Urbizu

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José Coronado, Rodolfo Sancho, Helena Miquel, Juanjo Artero

A veces, muy pocas veces, he sentido la felicidad absoluta durante dos horas viendo una película española. Una de esas veces sucedió cuando fui a ver No habrá paz para los malvados (2011), última, hasta la fecha, realización del cineasta bilbaíno Enrique Urbizu Jáuregui. Era una película sórdida, terrible, que superaba sus muy intrincados meandros morales y emocionales con verdad y tensión insuperables. Y era el último peldaño, tal vez el más abigarrado pero también el más liberador, en la magnífica carrera de un director muy poco dispuesto a darse facilidades a sí mismo y a complacer al público mayoritario, pues únicamente tiene interés en satisfacerse a sí mismo.

La única vez en mi vida que he hablado con Urbizu fue varios años antes de ver esa película, cuando yo estudiaba en la escuela de cine de Madrid (no la oficial, que es un engendro, sino otra mucho más pequeña y mucho más valiosa), pues vino a impartir una charla magistral sobre su cine y sobre el cine en general. Debo asegurar al lector que lo que la mayoría de los estudiantes de allí le preguntaron fueron cosas sin mucho interés, pero él sacaba punta a todo y, con su proverbial verborrea, llevaba cada cuestión y cada intervención hacia terrenos que le eran afines y que le apasionaban: contar siempre desde las tripas aquello que se conoce, interesarse por los demás para introducirlo en tu cine, ser valiente y creativo (memorable cuando dejó bien claro que para escribir en un guion “que la fuerza te acompañe” hay que tener unos huevos bien grandes) y no dejarse influir, en el cine de género, por las malas e infantiloides películas americanas, sino por las buenas. Que el cómic, los videojuegos, los libros y casi cualquier cosa son perfectas para alimentarse y escribir y hacer películas. Y yo le freí a preguntas, probablemente las más interesantes de todas porque yo conozco el cine, algo muy raro en este mundo. En el descanso, me acerqué a él e indagué sobre el misterioso plano de La caja 507 en el que Coronado, después de asesinar a sangre fría a cinco personas, levanta un vaso de ‘whisky’ y la luz del sol se filtra por su cristal y su contenido. Me dijo que era una pregunta muy valiosa y que hiciera el favor de preguntárselo en el coloquio. Así lo hice.

Volví a encontrármelo un día por la calle, cerca de mi casa, tomándose algo en una terraza, ausente en el aire nocturno de una noche de parranda con mis amigos. No le dije ni palabra, ni siquiera para contarle cuánto me gusta su trabajo. No soy de los que van molestando por ahí a los artistas ni creo que a él le haga mucha gracia que aparezca un tipo a importunarle. Pero, desde que colaboro en La Columnata, he pensado que me gustaría hacerle una entrevista-río; creo que sería muy interesante.

Porque él y su cine son interesantes. Él, como pensador de cine, y su cine, como revulsivo emocionante de una sociedad que necesita despertar y mirarse al espejo. Los que dan clase con él en la universidad confirman que su pasión es incontenible, y en las entrevistas que le he leído se descubre a un hombre humilde pero tremendamente lúcido e inteligente. Es decir, de los que no abundan en una cinematografía plagada de estrellitas pasajeras, pero huérfana de una clase media de directores que sostengan con buenas y bien hechas películas una industria desfalleciente de inversiones y espectadores. Sin creerse nunca un genio ni un gran artista, Urbizu ha construido una carrera desesperantemente lenta en cuanto a títulos, pero inolvidable en cuanto a logros. A la divertida y sorprendente Mi novia está loca (1987) le siguió la fundamental Todo por la pasta (1991), que ya avisaba de su capacidad y querencia por el ‘noir’. Sucesivas películas de encargo certificaban su nulo poder en la industria, pero también su gran capacidad de adaptación, como en la estupenda Cachito (1995), para terminar explotando en todo su talento y su negrura existencial con la trilogía de películas filmadas con José Coronado: la tremebunda La caja 507 (2002), la lírica La vida mancha (2003) y la ya mencionada No habrá paz para los malvados (2011), tres filmes magníficos coescritos por Michel Gaztambide y filmados con mano maestra por un director ajeno a las modas, sin pelos en la lengua, y que me parece uno de los pocos auténticos en activo.

Ahora prepara la adaptación de El capitán Alatriste revertiano para televisión, que verá la luz dentro de muy poco. Ya veremos lo que da de sí, pero lo que muchos queremos es que vuelva a filmar una película, y vuelva a llenar una pantalla de libertad y de lucidez, que regrese el cineasta capaz de estudiar las tripas de una sociedad envilecida como quizá ningún otro lo ha hecho en los últimos quince años.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

7 comentarios

  • Responder septiembre 27, 2014

    Arístides Mínguez

    Coincido contigo en tu devoción hacia Urbizu. Y eso que, por mi pecado y para mi desgracia, sólo he visto dos de sus películas. Pero ‘La caja 507′ es una obra maestra: sacó petróleo de Coronado y Resines. A partir de ahí, me declaro enamorado de su talento.
    Gracias por acercarlo a nosotros.

    • Responder septiembre 28, 2014

      Adrián Massanet

      Hola, Arístides.

      No nos cuentas qué dos películas has visto. Supongo que otras son difíciles de conseguir.

      Gracias a ti por leerme.

  • Responder septiembre 27, 2014

    Jorge Moreno

    Sí, Urbizu es un grande entre los más grandes del cine español, que por desgracia no son muchos. Una rara avis. La suerte de trilogía que citas es tremenda, durísima, pero magnífica. Ojalá en un futuro próximo nos regale un filme de igual calidad y, si puede ser con Coronado de protagonista, mucho mejor. Un artículo muy merecido.
    Saludos, Jorge Moreno

    • Responder septiembre 28, 2014

      Adrián Massanet

      Hola, Jorge.

      Desde luego, Coronado en sus manos ha devenido en un actorazo capital para el cine español. Pienso como tú: ojalá hagan más películas juntos.

      ¡Un saludo!

  • Responder octubre 5, 2014

    Raúl

    Adrían, ya has hablado de ello un par de veces pero nunca nos has resuelto la duda: ¿Cual es el significado del plano del Whisky?

    • Responder octubre 7, 2014

      Adrián Massanet

      Pues que él, como su pareja, es un ex alcohólico, y que al levantar la copa, sin beberla, al sol, brinda un imaginario desquite contra la muerte que, él lo sabe, está a punto de alcanzarle.

  • […] Después de que viéramos la muy floja, absurda y aburrida adaptación de Agustín Díaz-Yanes en 2006, muchos queríamos que por fin alguien adaptara de forma más o menos digna una de las sagas literarias más famosas de la literatura española de las últimas dos décadas. Algunos querían que así fuera porque aman las novelas. Otros, que no las amamos aunque nos parece que no están mal, creíamos que era una buena oportunidad para narrar, en formato audiovisual, los avatares y pormenores de la España del siglo XVII, el Madrid turbulento de espadachines, de la Inquisición, de los reyezuelos y validos ineptos, del pueblo español, y así, quizá, dar un buen empujón a la desamparada industria televisiva española, y a nuestra ficción en general, desde el punto de vista industrial. Además, detrás de las cámaras iba a estar nada menos que Enrique Urbizu, uno de los directores más interesantes de nuestro país. […]

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