Horroróscopo

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En este diario escribe gente de todo pelaje. Así debe ser. Un sitio en el que todo el mundo está de acuerdo en todo, y se alinea de manera clara en todos los puestos morales, ideológicos y culturales, es un coñazo, y además desprende el tufillo de lo corporativo. Aquí todos escribimos lo que nos da la gana, para bien o para mal, sosteniendo cada uno de nosotros nuestra propia vela, disfrutando o soportando (según se dé) comentarios de nuestros lectores, argumentando en la medida de nuestras capacidades, proponiendo nuestro intransferible punto de vista, y tratando, al menos en mi caso, que la columna de la que somos responsables se sostenga en sus pilares por una coherencia que, claro, a veces se ve socavada por esas contradicciones de las que todos adolecemos.

Pero en nuestra mayoría, me parece, somos poco crédulos, y no dados a la fantasía esotérica. Todo eso del Dios de los Cielos o las ideas más conservadoras en torno a la política han tenido poca resonancia en estas páginas. Sin embargo, yo también tengo mis contradicciones cuando me sorprendo leyendo el zodíaco y encontrando, no ya respuestas, pero sí preguntas o ecos de verdad que en ocasiones me dejan anonadado. Algunos, como Sergio Parra, leerán esto y quizá pensarán que no digo más que tonterías. Que el horóscopo no es más que una pseudociencia o cosas por el estilo. Y no le falta razón. Pero tampoco es que la ciencia me explique mucho de mi carácter, de mi destino y del de los demás, así que hablemos un poco del zodíaco.

Siempre me acuerdo del famoso Horroróscopo del cómico Eloy Arenas (un tipo que ya ha quedado desfasado, como todos los de su generación, ante los nuevos monologuistas, pero que siempre me cayó simpático), y de su hilarante versión del comportamiento de cada signo zodiacal. Nos gusta que, de vez en cuando, nos definan, y si es riéndonos de nosotros mismos, muchísimo mejor. Pero también nos gusta pertenecer a algo, y si es a un grupo específico, encantados de formar parte, aunque sea en nuestra singularidad. Esta rueda de los animales, con todos sus fallos y sus lacras, no puede ser nunca un faro real porque carece de predicciones estadísticamente significativas, pero tampoco creo que sea algo digno de superchería y de estupidez, porque basa sus argumentos en la influencia de las estrellas, desde los tiempos de los babilonios e incluso los griegos, y porque, si en sus predicciones suele fallar o no ser del todo creíble, en sus definiciones alcanza chispazos de realidad que nos hacen preguntarnos hasta qué punto estamos predestinados a ser como somos.

En pocas palabras, que si nos dice que esta semana conoceremos al amor de nuestra vida, que tendremos dificultades monetarias o cosas por el estilo, seguramente nos reiremos porque raramente acierta. Y por el hecho de que alguna vez acierte, no le otorga veracidad. Pero sí es capaz de hablarnos de nuestra naturaleza, ya sea el occidental o el chino.

Yo, por ejemplo, soy Tauro, según el zodiaco. Nací el 13 de mayo de hace casi treinta y seis años. Según lo que se cree de los Tauro, son cabezones, tercos como una mula, sensibles y tranquilos. Mucha gente que no es Tauro es cabezona, terca como una mula, sensible y tranquila. Pero ciertos astrólogos llegan un poco más allá y explican rasgos de nuestro presente, pasado y futuro, basados en nuestra forma de ser. A fin de cuentas, si la proximidad de la Luna condiciona las mareas y nuestro estado de ánimo, no me parece ninguna locura absoluta que la confluencia de cuerpos astrales, y las constelaciones, nos influyan también, aunque sea en aspectos generales de nuestra existencia. Y tiene algo de poético y también de romántico creer que, quizá, estamos de alguna manera conectados con el Universo, y que este dicta algunos de nuestros pasos.

En la eterna batalla entre la razón y la creencia, hay múltiples casos en los que se ha demostrado con bastante certeza que “un hecho científico” no era más que una creencia, y que una creencia vilipendiada por la ciencia finalmente se descubrió que era un hecho científico. Seré yo un sentimental o un alelado, no lo sé, pero quizá algún día los fantasmas y los espíritus sean un hecho científico, y la teoría de la relatividad o la gravedad no sean más que creencias antiguas superadas por una nueva conciencia de la naturaleza. Quizá, aunque inexacto, el estudio de las estrellas en torno al destino y la personalidad del hombre nos aporte un poco más de verdad, nos incite a hacernos algunas preguntas que la ciencia “oficial” no está capacitada para plantear.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

5 comentarios

  • Responder mayo 13, 2015

    Borja Contreras

    Hola, Adrián.
    La ciencia no es oficial ni deja de serlo. Es ciencia o no lo es. Como decía Ortega, no podemos decir que lo sabemos todo, petro tampoco es justo decir que no sepamos nada…
    El horóscopo no está nada mal como artilugio literario.
    Un abrazo.

  • Responder mayo 14, 2015

    Adrián Massanet

    Hola, amigo Borja.

    Claro que no hay ciencia oficial, es una expresión que gusto de usar, con la que intento argumentar que la ciencia, como estructura del conocimiento, aporta grandes cosas a la humanidad, pero no está capacitada para acceder a otros territorios de la psique y la naturaleza humanas. Sobre todo, humanas. Puede explicar el funcionamiento de las neuronas y los sistemas orgánicos del cuerpo, incluso los instintos y la forma en que el cerebro procesa o lleva a cabo tareas de todo tipo. Pero no puede explicar muchas otras cosas que, quizá, artilugios literarios, como bien dices, sí puedan.

    Igual me explico fatal, no lo sé.

    ¡Un abrazo!

    • Responder mayo 14, 2015

      Borja Contreras

      Te explicas muy bien, Adrián.
      El caso es que tienes, desde mi punto de vista, toda la razón. Lo que pasa es que, dado el auge constante de los vendedores de crecepelo que se alimentan de un relativismo generalizado que es muy poco reflexivo, siempre está uno con la susceptibilidad y los matices a flor de piel.
      En todo caso, parece claro que el amor a la literatura, al cine o en general a las artes existe porque siempre hay algo que se escapa al análisis más racional y científico. En ese campo, que no es vacío aunque tampoco sea ciencia, creo que nos encontraremos muchas veces.
      Un abrazo a ti también.

  • Responder mayo 15, 2015

    Jorge Moreno

    Coincido con usted, estimado Massanet, en lo de que”quizá algún día los fantasmas y los espíritus sean un hecho científico”, es muy lógico y hasta deseable que así sea, pero hasta ahora hay hechos que pertenecen al mundo de lo esotérico (al misterio, me gusta llamarlo) con su indiscutible atractivo, con ese halo sobrecogedor que nos acompaña desde los albores de la vida.
    Es comprensible que tal afirmación moleste a los nuevos inquisidores, a los que en nombre de “la ciencia” pretender acallar pensamientos que se apartan de sus postulados. Me da igual. Por eso, quizás, me gustó mucho su trabajo, es valiente.
    Ah, yo también leo los Horóscopos, por si las moscas.
    Con afecto, Jorge Moreno

  • Responder mayo 24, 2015

    Erick

    La ciencia, en nuestros días, por muy objetiva que sea, siempre me ha parecido un árbol podrido.
    Hay cantidad de estudios científicos, que, por lo que intentan probar en sí, son una estupidez en si mismos.
    No creo en las tonterías que dicen los horóscopos todos los días, mucho menos una astróloga experta en el zodiaco chino y en numerología, pero les encuentro el mismo atractivo que el señor Massanet.

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