio 3, 2015

    José Miguel Pedreño E.

    Las opiniones son como los culos, todo el mondo tiene uno. Clint Eastwood

  • Responder junio 3, 2015

    Víctor

    Yo creo en el cine como una única forma de narrar una historia. Coincido contigo en que el punto de vista con el que se la enfoca es, en ocasiones, esencial, pero solo cuando se trata, creo yo, de hechos históricos concretos.

    Como bien dices, narra la realidad, cuenta las cosas como pasaron y, si lo haces mal, quizás sea el momento de que abras algún libro en la biblioteca.

    Sin embargo, si partimos con la premisa de que narramos una historia inventada, ficticia, ahí sí creo que el director, guionista, o quien quiera que sea el creador, tiene la libertad de hacer hasta la más vil de las barbaridades ideológicas. Cada uno debería ser consciente de lo que está viendo, eso para empezar, y en su merced está la decisión de considerar la narrativa en cuestión como una infamia o un deleite visual y moral.

    La historia, por eso, debe ser consecuente, dar lo que quiere ofrecer, y nada más. Sí creo, también que, por erróneas que sean las intenciones, el creador debe estar satisfecho y contento con su trabajo, y debe, también, haber dado el máximo esfuerzo y cariño a la hora de desarrollar su trabajo. Nosotros, las personas, ya nos ocuparemos más tarde a juzgar y opinar sobre si aquello está bien, o aquello está mal.

    Creo, por supuesto, que a la hora de hacer cine, deben existir películas erróneas, para que yo, como amante de este séptimo arte, pueda aprender a comparar y entender las razones de ello. Y, solo por eso, esas películas merecen mi respeto.

    No sé yo si mi punto de vista es erróneo, francamente me da igual, es el que he ido asimilando desde que tengo uso de razón y, por alguna extraña razón, jamás ha dejado de aportarme cosas positivas.

  • Responder junio 12, 2015

    Morocotó Merembembé

    “No me lea más si no quiere. No le necesito.”

    Claro que le necesitas. SIn lectores, no existes.

  • Responder junio 12, 2015

    Morocotó Merembembé

    Es verdad que, a menudo, junto con una historia, el cine nos vende una ideología. Pero el que estos artículos sobre el asunto estén única y exclusivamente ejemplificados en filmes religiosos, los vuelve sospechosos de parcialidad. O sea, de incurrir en el mismo pecado que señala. ¿Qué tal si nos comenta El acorazado Potemkin, Novecento, El laberinto del fauno o La Chinoise?

    • Responder junio 12, 2015

      Adrián Massanet

      Muchacho, debes de aburrirte mucho para entrar en esta página, inventarte un nombre falso absolutamente ridículo y no decir más que ridiculeces.

      Comento lo que me da la gana, para empezar.

      Estos artículos no solamente están centrados en filmes de índole religiosa, como te darías cuenta si te tomaras más molestia en leer que en juntar letras para creerte importante.

      Lo de que no necesito son lectores como el otro buscador de polémicas estúpidas se puede extender a ti. Deja de leerme de una vez. No sé, vive la vida, haz algo. O simplemente dedícate a otra cosa; muchos lo agradecerán.

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